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Nunca me dices exactamente a dónde vas, me citas en cafés, no conozco a nadie de tu familia, no sé dónde vives y llevamos más de dos años juntos. ¿Puedes dejar de escribir en la laptop mientras te hablo?

- Sabes que soy adicto al chocolate, que me gustan los perros, que me gusta viajar ….y que me quiero casar contigo.- despega la mirada de la pantalla y la mira con una ligera sonrisa.

- ¿Crees que eso es suficiente?

- Desde que comenzamos, te dije que sabrías de mi sólo lo indispensable, esto del periodismo es pesado, ya te he dicho que trabajo para una revista extranjera que…..


- ¡Una revista que no he podido encontrar en Internet y que según tú tiene informaciones de…..!

- ¡Puedes hablar más bajo, aun no estamos en la habitación de un hotel para que grites así, todos nos están viendo¡


- Walter, no me voy ir a ningún hotel contigo…..espera voy a responder el teléfono- demora como un minuto en encontrarlo, es rosado y su sonido es estridente, la llama su hermana, hablará varios minutos.
La segunda vez no había sido tan difícil, fui un poco torpe, di mi verdadero nombre, Walter Verdeguer, no me importaba, solo quería sentir otra vez esa descarga de poder. Me gustaba que me pagaran un hotel de cinco estrellas. Hacía calor, las mujeres eran muy atractivas, pero nada me importaba más que esa descarga, en aquella época, ya era adicto a esa sensación. Esa noche del 28 de enero del 2007 prometía mucho.

- Ya está

- ¿Qué dice?

- Que vayamos a visitarla.

- ¿Hoy?

- ¿Acaso ya te vas de viaje de nuevo?

- No es eso, solo que regreso después de una semana y quería estar a solas contigo.

- ¿Para qué?

- Bueno, conversar un poco de nosotros.

- No Walter, te tengo miedo, cada vez que te vas, tengo la sensación de que regresas distinto, ya no sé si te conozco.

- El problema es que te cuestionas todo, algunos somos un poco más cerrados con nuestras cosas ¿Sabes qué?, me voy al baño a lavarme la cara y cuando regrese, espero que ya estés más tranquila.

- Siempre evades los problemas, dejas todas las conversaciones inconclusas, parece que te jodiera hablar en serio conmigo.

- Ya vengo.- lentamente se puso de pie, tenía un dolor de nuca insoportable, frente al espejo del baño humedecía su rostro, era la hora de las pastillas y de un chocolate.

Me encanta vestir de traje porque parezco alguien respetuoso de las normas. Me gusta porque cuando alguien así quiebra todo, el shock es total. En ese 28 de enero del 2007, yo fui por segunda vez el transgresor. Lo bueno es que nadie me conocía, nunca había estado en ese país y ya no creo que pueda volver. No me interesa. Debían ser tres, pero al final fueron los 10 de esa habitación.

- Estas un poco pálido, ¿qué tienes?

- Un poco de dolor de cabeza, quédate tranquila que no es nada, ya me va a pasar.- las pastillas habían controlado el dolor de nuca, ya no iba a tener un ataque.

- ¿Por qué siempre regresas con dolores de tus viajes?

- Viajar en avión me es incómodo, no me gusta

- O sea que cuando algo no te gusta, te causa dolor.

- Algo así.

- Siempre que reviso tu laptop, has borrado los archivos. ¿Qué cosa es lo que escribes?


- Los artículos que me piden.

- Nunca me muestras nada y escribes muy rápido, como con furia.


- Te parece.- ella tenía razón, él escribía todo lo que hacía en los viajes, era la única manera de no volverse loco.

- Ya estoy harta de que siempre uses esa bendita frase cuando pido una explicación. Parece que hablo con una grabación, siempre repites las mismas respuestas.


- Déjame terminar mi café, toma el tuyo que se está enfriando y luego seguimos discutiendo.

- ¿Qué tiene que ver el café? ¡Estoy hablando de ti, quiero saber quién diablos eres realmente!


- Dame solo unos minutos de silencio, quiero disfrutar este café.

- Está bien, tomate tu café de una vez. Voy a traer una revista para entretenerme y no sentir que estoy sola.


Para el último no me había quedado ninguna bala, menos mal que estaba tan aterrado que no pudo gritar. La champaña no había estado a la altura de la fiesta, pero vaya que me sirvió. Mientras lo ahorcaba con un brazo, con el otro le reventaba el rostro con la botella. Su nariz crujió como una madera vieja. Creo que lo único que le dejé reconocible fue parte de la frente y su ojo izquierdo. Mi ropa estaba manchada. Menos mal que a uno le había disparado directamente a la cabeza, su traje estaba impecable, era de mi talla y me gustaba, me lo puse.

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