Las trampas de acero también son comunes para atrapar a los animales en los bosques; ellos sufren un dolor tan atroz al tener sus miembros presionados en las barras que llegan a automutilarse para poder escapar. Solo uno de cuatro animales escapa al automutilar sus miembros, pero luego morirá de hemorragias, fiebre y gangrenas.

Para conservar su piel, los peleteros los electrocutan por vía vaginal o anal, sin anestesia previa (se le introduce un electrodo en la boca y otro en el ano con una barra metálica que suele atravesar las paredes del intestino). Las granjas peleteras chinas matan a estos animales a palazos, sin importarles los aullidos de estos animales. Otros métodos son el gas (animales como los visones que son tolerantes al monóxido de carbono, tienen una agonía lenta y dolorosa), la asfixia o inyecciones de insecticidas al corazón. Todos los animales están aún conscientes cuando son despellejados vivos.

Todo esto se ha verificado cuando investigadores encubiertos entraron en granjas peleteras chinas. China es una de las principales exportadoras de prendas de piel que se venden en todo el mundo. En estas granjas, zorros, visones, conejos, mapaches y otros animales tiritan en jaulas de metal, expuestos a la lluvia, a las frías noches y en otras temporadas, al ardiente sol. Las madres enloquecidas por el extremo maltrato y el severo confinamiento donde no tienen ni donde esconderse para dar a luz, a menudo matan a sus propias crías luego de parirlas. Las enfermedades y las lesiones son la norma y los animales se comen sus propias extremidades y se lanzan repetidamente contra las barras de las jaulas, víctimas de la psicosis producida por la ansiedad.
Los investigadores encontraron que los animales están aun vivos cuando son colgados para desollarlos: al cortarles las patas, los animales patalean y se retuercen de dolor. Cuando finalmente la piel es desprendida, los cuerpos despellejados y ensangrentados son apilados. Algunos todavía están vivos respirando lenta y entrecortadamente. Su corazón late después de haber sido desollados. Además, antes de ser desollados vivos los animales son arrastrados de sus jaulas, los trabajadores los golpean con barras de metal y los arrojan sobre superficies duras muchas veces fracturándolos y provocándoles convulsiones pero nunca una muerte inmediata. Los demás animales indefensos sólo pueden mirar mientras su turno se va acercando.
Por otro lado, a pesar que está prohibida la comercialización de pieles de perros y gatos, millones de estos animales viven las mismas condiciones que los otros animales por su piel. Deliberadamente se etiquetan mal las prendas, con lo que se oculta que son pieles de perros y gatos. Actualmente, existen granjas clandestinas en donde se mantienen a los gatos y perros en terribles condiciones. La mayoría de las mascotas son robadas a sus dueños y muchas otras son recogidas de las calles para estos fines. Los criadores de gatos y perros han formado un negocio paralelo, ya que también abastecen con la carne de estos animales a los diferentes mercados y restaurantes de la ciudad.
La globalización del comercio de pieles hace imposible saber de dónde vienen estos productos. Las pieles se mueven a través de subastas internacionales y son compradas y distribuidas a todos los fabricantes en el mundo. Cualquiera que vista pieles es cómplice de las terribles condiciones de vida en las granjas peleteras. La única manera de evitar el terrible sufrimiento de estos animales es NUNCA COMPRAR PIELES.








