LA POSESIÓN COMO BASE DE LA USUCAPIÓN

Juan Carlos Rabanal Aliaga

Para algunos el mas importante de los derechos reales; en general podríamos decir que la posesión es uno de los derechos reales mas complejos e interesantes; como diría el propio Ihering “No hay materia del derecho que sea tan atractiva como la posesión, dada sobre todo la índole de su espíritu, ya que ninguna otra deja al teórico tan gran amplitud. La posesión es la institución molusco, no opone a las ideas que se quieren introducir en ella la misma resistencia enérgica que las instituciones vaciadas en moldes de formas rígidas, como la propiedad y la obligación. De la posesión puede hacerse todo cuanto es posible; podría creerse que ha sido creada para dar la más completa satisfacción al individualismo de las opiniones personales. A quien no sabe producir nada que sea adecuado, ofrécele la posesión el lugar de depósito más cómodo para sus ideas malsanas. Podríamos llamarla el juguete que el hada del derecho ha puesto en la cuna de la doctrina para ayudarle a descansar, divertido de su ruda labor; es una figura de caucho, a la cual puede darse las formas que se quieran”, como ser la base de la usucapión.

CONCEPTO Y ORIGENES DE LA FIGURA

Usucapión, posesión y propiedad:

Como bien menciona Gunther Gonzáles uno de los problemas fundamentales del derecho privado se halla en lograr que el propietario pueda contar con una adecuada prueba de su derecho (titulo). En buena cuenta, lo que se busca es configurar un régimen legal de prueba de la propiedad. Es bien dicho y como menciona el ya citado, la adquisición a titulo derivativo implica investigar sobre el poder de disposición del enajenante; esto debido a que cuando el adquirente recibe a titulo derivativo un bien, la valides de su adquisición depende de la adquisición de su causante, y en esa línea sucesoria hasta el propietario original.
Probar que toda esa cadena de transmisiones tiene legalidad, es lo que en derecho romano se llamo la “prueba diabólica” debido a la dificultad de alcanzarla.
La propiedad no solo esta idesligablemente atada a su prueba sino además que la ontología del derecho de propiedad es puramente formal y se reduce a la titilación. Es así que ante la dificultad de la prueba diabólica el ordenamiento jurídico establece un mecanismo dogmático de la prueba de la propiedad: la usucapión. Así, la verdadera función de la usucapión es servir de prueba definitiva de la propiedad a favor del adquirente a titulo derivativo.

Posesión

Según el Código Civil Peruano la posesión es el ejercicio de uno o mas poderes inherentes a la propiedad; es así que el mismo código prescribe que son poderes inherentes a la propiedad: el uso, disfrute, la disposición y la reivindicación. En opinión de Jorge Avendaño es discutible que este ultimo sea un poder inherente a la propiedad; la reivindicación es en rigor, la expresión de la persecutoriedad, que es un atributo que corresponde a todo derecho real, en todo caso para efectos de concepto o noción de la posesión se debe considerar que los poderes de la propiedad son el uso, el disfrute, y la disposición.; por consiguiente, todo el que usa es poseedor, también lo es quien disfruta, estos dos son en realidad los poderes que configuran la posesión; la disposición, si bien es también un poder inherente a la propiedad, importa un acto único y aislado, por lo que difícilmente es expresión posesoria.
La posesión, a la ves, supone un ejercicio de hecho, en oposición a lo que seria de derecho según el mismo Avendaño, pues para que haya posesión no es necesaria ni es suficiente la posesión de derecho, eso es, la que haya sido atribuida por un contrato o por una resolución judicial. La exigencia de que la posesión importe un ejercicio de hecho, tiene una segunda consecuencia, que se descarta toda noción de legitimidad; por consiguiente posee tanto el propietario como el usurpador. Es así que la posesión tiene una gran importancia porque es, como ya dije, el contenido de muchos derechos reales.
Propiedad
En el mismo sentido que se ha entendido el concepto de posesión, su relación con el derecho de propiedad y los poderes que le corresponden a cada una de ella por el solo hecho de constituirse dentro de los derechos reales mas importantes y de mayor trascendencia dentro del la vida y desarrollo de cada persona y dentro de una sociedad; se considera al igual que menciona Jorge Avendaño en su comentario al Código Civil Peruano, que el derecho de propiedad es el más completo que se puede tener sobre una cosa. La cosa se halla sometida a la voluntad, exclusividad y a la acción de su propietario. El derecho es exclusivo pues solamente una persona puede tener la dominabilidad absoluta sobre la cosa. Cabe mencionar que no se debe confundir la copropiedad con una pluralidad de dominio.
En alguna doctrina jurídica, como ya mencionamos, se considera que la propiedad está integrada por tres facultades o derechos:

Ius utendi
El ius utendi o derecho de uso sobre la cosa. El propietario tiene el derecho a servirse de la cosa para sus intereses, siempre y cuando esas conductas no violen preceptos legales ya establecidos o causen lesiones a los derechos de otros propietarios.
Ius fruendi
El ius fruendi o derecho de goce sobre la cosa. El propietario tiene el derecho de aprovechar y disponer los frutos y productos que produzca una cosa. La regla general es que el propietario de una cosa es también propietario de todo aquello que la cosa genere y produzca, con o sin su intervención.
Los frutos pueden ser naturales o "civiles". Los frutos naturales son aquellos que la cosa produce natural o artificialmente sin detrimento de su sustancias.
Los frutos "civiles" están constituidos por aquellas sumas de dinero que recibe el propietario por ceder a otro el uso o goce de la cosa. Tratándose del dinero, los frutos que percibe su propietario son los intereses.
Ius abutendi
El ius abutendi o derecho de disposición sobre la cosa. El propietario, bajo la premisa de que la cosa está bajo su dominabilidad (poder de hecho y voluntad de posesión), puede hacer con ella lo que quiera, incluyendo dañarla o destruirla (disposición material). Del mismo modo, puede el propietario disponer de su derecho real (disposición jurídica), así, puede enajenar la cosa, venderla, donarla, es decir, desligarse de su derecho de propiedad y dárselo a otra persona.

