30/06/08: Cipriani amenaza a la PUCP
La amenaza de Cipriani
Por Enrique Patriau. La República
La sensación que flota en la Pontificia Universidad Católica del Perú, entre sus autoridades, profesores y alumnos, es que el conflicto que la enfrenta con el arzobispo Juan Luis Cipriani va mucho más allá de una desavenencia jurídica en torno al legado de José de la Riva Agüero y la administración de los bienes que dejó como herencia a su muerte.
En la PUCP se cree que la intención de Cipriani sería la de modificar sustancialmente su orientación académica pluralista y darle un giro abiertamente conservador. "Quien controla los recursos maneja todo", admite a DOMINGO su vicerrector, Marcial Rubio Correa. La pelea ya se viene librando en los tribunales y tiene para largo.
Cipriani alega que los bienes de la universidad heredados de Riva Agüero deben volver a ser administrados por la junta que se creó para tal fin. La PUCP responde que Riva Agüero la nombró heredera y propietaria absoluta de sus bienes transcurridos veinte años de su muerte, acaecida en 1944, y que por tanto dicha junta ya no tiene prerrogativas administrativas. "Este afán por manejar la vida económica de la PUCP nos dice que hay algo detrás", señala Rubio. ¿Qué exactamente? Según Rubio, acaso desarrollar otro proyecto de universidad "restringido en sus libertades".
No solamente el vicerrector tiene esta sospecha. DOMINGO conversó con profesores de varias facultades y todos coincidieron básicamente en lo mismo: detrás de esta disputa legal se vislumbra una ofensiva conservadora. Es mundialmente conocida la tendencia (retrógrada e intolerante) del Opus Dei, prelatura a la cual pertenece monseñor Cipriani.
El peligro de restarle a la PUCP su carácter plural, tolerante –advierten nuestros entrevistados– está latente. Se teme que se imponga algún tipo de censura en aras de lo que el arzobispo considere, de acuerdo conn sus criterios, inadecuado para ser impartido en las aulas de clase.
"Debe existir cierto nivel de compromiso entre el arzobispado y el Opus en este problema", nos dice un reconocido profesor del Departamento de Ciencias Sociales. "El sentimiento mayoritario de los profesores es que no se metan con lo académico. Esa es nuestra preocupación principal", señala un colega suyo de la Facultad de Derecho. "La PUCP primero es universidad y después católica", afirma por su parte un docente de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas. No revelamos sus nombres a petición de ellos mismos, pues el vicerrector Rubio es el vocero encargado en este tema.
Alerta. Estudiantes de las distintas facultades de la PUCP expresaron esta semana su preocupación por la sostenida campaña del cardenal Cipriani que busca intervenir su universidad.
La preocupación de los alumnos transita el mismo sendero. Álvaro Salcedo, 21 años, cursa el último año de Historia y es el presidente de la Federación de Estudiantes (FEPUC). Su posición y la de su organización es clara: "Apoyamos por completo a las autoridades de la PUCP en sus gestiones para defender la autonomía de nuestra universidad y rechazamos de plano cualquier intento de intromisión de parte del arzobispado. No lo duden: de ser necesario, los estudiantes nos haremos escuchar".
Ralph Sánchez, también de 21 años, estudia Derecho y opina de manera similar: "El del arzobispo es un afán por querer entrar aquí y cambiar las cosas a su manera. Su presencia sería un problema porque Cipriani siempre se ha mostrado muy poco tolerante frente a otras formas de pensar, a otras formas de actuar".
INTENCIONES POCO SANTAS
El conflicto arzobispado-PUCP adquirió relevancia mediática en el 2007. No obstante, las pretensiones de moseñor Cipriani por tener voz y voto en la administración de la universidad y, quizás, moldearla de acuerdo con sus particulares criterios vienen de varios años atrás.
El vicerrector Rubio recuerda que siendo Cipriani obispo de Ayacucho, sin mantener todavía ninguna relación oficial con la PUCP, declaró en un programa de televisión que esta era una institución confiscada por el general Velasco Alvarado a la Iglesia Católica y que era su obligación hacerla regresar a su seno.
Rubio supone que el arzobispo hacía referencia al reglamento de la universidad, elaborado al amparo de la ley universitaria de 1969, el cual dispone que el rector de la PUCP será elegido por la Asamblea Universitaria y confirmado por el Vaticano. Antes, el rector era nombrado exclusivamente por la Santa Sede.
