08/07: La problemática relación padre-hijo en tres relatos de Julio Ramón Ribeyro
Para un padre, el calendario más veraz es su propio hijo.
Prosas apátridas, 78
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I. Introducción

Para el caso de las lecturas críticas y ensayos sobre, y de, Mario Vargas Llosa es indiscutible el telón freudiano que se extiende sobre el escenario y la trastienda. La cuestión edípica ha sido desnudada en sus obras, por él mismo y por sus críticos, con mucha agudeza y perspicacia. Y pesar de que el asunto que hoy nos pone frente a frente no es el estudiar este complejo freudiano en el sustrato de la expresión literaria de los autores peruanos (o latinoamericanos) del boom, debemos decir que el tema de la relación filial y paternal no acaba allí. El problema de la relación padre-hijo se expande en distintos niveles sin despreciar la esfera sicoanalítica. Ese vínculo está ligado a una dimensión de género, social, política, económica, etc. El manejo del recurso sicológico, y algunas veces lacaniano, para la crítica literaria ha sido satisfactorio en gran medida. Desde nuestro humilde punto de vista consideramos que el trabajo en esta línea aún es sustentable siempre y cuando no sea empujado al vórtice de las confusiones y “subliminalidades” y se mantengan patentes los linderos entre la author’s conscious intention y la author’s ‘moi profond’ (Boland 2). El tema que hoy nos reúne, más bien, se inscribe en las reflexiones de corte sociológica acerca de la paternidad de Norma Fuller y el conflicto que existe entre los constituyentes (padre e hijo) de esta relación no lograda e infeliz en tres cuentos de Julio Ramón Ribeyro: “Alienación”, “De color modesto” y “Las botellas y los hombres” (1). En el desarrollo de este informe nos dedicaremos a demostrar que la construcción de un “nosotros funcional” (2) para el vínculo paternal-filial es problemática y que, al fin y al cabo, no es posible hablar de una sólida relación entre padre e hijo. Cada cuento, con sus respectivas particularidades y urdimbres narrativas, mostrará la actitud sediciosa, onerosa, desinteresada, interesada, ríspida, etcétera de los “hombres de la casa”.
II. El padre de Ribeyro
Sin embargo, antes de empezar la tarea que acabamos de proponernos nos embarcaremos en una digresión que es práctica común en el análisis freudiano del Vargas Llosa literario y biográfico. Este excurso no pretende, y no podría por su brevedad, alcanzar el conspicuo nivel de las reflexiones críticas que se han hecho sobre la relación entre el adolescente Vargas Llosa y la aparición, o retorno, de un inesperado padre muerto y su actitud cuasi militar y autoritaria. No obstante, nos permitiremos delinear el carácter de la figura del padre de Ribeyro a partir de sus propias declaraciones; sólo al final podremos evaluar y sopesar la influencia que la figura paterna y familiar tuvo en nuestro autor, y luego en sus manifestaciones literarias (3). En sus “Ancestros” Ribeyro no deja latente la admiración, respeto y cariño por su padre, de quien dice que “poseía una gran distinción física y espiritual, una inteligencia deslumbrante, una perfecta educación, pero trataba a las personas con una cortesía más bien glacial, que podía tomarse por altanería” (29). Subrepticiamente el padre es descrito como un héroe moral, intelectual y saludable, como el ideal del cual nos prendemos para no vernos desarticulados sin pasado ni identidad (masculina). Los caracteres del padre son anhelados por el hijo, y al esbozarlo así se pretende disimular otra imagen. El nombre que pesaba sobre el padre era toda una herencia digna de envidiar. Cuando era muy joven el futuro padre de Ribeyro quedó al frente de una nada despreciable herencia que “le garantizaba una vida holgada” (25). Siguiendo la tradición familiar, aunque de mala gana, este joven heredero no tuvo más opción que abocarse al estudio del Derecho. Pero junto con los estudios y el incremento de su cultura académica llegó la bohemia intelectual que degeneró en ocio y vicio “acompañado de excesos –recuerdo haberle oído hablar de jaranas que duraban una semana- lo que unido a la fragilidad de su complexión comprometieron gravemente su salud. . . . Es así que sin profesión, sin salud, sin fortuna, sin relaciones con su rica familia paterna, se encontró por primera vez enfrentado brutalmente a la vida” (25). El padre de Ribeyro nunca gozó de buena salud, a diferencia de su madre, y hasta abusó de ella. Era un sobreviviente de una descendencia condenada por la genética. “Por ello fue de salud muy frágil y contrajo todas las enfermedades posibles” (24). Ahora se destaca una figura paterna descrita por la inseguridad y la debilidad. El padre de Ribeyro tuvo una relación con su padre (abuelo de Julio Ramón) marcada por la distancia originada luego de la separación con su madre. “Mi padre se quedó con su mamá y se distanció de su papá, de quien siempre lo escuché hablar con respeto pero fríamente” (24). Está experiencia marca en el padre de Ribeyro el sesgo de una vida incompleta que sólo halla su complemento en la figura femenina de su madre, “mujer extraordinariamente atractiva” y de un “espíritu muy vivaz y ocurrente” (24), y de su futura esposa, madre de Julio Ramón, “huérfana de padre . . . necesitaba una presencia varonil a su lado que la abrigara de las dificultades de la vida” (29). Según nuestro autor, sus padres nunca mostraron entre ellos un “amor arrebatador” y para él esto es síntoma de que “el matrimonio, en un noventa por ciento de los casos, obedece a razones extraamorosas” (29). El hombre “inconcluso” que era su padre, quien le inculcó el aprecio por la cultura y literatura francesa, queda evidenciado en la siguiente confesión de Ribeyro en una entrevista: “uno de sus sueños fue siempre el de venir a París, conocer París –pero nunca pudo realizarlo. . . . Entonces venir a París fue también una forma de cumplir un deseo que mi padre no pudo realizar. Yo viajaba un poco en su nombre, en su representación. Él había muerto ya” (107). Ribeyro tuvo un padre de sueños frustrados, enfermizo, que partió pronto y que dejó en él la impronta de una imagen paterna ineficiente (4).
III. Definiciones previas
Luego de este excurso anecdótico no queda más que reintroducirnos en el cauce de este ensayo, con la promesa de cosechar posteriormente los frutos de este desvío. Ahora nos ocuparemos de delimitar el marco de comprensión adecuado en el que desarrollaremos la problemática propuesta, aquélla que nos instaba a ocuparnos de la desarticulada y casi inexistente relación padre-hijo en los tres cuentos de Ribeyro mencionados líneas arriba. Así pues, para este propósito nos apoyaremos en el estudio de Norma Fuller acerca de la paternidad en áreas urbanas. Aunque el contexto temporal no corresponde al de los cuentos, ya que las investigaciones sociológicas de Fuller corresponden a los alrededores del inicio del siglo XXI y los relatos se insertan en la segunda mitad del siglo pasado, debemos considerar que las siguientes reflexiones son pertinentes a pesar de la época. Y esto es sintomático, ya que evidencia que nuestra concepción y práctica de la paternidad no ha variado radicalmente.
III.1. La consagración de la hombría
La definición de paternidad está concebida en las dimensiones que líneas arriba intuíamos. Mencionaremos previamente que para el caso limeño (o si se quiere, peruano e incluso latinoamericano) la paternidad no adquiere su total sentido fuera de la trama de género, social, política, económica, etcétera en la que funciona nuestra sociedad. Según Norma Fuller:
Definimos paternidad como un campo de prácticas y significaciones culturales y sociales en torno a la reproducción, al vínculo que se establece o no con la progenie y al cuidado de los hijos. Este campo de prácticas y significaciones emergen del entrecruzamiento de los discursos sociales que prescriben valores acerca de lo que es ser padre y producen guiones de los comportamientos reproductivos y parentales. (36)
A pesar de este diagnóstico social, la paternidad es representada por los varones como un ideal y un “deber ser”, aunque muchas veces estas expectativas no se ven logradas ocasionando frustraciones (37). Entonces, ¿qué significa ser padre, y por tanto, ser hombre? ¿Qué consideraciones implican estos roles en una sociedad patriarcal y jerárquica? La imagen del padre “no es sólo una figura concreta sino el patriarca, es decir, el símbolo que resume el ideal de masculinidad y el que legitima la posición y privilegios del género masculino” (37). El ser padre está irrenunciablemente ligado al ser hombre (dejando de lado las consideraciones sobre las mujeres que por la ausencia del otro progenitor cumplen un doble papel). Y el ser hombre sólo encuentra su máxima expresión en la consolidación de su paternidad. Por tanto, ésta “es uno de los ejes principales de la identidad masculina. . . . la realización del máximo de su potencial como seres humanos” (38). Resumiendo, los “jefes del hogar” significan su, virtual o actual, paternidad a partir de una “intensa idealización y el hecho de que constituye un eje central en la construcción de su identidad como varones y como seres sociales: la consagración de la hombría” (85). Por último, sin embargo cabe hacer notar que la paternidad no puede recusar ese sesgo permeado de machismo latinoamericano, como una actitud discriminatoria de género, y de virilidad sexualizada (5).
IV. Los tres cuentos de Ribeyro
Habiendo delineado la concepción sobre la paternidad, a continuación aplicaremos la propuesta de Fuller en la tarea de desmenuzar nuestros tres cuentos. Antes, señalemos que no nos detendremos en la simple descripción de fragmentos narrativos en los que intervengan (o no, en algunos casos) un padre y su hijo. El interés central será el analizar el problema de la construcción de un “nosotros” en la relación paterno-filial.
IV.1. Los padres de Bob López
Roberto López, zambo hijo de una negra lavandera y de un “blanco roñoso” (310), es prácticamente huérfano de padre. Este “blanquiñoso” abandonó a la mamá de López (¿de quién será este apellido?, probablemente no es del padre) al año de conocerla. Él representa a un padre irresponsable que abandona a su hijo, según Fuller (82). Este abandono parece, en primer lugar, estar determinado por cuestiones raciales y de clase que “actúan para evitar asumir la paternidad de un hijo” (77). Un padre siempre espera que el hijo sea su continuidad en el mundo, que realice las metas inalcanzadas (como Ribeyro y el viaje a París). Sin embargo, el padre estaría asumiendo para ello una identificación con su hijo, el reconocimiento de su propia sangre (67). El padre de López no es partícipe de esa identificación y por tanto no ve un su desconocido hijo zambo una nueva oportunidad en el mundo. Por el contrario lo descarta y abandona. López no hereda la “posición social”. Los hijos son para el padre los garantes del apellido familiar (62), pero Roberto es un huérfano. En segundo lugar, según Fuller “el mal padre . . . es el causante del deterioro moral y social de los hijos” (54). Y esto en el caso del protagonista es más pronunciado, ya que su padre es el peor representante de la paternidad: “ser padre no es fecundar, sino asumir públicamente el vínculo con un hijo y comprometerse a formarlo, a darle sustento material, social y moral” (50). “El padre que no cumple con sus deberes generará hijos desubicados o marginales que tendrán dificultades en insertarse en el espacio social” (54). Roberto López sólo podría ser rescatado de la marginalidad con un padre que le de todo ese sustento perdido. Y el principal candidato para este espacio vacío es Cahuide Morales, “mezcla de papá, de policía, de machote y de curaca” (311), según nos cuenta el narrador. Para Guillermo Nugent “la intervención de Morales debe entenderse como un llamado a López para que acepte formar parte de la uniformidad de los subordinados” (199). Más bien sería una petición de asumir la paternidad de un muchacho que se ubica al margen de lo moral (tal vez de allí el apellido) y social y que lo hiciera “ser lo que uno era” (311).
IV.2. El padre de Alfredo
La historia parece repetirse: un blanco roñoso y una zamba de la servidumbre, al mismo estilo colonial. Existe en la propuesta de Fuller la noción de sacrificio que “es la expresión moral de los esfuerzos diarios realizados por los padres en la tarea de proveer y formar [a cambio de] respeto y obediencia como contraparte a sus desvelos” (44). Respeto y obediencia que Alfredo ha puesto en entredicho e intenta desconocer y hasta retar, por ejemplo, cuando lleva a la zamba a las afueras de su casa miraflorina para que su padre siente su desprecio e inobediencia. Más aún, los dos, padre e hijo, parecen ya no conocerse (163). El núcleo familiar en el que “el sueño masculino de poder es precisamente [representado] en la función paterna, como ya señaló Lacan” (Fuller 85) está desintegrándose. Estamos frente a la confrontación de ambas masculinidades. El padre de Alfredo no ve en su hijo varón los frutos de su esfuerzo. Sus sueños no se prolongarán en él y no está garantizada la trascendencia que la paternidad responsable promete (Fuller 47). Alfredo no está a la altura de la posición social que el padre le heredó. “El hijo varón es, por tanto, el reconocimiento último de la virilidad del varón” (Fuller 63). Y el padre de Alfredo ve que su hombría está siendo puesta en entredicho, ya que empieza a sentirse feminizado. Ahora sólo le queda una hija mujer, menor de edad, para reafirmar su virilidad.
IV.3. Luciano y su padre
El tener hijos implica responsabilidad: encontrar un trabajo, si es que no lo tenías u otro mejor, y convertirse en un varón productivo. Además, ya que la paternidad se define en función de la maternidad, es necesario convertirse “en padre con una pareja adecuada” cuya sexualidad no sea puesta en tela de juicio (40). “la paternidad redefine también el vínculo con la pareja, el cual, a partir de este punto, deja de ser una relación amorosa para convertirse en una familia” (41). Sin embargo, a veces la llegada de un hijo, por más pareja que haya, “entra en conflicto con la búsqueda de realización individual” del padre (43). Parecería que Fuller hasta este punto ha estado describiendo a la “familia” de Luciano. Y no sería del todo errada esa afirmación. Según Fuller, “la paternidad tiene una dimensión natural, doméstica, pública y trascendental” (46). Natural, porque muestra la capacidad del varón de poder fecundar a una mujer. Hasta aquí el hombre es sólo un reproductor y nada más. Doméstica, ya que el varón es esposo y padre responsable de su familia. Pública, dado que es el “hombre de la casa” quien representa a la familia en el ámbito urbano y de él depende la imagen pública de todos. Y trascendental desde el punto de vista físico y social: físico, porque establece con su descendencia una relación sanguínea; y social, ya que es a través de su descendencia en la que la paternidad se perpetuará (47). Como vemos, Luciano y su padre no se podrían definir en estos términos. Más allá de que este padre sí es capaz de fecundar a su pareja, por cuestiones biológicas únicamente, no se identifica con ningún rasgo de la paternidad. Este hombre dejó su rol de “hombre de la casa” y lo relevó en un niño, y quizá, en los ocasionales clientes de su improvisada mujer prostituta. Al marcharse dejó de ser esposo y padre. Como consecuencia, la reputación de su prole quedó maltrecha. Sin embargo, gracias a los mecanismos de transgresión que operan en nuestra sociedad madre e hijo pudieron sobrevivir. El padre de Luciano, por tanto, no tiene ningún derecho de reclamar el valor de la trascendencia familiar, ya que él no cumplió con la paternidad.
V. Conclusiones
En los tres casos presentados formular un “nosotros funcional” basado en el vínculo padre-hijo es insostenible. En “Alienación” ni siquiera existe formalmente un padre con el cual fundamentar la relación. A pesar de la imagen paternal de Morales, quien trata de reorientarlo, Roberto López no se concibe más que como hijo de los gringos de quienes busca un nuevo nombre, otra sangre distinta a la suya, otra identidad. Alfredo, el protagonista de “Color modesto”, no ha logrado constituir con su padre una relación sólida, ya que no ha cumplido con las expectativas de su padre en la tarea de realizarse como persona e hijo. Es un casi hombre que a su edad es menos que nada. Y en el caso de “Las botellas y los hombres” Luciano es casi huérfano. En su crecimiento este personaje es muy parecido a Roberto López ya que sufren las consecuencias, aunque de distintas maneras, de haber crecido sin el sustento social y moral que un padre debe proporcionarle a sus hijos.
