14/06: Los años 20: la mujer

Si revisamos las páginas de Mundial, hay una doble visión de la mujer propia de una época de transición, como fueron los años 20: entre su rol tradicional y los nuevos espacios donde, de manera minoritaria, empieza a desenvolverse. Por un lado, reivindica la imagen “ideal” de la mujer, cuyo ámbito de desenvolvimiento es la familia. Insiste en el reparto tradicional de funciones entre los sexos: a la parte masculina de la población la responsabilidad del mundo exterior, el sustento económico, la defensa de la sociedad, su dirección política; a la femenina, el interior del hogar, la familia y los hijos. Una división que responde a una serie de controles transmitidos de generación en generación a través de la costumbre, la ley y la religión. En este sentido, del ideal “mariano” había un modelo para cada etapa de la vida femenina. Las señoritas la imitarán en su vivir con gravedad y recato; las casadas, centrándose en el cuidado de su familia. Como es fácil colegir de lo anterior, los únicos estados concebidos para la mujer son los relacionados con el matrimonio. Su misión en la vida, única, exclusiva, excluyente, se cifra en crear una familia y cuidar del esposo e hijos. En el hogar, ella es el ama, hace y deshace a su gusto con amplios márgenes de actuación, sobre todo en los sectores altos donde, incluso, el servicio doméstico quedaba bajo su competencia. Además, eran depositarias del honor propio y del grupo, en razón, de nuevo, de su función maternal. La idea del honor nacía de ese vivir frente a frente familias y sociedad, garantizando las relaciones entre lo público y lo privado.
Pero en las secciones propias de la “vida social” de la época, las fotos de Mundial ya muestran el nacimiento de otro tipo de mujer, con gran influencia norteamericana. Las chicas flapper (zapatos de tacones altos, medias de nylon, cinturas estrechas, faldas cortas, cigarrillo en la mano) se van convirtiendo en el paradigma del nuevo tipo de mujer independiente y emancipada que la época parecía haber creado. Se nota la importancia, por ejemplo, de que para el desarrollo de la personalidad femenina, la mujer pudiera disponer de un ámbito propio. Practicar deporte, asistir a fiestas o ir a algún paseo parecían revelar que en la sociedad, o una parte de ella, quería instalarse en una visión de la vida entendida como placer y confort. Era una explicable afirmación de vitalismo.
Para Basadre, en los años 20, el automóvil y las avenidas hicieron más rápida y libre la vida en las ciudades. Debido a ello, las mujeres comenzaron a vivir con una independencia que a sus mayores hubiera escandalizado o angustiado. También se hicieron evidentes otros cambios en la figura y sicología femeninas. Apareció el uso generalizado del lápiz labial y los polvos de maquillaje haciendo crecer el negocio de los cosméticos y de los salones de belleza. Las mujeres ahora fumaban y bebían en público, y usaban trajes de baño de una pieza y ceñidos. También se inició el gusto por los vestidos femeninos sin mangas o con mangas cortas y con faldas altas; se trataba de la moda que desde París dictaba Coco Chanel y que se podía ver en las páginas de la revista Vogue. Las prendas de seda desplazaron casi por completo a las de algodón y el color de las medias quiso imitar el de la piel; los peinados cortos reemplazaron a la abundante cabellera de suaves ondulaciones. Por último, ya no fue común aquella apariencia opulenta de las damas de antaño sino la figura delgada con un aire juvenil que se convirtió en el ideal de toda jovencita o de quien pretendiera parecerlo. Las mujeres comenzaron a buscar trabajo en almacenes y en las oficinas públicas y, en algunos casos a tener tiendas propias, y su número creció en las universidades; no faltaron tampoco las que manejaron sus propios automóviles. Por último, empezó por ese entonces la costumbre de los concursos internacionales de belleza femenina. En el de 1929, celebrado en Miami, representó al Perú Emma Mc Bride Miller, nuestra primera “Miss Perú”. En agosto de 1930, se retrató en Palacio con el presidente Leguía Enriqueta Burgos Avila, proclamada “Miss Perú” para concurrir al concurso mundial en Río de Janeiro; la elección en Lima fue auspiciada por La Crónica y Variedades.
La imagen que presentamos corresponde al archivo Courret.
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Betto escribió: