12/07: La esfera de interés de la OTAN
El Comercio, 12 de julio del 2008.
Por Enrique Obando. Especialista en temas de defensa
Es interesante notar que, desde la desaparición del Pacto de Varsovia, la OTAN está ampliando su esfera de interés y sus miembros. La guerra de Kósovo contra Serbia estableció un precedente en cuanto a la posibilidad de atacar, sin apoyo de la ONU, un país que no constituía una amenaza a la alianza, aunque sí era una amenaza humanitaria a sus vecinos inmediatos. Después, la guerra contra el terrorismo tras el 11 de setiembre significó un paso más, ya que posibilitó el ataque de la OTAN a un país fuera de Europa.
En la reunión de Riga de noviembre del 2006 se acordó que los desafíos actuales para la OTAN son el terrorismo y las armas de destrucción masiva, desafíos utilizados como sinónimos del fundamentalismo islámico. La posible adhesión de Israel a la OTAN se mencionó en el desarrollo de la crisis iraní, durante la Conferencia Anual 42 sobre Política de Seguridad que se desarrolló en Múnich en febrero del 2006. Si esto llegara a ocurrir, establecería la obligación de los demás estados miembros de socorrer al Estado de Israel si este fuese atacado por Irán. En más de una mente está la idea de convertir la OTAN en una alianza de las democracias. Condoleezza Rice y Madeleine Albright, junto con otros países del Atlántico, han estimulado una organización de este tipo. Por su parte, Victoria Nuland, embajadora estadounidense ante la OTAN y esposa del teórico neoconservador Robert Kagan, plantea que la Alianza Atlántica se convierta en el foro de reunión de las democracias y que actúe en el plano militar, en el humanitario y en el económico. Algunas mentes neoconservadoras ven a la OTAN incluso como un posible reemplazo de la ONU, que tiene el inconveniente de estar lleno de países subdesarrollados, y tomando sus responsabilidades en asuntos mundiales.
Sin embargo, a pesar de los sueños de expansión de algunos, la OTAN pasa por problemas serios. Solo siete de los 26 miembros gastaron 2% o más de su PBI en defensa en el 2005 y otro tanto sucedió el 2007. Muchos miembros de la OTAN que están en Afganistán se niegan a pelear en el peligroso sur y solo quieren labores de reconstrucción en el más tranquilo norte. Recién en abril, en la reunión de Bucarest, doce países ofrecieron un apoyo adicional.
Otro acuerdo en Bucarest fue la instalación del escudo antimisiles en la República Checa (radar) y en Polonia (interceptores) dirigido, según Estados Unidos, a contrarrestar un posible ataque nuclear iraní, a pesar de que inteligencia occidental señala que este país abandonó sus proyectos nucleares en el 2003. Esto ha traído la oposición rusa, que considera que el sistema está dirigido contra ella. En este sentido, Putin propuso a Bush, en la reunión del G-8 del 2007, compartir el radar de su base en Azerbaiyán, país euroasiático ubicado al sur de Rusia, pero la propuesta no ha encontrado eco en Washington. La propuesta rusa cubre toda Europa en vez de parte de ella, y su no aceptación deja sin justificación, desde el punto de vista ruso, el argumento de Washington de que el proyecto antimisiles busca proteger a la UE de hipotéticos ataques iraníes.
El sucesor de Putin, Dimitri Medvedev, también expresó sus serias inquietudes respecto del proyecto antimisiles en la actual reunión del G-8 en Tokio, este julio. Ante las dificultades de cerrar un acuerdo con Varsovia para la instalación de los misiles interceptores, Estados Unidos inició en junio conversaciones con Lituania para instalarlos allí, lo cual ha exasperado aún más a los rusos, que ven el proyecto como una amenaza.
Por Enrique Obando. Especialista en temas de defensa
Es interesante notar que, desde la desaparición del Pacto de Varsovia, la OTAN está ampliando su esfera de interés y sus miembros. La guerra de Kósovo contra Serbia estableció un precedente en cuanto a la posibilidad de atacar, sin apoyo de la ONU, un país que no constituía una amenaza a la alianza, aunque sí era una amenaza humanitaria a sus vecinos inmediatos. Después, la guerra contra el terrorismo tras el 11 de setiembre significó un paso más, ya que posibilitó el ataque de la OTAN a un país fuera de Europa.
En la reunión de Riga de noviembre del 2006 se acordó que los desafíos actuales para la OTAN son el terrorismo y las armas de destrucción masiva, desafíos utilizados como sinónimos del fundamentalismo islámico. La posible adhesión de Israel a la OTAN se mencionó en el desarrollo de la crisis iraní, durante la Conferencia Anual 42 sobre Política de Seguridad que se desarrolló en Múnich en febrero del 2006. Si esto llegara a ocurrir, establecería la obligación de los demás estados miembros de socorrer al Estado de Israel si este fuese atacado por Irán. En más de una mente está la idea de convertir la OTAN en una alianza de las democracias. Condoleezza Rice y Madeleine Albright, junto con otros países del Atlántico, han estimulado una organización de este tipo. Por su parte, Victoria Nuland, embajadora estadounidense ante la OTAN y esposa del teórico neoconservador Robert Kagan, plantea que la Alianza Atlántica se convierta en el foro de reunión de las democracias y que actúe en el plano militar, en el humanitario y en el económico. Algunas mentes neoconservadoras ven a la OTAN incluso como un posible reemplazo de la ONU, que tiene el inconveniente de estar lleno de países subdesarrollados, y tomando sus responsabilidades en asuntos mundiales.
Sin embargo, a pesar de los sueños de expansión de algunos, la OTAN pasa por problemas serios. Solo siete de los 26 miembros gastaron 2% o más de su PBI en defensa en el 2005 y otro tanto sucedió el 2007. Muchos miembros de la OTAN que están en Afganistán se niegan a pelear en el peligroso sur y solo quieren labores de reconstrucción en el más tranquilo norte. Recién en abril, en la reunión de Bucarest, doce países ofrecieron un apoyo adicional.
Otro acuerdo en Bucarest fue la instalación del escudo antimisiles en la República Checa (radar) y en Polonia (interceptores) dirigido, según Estados Unidos, a contrarrestar un posible ataque nuclear iraní, a pesar de que inteligencia occidental señala que este país abandonó sus proyectos nucleares en el 2003. Esto ha traído la oposición rusa, que considera que el sistema está dirigido contra ella. En este sentido, Putin propuso a Bush, en la reunión del G-8 del 2007, compartir el radar de su base en Azerbaiyán, país euroasiático ubicado al sur de Rusia, pero la propuesta no ha encontrado eco en Washington. La propuesta rusa cubre toda Europa en vez de parte de ella, y su no aceptación deja sin justificación, desde el punto de vista ruso, el argumento de Washington de que el proyecto antimisiles busca proteger a la UE de hipotéticos ataques iraníes.
El sucesor de Putin, Dimitri Medvedev, también expresó sus serias inquietudes respecto del proyecto antimisiles en la actual reunión del G-8 en Tokio, este julio. Ante las dificultades de cerrar un acuerdo con Varsovia para la instalación de los misiles interceptores, Estados Unidos inició en junio conversaciones con Lituania para instalarlos allí, lo cual ha exasperado aún más a los rusos, que ven el proyecto como una amenaza.
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