
BBC
El director general de la Organización Mundial del Comercio urgió a los países miembros a examinar sus posiciones negociadoras para reavivar las negociaciones sobre libre comercio. Pascal Lamy hizo estos comentarios luego de que este lunes admitiera que "la Ronda de Doha no concluirá este año".
Martes, 25 de Julio de 2008.
"Hoy perdemos todos", dijo el líder de la OMC al expresar su "profunda decepción" durante el anuncio de la suspensión indefinida del diálogo.
El colapso de las negociaciones se produjo tras maratónicas reuniones en Ginebra en las que los integrantes del llamado G6 no pudieron ponerse de acuerdo sobre las subvenciones agrícolas.
Estados Unidos y la Unión Europea se acusaron mutuamente por este colapso.
"Washington no ha sido capaz de presentar ninguna oferta nueva para disminuir las ayudas a sus agricultores", manifestó Peter Mandelson, el Comisario europeo de Comercio.
La representante de EE.UU., Susan Schwab, replicó que las propuestas de Bruselas significaban que los mercados seguirían protegidos entre el 95% y 98%.
Cerca del crematorio
La suspensión de la Ronda de Doha echó por tierra las expectativas de sellar un acuerdo este año antes de que el presidente de Estados Unidos pierda su poder de negociación comercial por la vía rápida evitando la oposición del Congreso.
"Esto es un serio retroceso, un tremendo retroceso", comentó el canciller brasileño, Celso Amorim.
El ministro de Comercio de la India, Kamal Nath, fue mucho más gráfico al indicar que el acuerdo de libre comercio quedó "entre la sala de cuidados intensivos y el crematorio".
El negociador europeo Mandelson mostró pocas esperanzas de resucitar las negociaciones, aduciendo que los 149 miembros de la OMC han perdido "una gran dosis de fe y esperanza" en este proceso.
Por su parte Charles Grassley, presidente de la comisión de finanzas del Senado de EE.UU. que debería aprobar cualquier tratado de comercio, respaldó a los negociadores de su país.
"Siempre he dicho que ningún acuerdo es mejor que un mal acuerdo y una versión "liviana de Doha" sería un mal acuerdo", manifestó el senador.
¿Y los pobres?
La Ronda de Doha se lanzó en noviembre de 2001 con expectativas de concluir a fines de 2004 con la intención de lograr acuerdos para liberalizar el comercio agrícola, industrial y de servicios.
Según el Banco Mundial, un tratado de este tipo traería beneficios de unos US$100.000 millones anuales para la economía global.
Su objetivo era ayudar principalmente a los países menos avanzados del planeta.
La organización Christian Aid, calificó de "un terrible golpe para los pobres del mundo" la suspensión de las negociaciones.
Pero John Hilary, director de campañas y políticas del movimiento "Guerra contra la Necesidad" (War on Want), dijo que por el contrario, este colapso era "bueno para los pobres del mundo".
"Cualquier posibilidad de genuinos beneficios para los países menos desarrollados se perdió hace bastante tiempo, y el acuerdo les habría causado un tremendo daño", comentó.
Muchas organizaciones de pequeños productores y campesinos del mundo en desarrollo festejaron el fracaso de la Ronda de Doha, ya que sienten que un tratado de libre comercio podría poner en riesgo sus medios de supervivencia.
Paradójicamente, el mismo estado anímico es de esperar entre los agricultores del mundo desarrollado.
En efecto, la OMC presentó este lunes su informe sobre comercio mundial 2006 en el que afirma que "numerosos países hacen trampas sobre el monto de subvenciones acordadas a sus economías".
Según el estudio, estos países gastan más de US$300.000 millones en estas ayudas.
Diario de Cadiz, 29 de Julio de 2008
El director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, no ha podido ganar su apuesta por poner de acuerdo a los 153 países miembros de su institución sobre las nuevas medidas de liberalización del comercio mundial. "No me andaré por las ramas; esta reunión ha fracasado", sentenció ayer.
Lamy se lo jugó todo a una carta al forzar a los estados a acudir a Ginebra a negociar, tratando de obtener un acuerdo tras casi siete años de negociaciones. "Porque las oportunidades de éxito superan el 50%", Lamy convocó en Ginebra a una treintena de países para intentar buscar una salida al atolladero.
Tras constatar que las negociaciones patinaban desde el inicio, Lamy tomó durante los diez días de discusiones dos decisiones que pudieron cambiar el rumbo de la reunión: convocó a un reducido G7, formado por EEUU, la UE, Brasil, India, Australia, Japón y, por primera vez, China, y puso sobre la mesa una nueva proposición.
Un viento de optimismo invadió Ginebra cuando la mayoría de los siete grandes aceptaron el texto Lamy, lo que llevó incluso a uno de sus colaboradores a lanzar un prematuro: "Este hombre ha salvado la Ronda de Doha".
Sin embargo, los diez días de reuniones en Ginebra, pese a que se han convertido en el proceso más largo de los mantenidos hasta ahora en la Ronda de Doha, no han llegado al ansiado final feliz.
Diferencias insalvables entre India-China y EEUU fueron el detonante del fracaso. La delegación india insistió en que debía permitirse a países con una alta proporción de población campesina pobre imponer protección arancelaria a su producción en casos de un aumento sustancial de las importaciones agrícolas, y EEUU rechazó esta propuesta por ver una forma encubierta de proteccionismo. La India y China contaban con el respaldo de un centenar de países en desarrollo. Y EEUU con el de los desarrollados.
Lamy confirmó que se invirtieron "más de 60 horas en intentar encontrar un puente entre esas dos posiciones, pero se vio que esas diferencias no podía reconciliarse". El director general de la OMC indicó que cada cual tiene que asumir sus responsabilidades en el fracaso de este proceso.
Sobre lo que sucederá ahora con la liberalización mundial del comercio en las áreas agrícola, industrial y de servicios, consideró que "tendremos que dejar que el







