31/07: Lecciones de supervivencia en una metrópoli urbana superpoblada
Yo solía tener un chocolate del tamaño del estadio nacional debajo de la almohada, pero por cosas del destino, específicamente del verano (ese señor de bigote) no pude comérmelo y terminé manchando la cama, con la consiguiente reprimenda de mamá que cuando se enoja, se enoja; y además, se enoja, siempre con su triple manía de hacer las cosas y hacerlas y hacerlas y ya me dice la gente que debería estar agradecido por tener una madre que hace las cosas bien y bien pero sobre todo bien. Para mi es un caos, no se si les he mencionado. Pero en fin, allí va uno sobreviviendo al caos, sin ir muy lejos, todos los días salgo en mi carro (aunque no tengo) y noto el desorden de Lima y sobrevivo sin mucho esfuerzo, bueno, ahora sin mucho esfuerzo, pero esto requiere un arduo entrenamiento a punta de cerrar los ojos, taparse los oidos y hacer maromas para no sentir los olores. Normalmente uno se taparía la nariz, pero recuerden que sus manos están ocupadas en sus orejas, así que solo queda cerrar las fosas nasales por medio de retracciones musculares que pueden practicar en casa, aunque no creo que lo logren. Y también pueden usar UHU® o TRIZ® o MOLDIMIX®. Y si todo eso les parece muy complicado, prueben llevar un reproductor de sonido para opacar los sonidos exteriores con otro sonido exterior, en este caso, la música de su elección (los sonidos interiores son muy pocos), cosa que tienen las manos libres y pueden usar 1 (una) para taparse la nariz y la otra para cualquier otra actividad que sea menester, llámese cambiar la canción del mp3 o pagarle al cobrador. Este método de sobrevivir al caos es por demás efectivo, pero a la larga produce otitis crónica.
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