01/07/08: Mala experiencia en el parque de la imaginación

En primer lugar, me chocó negativamente lo feo del lugar: un galpón que parece una fábrica, frío, impersonal, enorme para las pocas cosas que alberga y bastante poco iluminado. No quiero comparar, se que somos un país de escasos recursos, pero después de haber visto los museos para niños de New York o Chicago, y sin ir muy lejos, los que hay en Chile o México, la verdad es que da una pena enorme ver lo pobres que somos. Creo sin embargo que se podría hacer más con lo que hay: ¿no se puede cubrir el piso, por ejemplo, con algún material que le de mayor calidez al espacio, en lugar de ese horrible piso de cemento pulido que tiene? Algo más blando para los niños, que le de color al ambiente y refleje mejor la luz, a la vez que amortigüe las caídas. Alternativas poco costosas hay a montones y habría que poner a funcionar, tal como figura en el nombre del parque, la creatividad e imaginación.
Los aparatos y experimentos que hay son interesantes, pero ya están deteriorados, lamentablemente. Por la carencia de alternativas que tenemos en Lima en cuanto a actividades para los niños imagino que mucha gente asiste a ese parque, y el uso excesivo debe haber maltratado sus instalaciones. La verdad es que duele verlas tan viejas: las cosas desgastadas, con áreas ya sin pintura. Las telas muy sucias, tanto, que hasta daba un poquito de asco acercarse y tocarlas. El material tampoco ayuda mucho, pues es mayormente de fierro y eso lo hace poco cálido para los niños. Y como que evidencia mucho el deterioro.
Lo anterior me dió pena, porque creo que los niños peruanos se merecen un lugar de calidad para aprender y jugar, y que tanto el estado como las empresas privadas podrían y deberían invertir mayores recursos en esto.
Pero más allá de la pena, he aquí lo que me molestó: La entrada cuesta 8 y 5 soles (adultos y niños), lo que si bien no es mucho dinero, puede significar todo un presupuesto para algunas familias más o menos extensas y de pocos recursos. Respecto a esto, lo que me indignó es que la empresa (o lo que sea) no se hace responsable de nada por el precio que cobra. El día en que fuí habían casi 8 juegos inactivos. Varios de ellos estaban descompuestos, y no tenían ningún cartel ni nos habían avisado en la entrada. Una decepción. Otros simplemente estaban inoperativos porque no había ninguna persona responsable que los ponga a funcionar. Personalmente quise quejarme por esto pero no encontré, durante un largo rato, a ninguna persona que pudiera tomar mi queja. Luego de largos minutos apareció una empleada sumamente desorientada, que se limitó a decir que esos juegos necesitaban ser operados por alguien, y que los otros se habían malogrado (gran novedad! ya nos habíamos dado cuenta), sin que atinara a dar solución al problema de ninguna forma.
¿Por qué no había ninguna persona que operara los juegos? Pues porque todos los empleados, en su mayoría chicos jóvenes, estaban ¡almorzando!!! todos juntos, felices de la vida conversando, mientras los juegos por los que la gente ha pagado una entrada estaban alli, abandonados y sin funcionar (y eso que eran casi las 4.00 de la tarde, ya había pasado la hora del almuerzo largamente). Muy molesta, una de mis amigas buscó al gerente del lugar, el que tampoco dió muchas luces. A lo que sí atinó este señor fué a ir a buscar a sus empleados para decirles que volvieran a sus puestos, y estos lo hicieron en el acto, pero dejando sus platos, cubiertos, botellas y sus taperwares aun con comida allí mismo donde habían estado comiendo, en una de las únicas dos mesas que la cafetería del lugar pone a disposición del público asistente. Ese desorden (junto con las moscas que rápidamente atrajo la comida) permaneció allí por mucho rato y fuimos nosotras quienes debimos señalárselo a la encargada de la cafetería, la que tampoco supo que hacer, salvo decir algo avergonzada que los chicos se habían olvidado sus cosas por regresar rápido a sus puestos.
En fin!! Ya la crónica está demasiado larga. La verdad es que mi visita fué una tremenda desilusión y aunque los niños no se dieron mucha cuenta y asumo que igual disfrutaron el día, creo que no hay derecho a tratar al público de esa manera. Me cuestiona mucho que no podamos hacer las cosas mínimamente bien, aprovechando al máximo los escasos recursos con los que se cuenta. ¿No hay alguien que pueda gerenciar mejor el asunto de los horarios para los almuerzos? ¿Es mucho pedir que a alguien se le ocurra la idea de que los empleados almuercen por turnos? Y sobre los empleados, me pregunto... ¿que tipo de entrenamiento reciben esas personas? ¿Tienen una idea de como debe conducirse un lugar como ese? Porque están en un espacio que cumple (o se supone que debería cumplir) una función no sólo lúdica sino también, y quizá sobretodo, educativa, y me pareció que estaban todos muy lejos de entender la trascendencia de esta tarea. Simplemente no daban la talla. No estaban a la altura.
Etiquetas : Opciones para los niños

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Carola Flores escribió: