14/09/08: ¿QUIÉN HABLÓ DE ABLACIONES?
Era el 2001, yo era más joven, apenas salía de un cascarón de ímpetus, apenas aprendía a leer con inteligencia, José se me había adelantado muchos años, es decir, el mundo daba vueltas y nos daba de vueltas a nosotros también. Es cierto, mis lecturas —como yo— eran absolutamente desordenadas y poco selectivas, a pesar de ser menor José ya sabía qué y cómo leer. El había aparecido frente a mí casi un año atrás con un fólder verde lleno de poemas, diciéndome que él escribía poesía y que estaba allí por, por ni sé qué. Estábamos en aquel tiempo en un taller de narrativa (cuento, para ser más precisos) con un profesor charlatán y mediocre que no sabemos a dónde fue a parar, tal vez haya ganado un premio.
La cuestión es que en el 2001 reunimos unos cuantos poemas y los fotocopiamos en un cuadernillo al cual denominamos Ablaciones. Esto sucedió en un aula de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en la Universidad Nacional de San Agustín. Creo que mi “poesía” reunida en aquel primer foliado no poseía valor literario alguno, José, mas bien, pintaba en sus trabajos unas cualidades para el verso bastante desarrolladas. Cómo decirlo, encuentro en la poesía primigenia de Córdova el genuino intento del poeta por asirse del lenguaje y transformarlo en algo propio. Creo que aquellos versos de Córdova nos señalaban la mano comunicante a partir de la elaboración, un esfuerzo por la saciedad receptiva de autor receptor que le atañe. Cuando elegí aquellos poemas del Ablaciones número 1, estaba además sometido a la influencia de los amores juveniles que parcamente ayudan al correcto uso de la razón, es por eso tal vez que creo elegí bien, porque aquellas letras versaban vivencias viscerales diarias, mucho más del acto creador.
Sí, fue en el 2001 que apareció Ablaciones pero no formalmente, esta entusiasta empresa se desarrolló debido a una lectura que iba a dar y —debo confesarlo— quería hacerme de unos cuantos soles para poder continuar la publicación. Nada más ajeno a la realidad. Sin embargo la “revista” nos reunía para intercambiar opiniones sobre la producción paralela y los comentarios que se habían hecho. Es verdad, Ablaciones nació sin ningún propósito, sólo deseábamos ser leídos, degustados, algo que si fue fundamental es que desde el principio asumimos la responsabilidad de lo publicado, es decir, tomamos una posición frente a los comentarios y la crítica, “estos somos y aquí estamos” creo que era la consigna que podía ser leída entre líneas. Además es preciso aclarar que nuestra sociedad era ajena a los patios de literatura sin embargo se desenvolvía en medio de ellos, por lo que, motivados por nuestro impulso estético no nos quedaba de otra que asumir con creces la tarea que nos estábamos encomendando. Más adelante se vería el brazo hasta donde alcanzó nuestra seria responsabilidad. Creo que quizás apreciará un toque de soberbia el cual deseo negar, negar en absoluto, no sé que motivaba a la movida revistera de aquellos días a seguir publicando o a iniciar la publicación, a veces todo parecía una sinfonía de ímpetus y azar, sin embargo la gente (o los pocos que conocíamos) ya atisbaba en Ablaciones un tinte distinto al de otra publicaciones “semejantes”.
Ya que estoy comentando las cuestiones del azar, considero que nuestra revista fue la mayor privilegiada en este aspecto. En alguna oportunidad mostré el pequeño cuadernillo a la persona X que auspició nuestro primer número, pues el primero vino en dos ejemplares, debido a mi enojo sobre un error. X coordinó todo lo necesario para que fuésemos recibidos en una imprenta y expusiésemos nuestro interés con una publicación. Para esto ya habíamos coordinado con José los textos de este segundo número, el cual creímos necesario fuera de narración pues ya hubo uno primero de poesía. Ahora que me siento a pensar, creo que en realidad estábamos fabricando un proyecto a dos manos antes que una revista de literatura o como se le pueda llamar. Resulta que nunca asistimos a la reunión con el sujeto de la imprenta y muy generosamente X ya había puesto en sus manos aquella fotocopia mal editada que salió a los inicios del 2001. Después de disculparme en alguna reunión, mi sorpresa fue total cuando pusieron en mis manos los primeros cien ejemplares de Ablaciones en edición impresa, pero más grande fue la sorpresa de X cuando los rechacé debido a que “ya estaban impresos y lo que nosotros buscábamos era el segundo número y no la segunda edición”. Mucho tiempo después X me comentó lo mal que se había sentido pues en lugar de encontrar un “gracias” encontró un “para qué has perdido tu tiempo haciendo esto que está mal”. Ahora es hasta irónico pues cualquier otro hubiese recibido gratamente los ejemplares basado en una falsa moral. En fin, se mandaron a corregir los ejemplares y ya teníamos un segundo número impreso, de cien pasamos a doscientos sin invertir un centavo de nuestros bolsillos y ajenos al agradecimiento por tan precisa ayuda.
Nuevamente este número de Ablaciones resultaba hasta innecesario pues nadie debería leer los primeros ímpetus de los “poetas” pues casi siempre son bochorno. En ese número publiqué un cuentito al cual titulé “Crishuaya” en el cual ensayaba algún tipo de técnica dirigida hacia la intriga o el interés de rebuscar en lo desconocido. Que arrogancia, el cuentito (hasta hoy colgado en la web) no sirve para nada. José publicó alguno de los poemas que posteriormente saldrían recopilados en sus Pretextos con el mismo tinte vallejiano en el cual se moviliza.
El tercer número se hizo esperar, un poco más de un año si no me equivoco. Fue el “punto del quiebre”, un nuevo amigo aparecía en escena, el cual prefirió mantenerse en reserva con el seudónimo de Kakuni Kay. Yo siempre he pensado que Kakuni se avergonzaba de aliarse con nosotros, dos modestos aprendices cuando el ya había dejado con grandes notas las aulas de Literatura.
Kakuni Kay reinauguró la revista esculpiéndole el número cero, al utilizar su poesía concreta tan perfectamente en un par de páginas. Por nuestra cuenta decidimos agregar unos gráficos y un homenaje a algún reconocido poeta, es así que César Calvo fue el primero, pues caímos conmovidos en sus letras, nosotros también queríamos saber para qué diablos se escribe un poema y hasta ahora muchas veces me lo pregunto cuando alguna tía mía no sabe en qué ocupo mi tiempo.
Para el cuarto número nos valimos de una estrategia de marketing muy bonita, lo recuerdo bien porque nos tomó mucho tiempo elaborar este número y fue el único que diagramamos José y yo, personalmente no quedé muy a gusto con el formato del tercer número que fue auspiciado por la promotoría del colegio donde trabajé y por ahí una mano dadivosa más. En cuanto al cuarto número apelamos al verso bíblico del pecador que vuelve al pecado como el perro vuelve a su vómito, es así que plasmamos esta caricatura en la portada con un cuadro que decía “Nostalgia”, la verdad es que no recuerdo quién era el autor y por tranquilidad de conciencia permítaseme dictar la siguiente frase: “señor autor desconocido, mil disculpas por haber usado su caricatura como portada de nuestra modesta revista, tenga en cuenta que nos movía un afán sumamente cultural y desinteresado”. Ya con la paz debida prosigo, este número procuraba instruir al lector en los menesteres más delicados aún, es así que imprimimos un billete de 10 soles remarcado para verificar su autenticidad y completamos la página con el índice. En este número invitamos a muchos amigos a publicar, como nuestro querido autor archipremiado Filonilo Catalina, quien nos regaló con un poema acerca de un cuchillo (si la memoria no me vence), creo que Axel Porras también nos congratuló con un cuento, por allí en una revista que encontré del setenta transcribí un texto donde Georgette se queja de lo horrible que lee un declamador a Vallejo, José publicó unos poemas, creo que yo me abstuve. Pero lo más genuino, lo que nos catapultó realmente fue nuestra incansable búsqueda del entrevistado de ese número, el poeta Luzgardo Medina Egoavil, hoy ganador del Copé de Bronce (Poesía). Habíamos decidido entrevistar a todos los poetas “ochenteros” de Arequipa y pensamos que Luzgardo estaba tan clandestino que valía la pena ubicarlo, así fue que después de unas cuantas pesquisas dimos con él en la Municipalidad de Yanahuara, dimos con él y con Hugo Yuén, otro de los desaparecidos de la Academia local. Tampoco recuerdo bien quién nos habilitó la grabadora que utilizamos, el hecho es que nos sentamos en la mesita de una bodega en la Avenida Ugarte, tomamos una “Energina” y consultamos todo lo que queríamos al autor de “Avatar”. Nos tomamos nuestro tiempo en pasar la cinta al papel, mutilamos muy poco, tal vez debí haber dicho editamos muy poco y ya estaba la “Ablaciones” No. 4 lista, imprimimos y la regalamos.
