Sin quererlo he adoptado muchas cosas suyas, como su sonrisa y la delicadeza en su mirar de reojo. Hace tiempo que no admiraba a una persona al punto de pensar en ella todo el día. También he adoptado su manera de hablar. Es pausada y habla como si me narrara de qué se trata una canción o estuviera a punto de decirme “mira, una estrella fugaz…”. A veces no encuentro muchas palabras para decirle, pero siempre puede encontrarse con una leve sonrisa mía, a manera de decirle “sí, yo ya pedí mi deseo a esa estrella”, mirándola fijamente a los ojos, como si hubiera encontrado un regalo.
Sin quererlo he adoptado su manera de concentrarse. Aquello no fue un reto, pues lo hacemos de una manera parecida. Nuestra figura es ciertamente pesada, agobiada pero de nada en especial. Los ojos cambian pues ya no miran, sino apuntan. Sus labios nuevamente dibujan una línea recta inquebrantable y nuestras manos se detienen, no, se congelan. La única diferencia es que las manos de aquella persona son de cristal y que yo recuerde ahora, no tiene ningún anillo. Me pregunto si podría lograr que esa persona se concentre así en alguna característica mía.
Y es que ¿qué puedo hacer? Hay veces cuando uno simplemente y sin querer adopta las diferentes formas de aquella persona especial. Y no es que se quiera ser igual a ella. Yo creo que es porque queremos estar un momento en su espíritu e intentar entender un día común de esa persona. Es por ello que en algunos casos adoptamos costumbres y formas ajenas, para admirar mejor a esa persona y la próxima vez que pienses que te va a preguntar por aquella estrella fugaz imaginaria, tu deseo sea ella.
Mímica
Etiquetas : Yuna

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Comentarios
Sofi escribió:
dtakaezu escribió:
Que todo te salga bien amiga!!
samanta olivia galindo pèrez escribió:
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