La dama de hierro del Poder Judicial
Por: Juan Paredes Castro | El Comercio

"La OCMA no es Elcira Vásquez" decía hace poco un enfadado militante del statu quo judicial, en reacción a la defensa que veníamos haciendo precisamente de los resultados de la una y del liderazgo indiscutible de la otra.

¡Claro que Elcira Vásquez es la OCMA!, le contestaríamos nosotros, no solo para justificar, con esta frase, la profunda identidad entre ambas, sino para reconocer que una de las poquísimas reservas de cambio y reforma en la administración judicial descansa todavía en las manos firmes e insobornables de esta pequeña dama de hierro.

Vásquez representa también, lamentablemente, el mal típico de nuestros viejos proyectos de reformas estructurales, que casi siempre mueren en el intento de un esfuerzo individual, careciendo en su mayoría de una consistente voluntad política de Estado.

Vemos por ahora que gracias a la OCMA (Oficina de Control de la Magistratura) y su dirección se ha avanzado mucho en materia de investigación y fiscalización de faltas y delitos en jueces y fiscales, con algunos gruesos retrocesos, impulsados, extrañamente, por el Consejo Nacional de la Magistratura, que parece marchar en sentido contrario al que necesita la justicia del país.

Pero no es solo la suerte de la OCMA la que reta el esfuerzo individual, finalmente trunco. Igual ocurrió con Aurelio Loret de Mola y Allan Wagner en Defensa, cuando como ministros tuvieron que nadar contra la corriente en la reforma militar. ¿Y en qué acabó la reforma constitucional en el Congreso? ¿No fueron Henry Pease y Jorge del Castillo quienes abrieron un camino expedito que nadie siguió? Hernán Garrido Lecca quiere dar hoy una vuelta de tuerca al sector Salud, buscando construir y equipar hospitales, pero salvando antes lo que se tiene casi en escombros.

Si los desafíos individuales no son suficientes, aunque sí marcan derroteros importantes, hay más de una reforma en el Estado que espera no solo decretos legislativos como los promulgados hace poco, sino una voluntad política decisiva, capaz de generar objetivos medibles en el tiempo, para que todos sepamos a qué atenernos en los próximos años.

Elcira Vásquez y la OCMA son un buen ejemplo de lo que puede cambiarse en el Poder Judicial. E irónicamente no dejan de ser un dolor de cabeza para el presidente de la Corte Suprema, Francisco Távara, que no ha tenido más remedio que reconocer el retorno del vocal Ángel Romero a la presidencia de la Corte Superior de Lima, luego de que la OCMA lo destituyera por falta grave y el CNM lo liberara por sobre todo razonamiento administrativo procesal.