27/08: Lecciones de aerodinamismo para lanzar el control remoto
Ayer amenacé a mi control remoto porque se le veía con serias intenciones de caer al suelo desde su posición original, la cual finalmente mantuvo porque, o conseguí desanimarlo, o simplemente le dio por hacer caso a la ley de la gravedad, esa señora mandona, que definitivamente tiene un rostro más intimidante que el mío y un mayor poder de convencimiento que el de mis amenazas; aunque no sé qué tan efectivas sea dicha señora con mi control remoto, pues por lo general él ignora olímpicamente cualquier ley, por ejemplo la de la inercia, que reza que ningún objeto puede moverse sin que una fuerza actúe sobre él, situación que le importa un pepino a mi control y cambia de posición según le venga en gana, según me contó la otra vez que estaba confidente. Eso me hace recordar a un texto que leí no se dónde (así que olvídense de la referencia) y que hablaba sobre el abejorro, ese bichejo insoportablemente grande para mi gusto (y para placer de los insectívoros -atención Timón y Pumba-), que resultó un enigma para los científicos porque la proporción entre su cuerpo y sus alas era tal que resulta imposible, física y aerodinámicamente hablando, que el mencionado insecto vuele, y sin embargo, ahí lo vemos surcando el espacio sideral alegremente y sin mayores complicaciones, al menos hasta que apareciere un pájaro con marcadas intenciones de alimentarse con él. El hecho es que los estudiosos se descorcharon la cabeza intentando averiguar por qué el abejorro vuela si las leyes de la física lo prohíben, y se dieron con la sorpresa de que el abejorro no se sujeta a dichas leyes porque no las conoce. ¿No es sencillísimo? Siguiendo ese punto de vista ¿no sería nuestra vida mucho más ventajosa si nunca hubiéramos estudiado física? La respuesta es no, definitivamente, pero ya quisiéramos; y soñar no cuesta nada, excepto en Zanguya donde hay un impuesto al sueño y donde dicha frase es expresada con un sarcasmo profundo, pobres.
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Juan Bautista escribió: