Sueños impredecibles

Alguna vez tuvo esos sueños que parecieran tener secuelas repetitivas día a día y, en ellos, se dedicó a escribir cartas para depositarlas en esos buzones rojos de las películas que su mente creaba y que nunca terminan de llenarse. Era un pasatiempo sumamente privado, soñar que escribía cartas con destinatario “Para ti, dulce paz”. La gran mayoría de los seres humanos tienen una imagen ideal en la mente y pues no encontró mejor idea que escribirle durante los sueños menos profundos. Y es que aún cuando no se conoce el amor ni se ha experimentado tan temprano, uno ya sabe cómo se siente querer a alguien o, al menos, morir de ganas por sentir eso. Pero, al fin y al cabo, si escribes para un sueño, es porque simplemente quieres escribir para leerte tú mismo.


Y soñar mientras tanto...

¿Y de qué escribe uno cuando no está enamorado pero siente tanto amor? Pareciera, en sus cartas, que de cosas que a uno le gustaría sentir. Calor, ternura, pero sobre todo esa sensación que todos los seres humanos necesitan: sentir que le pertenecen a alguien. Muchas veces, durante las largas horas entrecortadas de escritura sin parar, se preguntaba cómo es que las personas desarrollamos a lo largo del tiempo esa necesidad de ser reconocidos por una sola persona. Ni idea, tal vez sea demasiado joven para responder a cosas tan profundas. Aunque es muy probable que ni con el paso inclemente de los años se pueda con exactitud.

“Para ti, dulce paz, que te busco incesante en el pasar de los días lentos, llenos de un calor que no me pertenece. El sol es divertido pues irradia algo tan invisible. Solo puedo sentir su tibieza cuando su energía llega a mi piel o al viento alrededor mío. De otra forma, no podría estar seguro que me da calor. Me imagino que es igual a ti, dulce amor, pareciera que no existes a no ser por este extraño pero íntimo calor que se encuentra en mi pecho cuando suspiro imaginándote, hablándote en sueños por medio de estas cartas llenas de una tan feliz melancolía. No sé, aún, si recibirás estas cartas soñadas, pero ahora que lo pienso, me hacen fuerte cada día más, aprendiendo de mí mismo. ¿Estaré listo para ti si llegara a encontrarte? Creo que sí. El amor es así, como lo imaginas, si te vuelve triste, pues sencillamente no lo es.”


En primavera (o al menos, cuando parece que ya llega), se siente una sensación extraña pues, a pesar de tener una atmósfera cargada de ganas de dar y recibir un beso, inunda una soledad infinita. Y no por encontrarse solo sino porque las palabras cada día van cambiando de forma. No alcanzan, muchas veces, para describir todos los sentimientos que se generan en cada uno. Palabras. Palabras. ¿Qué significan para englobar tantas sensaciones? Ya no se trata de encontrar nuevas palabras, sino de enlazarlas de manera diferente y única en cada uno. Es más difícil cuando los sentimientos se vuelven cada vez más grandes, más fuertes, más hermosos y, sobre todo, más sinceros con uno mismo.

"Me gusta señalar al cielo antes de taparme los ojos, dulce paz, como si quisiera alcanzar algo que solo veo cuando niego la realidad. No sé qué es el tiempo que pasa cuando estoy aquí, sentado en el césped con papeles llenos de líneas y palabras dirigidas a tí, pero al mirar este cielo me imagino lo amplio que es este sentimiento. Puede abarcarlo todo aún cuando solo vea un punto al levantar la mirada. ¿Pesa? Me refiero al cielo, porque sí siento que agobia con su sola existencia. Los hombros se cansan al suspirar, pero es revitalizador plasmar lo que está tatuado en el pecho en un simple papel. Toma forma, cobra vida y se aleja de mí, si es que el viento te lo quiere llevar."


Toma forma y se aleja de mí, hacia tí


Luego de algún tiempo pudo crear esa imagen que tenía en mente pues, empezaba a inventarse colores, aromas, texturas a las cuales debía de elogiar e idealizar aún más con palabras escritas sobre aquellos papeles que en algún lado se debían estar acumulando. Manos, cabello, dedos suaves. Perfume, miradas. Las cartas se convirtieron en diálogos en silencio y los sueños se volvieron anhelos ya del pasado. Los inviernos se tornaron en primaveras eternas con cierto aire de tristeza. Ya no había muchas palabras por escribir, pero sí tantas por decir. Impredecible como toda la vida, se pactó un encuentro en secreto. Impredecible como la vida.

“¡Alto ahí! No te atrevas a despertar…”. Palabras simples que parecieron un susurro de repente, pero en medio de un sueño incontrolable parecían un letrero de “prohibido”. Ahí estaba, tan singular como siempre, ofreciendo una sonrisa seria. Detrás, de reojo, aparecía una puerta. Un sueño más… simplemente eso. Despertar sería tan sencillo pero, ¿por qué ahora? Pero sobre todas las cosas, ¿por qué había tanto silencio? Ya había tomado sus cosas y estaba a punto de partir, la luz del alba se asomaba a través de los párpados, pero de alguna forma todo se detuvo. “Ya estoy listo para abandonar los sueños pues he aprendido todas las palabras que necesito tener. Ya no las quiero escribir, necesito decirlas” dijeron sus labios llenos de sonrisas. “Hasta mañana, dulce paz”.

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Comentarios

eka escribió:

"necesito decirlas" .. si.. pero a quien?.. como saber cual s la persona indicada ?.. la q realmente lo merezca?..
no lo sabemos..
toca apostar por el dos de corazones.. ojala y no perdamos la partida!
domingo 21 septiembre 23:32

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