No extendiéndome más, aunque esto ya vuela por más de tres páginas, contaré un poco acerca del quinto número, el más grande y único internacional. Para éste fuimos más osados, hicimos una convocatoria en Ecuador y Chile, asocié el asunto por la cercanía que tenemos a estos dos países entonces no sería difícil un envío postal y mucho menos una contestación por correo electrónico. De hecho, si hubiera habido la necesidad de viajar al extranjero para presentar la revista definitivamente las distancias eran más cortas. Reconozco que éramos (y aún somos) sumamente ignorantes de lo que se hacía en estas latitudes. Nos respondieron muchos amigos, con quienes hasta hoy nos comunicamos, lamentablemente no pudimos publicarlos a todos a tal punto que nos dimos el lujo de escoger y creo que hicimos una gran selección de trabajos. Me gustó mucho la 5, de verdad por allí debe haber alguien que la tenga y espero colgarla alguna vez en el espacio virtual. Nuestro primer colaborador fue el poeta Maurizio Medo, a quien le habíamos puesto el ojo desde mucho antes, el mismo que nos desasnó en algunos asuntos literarios cuando fuimos parte de su taller, aunque el taller estaba auspiciado por Nilo Cruz, promotor cultural que no sé hasta dónde aguante con su sueño “mediático”. Medo es muy generoso con quien quiera que se le cruce en su camino, te contacta con gente, te colabora con sus creaciones, eso sí no le pida plata, no creo que tenga éxito, pero bueno no es el único que se endurece en ese momento. Medo nos regaló con un artículo acerca del poeta Pedro Granados, cuando lo leímos quedamos muy seguros de que iba. Tanta seguridad nos dio el artículo de Medo como el que nos llegó proveniente de Chile suscrito por Juan Cameron, la fluidez y encanto de su lenguaje lo prende a uno y le obliga a continuar leyendo hasta el final y cuando el asunto acaba nos ponemos tristes porque no hubiésemos querido que esto pase, así es Cameron en su escritura, muchas gracias Juan. Con el asunto de reivindicar a los poetas arequipeños del ochenta contactamos con Oswaldo Chanove, quien nos envió un poema inédito, el cual tampoco dudamos en publicar. Tuvimos mucho de qué escoger aquella vez, pero tenazmente cogimos a Omar Lara, Graciela Huinao, Héctor Hernández, Xavier Oquendo, Hugo Yuén, así también homenajeamos a Javier Sologuren y Paco Bendezú. Otro gran amigo, casi mi padre putativo, Róger Santiváñez escribió el testimonio acerca de Bendezú, otro golazo, ¡caray, qué buen número! En este número José reseñó un par de textos y yo publiqué la entrevista que le hice por mail a José B. Adolph, a quien le debo el hecho de poner los pies en la tierra en estos asuntos literarios, a él y a Rubén Soto.
Ablaciones 5 nos estimuló muchísimo, creímos que sería el inicio del gran momento de nuestra revista, no nos dimos cuenta que crecíamos, que nos volvíamos más serios, que nos hacíamos más viejos, yo me metí a trabajar y José siempre dudaba de la periodicidad de la revista, por ahí se nos ocurrió juntarnos con dos amigos más, deslizamos la idea, todo dio vueltas nada se concluyó. No puedo prometer que se publique un número más de la revista, en realidad creo que fue solo un momento de mi vida, ni siquiera estoy seguro de que tendría las ganas y la fuerza suficiente de hacerlo. Ablaciones fue una época, un efluvio de estudiante que siempre suele pasar, no creo que haya más qué decir. Lo siento. Corre el 2008.
La cuestión es que en el 2001 reunimos unos cuantos poemas y los fotocopiamos en un cuadernillo al cual denominamos Ablaciones. Esto sucedió en un aula de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en la Universidad Nacional de San Agustín. Creo que mi “poesía” reunida en aquel primer foliado no poseía valor literario alguno, José, mas bien, pintaba en sus trabajos unas cualidades para el verso bastante desarrolladas. Cómo decirlo, encuentro en la poesía primigenia de Córdova el genuino intento del poeta por asirse del lenguaje y transformarlo en algo propio. Creo que aquellos versos de Córdova nos señalaban la mano comunicante a partir de la elaboración, un esfuerzo por la saciedad receptiva de autor receptor que le atañe. Cuando elegí aquellos poemas del Ablaciones número 1, estaba además sometido a la influencia de los amores juveniles que parcamente ayudan al correcto uso de la razón, es por eso tal vez que creo elegí bien, porque aquellas letras versaban vivencias viscerales diarias, mucho más del acto creador.
Sí, fue en el 2001 que apareció Ablaciones pero no formalmente, esta entusiasta empresa se desarrolló debido a una lectura que iba a dar y —debo confesarlo— quería hacerme de unos cuantos soles para poder continuar la publicación. Nada más ajeno a la realidad. Sin embargo la “revista” nos reunía para intercambiar opiniones sobre la producción paralela y los comentarios que se habían hecho. Es verdad, Ablaciones nació sin ningún propósito, sólo deseábamos ser leídos, degustados, algo que si fue fundamental es que desde el principio asumimos la responsabilidad de lo publicado, es decir, tomamos una posición frente a los comentarios y la crítica, “estos somos y aquí estamos” creo que era la consigna que podía ser leída entre líneas. Además es preciso aclarar que nuestra sociedad era ajena a los patios de literatura sin embargo se desenvolvía en medio de ellos, por lo que, motivados por nuestro impulso estético no nos quedaba de otra que asumir con creces la tarea que nos estábamos encomendando. Más adelante se vería el brazo hasta donde alcanzó nuestra seria responsabilidad. Creo que quizás apreciará un toque de soberbia el cual deseo negar, negar en absoluto, no sé que motivaba a la movida revistera de aquellos días a seguir publicando o a iniciar la publicación, a veces todo parecía una sinfonía de ímpetus y azar, sin embargo la gente (o los pocos que conocíamos) ya atisbaba en Ablaciones un tinte distinto al de otra publicaciones “semejantes”.
Ya que estoy comentando las cuestiones del azar, considero que nuestra revista fue la mayor privilegiada en este aspecto. En alguna oportunidad mostré el pequeño cuadernillo a la persona X que auspició nuestro primer número, pues el primero vino en dos ejemplares, debido a mi enojo sobre un error. X coordinó todo lo necesario para que fuésemos recibidos en una imprenta y expusiésemos nuestro interés con una publicación. Para esto ya habíamos coordinado con José los textos de este segundo número, el cual creímos necesario fuera de narración pues ya hubo uno primero de poesía. Ahora que me siento a pensar, creo que en realidad estábamos fabricando un proyecto a dos manos antes que una revista de literatura o como se le pueda llamar. Resulta que nunca asistimos a la reunión con el sujeto de la imprenta y muy generosamente X ya había puesto en sus manos aquella fotocopia mal editada que salió a los inicios del 2001. Después de disculparme en alguna reunión, mi sorpresa fue total cuando pusieron en mis manos los primeros cien ejemplares de Ablaciones en edición impresa, pero más grande fue la sorpresa de X cuando los rechacé debido a que “ya estaban impresos y lo que nosotros buscábamos era el segundo número y no la segunda edición”. Mucho tiempo después X me comentó lo mal que se había sentido pues en lugar de encontrar un “gracias” encontró un “para qué has perdido tu tiempo haciendo esto que está mal”. Ahora es hasta irónico pues cualquier otro hubiese recibido gratamente los ejemplares basado en una falsa moral. En fin, se mandaron a corregir los ejemplares y ya teníamos un segundo número impreso, de cien pasamos a doscientos sin invertir un centavo de nuestros bolsillos y ajenos al agradecimiento por tan precisa ayuda.
