Hoy me desperté (este es un comienzo muy original para una entrada de blog) con serias intenciones de intercambiar cromos de shin-chan con mi gato, pero luego de una larga búsqueda caí en la cuenta de que no tengo un gato, lo cual es curioso porque hoy no tener un gato es como no tener un ipod o un mp4, es decir, puedes vivir sin uno, pero cómo cuesta, aunque francamente debe costar mas comprarse un reproductor de música, excepto si tienes tiempo y ganas de irte a la cachina donde todo vale. Siempre tendré la idea de que en la cachina te compras algo y a la salida nomás te lo roban, y siempre tendré la idea de que el ladrón tendrá la misma voz del tipo que te vendió el objeto. La misma voz y no la misma cara, porque probablemente use un pasamontañas, pero es solo una fantasía. También, siempre tendré la idea de que una vez consumado el robo puedes ir nuevamente a la tienda y comprar otra vez el objeto, y convertir toda la trama en un círculo vicioso, como el cigarro o la depresión, en el que sales perdiendo, como en el cigarro o la depresión, pero gastando más dinero, digo, porque a pesar de que es la cachina no creo que te vendan los objetos a 50 céntimos que (creo) cuesta un cigarro (o un antidepresivo). Pero el tema es que tengo cromos y tengo ganas de intercambiarlos, y quiero un gato y estoy dispuesto a intercambiarlo por mi sobrina o mi celular, incluso estoy dispuesto a pagar una prima extra (con "prima" me refiero a dinero, no a un familiar) para equilibrar los valores en caso que el gato sea algo costoso. Pero ahora que pienso bien, resulta una tremenda estupidez, porque con esa prima (dinero...) puedo ir fácilmente y comprar un gato o un abrelatas automático, que, dicen por ahí, atrae a los mininos, con el plus de que, ¡oh!, abre latas automáticamente, aunque esa función no me resulta de lo más útil porque, no sé si se han dado cuenta, ahora todas las cosas vienen con abre-fácil, las latas de atún (que adentro no traen atún, sino otro tipo de pescado, por cierto) las galletas, las cervezas, las cajas de seguridad, en fin, todo, excepto aquello en lo que realmente se necesita un abre-fácil, por ejemplo, los potes de mermelada y otros potes que requieren la fuerza de una persona fuerte , o de artificios para personas no-tan-fuertes (échale agüita caliente, ponle el tenedor por debajo de la tapa, golpéalo un poco contra el borde, mejor no comemos mermelada y comemos queso en láminas que viene con abre-fácil).



fU



(qué? y así acaba???)



(aja)