Usucapión

Ahora bien, dentro de los modos de adquirir la propiedad que nuestro Código Civil contempla, esta la usucapión o también llamada prescripción Adquisitiva de dominio, poniendo así énfasis en elementos como la posesión y el tiempo. Así, y tal como lo describe Gustavo Palacio diremos que la usucapión es un modo de adquirir la propiedad de una cosa y otros derechos reales posibles mediante la posesión continuada de estos derechos en concepto de titular durante el tiempo que señala la ley. El término usucapión o usucapio proviene del latín usus+capere, es decir, adquirir por el uso. Es un modo de adquisición originaria de la propiedad inmueble después de la accesión.
Para que se dé la figura de la usucapio deben concurrir algunos requisitos: el requisito es que se trate de una posesión en concepto de dueño, pública, es decir no oculta, pacífica, es decir, que no se tenga violentamente, y posesión no interrumpida, es decir, continua. Debemos dejar en claro que este tema de los requisitos que establece nuestro código para la prescripción adquisitiva, han sido y son materia de análisis y comentario por lo diferenciado de posiciones respecto a sus limites y requisitos.
Así se dice que Existen dos teorías que explican la existencia de la usucapión. Por un lado la teoría subjetiva señala que el fundamento está en la renuncia, el abandono o la voluntad de renunciar al derecho real que tiene el titular no ejercitando ninguna acción de defensa frente a la posesión de otro. Sin embargo esta teoría hay que rechazarla pues bastaría con demostrar que esa voluntad de renuncia no existe para invalidar la usucapión. Por otro lado, la teoría objetiva, que es la más aceptada, señala que el fundamento es dar certeza y seguridad a las relaciones jurídicas consolidando las titularidades aparentes, es decir, el statu quo de la posesión.
Para que se dé la figura de la usucapio deben concurrir unos requisitos generales aplicables a cualquier forma de usucapión y otros especiales para cada supuesto de usucapión. El requisito general es que se trate de una posesión en concepto de dueño, pública, es decir no oculta, pacífica, es decir, que no se tenga violentamente, y posesión no interrumpida, es decir, continua. Los requisitos especiales son los siguientes: para la usucapión ordinaria de inmuebles la buena fe, el justo título y el transcurso de un plazo; para la usucapión extraordinaria de inmuebles sólo el transcurso de un plazo; para usucapión ordinaria de muebles se requiere la buena fe, el justo título y el transcurso de un tiempo, y para la usucapión extraordinaria de muebles sólo el paso de un tiempo.
Hay que distinguir varias clases de usucapión. De un lado entre usucapión ordinaria y extraordinaria. La primera de ellas se da cuando concurre a favor del usucapiente buena fe y justo título, y la segunda se funda exclusivamente en la posesión y no requiere ni buena fe, ni justo título. De otro lado cabe diferenciar entre usucapión mobiliaria e inmobiliaria. Esta última diferencia implica sobre todo distintos regímenes de la usucapión.
La usucapión opera ipso iure, esto es, basta que se den los requisitos legales para que se usucapa por el sujeto pasivo de la usucapión.
Como ya mencionamos y de la forma que lo describe el citado autor, las condiciones generales que se exigen a la posesión para servir de base a la usucapión, en la mayoría de las legislaciones civiles son: que sea continua, no interrumpida; ser pacifica, ser pública y no clandestina. Son susceptibles de usucapir los bienes que están dentro del comercio de los hombres. Pero también hay bienes que no son adquiribles por prescripción, como los bienes del estado, los de uso publico, los bienes depositados, retenidos, dados en administración o mandato, por parte de quienes los tienen por esas causas; tampoco los bienes en condominio o copropiedad, por parte de los copropietarios, ni los bienes de la sociedad que no pueden ser adquiridos por los socios, y todos aquellos para los cuales la ley dice expresamente que son “imprescriptibles”.
Tratamiento de la posesión como base de la usucapión
Sabido es, que en el mundo corren en vigencia dos teorías respecto al tratamiento de la posesión, y como en mucho de lo que se conoce como derecho actual la doctrina y estudiosos alemanes han marcado senderos y vigencia conceptual y de tratamiento de instituciones y figuras del derecho, no están alejados del estudio y tratamiento de la posesión, es de esta manera que ilustres estudiosos con Ihering y Savigny se han ocupado se analizar a la posesión; ambos han estudiado en profundidad la posesión en el derecho romano y a partir de allí elaboraron doctrinas posesorias que influyeron, como ya dijimos, en muchísimos códigos . Savigny dijo que la posesión tiene dos elementos: el corpus y el animus; este primero es el contacto físico con la cosa o la posibilidad de tenerla, mientras que el animus es la intención de conducirse como propietario, esto es, el no reconocer la propiedad del otro; Ihering descarto este ultimo elemento, dada su difícil probanza y la necesidad de ampliar el espectro de la protección posesoria, y en cuanto al corpus, lo flexibilizo al máximo, afirmando que es poseedor quien se conduce respecto de la cosa como lo haría un propietario. De acuerdo a lo anteriormente descrito, nuestro Código Civil de 1952 acogió la teoría posesoria de savigny y el actual Código Civil de 1984 sigue la suerte de su antecesor Código Civil de 1936 adhiriéndose a la teoría Ihering.