Nuevamente este número de Ablaciones resultaba hasta innecesario pues nadie debería leer los primeros ímpetus de los “poetas” pues casi siempre son bochorno. En ese número publiqué un cuentito al cual titulé “Crishuaya” en el cual ensayaba algún tipo de técnica dirigida hacia la intriga o el interés de rebuscar en lo desconocido. Que arrogancia, el cuentito (hasta hoy colgado en la web) no sirve para nada. José publicó alguno de los poemas que posteriormente saldrían recopilados en sus Pretextos con el mismo tinte vallejiano en el cual se moviliza.
El tercer número se hizo esperar, un poco más de un año si no me equivoco. Fue el “punto del quiebre”, un nuevo amigo aparecía en escena, el cual prefirió mantenerse en reserva con el seudónimo de Kakuni Kay. Yo siempre he pensado que Kakuni se avergonzaba de aliarse con nosotros, dos modestos aprendices cuando el ya había dejado con grandes notas las aulas de Literatura.
Kakuni Kay reinauguró la revista esculpiéndole el número cero, al utilizar su poesía concreta tan perfectamente en un par de páginas. Por nuestra cuenta decidimos agregar unos gráficos y un homenaje a algún reconocido poeta, es así que César Calvo fue el primero, pues caímos conmovidos en sus letras, nosotros también queríamos saber para qué diablos se escribe un poema y hasta ahora muchas veces me lo pregunto cuando alguna tía mía no sabe en qué ocupo mi tiempo.
Para el cuarto número nos valimos de una estrategia de marketing muy bonita, lo recuerdo bien porque nos tomó mucho tiempo elaborar este número y fue el único que diagramamos José y yo, personalmente no quedé muy a gusto con el formato del tercer número que fue auspiciado por la promotoría del colegio donde trabajé y por ahí una mano dadivosa más. En cuanto al cuarto número apelamos al verso bíblico del pecador que vuelve al pecado como el perro vuelve a su vómito, es así que plasmamos esta caricatura en la portada con un cuadro que decía “Nostalgia”, la verdad es que no recuerdo quién era el autor y por tranquilidad de conciencia permítaseme dictar la siguiente frase: “señor autor desconocido, mil disculpas por haber usado su caricatura como portada de nuestra modesta revista, tenga en cuenta que nos movía un afán sumamente cultural y desinteresado”. Ya con la paz debida prosigo, este número procuraba instruir al lector en los menesteres más delicados aún, es así que imprimimos un billete de 10 soles remarcado para verificar su autenticidad y completamos la página con el índice. En este número invitamos a muchos amigos a publicar, como nuestro querido autor archipremiado Filonilo Catalina, quien nos regaló con un poema acerca de un cuchillo (si la memoria no me vence), creo que Axel Porras también nos congratuló con un cuento, por allí en una revista que encontré del setenta transcribí un texto donde Georgette se queja de lo horrible que lee un declamador a Vallejo, José publicó unos poemas, creo que yo me abstuve. Pero lo más genuino, lo que nos catapultó realmente fue nuestra incansable búsqueda del entrevistado de ese número, el poeta Luzgardo Medina Egoavil, hoy ganador del Copé de Bronce (Poesía). Habíamos decidido entrevistar a todos los poetas “ochenteros” de Arequipa y pensamos que Luzgardo estaba tan clandestino que valía la pena ubicarlo, así fue que después de unas cuantas pesquisas dimos con él en la Municipalidad de Yanahuara, dimos con él y con Hugo Yuén, otro de los desaparecidos de la Academia local. Tampoco recuerdo bien quién nos habilitó la grabadora que utilizamos, el hecho es que nos sentamos en la mesita de una bodega en la Avenida Ugarte, tomamos una “Energina” y consultamos todo lo que queríamos al autor de “Avatar”. Nos tomamos nuestro tiempo en pasar la cinta al papel, mutilamos muy poco, tal vez debí haber dicho editamos muy poco y ya estaba la “Ablaciones” No. 4 lista, imprimimos y la regalamos.