NOTAS AL PIE DE PÁGINA
1. Estos tres relatos respectivamente serán expuestos en la cuarta sección de este ensayo.
2. Este término lo usaremos posteriormente bajo la significación que Guillermo Nugent le otorga. Un “nosotros funcional” funciona en base a la posibilidad de reconocer familiaridades entre quienes comparten un mismo espacio urbano (189).
3. Es conveniente agregar que no es nuestra intención fungir de biógrafos ribeyranos, ya que la gama de textos revisada para este segundo apartado se limita a dos documentos (uno de su puño y letra y el otro, una entrevista realizada por Jason Weiss el 15 de junio de 1994 en París. Consignamos las referencias exactas en la bibliografía) que en el transcurso citaremos. Sin embargo, al sumergirnos en el corpus epistolar de los hermanos Julio Ramón y Juan Antonio Ribeyro en Cartas a Juan Antonio indudablemente hubiéramos podido ampliar el panorama.
4. ¿Qué curioso? Un padre cuasi abogado, con proyectos frustrados, que si bien forma parte de una clase acomodada es un hombre que ha caído en la incompetencia y el descrédito. Julio Ramón, José María y Ernesto: tres huérfanos que presentan en su crecimiento, aunque de distintas maneras, la carencia de un padre funcional y eficiente.
5. No obstante, las implicancias acerca de la paternidad van allá de esto. En el desarrollo de este ensayo iremos exponiendo otras reflexiones sobre el tema propuesto por Fuller en nuestro análisis de los cuentos ribeyranos mencionados.
OBRAS CITADAS
-Boland, Roy. "Introduction". Mario Vargas Llosa: Oedipus and the “papa” state. Madrid: Voz, 1988.
-Ferreira, César e Ismael Márquez, eds. Asedios a Julio Ramón Ribeyro. Lima: Fondo Editorial de la PUCP, 1996.
-Fuller, Norma, ed. “Significados y prácticas de paternidad entre varones urbanos del Perú”. Paternidades en América Latina. Lima: Fondo Editorial de la PUCP, 2000.
-Nugent, Guillermo. “Apología de Bob López”. Ius et veritas 11 (noviembre 1995): 189-208.
-Ribeyro, Julio Ramón. “Ancestros”. Ferreira y Márquez 21-29.
---, “Alienación”, “De color modesto”, “Los hombres y las botellas”. Cuentos y ensayos. Presentación, selección y cronología de Víctor Vich. Lima: Ediciones del Rectorado PUCP, 2004.
Weiss, Jason. “Entrevista a Julio Ramón Ribeyro”. Ferreira y Márquez 103-115.
Luego de este excurso anecdótico no queda más que reintroducirnos en el cauce de este ensayo, con la promesa de cosechar posteriormente los frutos de este desvío. Ahora nos ocuparemos de delimitar el marco de comprensión adecuado en el que desarrollaremos la problemática propuesta, aquélla que nos instaba a ocuparnos de la desarticulada y casi inexistente relación padre-hijo en los tres cuentos de Ribeyro mencionados líneas arriba. Así pues, para este propósito nos apoyaremos en el estudio de Norma Fuller acerca de la paternidad en áreas urbanas. Aunque el contexto temporal no corresponde al de los cuentos, ya que las investigaciones sociológicas de Fuller corresponden a los alrededores del inicio del siglo XXI y los relatos se insertan en la segunda mitad del siglo pasado, debemos considerar que las siguientes reflexiones son pertinentes a pesar de la época. Y esto es sintomático, ya que evidencia que nuestra concepción y práctica de la paternidad no ha variado radicalmente.
