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Es profundo y abarca todos mis sentidos entumecidos por la brisa húmeda de esta ciudad vaporosa. Es un perfume maduro y dulzón, tanto que si fuera un sonido, sería grave y serio, con cierto aire divertido pero solo en el intermedio. Me gusta cuando su perfume se aferra con muchas ansias de vivir a mi saco gastado, al cuello de mi camisa de ayer y al diario recuerdo de una sangría que le aprieta el cuello levemente, con amor, con ternura, hasta que sale un “tequiero” que de alguna u otra manera teme hacer escuchar, convirtiéndolo en un susurro apagado e indescriptible. Pensé que era un susurro apagado e indescriptible. Me contagio con su aroma que con mucha suerte también encuentro en sus muñecas, en esas manos iguales a las mías, unas manos que siempre esperan, siempre esperan mucho.
No es solo un perfume comprado por catálogo, tal vez, o en una tienda cara. No. Es una combinación. Es una pócima concebida con la finalidad de embriagarme de palabras indescriptibles que se expresan solo en besos llenos de sinceridad y mucha alegría, en cariñitos con el pulgar sobre el índice mientras la voz se convierte en un arrullo haciendo agudos los graves en cuerdas vocales envenenadas por esa adrenalina que se siente cuando ves los labios de aquel rostro que aparece en todos lados. El perfume que me vuelve loco es una fórmula de aroma natural de una piel que no envejece y eau de toilette de nosequé marca que debe tener un nombre raro. Shampoo y tampoco recuerdo la marca. Lucky Strike Light. Agua. Y unas feromonas que me harían (hacen) querer bailar y dar vueltas alrededor de ella para que si quiera me mire de reojo con esos ojos que quieren algo de mí.
Dicen que una persona debe aplicarse el perfume en los lugares donde hay pulso como el cuello, tras las orejas, las muñecas y en esa zona deliciosa bajo las clavículas para que el aroma perdure más. No pregunté mucho, solo me imaginé que tendrá que ver con el flujo sanguíneo. Mi corazón late con fuerza y mi sangre hierve cuando siento que se acerca ese aroma y es que, cuando lo atrapo del viento y de la cercanía de su cuello, mi mente se satura y vuela hacia lugares insospechados con esa pócima preparada especialmente para mí. Porque ella sabe que su perfume me vuelve loco… y me vuelve loco.