No extendiéndome más, aunque esto ya vuela por más de tres páginas, contaré un poco acerca del quinto número, el más grande y único internacional. Para éste fuimos más osados, hicimos una convocatoria en Ecuador y Chile, asocié el asunto por la cercanía que tenemos a estos dos países entonces no sería difícil un envío postal y mucho menos una contestación por correo electrónico. De hecho, si hubiera habido la necesidad de viajar al extranjero para presentar la revista definitivamente las distancias eran más cortas. Reconozco que éramos (y aún somos) sumamente ignorantes de lo que se hacía en estas latitudes. Nos respondieron muchos amigos, con quienes hasta hoy nos comunicamos, lamentablemente no pudimos publicarlos a todos a tal punto que nos dimos el lujo de escoger y creo que hicimos una gran selección de trabajos. Me gustó mucho la 5, de verdad por allí debe haber alguien que la tenga y espero colgarla alguna vez en el espacio virtual. Nuestro primer colaborador fue el poeta Maurizio Medo, a quien le habíamos puesto el ojo desde mucho antes, el mismo que nos desasnó en algunos asuntos literarios cuando fuimos parte de su taller, aunque el taller estaba auspiciado por Nilo Cruz, promotor cultural que no sé hasta dónde aguante con su sueño “mediático”. Medo es muy generoso con quien quiera que se le cruce en su camino, te contacta con gente, te colabora con sus creaciones, eso sí no le pida plata, no creo que tenga éxito, pero bueno no es el único que se endurece en ese momento. Medo nos regaló con un artículo acerca del poeta Pedro Granados, cuando lo leímos quedamos muy seguros de que iba. Tanta seguridad nos dio el artículo de Medo como el que nos llegó proveniente de Chile suscrito por Juan Cameron, la fluidez y encanto de su lenguaje lo prende a uno y le obliga a continuar leyendo hasta el final y cuando el asunto acaba nos ponemos tristes porque no hubiésemos querido que esto pase, así es Cameron en su escritura, muchas gracias Juan. Con el asunto de reivindicar a los poetas arequipeños del ochenta contactamos con Oswaldo Chanove, quien nos envió un poema inédito, el cual tampoco dudamos en publicar. Tuvimos mucho de qué escoger aquella vez, pero tenazmente cogimos a Omar Lara, Graciela Huinao, Héctor Hernández, Xavier Oquendo, Hugo Yuén, así también homenajeamos a Javier Sologuren y Paco Bendezú. Otro gran amigo, casi mi padre putativo, Róger Santiváñez escribió el testimonio acerca de Bendezú, otro golazo, ¡caray, qué buen número! En este número José reseñó un par de textos y yo publiqué la entrevista que le hice por mail a José B. Adolph, a quien le debo el hecho de poner los pies en la tierra en estos asuntos literarios, a él y a Rubén Soto.
Ablaciones 5 nos estimuló muchísimo, creímos que sería el inicio del gran momento de nuestra revista, no nos dimos cuenta que crecíamos, que nos volvíamos más serios, que nos hacíamos más viejos, yo me metí a trabajar y José siempre dudaba de la periodicidad de la revista, por ahí se nos ocurrió juntarnos con dos amigos más, deslizamos la idea, todo dio vueltas nada se concluyó. No puedo prometer que se publique un número más de la revista, en realidad creo que fue solo un momento de mi vida, ni siquiera estoy seguro de que tendría las ganas y la fuerza suficiente de hacerlo. Ablaciones fue una época, un efluvio de estudiante que siempre suele pasar, no creo que haya más qué decir. Lo siento. Corre el 2008.
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Vía Cusco escribió: