17/06/08: La Prensa Chicha (Juan Gargurevich)
La prensa masiva y popular solo fue posible en el Perú luego de la histórica migración andina que cambió el rostro de Lima. La prensa diaria que agotaba ya públicos antiguos, encontró en las nuevas masas un gran mercado de lectores que preferían nuevas formas de expresión y modelos de identificación. Así nació la nueva prensa popular limeña que tuvo entre otras características, el uso de la jerga o replana nacida del encuentro linguístico citadino o criollo y andino, serrano. Algunas características de ese cuadro se repetirían muchos años después con la aparición de la prensa popular llamada “chicha”, en medio de un movimiento cultural que alcanzó proporciones de verdadera alternatividad cultural.
Prensa Chicha, es, en síntesis, la versión peruana de la ya vieja “prensa amarilla” sensacionalista y vulgar.
.................
-Nacimiento de la prensa popular
Usaremos una frase del gran historiador Jorge Basadre para ilustrar el clima político que campeaba en Lima a principios de 1912 y a propósito de grandes disturbios provocados por los partidarios del candidato Billinghurst a la presidencia: “Por primera vez en el siglo XX el pueblo apareció como actor decisivo en la escena pública. Fue la primera grave crisis de la República aristocrática”.
Entre abril y mayo, una serie de eventos sacudían al país y se pugnaba por la presidencia de la República que dejaba Augusto B. Leguía. Se enfrentaban Civilistas y Demócratas y los diarios principales tenían claras posiciones: el antiguo “El Comercio”, civilista y “La Prensa” demócrata.
Ambos diarios practicaban un periodismo convencional, pesado, de artículos largos y farragosos y era evidente que no consideraban entre sus lectores a las crecientes multitudes que hacían sentir su presencia en mítines cada vez más agresivos. Porque al lado de la política había otra batalla más significativa, la de conseguir las Ocho horas de trabajo.
El periodismo formaba también parte del armamento anarquista primero y anarcosindicalista después y circulaban, a veces con grandes tiradas, “El Oprimido”, “Los Parias”, “Armonía Social”, “Plumadas de rebeldía”, pero sobre todo “La Protesta”, nacida en 1911, un año clave en la batalla.
Una convulsión política y social semejante brindaba el escenario ideal para un periódico popular y fue así como un grupo de periodistas y empresarios afectos a Leguía organizó el diario “La Crónica”, un tabloide de bajo precio que circuló a partir del 7 de abril de 1912. Muy rápido alcanzó importancia de ventas (la población de Lima casi se acercaba ya a los 200 mil habitantes en un violento salto demográfico) y tuvo hasta influencia política cuando en mayo de 1912 el entonces Alcalde de Lima Billinghurst reveló que no desatendería el llamado del pueblo si lo invocaban a postular para la Presidencia, lo que efectivamente logró al año siguiente.
“La Crónica” acompañó de cerca de los estibadores, panaderos, zapateros, obreros en general que lograron una primera victoria cuando Billinghurst decretó unas 8 Horas restringidas que fueron celebradas como un suceso importante en la historia del obrerismo y de las masas en el país.
El tabloide tenía además características clásicas del sensacionalismo de la época, como tamaño pequeño, títulos y fotos más grandes y, sobre todo, temáticas distintas, más “interés humano” ligado mayormente a la crónica policial a la que dedicaban varias páginas, sin olvidar los deportes de importancia creciente. “La Crónica” fue, en fin, un diario popular en aquella década en que , repetimos, nuevos actores sociales se hicieron presentes para cancelar definitivamente la “República Aristocrática” del civilismo.
Fue además el periódico de las nacientes estrellas de cine, del “vodevil” español y argentino que recorría América, del circo y de los avisos de bajo precio.
Más adelante perdería el peso político inicial pues sus propietarios apoyaron y hasta formaron parte del gobierno del dictador civil Leguía (1919-1930) y pasó a otras manos aunque siempre procurando conservar su carácter popular.
-La nueva prensa masiva
En los largos años que transcurrieron entre la fundación de “La Crónica” en 1912 y el debut de Ultima Hora, en 1950, se produjeron cambios notables en la capital peruana y de todo orden de cosas. Pasadas dos Guerras Mundiales y cambios políticos resonantes como la presencia de las masas apristas y comunistas, la vieja ciudad aristocratizante y excluyente pasó a ser personaje del costumbrismo.
Pero se añadieron nuevos personajes. Recurriremos nuevamente a los historiadores :
“La migración abrupta de jóvenes serranos, alimentada no sólo por el espejismo de la educación superior, sino asimismo por la crisis terminal de la agricultura en la sierra, incapaz de competir con los alimentos importados que los avances en el transporte marítimo habían abaratado, dio inicio a la formación de barriadas precarias alrededor de la ciudad. Ahí se incubó un ‘lumpenproletariado’ fácilmente movilizable y conquistable políticamente”.
Los mismos autores destacan la presencia de la radio (cuyo auge comienza recién luego de 1930 al cesar el sistema de pago semestral por “derecho de antena”), como el medio de difusión ideal para las masas analfabetas que también preferían el cine mexicano y argentino por sobre el norteamericano que llevaba títulos que no podían leer.
En suma, los andinos llegan a la costa con sus familias, sus problemas y una cultura que se expresa en el idioma, vestidos, bailes, música, cocina y necesidades de llenar sus espacios de ocio. Ante la falta de escenarios adecuados, se arman en una avenida principal del barrio de La Victoria grandes carpas tipo circense para los espectáculos dominicales que encabezan estrellas como “El jilguero del Huascarán”, la “Pastorita Huaracina” y muchas otros que convocan largamente a más público que los viejos artistas del melancólico “valse” criollo.
Lima tiene ya un millón de habitantes y es por tanto nuevamente el escenario ideal para la fundación de otro tabloide popular, esta vez auténticamente masivo .
“Ultima Hora” apareció como tabloide vespertino el 13 de enero de 1950, editado por la empresa propietaria del diario “La Prensa”, que representaba intereses de los grandes propietarios agrarios. Interesados en participar en política lanzaron el tabloide pero tuvieron poca fortuna pues era soso y sin siquiera capacidad de perturbar al otro tabloide vespertino, “La Crónica de la Tarde”.
Pero contrataron a varios jóvenes periodistas que dieron un vuelco espectacular al diario unos meses después, al decidir componer titulares con la jerga o replana –el lenguaje delincuencial pero popularizado entre jóvenes y migrantes y variar la temática general, alejándose de la política.
En la historia del periodismo peruano el título en primera página “Chinos como cancha en el Paralelo 38” ha marcado una época pues significó la nueva presencia de una prensa sensible a los intereses inmediatos y en general la cultura popular, alejada de la llamada cultura culta. “Ultima Hora” organizó por ejemplo grandes campeonatos de mambo, el ritmo del famoso Pérez Prado; siguió de cerca a los astros del deporte, a las bellezas de los certámenes internacionales, a las estrellas de cine que pasaban por Lima, etc.
En suma “Ultima Hora” alteró los criterios de noticiabilidad que habían permanecido como cánones inamovibles por muchos años y logró que los nuevos grandes públicos de las ciudades costeras se interesaran en el periodismo popular.
A partir de “Ultima Hora” el tabloidismo sería distinto. En la década siguiente, los sesentas, aparecieron otros vespertinos del mismo corte, “Extra” de la empresa del matutino “Expreso” y “Ojo”, del diario “Correo” .
Todos lograron altos niveles de venta en su momento debido probablemente a que “Ultima Hora” había abierto espacios de interés en los renovada presencia social que ahora había cambiado a la gran ciudad capital.
-En los ochentas, la Prensa Sensacionalista
La prensa peruana detuvo su desarrollo en el lapso entre los años 68 y 80 debido al proceso conocido como la “Revolución de la Fuerza Armada”, de militares nacionalistas que decidieron el uso de los medios masivos privados para su proyecto desarrollista.
La “Revolución” expropió en 1971, en nombre de la educación “continua” o “permanente” la radio, la televisión y luego, en 1974 la prensa de circulación nacional, con la intención de entregar su control a lo que llamaron “sectores organizados de la sociedad”.
El proyecto fue un fracaso pues la expropiación devino en simple confiscación y los medios masivos pasaron a ser propagandistas del régimen militar hasta la realización de elecciones generales, luego de las cuales fueron devueltos a sus antiguos propietarios.
