El sistema de transporte público es, en la vasta mayoría de países, un servicio. Servicio de transporte público. Aquí sin embargo, con la ley de la oferta y la demanda, dista mucho de ser un servicio. El sistema es un negocio cuyos empleados (en su vasta mayoría del sector popular) sobrellevan a su modo, respetando a regañadientes las leyes de tránsito. Tomemos como ejemplo el cinturón de seguridad. La ley lo exige obligatoriamente, pero no define bien las características y estado del cinturón. Al observar el estado en que se encuentra el cinturón de seguridad de cualquier micro comprobamos que su uso es meramente simbólico.
Aquí el análisis extendido.
Tema recurrente el de los paraderos. Al frente de la PUCP se encuentra el paradero de las combis conocidas como Chama. Es un paradero que se desenvuelve sin afectar el tránsito normal de la avenida Universitaria hacia la plaza de la bandera. ¿Por qué colocar un cartel de paradero prohibido allí? Detrás hay un terreno vacío, no afecta a nadie. Si el paradero se trasladase una cuadra más entonces llegaríamos a una zona residencial en la que sí afectaría notoriamente a los vecinos. Muchas veces incluso vemos camionetas de serenazgo y motos de policías de tránsito vigilando que las combis recojan pasajeros en la zona residencial.
El trato a los pasajeros y el trato hacia los conductores y cobradores es una muestra de intolerancia y neurosis parte de un círculo vicioso. Los pasajeros andamos a la defensiva porque nos quieren cobrar más o porque no nos dejan en la esquina deseada. Los horarios que maneja cada línea son impredecibles puesto que dependen de si suben pasajeros o no, por lo que afecta la puntualidad, el bienestar y la relación entre el pasajero y el conductor/cobrador. No existe el concepto de servicio al cliente, pero tampoco existen servicios para estos trabajadores. Tal y como lo mencionó un académico en PuntoEdu, estas personas cuentan con nuestra desaprobación y desdeño, sin tener un lugar donde lavarse las manos antes de comer, expuestos a la contaminación, desgastando su garganta y pasando poco tiempo con sus familias. ¿Dónde detenerse para las necesidades biológicas?, Lima carece en muy gran medida de un SERVICIO de baños públicos. Los pocos que hay no son gratuitos, y cuando hay que pagar por el servicio, resulta que se encuentra en pésimo estado. No es el tema de este post pero en realidad pienso que esta ciudad no está hecha para la gente sino en contra de ella.
El Urbanito, única línea autorizada en el centro histórico. Parte en Breña, luego la avenida Zorritos, Malvinas, Argentina, Plaza Unión, Colmena, Plaza San Martín, El Hueco, Mesa Redonda, Paruro, Gamarra. Sólo puede detenerse a recoger pasajeros en paraderos autorizados. Pese a esta norma, no existen paraderos en el centro histórico. El conductor se detiene a recoger siempre que haya un semáforo en rojo. La confusión de los pasajeros los lleva a pensar que el sistema de paraderos no funciona o que es incómodo e inútil. Se paran en una esquina pero el conductor no hace caso. “Cualquier esquina no es paradero”. Si el semáforo da luz roja, si se convierte en paradero. Las personas se quejan y el conductor reniega de la testarudez de los peruanos. Pero no hay a quién dar la razón, no hay una lógica a la cual acudir, no hay legislación ni sistema ni servicio.
Añadido a esto, la música a muy alto volumen y basada en los gustos de las dos personas a cargo de la unidad móvil son otro problema, puesto que generan un ambiente de tensión. La ley no contempla esto puesto que este es un sistema que ellos “dominan”. Pienso que no se debería obligar a otras personas a cargar con los gustos de otros. Los pasajeros que cuentan con reproductores portátiles y audífonos se ven obligados a subir el volumen de sus aparatos, dañando su audición a mediano y largo plazo. Algunos diarios decidieron informarlo mediante algunos reportajes denominados “Baja el volumen”. Basados en datos provenientes de estadísticas europeas que muestran ya un creciente y alarmante crecimiento de daños auditivos en la juventud. He notado que hay una creencia generalizada en la que mientras más volumen tenga un par de audífonos, mejor calidad. “Oye a ver tus audífonos… (full volumen) … oye son buenazos!!!”. A veces puedo oír en el micro, desde dos metros de distancia, la música que un escolar “disfruta” con sus audífonos.
En unos cinco años el gobierno, si es que presta atención, empezará a notar cómo suben las estadísticas en casos de daño auditivo permanente. Mi generación pasará a la adultez en menos de una década, y con la adultez vendrá la factura de los abusos de la juventud. Éste se convertirá en un problema social casi irreparable. Con nuestros cinco sentidos intactos nos es difícil expresarnos, escuchar al otro y ser tolerantes. ¿Cómo será cuando perdamos realmente la capacidad de oír? Eventualmente pienso tomar cartas en el asunto y, junto con estudiantes de Comunicación para el Desarrollo y Publicidad, diseñar una campaña informativa que pueda cambiar el modo en el que van las cosas.
Las personas ya están acostumbradas a todo esto. Por ejemplo, la gente no percibe conscientemente la estridencia callejera, cuyo resultado mediato es una sensación de ansiedad y estrés. A excepción de los-principales-distritos-de-Lima la emisión de decibeles en zonas residenciales no es tomada en cuenta. Es un índice de calidad de vida, ¿cómo es posible que ninguna autoridad lo note?. Todos sabemos del despliegue económico y cultural de los conos, pero ¿Qué hay de la calidad de vida en éstos? Vemos en las calles desde Thunderbirds y Cadillacs setenteros hasta buses Scania, generando una inmensa y constante polución atmosférica y sonora. PuntoEdu hace poco informó ciertos datos en cuanto a este tema.
Quisiera obviamente profundizar pero éste es un texto inmediato, parte de un ensayo propio. Siéntanse libres de dejar algún comentario u opinión o enviarme un mail a dieter.sanchez@pucp.edu.pe.
TAMBIÉEEEEEN VIENEEEEEEE:
la cantidad de tierra en las calles, aquellos montículos que vemos echados a un lado de la calle, ¿Si Lima es una ciudad que tiene mucha tierra por qué vemos tierra en el Centro de Lima, Pueblo Libre, San Miguel y no Miraflores o San isidro? ¿Faltan barrenderos o es la pobre mezcla que usan para las pistas? …los maquillajes baratos que las municipalidades se jactan de hacer a las calles y, le-coup-de-gráce: los cartelitos de “Lima está linda, cuídala” (puestos de forma recontra cachasienta en plena avenida Abancay), hoy sucios y oxidados.











