¿Qué es lo que más detestas de tu pareja en la cama? Ni la chica más linda del mundo se salva. Angelina Jolie, la más bella para mi gusto, debe tener sus fallas. Ni el chico más cuero (Brad Pitt, si quieren) se salva. Ella, la más rica, puede fallar cuando mira tu pene y te dice: "Ni pienses en el sexo oral". Él, el más cuero, falla cuando es un robotito mecánico sin gracia.

¿Tendrán todavía escenas de sexo así? Yo creo que no
Estamos llenos de errores. Al matador más bueno el pene se le puede dormir al comienzo de la fiesta. En tu cama, en la mía y en todas las anteriores, pasan cosas que no siempre nos reconfortan, que a veces nos deprimen, que quizás nos atormentan.

Todos tenemos un pliego de reclamos íntimo. Tómate quince segundos, lanza la pregunta solapa y sé sincera (o). Hay algo que no te cuadra, algo que no te deja contento (a).

Lo peor que puedes hacer es callar, fingir, pasar por alto las cosas que odias, cambiar de tema, alucinar que fue lo máximo, o susurrar un "pudo estar mejor".

No te acostumbres jamás al sexo mediocre, al clásico 'rapidito' que ninguno de los dos sintió. No te acostumbres a sentir rabia. La resignación te pasa la factura.

"El sexo oral ha salvado varios matrimonios", me decía un conocido psicoanalista. El sexo oral ha sido el causante también de no pocos divorcios. Los primeros hablaron de su problema, negociaron y sobrevivieron, más enamorados quizás. Los segundos -los enemigos encendidos del fellatio y de las caricias- cerraron la boca, amasaron remordimientos y salieron a buscar suerte en la calle.

Pero no todo es sexo oral. No se trata de un coctel de Baileys (no Bayly) y semen, como el que propone Badani en su reciente libro.

Hay relaciones que se rompen porque simplemente nunca te agarraron bien las tetas (tenía que ser ruda). Hay romances que se mueren por los horrorosos peditos después del amor.

Pasa. Y lo peor es que todo aquello se puede remediar. Es mentira que el amor es más importante que el sexo. La verdad, queridísimos, es que si el sexo es malo, el amor se tambalea, resbala y quizás se muere.

Me pasó. Varios meses después de haber firmado la partida de defunción de mi amor, la doctora K me dijo que si hubiera hablado antes sobre mis deseos y necesidades posiblemente otra habría sido mi historia. Debo agregar -a mi favor- que sí hablé... Pero no me escuchó. Claro, quizás no hablé lo suficiente. Me faltaba cancha (no tenía una columna de sexo) y no me había pegado a Sex on the City, y no recorría sex shops con relativa frecuencia. Sin embargo, los expertos afirman que la persona que más falla en la cama acostumbra -sorry, por la generalización- convertirse en una pared. Jamás escucha.

Cuando mi barquito se hundió encontré consejos en cargamontón. Fue como si en cada esquina alguien hubiera colgado las soluciones, los manuales prácticos, los mejores extractos de los libros de autoayuda. Todo el mundo sabía cómo diablos salvar una relación con mal sexo: menos yo.

Rescato de esa época la recomendación de hacer cada dos o tres meses una lista breve de las cosas que no me gustan de mi pareja en la cama. Es un pliego de reclamo, bien pesado y sin anestesia. Se lo debes mandar por e-mail o quizás entregárselo personalmente, después de la cena o a la salida del cine. Al lado de tu firma, vale la pena dibujar un corazón, escribir 'te amo', o garabatear la cara de tu gata, perra o tortuga.



He aquí mi plieguito de reclamos:



1) No hagas el amor con medias. Me quita las ganas.

2) No tengas miedo a las palabrotas ricas y sucias.

3) Ya basta de pudores.

4) No te duermas de inmediato.

5) Necesito mejorar mi score. Cantidad no es calidad, pero mantener una cifra respetable al mes siempre te alegra la vida.

Te amo



¿Qué te molesta de tu pareja en la cama? ¿Qué cosas quisieras decirle? ¿Cómo sería tu plieguito de reclamos? ¿Qué esperas de tu próxima pareja en la cama?