Un nuevo periodismo surgiría de los escombros de la fallida experiencia y aparecieron tabloides populares de bajo precio pero de temática política, como “El Observador”, “El Diario Marka” –una notable experiencia de prensa de izquierda, pero sobre todo “La República”.
Los tres se dirigieron a nuevos públicos de un país que se recomponía cultural y socialmente, afrontando la nueva realidad que daban las reformas militares, en particular la Agraria que acabó con la oligarquía terrateniente de la costa y los Andes.
En aquellos ochentas surgió un movimiento cultural musical provinciano que pronto fue motejado peyorativamente de “chicha ”, es decir, ordinario, corriente.
Fueron grupos musicales especialistas en adaptaciones andinas de la cumbia colombiana los que dieron vida a la “música chicha” que llegó muy rápido a Lima atrayendo grandes públicos a salas de baile improvisadas llamadas “chichódromos”.
Fue además un cambio estético: decoraciones de restaurantes, recetas de cocina, hasta moda de vestir... fueron llamadas “chicha” como sinónimo de “kitsch” peruano, de mal gusto, opuesto a la cultura culta de entonces.
“Lo chicha” encontró su expresión en la prensa cuando los editores de “La República” decidieron la fundación del vespertino “El Popular”, que implantó formas y propuestas del “`periodismo chicha” y en particular en la primera página. Muchos colores, temas truculentos, siempre una vedette semidesnuda fotografiada de espaldas, código lingüístico libre con uso frecuente de jerga o replana y sobre todo prescindencia de los cánones clásicos del periodismo de responsabilidad.
Como en los casos anteriores este nuevo periodismo encaró un nuevo escenario de crecimiento demográfico espectacular y a nivel nacional pues la prensa peruana tiene la característica de ser poco desarrollada en el interior debido a que los diarios limeños se venden en el mismo día en prácticamente todo el país.
El éxito de ventas de “El Popular” fue explosivo y pasó a liderar el mercado local por varios años, fijando así un nuevo modelo de competencia a la prensa de referencia, sea standard o tabloide pero también determinando calidad de baja credibilidad y avanzando a lo que hoy llamamos simple “prensa de entretenimiento”.
Luego del diario que inauguró el género “chicha” solo hubo un intento final desde sectores independientes de izquierda de editar un tabloide, esto es, “La Voz”, que llevaba como lema “Presencia Popular Alternativa” y que alcanzó a durar dos años. Debió cerrar abrumado por la desmesurada inflación que impuso el gobierno de Alan García.
-Los tabloides político.populares
Un crítico de la prensa hizo la siguiente descripción de la nueva prensa popular dse la década de los años noventa:
Agricultor tiene 24 hijos en tres hermanas. Sátiro viola y embaraza a sus tres hijas, Suy Díaz dice que nunca tuvo orgasmo con Percy. . Violador quiso matar a Laura Bozzo. Pinchazo pone fierro a teclitos. Presos se comen a tres soplones. Botan a coronel gay y su poli amante, Abuela da a luz a robusto bebé. Decapita y despedaza a su madre. Mami mata a su hijo por jugar pelota...
¿Periodismo sensacionalista, amarillo, chicha o pacharaco? Sencillamente es la realidad sintetizada que siempre supera a la ficción” .
¿Cuál era esta vez el contexto que acompañaba a esta prensa estridente, vulgar, mayormente irresponsable?
Dos eventos históricos muy relevantes marcarían a la década. Primero, la creciente presencia de la violencia desatada en la década anterior por el grupo subversivo denominado “Sendero Luminoso”, que sembró el terror en los Andes e incluso logró trasladarlo a la capital.
La violencia en las zonas rurales –que dejaría al final un balance de más de cincuenta mil muertes- obligó a traslados masivos a la costa y en especial a Lima, ampliándose así todavía más el antiguo cinturón de miseria de los lejanos años 50 que ya era ahora parte formal de la Gran Lima, convertido en distritos dinámicos y florecientes.
Quizá fueron estos nuevos limeños los protagonistas centrales del gran evento político que significó el triunfo de Alberto Fujimori en las elecciones de 1990 en que derrotó al escritor Mario Vargas Llosa de manera sorpresiva.
Fujimori hizo una campaña electoral atípica que demostró lo poco que los analistas conocían de los peruanos porque solo algunos lo identificaron como aspirante serio a la presidencia. El hecho es que en pocas semanas de campaña Fujimori saltó de la anécdota a competir con Vargas Llosa, quien hasta ese momento era considerado virtual ganador.
Fue el triunfo, dijeron, de un “outsider”, un recién llegado, elegido por masas que habían sido ignoradas por los observadores.
Uno de los productos de aquella etapa de convulsión social y política fue la nueva prensa “chicha” que aprendió a colaborar con la televisión sensacionalista, es decir, a reflejar en la prensa a los personajes populares, dramas de los noticieros, etc. de la llamada “pantalla chica”. Se acentuó entonces el triángulo Lector-Televisión-Prensa Chicha.
Pero también, y esta fue una de las características más saltantes de la etapa, la prensa chicha fue utilizada políticamente por el Gobierno, llegándose a extremos inéditos tanto en la historia general del periodismo como de la política.
Alberto Fujimori fue elegido Presidente pero tenía una mayoría parlamentaria en contra que le hacía difícil el gobierno. Entonces, aliado con los militares, en 1992 promovió un golpe que cerró el Parlamento. En elecciones en 1995 convocó a elecciones que fueron groseramente manipuladas y que por supuesto ganó. En el año 2000 se hizo reelegir pero el nivel de corrupción había rebasado ya todos los límites permisibles y se vio obligado a renunciar el 2002 aprovechando una gira en el exterior y refugiándose en el Japón.
Todo este proceso de oscuridad democrática fue acompañado por la Prensa Chicha Política manejada por los servicios de inteligencia que conducía el asesor, hoy en pleno juicio, Vladimiro Montesinos.
Varios diarios de corte “chicha” aparecieron en esos años combinando las noticias habituales de vedettes, escándalos y violencia, con campañas contra los enemigos políticos del régimen. Los periodistas que se prestaron a dicha práctica tenían la garantía de que nunca serían procesados porque el fujimorismo y el Servicio de Inteligencia también controlaban al Poder Judicial.
Gracias a esa impunidad circularon diarios de bajo precio como “El Mañanero” (1992), “El Chino” (1995), “La Chuchi” (1996), “La Reforma” (1997, “El Tío” (1998), “El Chato” (1998), “La Yuca” (2000), todos subvencionados por el gobierno, según se ha sabido con absoluto detalle después, cuando la Justicia recuperó su independencia y fue posible llevar a los Tribunales a los acusados por corrupción.
....................
Lima es hoy una ciudad de más de ocho millones de habitantes, consumidores voraces de noticias, que prefieren la televisión a la prensa. La radio sigue siendo el principal medio masivo de información a nivel nacional y los diarios Chicha del viejo estilo de la década pasada comienzan a desaparecer.
En su lugar ha surgido un nuevo tipo de prensa popular tabloide de bajo precio que si bien es cierto sensacionaliza, es decir que exagera pero no miente, está más apegado a los presupuestos básicos del periodismo que sus antecesores. Ellos son “Perú 21”, “Correo”, “La Primera”, que se ofrecen a precios sorprendentemente mínimos . Incluso diarios que eran venidos a alto precio como “Ojo” se han pasado al terreno de lo popular de los 50 centavos. El diario que más se vende es “Trome”, igualmente popular, que usa la antigua jerga o replana en sus titulares y pone en práctica las recetas “chicheras” pero sin llegar a los extremos de vulgaridad e irresponsabilidad de los ya viejos “chichas”.
Esta opción popular por la prensa ligera en temática y presentación general corresponde también a una severa crisis de escepticismo general en relación a los partidos políticos, los procesos democráticos, la justicia y en general por los valores tradicionales que se cultivaban en el viejo periodismo y la sociedad en general.
La nueva prensa peruana del siglo XXI se enfrenta entonces en particular a severas desconfianzas por parte de la juventud, al punto que en una encuesta reciente el periodismo peruano aparece en un quinto lugar en las encuestas de confianza en instituciones.