III.1. La consagración de la hombría
La definición de paternidad está concebida en las dimensiones que líneas arriba intuíamos. Mencionaremos previamente que para el caso limeño (o si se quiere, peruano e incluso latinoamericano) la paternidad no adquiere su total sentido fuera de la trama de género, social, política, económica, etcétera en la que funciona nuestra sociedad. Según Norma Fuller:
Definimos paternidad como un campo de prácticas y significaciones culturales y sociales en torno a la reproducción, al vínculo que se establece o no con la progenie y al cuidado de los hijos. Este campo de prácticas y significaciones emergen del entrecruzamiento de los discursos sociales que prescriben valores acerca de lo que es ser padre y producen guiones de los comportamientos reproductivos y parentales. (36)
A pesar de este diagnóstico social, la paternidad es representada por los varones como un ideal y un “deber ser”, aunque muchas veces estas expectativas no se ven logradas ocasionando frustraciones (37). Entonces, ¿qué significa ser padre, y por tanto, ser hombre? ¿Qué consideraciones implican estos roles en una sociedad patriarcal y jerárquica? La imagen del padre “no es sólo una figura concreta sino el patriarca, es decir, el símbolo que resume el ideal de masculinidad y el que legitima la posición y privilegios del género masculino” (37). El ser padre está irrenunciablemente ligado al ser hombre (dejando de lado las consideraciones sobre las mujeres que por la ausencia del otro progenitor cumplen un doble papel). Y el ser hombre sólo encuentra su máxima expresión en la consolidación de su paternidad. Por tanto, ésta “es uno de los ejes principales de la identidad masculina. . . . la realización del máximo de su potencial como seres humanos” (38). Resumiendo, los “jefes del hogar” significan su, virtual o actual, paternidad a partir de una “intensa idealización y el hecho de que constituye un eje central en la construcción de su identidad como varones y como seres sociales: la consagración de la hombría” (85). Por último, sin embargo cabe hacer notar que la paternidad no puede recusar ese sesgo permeado de machismo latinoamericano, como una actitud discriminatoria de género, y de virilidad sexualizada (5).
IV. Los tres cuentos de Ribeyro
Habiendo delineado la concepción sobre la paternidad, a continuación aplicaremos la propuesta de Fuller en la tarea de desmenuzar nuestros tres cuentos. Antes, señalemos que no nos detendremos en la simple descripción de fragmentos narrativos en los que intervengan (o no, en algunos casos) un padre y su hijo. El interés central será el analizar el problema de la construcción de un “nosotros” en la relación paterno-filial.
IV.1. Los padres de Bob López
Roberto López, zambo hijo de una negra lavandera y de un “blanco roñoso” (310), es prácticamente huérfano de padre. Este “blanquiñoso” abandonó a la mamá de López (¿de quién será este apellido?, probablemente no es del padre) al año de conocerla. Él representa a un padre irresponsable que abandona a su hijo, según Fuller (82). Este abandono parece, en primer lugar, estar determinado por cuestiones raciales y de clase que “actúan para evitar asumir la paternidad de un hijo” (77). Un padre siempre espera que el hijo sea su continuidad en el mundo, que realice las metas inalcanzadas (como Ribeyro y el viaje a París). Sin embargo, el padre estaría asumiendo para ello una identificación con su hijo, el reconocimiento de su propia sangre (67). El padre de López no es partícipe de esa identificación y por tanto no ve un su desconocido hijo zambo una nueva oportunidad en el mundo. Por el contrario lo descarta y abandona. López no hereda la “posición social”. Los hijos son para el padre los garantes del apellido familiar (62), pero Roberto es un huérfano. En segundo lugar, según Fuller “el mal padre . . . es el causante del deterioro moral y social de los hijos” (54). Y esto en el caso del protagonista es más pronunciado, ya que su padre es el peor representante de la paternidad: “ser padre no es fecundar, sino asumir públicamente el vínculo con un hijo y comprometerse a formarlo, a darle sustento material, social y moral” (50). “El padre que no cumple con sus deberes generará hijos desubicados o marginales que tendrán dificultades en insertarse en el espacio social” (54). Roberto López sólo podría ser rescatado de la marginalidad con un padre que le de todo ese sustento perdido. Y el principal candidato para este espacio vacío es Cahuide Morales, “mezcla de papá, de policía, de machote y de curaca” (311), según nos cuenta el narrador. Para Guillermo Nugent “la intervención de Morales debe entenderse como un llamado a López para que acepte formar parte de la uniformidad de los subordinados” (199). Más bien sería una petición de asumir la paternidad de un muchacho que se ubica al margen de lo moral (tal vez de allí el apellido) y social y que lo hiciera “ser lo que uno era” (311).
IV.2. El padre de Alfredo
La historia parece repetirse: un blanco roñoso y una zamba de la servidumbre, al mismo estilo colonial. Existe en la propuesta de Fuller la noción de sacrificio que “es la expresión moral de los esfuerzos diarios realizados por los padres en la tarea de proveer y formar [a cambio de] respeto y obediencia como contraparte a sus desvelos” (44). Respeto y obediencia que Alfredo ha puesto en entredicho e intenta desconocer y hasta retar, por ejemplo, cuando lleva a la zamba a las afueras de su casa miraflorina para que su padre siente su desprecio e inobediencia. Más aún, los dos, padre e hijo, parecen ya no conocerse (163). El núcleo familiar en el que “el sueño masculino de poder es precisamente [representado] en la función paterna, como ya señaló Lacan” (Fuller 85) está desintegrándose. Estamos frente a la confrontación de ambas masculinidades. El padre de Alfredo no ve en su hijo varón los frutos de su esfuerzo. Sus sueños no se prolongarán en él y no está garantizada la trascendencia que la paternidad responsable promete (Fuller 47). Alfredo no está a la altura de la posición social que el padre le heredó. “El hijo varón es, por tanto, el reconocimiento último de la virilidad del varón” (Fuller 63). Y el padre de Alfredo ve que su hombría está siendo puesta en entredicho, ya que empieza a sentirse feminizado. Ahora sólo le queda una hija mujer, menor de edad, para reafirmar su virilidad.
IV.3. Luciano y su padre
El tener hijos implica responsabilidad: encontrar un trabajo, si es que no lo tenías u otro mejor, y convertirse en un varón productivo. Además, ya que la paternidad se define en función de la maternidad, es necesario convertirse “en padre con una pareja adecuada” cuya sexualidad no sea puesta en tela de juicio (40). “la paternidad redefine también el vínculo con la pareja, el cual, a partir de este punto, deja de ser una relación amorosa para convertirse en una familia” (41). Sin embargo, a veces la llegada de un hijo, por más pareja que haya, “entra en conflicto con la búsqueda de realización individual” del padre (43). Parecería que Fuller hasta este punto ha estado describiendo a la “familia” de Luciano. Y no sería del todo errada esa afirmación. Según Fuller, “la paternidad tiene una dimensión natural, doméstica, pública y trascendental” (46). Natural, porque muestra la capacidad del varón de poder fecundar a una mujer. Hasta aquí el hombre es sólo un reproductor y nada más. Doméstica, ya que el varón es esposo y padre responsable de su familia. Pública, dado que es el “hombre de la casa” quien representa a la familia en el ámbito urbano y de él depende la imagen pública de todos. Y trascendental desde el punto de vista físico y social: físico, porque establece con su descendencia una relación sanguínea; y social, ya que es a través de su descendencia en la que la paternidad se perpetuará (47). Como vemos, Luciano y su padre no se podrían definir en estos términos. Más allá de que este padre sí es capaz de fecundar a su pareja, por cuestiones biológicas únicamente, no se identifica con ningún rasgo de la paternidad. Este hombre dejó su rol de “hombre de la casa” y lo relevó en un niño, y quizá, en los ocasionales clientes de su improvisada mujer prostituta. Al marcharse dejó de ser esposo y padre. Como consecuencia, la reputación de su prole quedó maltrecha. Sin embargo, gracias a los mecanismos de transgresión que operan en nuestra sociedad madre e hijo pudieron sobrevivir. El padre de Luciano, por tanto, no tiene ningún derecho de reclamar el valor de la trascendencia familiar, ya que él no cumplió con la paternidad.
V. Conclusiones
En los tres casos presentados formular un “nosotros funcional” basado en el vínculo padre-hijo es insostenible. En “Alienación” ni siquiera existe formalmente un padre con el cual fundamentar la relación. A pesar de la imagen paternal de Morales, quien trata de reorientarlo, Roberto López no se concibe más que como hijo de los gringos de quienes busca un nuevo nombre, otra sangre distinta a la suya, otra identidad. Alfredo, el protagonista de “Color modesto”, no ha logrado constituir con su padre una relación sólida, ya que no ha cumplido con las expectativas de su padre en la tarea de realizarse como persona e hijo. Es un casi hombre que a su edad es menos que nada. Y en el caso de “Las botellas y los hombres” Luciano es casi huérfano. En su crecimiento este personaje es muy parecido a Roberto López ya que sufren las consecuencias, aunque de distintas maneras, de haber crecido sin el sustento social y moral que un padre debe proporcionarle a sus hijos.
NOTAS AL PIE DE PÁGINA
1. Estos tres relatos respectivamente serán expuestos en la cuarta sección de este ensayo.
2. Este término lo usaremos posteriormente bajo la significación que Guillermo Nugent le otorga. Un “nosotros funcional” funciona en base a la posibilidad de reconocer familiaridades entre quienes comparten un mismo espacio urbano (189).
3. Es conveniente agregar que no es nuestra intención fungir de biógrafos ribeyranos, ya que la gama de textos revisada para este segundo apartado se limita a dos documentos (uno de su puño y letra y el otro, una entrevista realizada por Jason Weiss el 15 de junio de 1994 en París. Consignamos las referencias exactas en la bibliografía) que en el transcurso citaremos. Sin embargo, al sumergirnos en el corpus epistolar de los hermanos Julio Ramón y Juan Antonio Ribeyro en Cartas a Juan Antonio indudablemente hubiéramos podido ampliar el panorama.
4. ¿Qué curioso? Un padre cuasi abogado, con proyectos frustrados, que si bien forma parte de una clase acomodada es un hombre que ha caído en la incompetencia y el descrédito. Julio Ramón, José María y Ernesto: tres huérfanos que presentan en su crecimiento, aunque de distintas maneras, la carencia de un padre funcional y eficiente.
5. No obstante, las implicancias acerca de la paternidad van allá de esto. En el desarrollo de este ensayo iremos exponiendo otras reflexiones sobre el tema propuesto por Fuller en nuestro análisis de los cuentos ribeyranos mencionados.
OBRAS CITADAS
-Boland, Roy. "Introduction". Mario Vargas Llosa: Oedipus and the “papa” state. Madrid: Voz, 1988.
-Ferreira, César e Ismael Márquez, eds. Asedios a Julio Ramón Ribeyro. Lima: Fondo Editorial de la PUCP, 1996.
-Fuller, Norma, ed. “Significados y prácticas de paternidad entre varones urbanos del Perú”. Paternidades en América Latina. Lima: Fondo Editorial de la PUCP, 2000.
-Nugent, Guillermo. “Apología de Bob López”. Ius et veritas 11 (noviembre 1995): 189-208.
-Ribeyro, Julio Ramón. “Ancestros”. Ferreira y Márquez 21-29.
---, “Alienación”, “De color modesto”, “Los hombres y las botellas”. Cuentos y ensayos. Presentación, selección y cronología de Víctor Vich. Lima: Ediciones del Rectorado PUCP, 2004.
Weiss, Jason. “Entrevista a Julio Ramón Ribeyro”. Ferreira y Márquez 103-115.






