Rincón del autor. Al margen de quien lo diga, la verdad es una sola: durante el fujimontesinismo los cabecillas del neomarxismo se replegaron. ¿Por cobardía o por prebenda?
Por Hugo Guerra. El Comercio


Estoy completamente de acuerdo, querido lector, con la crítica hecha al Apra respecto a que no debió auspiciar un spot en contra del paro utilizando la imagen del reo Montesinos.


Fue un error, porque publicitariamente no resultó efectivo. No existe, sin embargo, problema ético o moral en recordar la verdad: bajo el fujimontesinismo, especialmente la CGTP y el Sutep prácticamente arriaron banderas, sin atreverse a enfrentar el autoritarismo. Ya la historia dirá si fue por cobardía o por prebenda.


¿Dónde estaban los 'valientes' de las cúpulas rojas cuando la aplanadora pasó por encima del movimiento sindical, aprobando decretos funestos para los trabajadores? ¿Por qué no salieron a las calles cuando el SIN casi asfixió la libertad de prensa y cuando perseguía a los periodistas independientes, entonces solitarios opositores de la dictadura? ¿Y por qué permitieron el avasallamiento de la autonomía universitaria?


Es cierto que hacia el final se plegaron de manera oportuna a la ola que acabó en calles y ánforas con la patraña de la re-reelección. También es cierto que participaron en la Marcha de los Cuatro Suyos, pero no es menos preciso que esa fue la organización de Alejandro Toledo, los independientes y los partidos demócratas.


Los extremistas, más bien, traicionaron de inmediato al nuevo gobierno libremente elegido con episodios nefastos como el 'arequipazo' y el 'andahuaylazo', demostrando que los de hoy son 'valientes' solo en democracia, a diferencia de quienes tuvieron valor suficiente para enfrentarse al militarismo en 1977.


Que hoy los cabecillas cegetepistas y sutepistas digan lo contrario es mentira. Como también es demagogia el pretexto que utilizaron para el llamado paro nacional que, en honor a la verdad, tuvo éxito relativo en el interior pero fue casi nulo en Lima.


El extremismo, ya lo sabemos, está en plena construcción de un frente amplio. Por ahora, trata de consolidar la criatura deforme de la Coordinadora Político Social; y a principios de noviembre vendrá otra ola de agitación, en aras de seguir ganando adeptos para su estrategia política.


Tal es el término correcto: la CGTP, el Sutep y Construcción Civil --es decir el trípode del más obsoleto neomarxismo-- están haciendo política partidarizante, no defensa auténtica de los derechos de sus afiliados, a quienes utilizan como carne de cañón. Son, pues, traidores a la clase obrera y su verdadero objetivo el 9 de julio fue intentar la caída del primer ministro Del Castillo. Dentro de cuatro meses, su pretensión será motivar la caída de Alan García, como quisieron hacer con Toledo en el 2004.


Que no lo consigan es secundario: el camino proselitista de esa izquierda pasa por crear situaciones preinsurreccionales.


Todos tienen derecho a hacer política, pero no con la máscara sindical. Que los rojos formen sus partidos y compitan democráticamente, pero que no engañen más ni al pueblo ni a la opinión pública. Por tanto, atribulado lector, mientras no se quiten la careta sus cabecillas serán unos impostores.