Algo que habría que subrayar es el profundo conservadurismo de la prensa popular en temas tan importantes como racismo, machismo, etc. que al aparecer con fotos y textos atrevidos parecerían emancipadores pero no es así. La prensa popular Chicha es mas bien defensora de valores tradicionales y, repetimos, profundamente conservadora en términos culturales generales.
Prensa Chicha, es, en síntesis, la versión peruana de la ya vieja “prensa amarilla” sensacionalista y vulgar.
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-Nacimiento de la prensa popular
Usaremos una frase del gran historiador Jorge Basadre para ilustrar el clima político que campeaba en Lima a principios de 1912 y a propósito de grandes disturbios provocados por los partidarios del candidato Billinghurst a la presidencia: “Por primera vez en el siglo XX el pueblo apareció como actor decisivo en la escena pública. Fue la primera grave crisis de la República aristocrática”.
Entre abril y mayo, una serie de eventos sacudían al país y se pugnaba por la presidencia de la República que dejaba Augusto B. Leguía. Se enfrentaban Civilistas y Demócratas y los diarios principales tenían claras posiciones: el antiguo “El Comercio”, civilista y “La Prensa” demócrata.
Ambos diarios practicaban un periodismo convencional, pesado, de artículos largos y farragosos y era evidente que no consideraban entre sus lectores a las crecientes multitudes que hacían sentir su presencia en mítines cada vez más agresivos. Porque al lado de la política había otra batalla más significativa, la de conseguir las Ocho horas de trabajo.
El periodismo formaba también parte del armamento anarquista primero y anarcosindicalista después y circulaban, a veces con grandes tiradas, “El Oprimido”, “Los Parias”, “Armonía Social”, “Plumadas de rebeldía”, pero sobre todo “La Protesta”, nacida en 1911, un año clave en la batalla.
Una convulsión política y social semejante brindaba el escenario ideal para un periódico popular y fue así como un grupo de periodistas y empresarios afectos a Leguía organizó el diario “La Crónica”, un tabloide de bajo precio que circuló a partir del 7 de abril de 1912. Muy rápido alcanzó importancia de ventas (la población de Lima casi se acercaba ya a los 200 mil habitantes en un violento salto demográfico) y tuvo hasta influencia política cuando en mayo de 1912 el entonces Alcalde de Lima Billinghurst reveló que no desatendería el llamado del pueblo si lo invocaban a postular para la Presidencia, lo que efectivamente logró al año siguiente.
“La Crónica” acompañó de cerca de los estibadores, panaderos, zapateros, obreros en general que lograron una primera victoria cuando Billinghurst decretó unas 8 Horas restringidas que fueron celebradas como un suceso importante en la historia del obrerismo y de las masas en el país.
El tabloide tenía además características clásicas del sensacionalismo de la época, como tamaño pequeño, títulos y fotos más grandes y, sobre todo, temáticas distintas, más “interés humano” ligado mayormente a la crónica policial a la que dedicaban varias páginas, sin olvidar los deportes de importancia creciente. “La Crónica” fue, en fin, un diario popular en aquella década en que , repetimos, nuevos actores sociales se hicieron presentes para cancelar definitivamente la “República Aristocrática” del civilismo.
Fue además el periódico de las nacientes estrellas de cine, del “vodevil” español y argentino que recorría América, del circo y de los avisos de bajo precio.
Más adelante perdería el peso político inicial pues sus propietarios apoyaron y hasta formaron parte del gobierno del dictador civil Leguía (1919-1930) y pasó a otras manos aunque siempre procurando conservar su carácter popular.
-La nueva prensa masiva
En los largos años que transcurrieron entre la fundación de “La Crónica” en 1912 y el debut de Ultima Hora, en 1950, se produjeron cambios notables en la capital peruana y de todo orden de cosas. Pasadas dos Guerras Mundiales y cambios políticos resonantes como la presencia de las masas apristas y comunistas, la vieja ciudad aristocratizante y excluyente pasó a ser personaje del costumbrismo.
