02 julio 2006

Mt 5: 4

Franz Marc
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

El comentario de la Biblia de Jerusalén dice que esta bienaventuranza se podría considerar como una glosa de la anterior. Pero creo que eso sería un error. Pienso que esta bienaventuranza se sostiene por sí sola. Si se entiende 'la tierra' en un sentido no-metafórico, su enseñanza me parece que podría vincularse con la paz, que es uno de los principios fundamentales del mensaje de Jesús.

Si se me concede esto, el versículo estaría ofreciendo la posesión terrenal de la tierra como efecto de la mansedumbre, lo que obviamente va contra todo sentido común. Esto es precisamente lo que lo hace tan interesante.


Lo que la razón práctica asume como una creencia quasi natural es que la posesión de la tierra es producto más bien de la bravura, porque —que se recuerde—, hasta ahora nadie ha logrado conquistar tierras con un ejército de mansos. Esto es tan obvio, que es quasi natural creer lo contrario, es decir, que lo que vale siempre es la ecuación: ‘guerra -> bravura = conquista de la tierra’. Por ello, la actividad más constante de la humanidad a lo largo de su existencia ha sido y sigue siendo la guerra.

La ‘metánoia’ o conversión cristiana exige un cambio radical de mentalidad también a este respecto. Esta siempre ha sido una prueba radical para la fe, porque implica creer en algo que puede hacer aparecer al creyente como un individuo completamente loco. Implica creer que la mansedumbre otorga en herencia la tierra, es decir, que otorga su posesión. ¿Por qué es esto tan difícil de creer? Porque ‘posesión’ implica ‘poder’, y es obvio para el sentido común que los mansos no tienen poder.

En otras palabras, lo que descubrimos detrás de esta bienaventuranza es la presencia de una lógica contraria al sentido común, que es característica de todo el mensaje evangélico. Aquí se formula de la siguiente manera: Quien quiera poseer la tierra a través de la guerra no la poseerá; no tendrá verdadero poder sobre ella, porque la tierra está ofrecida en herencia a los defensores de la paz.

Desde luego, esta interpretación deja abierta la pregunta por lo que significa verdadero poder o, si se quiere, abre la cuestión terrenal —no metafórica— de si estamos realmente avanzando en el camino de una verdadera posesión de la tierra por parte de quienes aborrecemos la guerra.

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