Acompáñame en esta travesía

Tenía poco tiempo como supervisor, así que mis pensamientos predominantes de ingeniero de ese entonces estaban más centrados en seguir devorando redes y en conocer la naturaleza de los “bits y bytes” que en entender el contexto humano que envolvía nuestras relaciones laborales, por lo que en un principio no estaba convencido de que Pati podría ayudarme como esperaba.
Pati había estudiado en la UNIFE para ser docente de educación inicial. Durante sus primeras labores en un centro educativo, tuvo que lidiar con unos diablillos llenos de energía por varias horas al día, soportar las quejas de sus alterados progenitores, escuchar con atención los sermones de la directora y al final de mes, recibir una remuneración que no compensaba todo el esfuerzo hecho para educar a esa demandante chibolada. Ser un buen maestro en nuestro país exige sacrificio, y Pati se había convencido que ese no era el camino que le esperaba.
Albures de la vida, una vecina de Pati -que trabajaba en AT&T- le avisó de una oportunidad que se había abierto. Había vivido en EEUU por dos años, y dominaba el inglés, lo hablaba perfecto. Ni bien se concretó la chance, ya estaba dispuesta a demostrarse a sí misma que estaba preparada para conseguir cosas mayores. Era 1,997, luego de unos meses en la empresa, llegó al área de Soporte Técnico y empezó a trabajar conmigo. Hacía los reportes de tickets de averías e incidencias, y las estadísticas de las redes de los clientes, aprendía bastante rápido. Su ayuda en conferencias telefónicas -donde escuchar a un chino, a uno de India, o a un moreno con acento que parecía proveniente del Bronx- era bienvenida.
Me expresó su deseo de tomar los cursos básicos del sistema de conmutación 5ESS y de la red celular Autoplex, que eran el entrenamiento preliminar para los ingenieros de soporte técnico. Quería entender a nivel de sistema lo que hacían esas máquinas para comprender en su totalidad lo que los reportes indicaban; pues bien, fue a Brasil a estudiar. Su performance mejoró de sobremanera e incluso iba a las reuniones con los clientes con ciertos aires de experta.
Meses después que tuvo a su primera hija Daniela, decidió que era momento de seguir progresando, así que se fue a estudiar un MBA con especialización en Marketing en Universidad La Católica -antes que fuera Centrum-, por ese entonces, con sus ahorros compró un Volkswagen, así sería menos penoso cruzar las atiborradas calzadas de nuestra ciudad. Además tuvo la iniciativa de empezar los cursos de Project Management, su meta era alcanzar una certificación internacional PMP para tener mejores condiciones de empleo, más adelante lo completó cuando vivía en EEUU. La lección que nos dejaba era que no deberíamos prejuzgar por indicios; con las oportunidades en frente, los que las resuelven con convicción, pueden lograr éxitos impensables.
Era bastante activa, y se daba tiempo para todo, su hobby era el karaoke, y vaya a ver cómo actuaba, se transformaba en Celin Dion o Jennifer López, era extraordinaria, muchas veces le pedían que repitiera las canciones, era un espectáculo verla cantar, una voz prodigiosa, muchos de nosotros le preguntábamos porque no se había animado a ser cantante, nunca recibimos una respuesta del todo convincente, aunque hacía referencia a conciertos en los que había participado por la iglesia adventista en EEUU.

Nos consentía con sus típicos menjunjes, un día se apareció con uno al que bauticé como “ceviche de marshmallows”, por su apariencia me dije a mí mismo “guácala”, sin embargo todos los muchachos decían que estaba bueno; para Pati –como diría un experimentado chef- era un postre perfumado con esencia de vainilla con toques de leche condensada Nestle y canela, ¡no te pases! El asunto es que Pati admitía que no le gustaba cocinar entonces ¿cómo podía estar convencido de sus “proezas culinarias”? finalmente terminé degustando uno, y no hice ningún comentario más.
No bailaba hasta que la tentación asomó un día de Diciembre cercano a fin de año. Sinceramente no entiendo estos dogmas, pero los respeto, no me llamaría la atención que Jesús se haya tomado un buen vaso de vino en las bodas de Caná para asentar unas deliciosas chuletas horneadas para homenajear a los invitados del matrimonio, en fin, hay dogmas religiosos que pueden dejarte espiritualmente petrificado. Ese año habíamos tenido buenas ventas y había una fiesta en el Hotel “Las Américas”, ahí estaba Pati disfrutando y bailando una salsa del Gran Combo al lado de algunas compañeras que hacían méritos mostrando sus sensuales contorneos, la verdad prefería verla cantar.
Hacía tiempo que había dejado de vestirse con esos faldones de misionera y a veces se ponía atrevidas prendas que no dejaba nada para la imaginación. Por el 2,000, consiguió una oportunidad en EEUU, viajó a realizar un curso de PM (Project Manager) y de paso la entrevista de trabajo resultó exitosa, se fue a laborar al Departamento de Ingeniería de Lucent Atlanta. Su trabajo le exigía coordinar con las sedes de China, India, Polonia y otros países más, se pasaba largas horas en el email y teléfono con gente al otro lado del mundo. Una vez familiarizada con la vida en Norte América, se decidió a estudiar Pilates –una técnica que fortalece la zona abdominal-, al cabo de un año, ya tenía una certificación como instructora. Más adelante vendría a Lima a poner el primer negocio de este tipo en la Av. Pardo en Miraflores, siempre estaba haciendo planes, siempre estaba soñando, no paraba.
Tuvo a su segunda hija Christine, una niña dulce que parecía más latina que gringa, coquetita y conversadora, a diferencia de Daniela que más bien parecía reflejar una seriedad propia de una niña muy intelectual a la que solo hay que hablarle de sus libros. Una vez la visitamos en Atlanta, nos recogió del aeropuerto con su 4x4 y nos tenía preparado una deliciosa cena en su preciosa casa, había aprendido a cocinar en Lima. En el 2,007, se vino a vivir a Perú, seducida por el crecimiento que viene experimentado nuestro país y por la añoranza de nuestras costumbres, y se embarcó como Gerente de Proyectos en Ericsson, donde estuvo poco menos de un año cuando decidió regresar a Charlotte, no se volvió acostumbrar a la forma de vivir en nuestro país.
Semanas antes de retornar a EEUU, nos dijo en un fraternal almuerzo que mientras se bañaba, encontró un bultito en uno de sus senos, y nos comentaba con ironía –haciendo referencia al tamaño de los mismos- que los receptáculos del mamógrafo se veían casi vacíos cuando le tocó hacerse los chequeos médicos del caso. Días después, los resultados de los análisis mostraron que tenía una temible enfermedad. Ahora tenía que dar la batalla a esas devoradoras células regadas en su cuerpo.
Pati –que tiene 36 años- viene compartiendo las experiencias de esta etapa de su vida, y envía emails cargados de fe y esperanza -que iré poniendo debajo de este post- para aquellos que podrían necesitar una palabra de aliento en momentos adversos. Cuando la vida está en juego queda de lado todo apego o aversión por cosas superfluas -que muchas veces nos preocupan inútilmente de sobremanera-, sólo queda vivir cada día como si fuera el último, y son los instantes donde valoramos minuto a minuto el incondicional amor de nuestros familiares y amigos.
Si terminaste de leer este post, no importa lo que hagas, cada uno de nosotros aporta un minúsculo grano de arena a ese gran proyecto que es la vida en si misma, no interesa cuales sean tus creencias religiosas o la forma como percibes la vida, te pido solamente que puedas hacer una oración por ella, o quizás recites un mantra de sanación en medio de una profunda meditación, o simplemente invoques a tu buena intención para que mi querida amiga pueda salir airosa de las tribulaciones que el caprichoso destino ha interpuesto ahora en su camino.
Publicado el 17/09/08 por edgarvelarde | Categoría: General | Visto 3693 veces |

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