Pero se añadieron nuevos personajes. Recurriremos nuevamente a los historiadores :
“La migración abrupta de jóvenes serranos, alimentada no sólo por el espejismo de la educación superior, sino asimismo por la crisis terminal de la agricultura en la sierra, incapaz de competir con los alimentos importados que los avances en el transporte marítimo habían abaratado, dio inicio a la formación de barriadas precarias alrededor de la ciudad. Ahí se incubó un ‘lumpenproletariado’ fácilmente movilizable y conquistable políticamente”.
Los mismos autores destacan la presencia de la radio (cuyo auge comienza recién luego de 1930 al cesar el sistema de pago semestral por “derecho de antena”), como el medio de difusión ideal para las masas analfabetas que también preferían el cine mexicano y argentino por sobre el norteamericano que llevaba títulos que no podían leer.
En suma, los andinos llegan a la costa con sus familias, sus problemas y una cultura que se expresa en el idioma, vestidos, bailes, música, cocina y necesidades de llenar sus espacios de ocio. Ante la falta de escenarios adecuados, se arman en una avenida principal del barrio de La Victoria grandes carpas tipo circense para los espectáculos dominicales que encabezan estrellas como “El jilguero del Huascarán”, la “Pastorita Huaracina” y muchas otros que convocan largamente a más público que los viejos artistas del melancólico “valse” criollo.
Lima tiene ya un millón de habitantes y es por tanto nuevamente el escenario ideal para la fundación de otro tabloide popular, esta vez auténticamente masivo .
“Ultima Hora” apareció como tabloide vespertino el 13 de enero de 1950, editado por la empresa propietaria del diario “La Prensa”, que representaba intereses de los grandes propietarios agrarios. Interesados en participar en política lanzaron el tabloide pero tuvieron poca fortuna pues era soso y sin siquiera capacidad de perturbar al otro tabloide vespertino, “La Crónica de la Tarde”.
Pero contrataron a varios jóvenes periodistas que dieron un vuelco espectacular al diario unos meses después, al decidir componer titulares con la jerga o replana –el lenguaje delincuencial pero popularizado entre jóvenes y migrantes y variar la temática general, alejándose de la política.
En la historia del periodismo peruano el título en primera página “Chinos como cancha en el Paralelo 38” ha marcado una época pues significó la nueva presencia de una prensa sensible a los intereses inmediatos y en general la cultura popular, alejada de la llamada cultura culta. “Ultima Hora” organizó por ejemplo grandes campeonatos de mambo, el ritmo del famoso Pérez Prado; siguió de cerca a los astros del deporte, a las bellezas de los certámenes internacionales, a las estrellas de cine que pasaban por Lima, etc.
En suma “Ultima Hora” alteró los criterios de noticiabilidad que habían permanecido como cánones inamovibles por muchos años y logró que los nuevos grandes públicos de las ciudades costeras se interesaran en el periodismo popular.
A partir de “Ultima Hora” el tabloidismo sería distinto. En la década siguiente, los sesentas, aparecieron otros vespertinos del mismo corte, “Extra” de la empresa del matutino “Expreso” y “Ojo”, del diario “Correo” .
Todos lograron altos niveles de venta en su momento debido probablemente a que “Ultima Hora” había abierto espacios de interés en los renovada presencia social que ahora había cambiado a la gran ciudad capital.
-En los ochentas, la Prensa Sensacionalista
La prensa peruana detuvo su desarrollo en el lapso entre los años 68 y 80 debido al proceso conocido como la “Revolución de la Fuerza Armada”, de militares nacionalistas que decidieron el uso de los medios masivos privados para su proyecto desarrollista.
La “Revolución” expropió en 1971, en nombre de la educación “continua” o “permanente” la radio, la televisión y luego, en 1974 la prensa de circulación nacional, con la intención de entregar su control a lo que llamaron “sectores organizados de la sociedad”.
El proyecto fue un fracaso pues la expropiación devino en simple confiscación y los medios masivos pasaron a ser propagandistas del régimen militar hasta la realización de elecciones generales, luego de las cuales fueron devueltos a sus antiguos propietarios.
Un nuevo periodismo surgiría de los escombros de la fallida experiencia y aparecieron tabloides populares de bajo precio pero de temática política, como “El Observador”, “El Diario Marka” –una notable experiencia de prensa de izquierda, pero sobre todo “La República”.
