Sustentación del 18 de julio de 2008, para obtener el Grado de Doctor en Ciencias Sociales, especialidad de Historia



“Los héroes patrios y la construcción del Estado-nación en el Perú (siglos XIX y XX)” que sustentamos esta mañana es el resultado de una investigación que partió del interés por conocer las características propias que en la historia del Perú se presentan al momento de materializar los símbolos nacionales que remiten a la fundación de la República. Para ello, se inventa una tradición que apela a la construcción de una memoria en torno a la ruptura política con España, a través de la transferencia de valores republicanos a un grupo de personas a quienes se les hace encarnar esos valores.

El período de estudio aborda dos siglos –el XIX y el XX- porque el proceso de construcción de los héroes patrios comprende diversos tiempos cronológicos que se desarrollan de manera diacrónica y sincrónica. Un tiempo corto, cotidiano donde se producen diversos acontecimientos, como por ejemplo el deceso, el funeral y la ceremonia de oficialización del héroe. Otro tiempo mediano que abarca ciclos de construcción de héroes, y uno de mayor duración que comprende el proceso de sacralización de valores políticos y su hipostasis en determinados personajes.

A través del análisis de los elementos simbólicos, como por ejemplo el estudio de los héroes, podemos conocer algunos aspectos del proceso de formación del Estado-nación peruano. Ello se produce a través de la invención de una tradición de tipo cultural y social que deviene en social y política. Para ello, se construye una imagen de la heroicidad sustentada en una comunidad que comparte su pasado, territorio e identidad. Esa imagen de la heroicidad se materializa en los héroes, que vienen a ser los padres fundadores. Ello genera respuestas de la población tan fuertes como la formación de sentimientos de pertenencia y la disposición a dar la vida, si así fuera necesario. Se trata de un proceso de transfiguración de personajes públicos en ancestros a través de la comunitas, la apoteosis y la adaptación de prácticas religiosas a prácticas políticas. Para ello es necesario que previamente se produzca la organización de una comunidad de culto que asuma la tarea de mantener vigente al héroe a través de la rememoración.

La tesis ha sido organizada en tres partes y nueve capítulos.

La primera sobre “La construcción del héroe” comprende el primero y el segundo capítulos. Parte del supuesto que las raíces históricas del proceso republicano descansan en dos grandes tradiciones, la primera una vertiente cultural occidental moderna, y la segunda descansa en la cultura andina pre republicana que incluye el pasado prehispánico y el colonial. Por lo tanto, la construcción de los héroes patrios y la formación del Estado-nación no se produjeron ex nihilo.

La segunda sobre “La invención colectiva y el primer entierro” comprende los capítulos tercero, cuarto y quinto. Aborda en términos cronológicos el siglo XIX y muestra cómo se produjo la primera invención de la tradición consistente en los funerales apoteósicos organizados para aquellos personajes públicos que participaron activamente durante el proceso de la Independencia. Se ha tomado en cuenta la magnitud del funeral, quiénes lo organizaron, quiénes asistieron, qué dijeron y expresaron durante ellos y en los días siguientes –a través de la repercusión en la prensa escrita-, así como cuál fue la comunidad de culto que se encargó de mantener viva la memoria del personaje.

La tercera sobre la “Oficialización de los héroes y el segundo entierro. El Panteón de los Próceres de la Nación y los héroes de la Independencia. El Perú del siglo XX”. Comprende los capítulos sexto, séptimo, octavo y noveno. Corresponde al siglo XX y analiza cómo se produjo la invención de una segunda tradición consistente en la oficialización, desentierro y reentierro en el Panteón de los Próceres de la Nación de algunos personajes públicos que destacaron durante el período de la Independencia. Para ello, se aborda el contexto en el cual se inventa la tradición, los ciclos de construcción de héroes, y se estudian los casos del primer ciclo, tanto a los civiles como a los militares.


Conclusiones

Primera. La invención de la tradición consistente en la construcción de los héroes patrios por los gobiernos que en esos momentos detentaron el Estado-nación se desarrolla como parte del proceso de formación de éste. Ello se produce cuando se elabora e inventa elementos simbólicos para que coadyuven a generar sentimientos de pertenencia e identidad comunes. Los instrumentos utilizados por los gobiernos que detentan el poder del Estado-nación de cada momento histórico son diversos. Por ejemplo, la promulgación de leyes, establecimiento de un calendario cívico, construcción de monumentos y edificios alusivos, invención de rituales, ceremoniales, conmemoraciones, desfiles públicos; elaboración de discursos e incorporación en los contenidos educativos públicos la enseñanza de la historia patria y pedagógica cívica.

La construcción del héroe se sustenta en una raíz cultural propia de la heroicidad y del tratamiento que se otorga a los ancestros y las reliquias. Por lo que en su versión moderna, la construcción del héroe recoge un elemento etno simbólico (principio genealógico) y se convierte en vehículo para la formación de símbolos culturales y políticos vinculados al Estado-nación.

En el Perú, el Panteón de los Próceres de la Nación es un símbolo de la materialización de la relación entre la construcción de los héroes y la formación del Estado-nación y tiene dos significados. El primero, como espacio destinado para acoger a todos aquellos que en un momento determinado fueron seleccionados por un gobierno en particular y los oficializa como héroes fundadores de la República. Por lo que es un edificio cuyo origen se remonta a 1921 cuando fue transformado para que el visitante pueda actualizar en su memoria su conocimiento respecto al período de la Independencia. El segundo significado, se refiere a una comunidad de héroes cuyo origen se remonta a 1924, y a partir de ese momento inicia un proceso de oficialización de héroes patrios fundadores de la República, por lo que se construye una elite elegida por algunos gobiernos, pero que observado en perspectiva diacrónica termina configurando algunas características particulares del Estado-nación. El discurso que sustenta a esa elite explicita que ésta es conformada por personas ejemplares dignas de admiración y a quienes se puede emular.

Sin embargo, si tomamos en consideración que dado que el devenir político del país ha sido cambiante a lo largo del tiempo, con grupos o líderes con características fundacionales. Es decir, que asumen el poder en determinado momento e imponen un conjunto de medidas, pero que cuando otro grupo o líder asume el poder cambia todo lo realizado por el anterior y empieza de nuevo, o hace lo contrario al anterior. Por lo tanto, la construcción de la comunidad de héroes refleja esa situación discontinua, diversa, fragmentada y cambiante.

En el Perú, el Panteón de los Próceres de la Nación rinde homenaje a más de quinientos héroes, los que fueron paulatinamente incorporados a lo largo del siglo XX conformando ciclos. De ellos, sólo 26 recibieron el tratamiento más sofisticado y especial consistente en oficializarlos por medio de una norma, desenterrar sus restos y trasladarlos hasta el Panteón de los Próceres para volver a enterrarlos ahí. Los otros, fueron representados en estatuas y bustos; y la gran mayoría recibió el homenaje a través de colocar su nombre en una placa. Ello da lugar a la configuración de una jerarquía privilegiada. Por lo que observamos la reproducción de jerarquías y privilegios existentes en la sociedad peruana.

Respecto al período en el cual se oficializaron los 26 héroes, se ha identificado hasta tres ciclos.

El primer ciclo de construcción de héroes (1924-1927) se produjo durante el gobierno de Augusto B. Leguía y está –predominantemente- vinculado a un período modernizador «desde arriba». El peso preponderante de dicho contexto episódico ha contribuido –entre otros factores- a que el destino de ese símbolo haya estado atado al devenir del proyecto político (la Patria Nueva), y que luego –en los ciclos de construcción posteriores- sea resignificado en función a otros contextos. En este ciclo se oficializó a 5 civiles y a 4 militares.

El segundo ciclo de construcción de héroes (1949-1968) se ubica en un contexto marcadamente autoritario y de polarización social. El inicio corresponde al gobierno del general Odría y el final por la víspera del golpe del general Juan Velasco Alvarado. En este ciclo se oficializó a 9 militares y a 4 civiles como héroes fundadores de la patria.

El tercer ciclo de construcción de héroes (1980-1988) se desarrolla en un contexto de transición democrática, pero también de crisis económica. Se produce durante los gobiernos de Belaunde y de García. Se oficializó como prócer de la nación a 3 militares y una civil (la única mujer).

Segunda conclusión. La materialización de la invención de la tradición a través de la oficializaron de héroes expresa una relación cultural que se transforma en social y política. Con cada héroe elegido se busca una conexión o relación con un aspecto de la sociedad o un elemento social. De ahí que las características de los héroes fundadores de la república peruana muestran en conjunto que constituyen una nueva élite, donde predominan los militares (16) sobre los civiles (10), hombres (25) sobre las mujeres (1); y provincianos (16) sobre limeños (5) y extranjeros (5).

El discurso en torno a los héroes militares señala que fueron aquellos que “domaron la muerte” y tuvieron una “bella vida” en contraposición a una “bella muerte”. Al tener actuación individual destacada durante las guerras y sobrevivir, obtienen el reconocimiento de héroes en la sociedad a la que se incorporan. Este proceso es señalado por la teoría como el “retorno del héroe” ya que cotidianamente hicieron recordar a la población el significado de las guerras de la Independencia.

En el caso del discurso elaborado en torno a los héroes civiles destacan que son los héroes modernos por excelencia, ya que formaron parte del poder político, establecieron las primeras bases de la República y se transformaron en ciudadanos ejemplares. De los diez civiles incorporados al Panteón de los Próceres, 5 fueron abogados, y cinco de otras actividades (maestro, médico, músico, sacerdote y una mujer).

En el caso particular del primer ciclo de construcción de héroes los nueve elegidos durante la década de 1920 son una representación de la voluntad política predominante durante el gobierno de Augusto B. Leguía. Tienen en común ser los nuevos iconos republicanos: profesionales, prestigiosos en sus ámbitos de especialización, laicos y heterodoxos, y tienen conductas públicas y privadas que denotan a ciudadanos virtuosos, con actitudes de apostar por el futuro y ser cosmopolitas. En ese sentido, son encarnaciones del «hombre nuevo», aquellos a quienes están dirigidos los discursos y los actos de la Patria Nueva.

Respecto a los héroes civiles de este primer ciclo, el discurso del período de la Patria Nueva los destaca como hombres que estuvieron a la vanguardia en los primeros actos de la República. En ese sentido, Simón Rodríguez, Francisco Javier Mariátegui, Hipólito Unanue, Bernardo Alcedo y José de la Torre Ugarte participaron activamente como miembros de los tres poderes del Estado, en el legislativo, el ejecutivo y el judicial, además de contribuir a crear los símbolos patrios.

Simón Rodríguez simbolizó la importancia de la educación en el proyecto de modernizar el país. Su figura de maestro de escuela pasa -en la Patria Nueva- a ser el nexo entre el pasado y el porvenir, ya que se forma a niños que serán ciudadanos a cargo del futuro del país. Francisco Javier Mariátegui viene a representar el abogado, liberal, laico y miembro de los tres poderes del Estado, ya que fue parlamentario, ministro y juez en diversas ocasiones, un elemento central es que se trata de un fundador de una estirpe de héroes, ya que su hijo Foción Mariátegui fue a su vez héroe del 2 de mayo. Hipólito Unanue es quizá el más cosmopolita y más político de los cinco héroes civiles, ello se refleja en que su incorporación al Panteón se produce en el marco de la VIII Conferencia Sanitaria Pan Americana. Unanue es percibido por los médicos de inicios del siglo XX como el paradigma del profesional exitoso que moderniza la enseñanza de la medicina y su ejercicio práctico, que participa en el poder político como un alto funcionario con acceso a la toma de decisiones en las altas esferas del poder. Finalmente, José Bernardo Alcedo y José de la Torre Ugarte están indisolublemente unidos al Himno Nacional, además de ello simbolizan al ciudadano inmaculado y con pureza cívica, por lo que el rescate de sus figuras busca motivar a la niñez y a la juventud.

Los cuatro héroes militares también destacaron en su quehacer. Jorge Martín Guise, Guillermo Miller, Francisco Vidal y Pascual Saco y Oliveros demostraron en diversas ocasiones que estaban dispuestos a entregar su vida a la causa de la independencia. Dado que ninguno de ellos murió durante las guerras de la Independencia, son reconocidos en la función del «retorno del héroe», en el sentido que después de las guerras de la Independencia convivieron con el resto de la sociedad, vivieron las vicisitudes propias de la era de los caudillos, y fueron personajes cuya presencia hacía recordar las hazañas de las guerras. Esta función de ser hitos de recordación se comprueba en que durante el primer funeral fueron objeto de ceremonias apoteósicas.


En los casos de Martín Jorge Guise y Guillermo Miller, tiene un peso muy importante para la Patria Nueva el hecho de que ambos son de origen británico, de ahí que decidan que el segundo entierro se realice para ambos en el mismo día, y que en el ceremonial participe el cuerpo diplomático y la comunidad británica. Los discursos resaltan que la oficialización de ambos como Próceres de la Nación son actos de agradecimiento y reconocimiento de los peruanos al aporte que Guise y Miller realizaron al participar en la fundación de la República. El tercer militar en ser oficializado fue Francisco Vidal, quien es reconocido como el primer soldado del Perú, ya que tuvo una participación muy activa en las guerrillas que apoyaron a los ejércitos libertadores, además de representar al buen peruano por su vida austera y honesta. El cuarto militar es Pascual Saco y Oliveros, quien simboliza al ciudadano armado, y quizá fue el más consciente de la necesidad que sus actos tuvieran reconocimiento oficial, de ahí que él mismo organizara su expediente de acciones realizadas durante la Independencia y las primeras décadas de vida republicana.

Los nueve héroes de la Patria Nueva eran profesionales, eran líderes en sus respectivas comunidades y el gobierno de Leguía que en ese entonces detentó el Estado-nación de la tercera década del siglo XX los hizo participar en la elaboración de un discurso legitimador de la nueva realidad política. En ese sentido, la invención de esta tradición contribuyó a reforzar el proyecto de la Patria Nueva de modernizar la República.

Tercera conclusión. La dinámica de la relación entre los héroes patrios y la sociedad peruana se produce a través de la existencia de una comunidad de culto para cada uno de los héroes. Se trata de una organización que tiene la tarea de construir una imagen del héroe, difundir en la sociedad la importancia de éste y mantener su recuerdo a lo largo del tiempo. Por lo tanto, la comunidad de culto necesariamente debe trascender para que el resto de la sociedad se identifique con el héroe.

En el caso de los héroes peruanos, las comunidades de culto en torno a ellos fueron cambiando a lo largo del tiempo. Asimismo, fueron heterogéneas, desiguales y no todas tuvieron éxito. Así, en el siglo XIX, generalmente se mostró muy restringida y respondió al círculo más cercano del héroe (familia, amigos y colegas). Por lo tanto, la imagen que se construye sólo tenía significado para ellos y no garantizaba que su memoria pueda perdurar a lo largo de varias generaciones y trascienda hacia el conjunto del país. Solo en aquellos casos en que la comunidad de culto fue incorporando a más círculos y más grupos sociales, logró tener éxito en el mantenimiento de una memoria colectiva más duradera, lo que sucedió con los héroes patrios en el siglo XX. Durante la Patria Nueva, los héroes que fueron oficializados tenían sus propias comunidades de culto.

Las más cercanas fueron las familias, especialmente los descendientes. Así en el caso de Unanue, Mariátegui o de Saco y Oliveros el peso de ellos perdura hasta el siglo XX, cuando los restos de esos personajes son trasladados al Panteón y las familias tienen un lugar en cada etapa del ceremonial (exhumación, desfile, discursos, entre otros). De esos casos, el más relevante en esta argumentación es el que corresponde a Francisco Javier Mariátegui, ya que la esposa de Leguía era descendiente directa del héroe (bisnieta).

El otro tipo de comunidad de culto estaba dado por los paisanos o coterráneos que sentían que destacar la figura de su héroe local era poner en relieve la participación de dicha localidad en la fundación de la República. Esos son los casos de Francisco Vidal, quien es un héroe muy importante para Supe, o el de Pascual Saco y Oliveros cuya participación en la jura de la Independencia realizada en Lambayeque en 1820 fue central, o los casos de Guise y Miller quienes eran recordados por la comunidad británica asentada en el Perú.

Otra comunidad de culto muy importante fue la que se originaba en los gremios o instituciones a las cuales pertenecieron los héroes. Por ejemplo, el Colegio de Abogados quien tenía como miembro nato a Francisco Javier Mariátegui y como miembro honorario a Pascual Saco y Oliveros. En el caso de Unanue la comunidad de culto estaba compuesta por el Colegio Médico, Círculo de Médicos y la Escuela de Medicina de San Fernando. La figura de Unanue logró convocar a uno de los grupos sociales con mayor presencia y fuerza en el período republicano, ya que los médicos paulatinamente lograron ser los portavoces del discurso moderno.

Una de las comunidades de culto más espontáneas y con mayor asentamiento en la sociedad fue la que surge en torno a Bernardo Alcedo y José de la Torre Ugarte, ya que al ser autores de uno de los símbolos patrios más vinculados con los peruanos, se asocia directamente el aprendizaje de la letra y la música desde la escuela, la entonación y las ceremonias oficiales como un todo.

En la esfera pública también se organizaron comunidades de culto. En efecto, en algunas ocasiones los miembros del poder judicial o del poder legislativo constituyeron comunidades de culto al fomentar la construcción de mausoleos para algunos héroes, o la incorporación en el calendario cívico de alguna fecha recordatoria de algún prócer. Sin embargo, las comunidades de culto en el ámbito público más institucionalizadas fueron las que se organizaron en los organismos castrenses, como en la Marina de Guerra o en el Ejército.

Una de las comunidades de culto más relevantes fue la Sociedad Fundadores de la Independencia, Vencedores el 2 de Mayo de 1866 y Defensores Calificados de la Patria, porque surgió en el ámbito privado como una organización que ayudaba a sus miembros y sus familias a organizar sus funerales, y poco a poco fue siendo cooptada por el Estado, cuyo momento culminante fue durante la Patria Nueva, cuando inauguran un nuevo local ubicado en la avenida Leguía (actual avenida Arequipa).

Finalmente podemos observar que en el siglo XIX las comunidades de culto se organizan de manera espontánea a partir de las familias y paisanos, y paulatinamente van a ir incorporando nuevas instituciones y grupos sociales. Es decir, en el siglo XIX hay un predominio de las comunidades de culto de la sociedad, mientras que en el siglo XX se incorporan algunas instituciones del Estado como una comunidad de culto oficial, la misma que inventará la tradición del Panteón de los Próceres de la Nación, y asumirá la responsabilidad de mantener viva la memoria de los personajes oficializados como héroes y que fueron trasladados a dicho recinto.

En suma, el caso de la historia de los héroes patrios en el Perú es un producto histórico inacabado que va cambiando a lo largo de la historia republicana conforme diversos grupos sociales y políticos van accediendo –o pretendiendo llegar- al poder. Asimismo, se trata de un fenómeno que se presenta cuando un determinado grupo social consigue de manera exitosa el reconocimiento de la sociedad y confluye con la necesidad política de determinados gobiernos de legitimar sus propuestas y proyectos. Ello configura de manera especial al Estado-nación como proceso inacabado, explica la existencia de ciclos de construcción de héroes a lo largo del siglo XX, y explica también porqué algunos héroes oficializados son más recordados que otros.