Desde 1972 todos los rectores han sido ratificados desde Roma, excepto el actual, el ingeniero Luis Guzmán Barrón. Cuando la PUCP preguntó al Vaticano a qué se debía, se le respondió que no había llegado ninguna solicitud oficial. Curiosamente, es Cipriani en su calidad de arzobispo quien la debía haber mandado. "Como usted ve, nuestro problema de relación con el monseñor viene desde muy antiguo", declara Rubio.
Lógicamente, al ser nombrado Cipriani arzobispo, en enero de 1999, su posición respecto a la PUCP se endureció. Ya desde ese año se venía discutiendo sobre la propiedad de los bienes dejados en herencia por Riva Agüero. Lo que ocurre es que recién en el 2006 el Cardenal decidió pasar a la acción y reclamar, formalmente, la supuesta competencia administradora de la junta. Para tal fin, designó a su representante en ella, el ingeniero Walter Muñoz Cho.
ENFRENTAMIENTO LEGAL
Vicerrector. Marcial Rubio advierte pretensiones del cardenal Juan Luis Cipriani.
Es Muñoz quien, en nombre de Cipriani, exige que se convoque a sesión a la Junta de Administración, entre otras cosas, para que se rinda cuentas de la gestión que viene realizando la PUCP con los bienes que dejó en herencia Riva Agüero, además de una auditoría externa que vaya desde 1994 hasta el 2006.
Frente a ello, la universidad presentó una demanda de amparo contra Muñoz Cho que el Juzgado de Lima declaró infundada. La sentencia ha sido apelada y ahora se ventila en la Corte Superior. Aparte, hay dos procesos más que corren en paralelo (ver recuadro).
Esta disputa tiene su origen en las distintas interpretaciones que ambas partes le dan a la voluntad final de Riva Agüero. Para la PUCP es clarísimo que el deseo de este era que la universidad lo heredara veinte años después de su muerte. Ello quedó expresado, además, en el testamento de 1933. Cipriani se escuda en una cláusula del testamento de 1938 en donde se menciona a una junta que será la administradora perpetua de los bienes.
"Los testamentos son una sola voluntad, no varias voluntades. Quienes dicen que Riva Agüero estableció una junta a perpetuidad tergiversan todo porque no advierten, simultáneamente, que instituyó a la PUCP como propietaria absoluta de los bienes de la herencia. El arzobispado lee y omite lo que le conviene. Lo decente es mostrar todas las cláusulas y a partir de ahí argumentar", sostiene Rubio.
La posición de Cipriani viene obteniendo un respaldo entusiasta de los medios vinculados a la derecha económica y fujimorista. "La campaña de Correo y Expreso en contra de la universidad sintoniza admirablemente con el arzobispado. En la práctica, se han convertido en sus voceros", dice Rubio. Eso no deja de ser verdad. El mensaje reiterativo de ambos diarios es que la PUCP está perdiendo la batalla.
Estudiantes. Álvaro Salcedo, alumno de Historia y presidente de la Federación de Estudiantes de la PUCP.
Sería un grave retroceso en materia educativa que la PUCP salga derrotada en esta disputa legal y que Cipriani intervenga la Universidad. Si queremos prever qué podría ocurrir con la universidad en manos de un religioso de tintes tan conservadores, pensemos por un momento en la ofensiva que viene sufriendo la denominada Iglesia del Sur Andino por parte de religiosos ultraconservadores designados por el Opus Dei y Sodalitium. En esa región del país se ha instalado la intolerancia en contra de posiciones progresistas, plenamente identificadas con los más pobres del campo.
Cipriani siempre tuvo en la mira a la PUCP. Y nunca ha renunciado a convertirla en un claustro en donde el Opus Dei controle sus cátedras y apacigüe su espíritu independiente. Lo que se ha puesto en discusión sobre la mesa no es solamente una herencia. Está en juego la autonomía de la universidad más influyente del país, un centro del pensamiento libre al que se le quiere colocar una mordaza.
TODOS LOS JUICIOS
Son tres procesos los que se ventilan en el Poder Judicial. El primero es una demanda de amparo presentada por la PUCP contra Walter Muñoz Cho y que fue declarada improcedente en primera instancia. Ha pasado a la Corte Superior.
La segunda demanda fue presentada por Muñoz Cho para que se le reconozca su derecho a participar en la Junta Administradora. Llegó al Primer Juzgado Civil de Lima pero el magistrado a cargo se inhibió y ahora queda por definir qué juzgado verá la causa.
La tercera demanda ha sido presentada hace pocos días por la PUCP a fin de que se le declare como heredera y propietaria absoluta de los bienes que dejó en herencia Riva Agüero.
¿QUÉ BIENES ESTÁN EN DISPUTA?
Todos los edificios (más de 60) que se levantan sobre el campus de la avenida Universitaria fueron construidos por la universidad, no fueron heredados por Riva Agüero. Pasa lo mismo con el centro comercial Plaza San Miguel. Y ni hablar de otras sedes como el Centro Cultural, o los institutos de idiomas. Es que la PUCP, además de universidad, supone un gran negocio inmobiliario. "A mi entender, lo que estaría en entredicho es el terreno sobre el cual se construyó la universidad. Cuando la PUCP empezó todo era una hacienda, las instalaciones se han construido después", explica Marcial Rubio.
Por Enrique Patriau. La República
La sensación que flota en la Pontificia Universidad Católica del Perú, entre sus autoridades, profesores y alumnos, es que el conflicto que la enfrenta con el arzobispo Juan Luis Cipriani va mucho más allá de una desavenencia jurídica en torno al legado de José de la Riva Agüero y la administración de los bienes que dejó como herencia a su muerte.
En la PUCP se cree que la intención de Cipriani sería la de modificar sustancialmente su orientación académica pluralista y darle un giro abiertamente conservador. "Quien controla los recursos maneja todo", admite a DOMINGO su vicerrector, Marcial Rubio Correa. La pelea ya se viene librando en los tribunales y tiene para largo.
Cipriani alega que los bienes de la universidad heredados de Riva Agüero deben volver a ser administrados por la junta que se creó para tal fin. La PUCP responde que Riva Agüero la nombró heredera y propietaria absoluta de sus bienes transcurridos veinte años de su muerte, acaecida en 1944, y que por tanto dicha junta ya no tiene prerrogativas administrativas. "Este afán por manejar la vida económica de la PUCP nos dice que hay algo detrás", señala Rubio. ¿Qué exactamente? Según Rubio, acaso desarrollar otro proyecto de universidad "restringido en sus libertades".
No solamente el vicerrector tiene esta sospecha. DOMINGO conversó con profesores de varias facultades y todos coincidieron básicamente en lo mismo: detrás de esta disputa legal se vislumbra una ofensiva conservadora. Es mundialmente conocida la tendencia (retrógrada e intolerante) del Opus Dei, prelatura a la cual pertenece monseñor Cipriani.
El peligro de restarle a la PUCP su carácter plural, tolerante –advierten nuestros entrevistados– está latente. Se teme que se imponga algún tipo de censura en aras de lo que el arzobispo considere, de acuerdo conn sus criterios, inadecuado para ser impartido en las aulas de clase.
"Debe existir cierto nivel de compromiso entre el arzobispado y el Opus en este problema", nos dice un reconocido profesor del Departamento de Ciencias Sociales. "El sentimiento mayoritario de los profesores es que no se metan con lo académico. Esa es nuestra preocupación principal", señala un colega suyo de la Facultad de Derecho. "La PUCP primero es universidad y después católica", afirma por su parte un docente de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas. No revelamos sus nombres a petición de ellos mismos, pues el vicerrector Rubio es el vocero encargado en este tema.
Alerta. Estudiantes de las distintas facultades de la PUCP expresaron esta semana su preocupación por la sostenida campaña del cardenal Cipriani que busca intervenir su universidad.
La preocupación de los alumnos transita el mismo sendero. Álvaro Salcedo, 21 años, cursa el último año de Historia y es el presidente de la Federación de Estudiantes (FEPUC). Su posición y la de su organización es clara: "Apoyamos por completo a las autoridades de la PUCP en sus gestiones para defender la autonomía de nuestra universidad y rechazamos de plano cualquier intento de intromisión de parte del arzobispado. No lo duden: de ser necesario, los estudiantes nos haremos escuchar".
Ralph Sánchez, también de 21 años, estudia Derecho y opina de manera similar: "El del arzobispo es un afán por querer entrar aquí y cambiar las cosas a su manera. Su presencia sería un problema porque Cipriani siempre se ha mostrado muy poco tolerante frente a otras formas de pensar, a otras formas de actuar".
INTENCIONES POCO SANTAS
El conflicto arzobispado-PUCP adquirió relevancia mediática en el 2007. No obstante, las pretensiones de moseñor Cipriani por tener voz y voto en la administración de la universidad y, quizás, moldearla de acuerdo con sus particulares criterios vienen de varios años atrás.
El vicerrector Rubio recuerda que siendo Cipriani obispo de Ayacucho, sin mantener todavía ninguna relación oficial con la PUCP, declaró en un programa de televisión que esta era una institución confiscada por el general Velasco Alvarado a la Iglesia Católica y que era su obligación hacerla regresar a su seno.
Rubio supone que el arzobispo hacía referencia al reglamento de la universidad, elaborado al amparo de la ley universitaria de 1969, el cual dispone que el rector de la PUCP será elegido por la Asamblea Universitaria y confirmado por el Vaticano. Antes, el rector era nombrado exclusivamente por la Santa Sede.
Desde 1972 todos los rectores han sido ratificados desde Roma, excepto el actual, el ingeniero Luis Guzmán Barrón. Cuando la PUCP preguntó al Vaticano a qué se debía, se le respondió que no había llegado ninguna solicitud oficial. Curiosamente, es Cipriani en su calidad de arzobispo quien la debía haber mandado. "Como usted ve, nuestro problema de relación con el monseñor viene desde muy antiguo", declara Rubio.
Lógicamente, al ser nombrado Cipriani arzobispo, en enero de 1999, su posición respecto a la PUCP se endureció. Ya desde ese año se venía discutiendo sobre la propiedad de los bienes dejados en herencia por Riva Agüero. Lo que ocurre es que recién en el 2006 el Cardenal decidió pasar a la acción y reclamar, formalmente, la supuesta competencia administradora de la junta. Para tal fin, designó a su representante en ella, el ingeniero Walter Muñoz Cho.
ENFRENTAMIENTO LEGAL
Vicerrector. Marcial Rubio advierte pretensiones del cardenal Juan Luis Cipriani.
Es Muñoz quien, en nombre de Cipriani, exige que se convoque a sesión a la Junta de Administración, entre otras cosas, para que se rinda cuentas de la gestión que viene realizando la PUCP con los bienes que dejó en herencia Riva Agüero, además de una auditoría externa que vaya desde 1994 hasta el 2006.
Frente a ello, la universidad presentó una demanda de amparo contra Muñoz Cho que el Juzgado de Lima declaró infundada. La sentencia ha sido apelada y ahora se ventila en la Corte Superior. Aparte, hay dos procesos más que corren en paralelo (ver recuadro).
Esta disputa tiene su origen en las distintas interpretaciones que ambas partes le dan a la voluntad final de Riva Agüero. Para la PUCP es clarísimo que el deseo de este era que la universidad lo heredara veinte años después de su muerte. Ello quedó expresado, además, en el testamento de 1933. Cipriani se escuda en una cláusula del testamento de 1938 en donde se menciona a una junta que será la administradora perpetua de los bienes.
"Los testamentos son una sola voluntad, no varias voluntades. Quienes dicen que Riva Agüero estableció una junta a perpetuidad tergiversan todo porque no advierten, simultáneamente, que instituyó a la PUCP como propietaria absoluta de los bienes de la herencia. El arzobispado lee y omite lo que le conviene. Lo decente es mostrar todas las cláusulas y a partir de ahí argumentar", sostiene Rubio.
La posición de Cipriani viene obteniendo un respaldo entusiasta de los medios vinculados a la derecha económica y fujimorista. "La campaña de Correo y Expreso en contra de la universidad sintoniza admirablemente con el arzobispado. En la práctica, se han convertido en sus voceros", dice Rubio. Eso no deja de ser verdad. El mensaje reiterativo de ambos diarios es que la PUCP está perdiendo la batalla.
Estudiantes. Álvaro Salcedo, alumno de Historia y presidente de la Federación de Estudiantes de la PUCP.
Sería un grave retroceso en materia educativa que la PUCP salga derrotada en esta disputa legal y que Cipriani intervenga la Universidad. Si queremos prever qué podría ocurrir con la universidad en manos de un religioso de tintes tan conservadores, pensemos por un momento en la ofensiva que viene sufriendo la denominada Iglesia del Sur Andino por parte de religiosos ultraconservadores designados por el Opus Dei y Sodalitium. En esa región del país se ha instalado la intolerancia en contra de posiciones progresistas, plenamente identificadas con los más pobres del campo.
Cipriani siempre tuvo en la mira a la PUCP. Y nunca ha renunciado a convertirla en un claustro en donde el Opus Dei controle sus cátedras y apacigüe su espíritu independiente. Lo que se ha puesto en discusión sobre la mesa no es solamente una herencia. Está en juego la autonomía de la universidad más influyente del país, un centro del pensamiento libre al que se le quiere colocar una mordaza.
TODOS LOS JUICIOS
Son tres procesos los que se ventilan en el Poder Judicial. El primero es una demanda de amparo presentada por la PUCP contra Walter Muñoz Cho y que fue declarada improcedente en primera instancia. Ha pasado a la Corte Superior.
La segunda demanda fue presentada por Muñoz Cho para que se le reconozca su derecho a participar en la Junta Administradora. Llegó al Primer Juzgado Civil de Lima pero el magistrado a cargo se inhibió y ahora queda por definir qué juzgado verá la causa.
La tercera demanda ha sido presentada hace pocos días por la PUCP a fin de que se le declare como heredera y propietaria absoluta de los bienes que dejó en herencia Riva Agüero.
¿QUÉ BIENES ESTÁN EN DISPUTA?
Todos los edificios (más de 60) que se levantan sobre el campus de la avenida Universitaria fueron construidos por la universidad, no fueron heredados por Riva Agüero. Pasa lo mismo con el centro comercial Plaza San Miguel. Y ni hablar de otras sedes como el Centro Cultural, o los institutos de idiomas. Es que la PUCP, además de universidad, supone un gran negocio inmobiliario. "A mi entender, lo que estaría en entredicho es el terreno sobre el cual se construyó la universidad. Cuando la PUCP empezó todo era una hacienda, las instalaciones se han construido después", explica Marcial Rubio.
Etiquetas :








ovidio escribió:
Con relación a la manera como aparece hoy la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), a propósito de la administración de sus bienes, su autogobierno y su condición de “Pontificia y Católica”, debo hacer algunas puntualizaciones porque no se trata de títulos honoríficos, según han afirmado algunos, sino que estamos ante categorías jurídicas que tienen implicancias importantes.
El marco jurídico de las Universidades Católicas en el mundo es la Exhortación Apostólica Ex Corde Ecclesiae (ECE), promulgada por Juan Pablo II el año 1990, y que está basada en el Código de Derecho Canónico, que es el derecho universal de la Iglesia. Este documento pontificio define qué es una Universidad Católica, cuál es su vínculo con la Iglesia y establece los criterios para mantener esa identidad Católica y Pontificia. Se trata de una Ley de la más alta jerarquía, no del parecer del Arzobispo de Lima, ni siquiera de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP).
Este documento determina los requisitos para que una universidad pueda tener los títulos de “Católica” y “Pontificia”, entre ellos: que sus Estatutos y la confirmación del Rector en su cargo, para que tengan validez, deben ser sometidos a la aprobación de la Santa Sede ; que el Gran Canciller es el representante de la propia Santa Sede ante dicha universidad; que toda su labor universitaria debe tener una clara orientación cristiana, en coherencia con su naturaleza y su nombre: fidelidad a la enseñanza de la Iglesia y la necesidad de que las actividades de la universidad sean acordes con esa identidad católica. Todo ello sin menoscabo del legítimo pluralismo ni de la autonomía universitaria.
Como se sabe, la PUCP fue fundada en 1917 por el padre Dintilhac –con la respectiva aprobación del Arzobispo de Lima– como universidad “Católica”. Y en el año 1942 fue erigida como “Pontificia” por el Papa Pío XII. Por tanto, nació sujeta a las Leyes de la Iglesia sobre las Universidades Católicas. Esto significa que tuvo que conformar sus Estatutos tanto a dichas Normas Generales de la Iglesia , como también, a las disposiciones sobre Universidades Católicas elaboradas por la CEP , para ser posteriormente aprobados por el Papa. No obstante ello, actualmente la PUCP está en una situación jurídica irregular, porque sus diferentes reformas Estutarias desde 1984 han evitado adecuarse a la legislación mencionada y, por lo tanto, no han sido aprobadas por la Santa Sede.
El Papa Juan Pablo II a través, de la Congregación para la Educación Católica , en dos oportunidades (1999 y 2001), ha recordado expresamente a las autoridades de la PUCP que aún está pendiente el sometimiento a la legislación eclesiástica y la posterior aprobación de sus Estatutos. Es decir, han pasado más de 15 años desde la promulgación de la ECE y las autoridades de la PUCP no han plasmado en sus Estatutos el régimen jurídico canónico que le corresponde como Universidad Pontificia y Católica.
La conclusión se impone por sí sola: la PUCP no cumple con los requerimientos del Derecho de la Iglesia Universal. No se trata pues, de quitarle autonomía, ni de intervenir en la vida universitaria, ni de adueñarse de los bienes de la PUCP , sino que ésta se ajuste al derecho de modo que de verdad sea Universidad “Pontificia” y “Católica”.