Los tres se dirigieron a nuevos públicos de un país que se recomponía cultural y socialmente, afrontando la nueva realidad que daban las reformas militares, en particular la Agraria que acabó con la oligarquía terrateniente de la costa y los Andes.
En aquellos ochentas surgió un movimiento cultural musical provinciano que pronto fue motejado peyorativamente de “chicha ”, es decir, ordinario, corriente.
Fueron grupos musicales especialistas en adaptaciones andinas de la cumbia colombiana los que dieron vida a la “música chicha” que llegó muy rápido a Lima atrayendo grandes públicos a salas de baile improvisadas llamadas “chichódromos”.
Fue además un cambio estético: decoraciones de restaurantes, recetas de cocina, hasta moda de vestir... fueron llamadas “chicha” como sinónimo de “kitsch” peruano, de mal gusto, opuesto a la cultura culta de entonces.
“Lo chicha” encontró su expresión en la prensa cuando los editores de “La República” decidieron la fundación del vespertino “El Popular”, que implantó formas y propuestas del “`periodismo chicha” y en particular en la primera página. Muchos colores, temas truculentos, siempre una vedette semidesnuda fotografiada de espaldas, código lingüístico libre con uso frecuente de jerga o replana y sobre todo prescindencia de los cánones clásicos del periodismo de responsabilidad.
Como en los casos anteriores este nuevo periodismo encaró un nuevo escenario de crecimiento demográfico espectacular y a nivel nacional pues la prensa peruana tiene la característica de ser poco desarrollada en el interior debido a que los diarios limeños se venden en el mismo día en prácticamente todo el país.
El éxito de ventas de “El Popular” fue explosivo y pasó a liderar el mercado local por varios años, fijando así un nuevo modelo de competencia a la prensa de referencia, sea standard o tabloide pero también determinando calidad de baja credibilidad y avanzando a lo que hoy llamamos simple “prensa de entretenimiento”.
Luego del diario que inauguró el género “chicha” solo hubo un intento final desde sectores independientes de izquierda de editar un tabloide, esto es, “La Voz”, que llevaba como lema “Presencia Popular Alternativa” y que alcanzó a durar dos años. Debió cerrar abrumado por la desmesurada inflación que impuso el gobierno de Alan García.
-Los tabloides político.populares
Un crítico de la prensa hizo la siguiente descripción de la nueva prensa popular dse la década de los años noventa:
Agricultor tiene 24 hijos en tres hermanas. Sátiro viola y embaraza a sus tres hijas, Suy Díaz dice que nunca tuvo orgasmo con Percy. . Violador quiso matar a Laura Bozzo. Pinchazo pone fierro a teclitos. Presos se comen a tres soplones. Botan a coronel gay y su poli amante, Abuela da a luz a robusto bebé. Decapita y despedaza a su madre. Mami mata a su hijo por jugar pelota...
¿Periodismo sensacionalista, amarillo, chicha o pacharaco? Sencillamente es la realidad sintetizada que siempre supera a la ficción” .
¿Cuál era esta vez el contexto que acompañaba a esta prensa estridente, vulgar, mayormente irresponsable?
Dos eventos históricos muy relevantes marcarían a la década. Primero, la creciente presencia de la violencia desatada en la década anterior por el grupo subversivo denominado “Sendero Luminoso”, que sembró el terror en los Andes e incluso logró trasladarlo a la capital.
La violencia en las zonas rurales –que dejaría al final un balance de más de cincuenta mil muertes- obligó a traslados masivos a la costa y en especial a Lima, ampliándose así todavía más el antiguo cinturón de miseria de los lejanos años 50 que ya era ahora parte formal de la Gran Lima, convertido en distritos dinámicos y florecientes.
Quizá fueron estos nuevos limeños los protagonistas centrales del gran evento político que significó el triunfo de Alberto Fujimori en las elecciones de 1990 en que derrotó al escritor Mario Vargas Llosa de manera sorpresiva.
Fujimori hizo una campaña electoral atípica que demostró lo poco que los analistas conocían de los peruanos porque solo algunos lo identificaron como aspirante serio a la presidencia. El hecho es que en pocas semanas de campaña Fujimori saltó de la anécdota a competir con Vargas Llosa, quien hasta ese momento era considerado virtual ganador.
Fue el triunfo, dijeron, de un “outsider”, un recién llegado, elegido por masas que habían sido ignoradas por los observadores.
Uno de los productos de aquella etapa de convulsión social y política fue la nueva prensa “chicha” que aprendió a colaborar con la televisión sensacionalista, es decir, a reflejar en la prensa a los personajes populares, dramas de los noticieros, etc. de la llamada “pantalla chica”. Se acentuó entonces el triángulo Lector-Televisión-Prensa Chicha.
Pero también, y esta fue una de las características más saltantes de la etapa, la prensa chicha fue utilizada políticamente por el Gobierno, llegándose a extremos inéditos tanto en la historia general del periodismo como de la política.
Alberto Fujimori fue elegido Presidente pero tenía una mayoría parlamentaria en contra que le hacía difícil el gobierno. Entonces, aliado con los militares, en 1992 promovió un golpe que cerró el Parlamento. En elecciones en 1995 convocó a elecciones que fueron groseramente manipuladas y que por supuesto ganó. En el año 2000 se hizo reelegir pero el nivel de corrupción había rebasado ya todos los límites permisibles y se vio obligado a renunciar el 2002 aprovechando una gira en el exterior y refugiándose en el Japón.
Todo este proceso de oscuridad democrática fue acompañado por la Prensa Chicha Política manejada por los servicios de inteligencia que conducía el asesor, hoy en pleno juicio, Vladimiro Montesinos.
Varios diarios de corte “chicha” aparecieron en esos años combinando las noticias habituales de vedettes, escándalos y violencia, con campañas contra los enemigos políticos del régimen. Los periodistas que se prestaron a dicha práctica tenían la garantía de que nunca serían procesados porque el fujimorismo y el Servicio de Inteligencia también controlaban al Poder Judicial.
Gracias a esa impunidad circularon diarios de bajo precio como “El Mañanero” (1992), “El Chino” (1995), “La Chuchi” (1996), “La Reforma” (1997, “El Tío” (1998), “El Chato” (1998), “La Yuca” (2000), todos subvencionados por el gobierno, según se ha sabido con absoluto detalle después, cuando la Justicia recuperó su independencia y fue posible llevar a los Tribunales a los acusados por corrupción.
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Lima es hoy una ciudad de más de ocho millones de habitantes, consumidores voraces de noticias, que prefieren la televisión a la prensa. La radio sigue siendo el principal medio masivo de información a nivel nacional y los diarios Chicha del viejo estilo de la década pasada comienzan a desaparecer.
En su lugar ha surgido un nuevo tipo de prensa popular tabloide de bajo precio que si bien es cierto sensacionaliza, es decir que exagera pero no miente, está más apegado a los presupuestos básicos del periodismo que sus antecesores. Ellos son “Perú 21”, “Correo”, “La Primera”, que se ofrecen a precios sorprendentemente mínimos . Incluso diarios que eran venidos a alto precio como “Ojo” se han pasado al terreno de lo popular de los 50 centavos. El diario que más se vende es “Trome”, igualmente popular, que usa la antigua jerga o replana en sus titulares y pone en práctica las recetas “chicheras” pero sin llegar a los extremos de vulgaridad e irresponsabilidad de los ya viejos “chichas”.
Esta opción popular por la prensa ligera en temática y presentación general corresponde también a una severa crisis de escepticismo general en relación a los partidos políticos, los procesos democráticos, la justicia y en general por los valores tradicionales que se cultivaban en el viejo periodismo y la sociedad en general.
La nueva prensa peruana del siglo XXI se enfrenta entonces en particular a severas desconfianzas por parte de la juventud, al punto que en una encuesta reciente el periodismo peruano aparece en un quinto lugar en las encuestas de confianza en instituciones.
Algo que habría que subrayar es el profundo conservadurismo de la prensa popular en temas tan importantes como racismo, machismo, etc. que al aparecer con fotos y textos atrevidos parecerían emancipadores pero no es así. La prensa popular Chicha es mas bien defensora de valores tradicionales y, repetimos, profundamente conservadora en términos culturales generales.
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Brandy Verástegui Sánchez escribió: