
Llegué ligeramente tarde y la vi desde lejos. A mí me gusta cuando puedo ver su silueta y adivinar con exactitud hacia qué lado girará su cabeza antes de verme llegar. Su voz chillona, de niña, me hace pensar tontamente “sí, es ella”. Un abrazo a medias porque estábamos tarde me impidió saludarla correctamente, pero eso a ella no le importó. Subimos al primer taxi que apareció el cual no nos llevó a nuestro destino, se equivocó ella y el taxista. Yo solo sonreía pacientemente mientras conseguía un nuevo taxi. “Estoy tarde” casi lloraba, pero no importa, estaba conmigo, yo podría dar mi vida para que ella nunca esté un paso detrás del tiempo.
Nada extraño, llegamos a tiempo y se sintió aliviada, mientras que yo seguía sonriendo mientras pensaba “hoy nada te saldrá mal, estoy a tu lado”, pero sin decírselo. Solo sonrisas pacientes, resquebrajadas, nada más. La acompañé a una cita con el doctor y leí revistas que ya había leído en el trabajo. Escuché conversaciones ajenas, de pacientes mujeres intentando competir entre ellas solapadamente, a ver quién de ellas había viajado más al extranjero y quién amaba más a su Perú. Salí a fumar un cigarrillo. Me aburre ese tipo de gente. Me aburre ese tipo de mujeres; compitiendo todo el día. Pero mi sonrisa volvió cuando ella salió al pasillo y me sonrió con un “vamos ya”.
Luego, fuimos a cambiar dinero. Soñé mis sueños cuando caminábamos tomados del brazo. Ella hablaba muchísimo, como siempre, y yo nada, como siempre. La escuchaba mientras me concentraba en mantener en mi mente su perfume vainilla. Me muero por ese perfume. Me preguntaba cosas. Estuve más animado que antes porque ella me dijo “quería verte”. Me sentí el chico más feliz del mundo de solo escuchar eso de la persona que más amo en mi vida. Cambiamos el dinero. Regresamos. Me enamoré por decimo quinta vez de ella en ese día. Le hice reír, le hice hablar más. “Tengo hambre”, “vamos a comer algo, ¿qué quieres?”.
Fuimos a comer y fue exitoso. Teníamos sueño también, flojera, qué se yo. Pero yo estaba muy feliz de estar ahí con ella. Había “mucha gente, ¿no?” pero no nos importaba. Cuando caminábamos, nos tomábamos del brazo y a veces ella apoyaba su cabeza en mi hombro. De veras, estoy enamorado, pero así está bien, ella es mi mejor mejor amiga de todo el mundo. Fuimos a comprar unas cosas para mí, aunque, en secreto, yo solo quería caminar más y más y que ella esté cerquita. Todo fue perfecto entre nosotros y creo que por primera vez desde que nos conocemos. Conversamos de cosas interesantes, pero esas no las recuerdo mucho, estaba perdido en sus ojos gigantes, pardos, hermosos, únicos en todo mi mundo.

Luego tomamos el bus y mi día se congeló. Se acurrucó en mi pecho y durmió todo el camino. Ella no lo sabe aún y nunca lo sabrá pero, durante la hora y quince minutos de camino yo estuve mirando su mejilla, su ojo cerrado, sus labios, su cabello. Oprimía mi pecho, haciendo difícil mi respiración, pero yo no respiraba felizmente, solo suspiraba. El mejor día de mi vida se detuvo y yo, con pesadez en los ojos y algo sumamente doloroso en mi corazón, pedí a dios por primera vez: “dios, por favor, te pido… te pido por favor, dios, que Yuna nunca me falte, aún cuando no pueda tenerla solo para mí, aún cuando la persona para mí sea demasiado libre para encarcelar su alma conmigo, por favor dios, permíteme solo disfrutar este momento con la persona que más amo (*cae una lágrima en su cabello despeinado y la abrazo levemente*). Aún cuando soy tan feliz por este momento, sé que es pasajero, pero dios, en verdad… que ella sea feliz”. Y dios me escuchó y ella, soñando algo, sonrió dormida aún.
“Ya vamos a llegar” le dije al oído luego de darle un beso en la frente. Despertó en seguida y bajamos y caminamos solo para sentarnos luego de algunos pasos. Me contó más cosas interesantes y me burlé de ella un poco para hacernos reír. Luego comimos un helado de fresa y mermelada y no sé qué más. Yo detesto, odio y aborrezco las fresas, pero ésas me supieron tan delicioso el día de ayer, tanto que no podía parar de comerlas. Le invité mi capuccino, “que feo, no tiene azúcar” me dijo y me dio risa. Demasiada. Nunca tuve un día tan hermoso en toda mi vida, en toda mi vida. No quería que llegue la hora de despedirnos, pero las horas pasan no más, sin pedirte permiso, sin darte un pequeño descanso. Me abrazó deseándome “buen viaje” y subió a su bus. Bajé la mirada hacia el piso y caminé hasta mi casa. Empecé a hacer mi maleta y cuando vi que todo estaba listo, no pude cerrarla. Me detuve. Lloré. Lloré mucho y no sabía por qué pero… en mi corazón, solo estaba su rostro dormido. Ayer me di cuenta que la persona para mi es mi más preciado tesoro y mis días más hermosos son aquellos que pasé a su lado. Por favor, dios, que los días normales pasen volando, porque mi vida se basa solo en esperar por la siguiente vez en que ella y yo caminemos juntos.







