
¿Y de qué escribe uno cuando no está enamorado pero siente tanto amor? Pareciera, en sus cartas, que de cosas que a uno le gustaría sentir. Calor, ternura, pero sobre todo esa sensación que todos los seres humanos necesitan: sentir que le pertenecen a alguien. Muchas veces, durante las largas horas entrecortadas de escritura sin parar, se preguntaba cómo es que las personas desarrollamos a lo largo del tiempo esa necesidad de ser reconocidos por una sola persona. Ni idea, tal vez sea demasiado joven para responder a cosas tan profundas. Aunque es muy probable que ni con el paso inclemente de los años se pueda con exactitud.
En primavera (o al menos, cuando parece que ya llega), se siente una sensación extraña pues, a pesar de tener una atmósfera cargada de ganas de dar y recibir un beso, inunda una soledad infinita. Y no por encontrarse solo sino porque las palabras cada día van cambiando de forma. No alcanzan, muchas veces, para describir todos los sentimientos que se generan en cada uno. Palabras. Palabras. ¿Qué significan para englobar tantas sensaciones? Ya no se trata de encontrar nuevas palabras, sino de enlazarlas de manera diferente y única en cada uno. Es más difícil cuando los sentimientos se vuelven cada vez más grandes, más fuertes, más hermosos y, sobre todo, más sinceros con uno mismo.

Luego de algún tiempo pudo crear esa imagen que tenía en mente pues, empezaba a inventarse colores, aromas, texturas a las cuales debía de elogiar e idealizar aún más con palabras escritas sobre aquellos papeles que en algún lado se debían estar acumulando. Manos, cabello, dedos suaves. Perfume, miradas. Las cartas se convirtieron en diálogos en silencio y los sueños se volvieron anhelos ya del pasado. Los inviernos se tornaron en primaveras eternas con cierto aire de tristeza. Ya no había muchas palabras por escribir, pero sí tantas por decir. Impredecible como toda la vida, se pactó un encuentro en secreto. Impredecible como la vida.
“¡Alto ahí! No te atrevas a despertar…”. Palabras simples que parecieron un susurro de repente, pero en medio de un sueño incontrolable parecían un letrero de “prohibido”. Ahí estaba, tan singular como siempre, ofreciendo una sonrisa seria. Detrás, de reojo, aparecía una puerta. Un sueño más… simplemente eso. Despertar sería tan sencillo pero, ¿por qué ahora? Pero sobre todas las cosas, ¿por qué había tanto silencio? Ya había tomado sus cosas y estaba a punto de partir, la luz del alba se asomaba a través de los párpados, pero de alguna forma todo se detuvo. “Ya estoy listo para abandonar los sueños pues he aprendido todas las palabras que necesito tener. Ya no las quiero escribir, necesito decirlas” dijeron sus labios llenos de sonrisas. “Hasta mañana, dulce paz”.







no lo sabemos..
toca apostar por el dos de corazones.. ojala y no perdamos la partida!