LA POSESIÓN EN EL DERECHO CIVIL PERUANO
Históricamente la posesión surge en momentos en que «la figura de la propiedad no estaba perfilada, la ocupación de las tierras que dejaron de ser comunes o la tenencia de las cosas muebles, era defendida por cada cual contra los ataques, repeliendo la fuerza con la fuerza. La defensa privada y la actitud de recuperar lo que había sido materia de substracción o despojo, merecieron paulatinamente el amparo social y surgió así la posesión con los medios legales tendientes a protegerla».
Respecto al origen etimológico del término posesión, algunos entienden que deriva del la voz latina possidere, que significa estar establecido o establecerse. Para otros deriva de pedium positio, también voz latina, que significa tenencia con los pies. Finalmente otros opinan que deriva de posse, que es una palabra de origen sánscrito que significa señorío.
Lo cierto es que cuando se culmina la investigación histórica parece existir cierto consenso en que la posesión está constituída por un elemento objetivo, un poder físico sobre la cosa que sólo se explica por el contacto material del sujeto con la misma, y por un elemento psicológico, subjetivo. Respecto a los alcances de estos dos elementos resulta imprescindible recurrir al debate, ya descrito en el capitulo anterior, producido entre Savigny e Ihering a propósito de los alcances de la posesión.
Somos conscientes de las diversas nociones que la doctrina le ha concedido a la institución que estudiamos. Sin embargo, nosotros sólo nos ocuparemos de aquella que es compartida por casi todos los países occidentales y que identifica a la posesión como un derecho real autónomo. En efecto, la posesión es un derecho que prescinde de las titularidades que provienen de la propiedad, se configura a partir de un hecho que es el calificado como situación posesoria, al cual el Derecho le otorga una serie de consecuencias jurídicas. Sin duda se trata de un derecho peculiar, como veremos luego, pero es un derecho al fin y tiene autonomía frente a todos aquellos que provienen de la propiedad.
En la historia de la investigación sobre la posesión , siempre se ha tenido claro que descubrir los alcances de esta institución no tiene sino un carácter instrumental. Conocer cuando estamos en presencia de una situación posesoria sólo tiene sentido por que de ese modo podremos saber si a determinado supuesto le son aplicables las consecuencias que el sistema legal a previsto para dicha situación. Las presunciones legales, la suma de plazos posesorios, la prescripción adquisitiva de dominio, las mejoras y la defensa interdictal, son algunas de las consecuencias importantes que justifican la investigación y hacen patente la necesidad de saber que elementos se deben considerar para calificar una situación como posesoria. En esta aventura académica no podemos perder de vista que en definitiva lo que se pretende con la posesión es dar una respuesta adecuada a una necesidad social concreta.
En la discusión sobre los alcances de los elementos objetivo y subjetivo de la posesión, se desarrollan también las nociones de corpus, animus domini y animus posidendi que defendieron Savigny e Ihering respectivamente. Notamos un despliegue abundante y enriquecedor de razones por las cuales los elementos de la posesión debían tener uno y no otro contenido. Casi toda la información importante que se nos presenta a la vista se sintetiza en la discusión de estos dos juristas.
Savigny sostenía que la posesión requiere un corpus basado en el contacto material con la cosa o en la posibilidad material de hacer de la cosa lo que se quiere, con exclusión de toda injerencia extraña. Por su parte Ihering opinaba que la noción de corpus, necesaria para la existencia de la posesión, no estaba relacionada con el poder físico sobre la cosa o la posibilidad de dicha presencia, sino en la relación exterior del individuo con las cosas, de acuerdo al comportamiento ordinario del titular del derecho respecto de ellas.
Es necesario advertir que muchas de las razones que expuso Savigny para sustentar su teoría sobre el corpus, se basaron en la pretensión de justificar las soluciones legislativas romanas sobre la materia. Savigny trato de que todos los supuestos en los que la legislación romana calificaba una situación como posesoria -pese a que no existía contacto material con la cosa-, tuviera una racionalidad superior que explicara la posesión en su conjunto. Por esta razón Savigny no escatimó en utilizar citas de juristas romanos para justificar su interpretación.
Ihering tuvo expresiones muy duras pero sólidas al criticar la noción de corpus de Savigny. Este autor se preguntaba porqué de la necesidad de recurrir a esta noción de poder físico sobre la cosa o sobre la posibilidad fáctica de acceder a ella. ¿cual era el fundamento detrás de esta noción?. Decía Ihering: «Yo puedo, cuando mi hogar se enfría, reanimarle a cada instante, más por esto yo no diré que está caliente mientras esté frío; la posibilidad no es la realidad. Esta posibilidad mientras existe no descansa en el elemento físico, sino en el elemento jurídico y moral de la posesión (...). En efecto, no es a los muros, a las cerraduras y a los cerrojos, a las cajas y a las bolsas solo a lo que yo debo la seguridad de mis cosas, sino que a esos obstáculos exteriores que yo opongo a las asechanzas de otro, se juntan también las barreras invisibles con que el derecho rodea mi propiedad».
En definitiva, para Ihering la noción de corpus que sustentaba Savigny tenía muchos vicios y así lo demuestra con innumerables ejemplos. Como advertimos antes, Savigny trató de justificar las situaciones que en el derecho romano eran consideradas como posesorias, extendiendo a ellas sus noción de corpus y haciéndola tan flexible y extensa que perdía rigor científico. Refiriéndose a esto Ihering dice: «Vese pues que la teoría de Savigny sobre la aprehensión lleva a contradicciones palpables: ora la presencia es necesaria, ora no lo es; ya la seguridad del poder físico basta, ya no - las deducciones de Savigny se moldean en las decisiones mismas concretas que trata de interpretar, pero olvida en ellas, cuando llega a la segunda, lo que dice en la primera».
Ihering se refiere por ejemplo a algunos supuestos analizados por Savigny, de cuyo resultado se aprecia que para adquirir la posesión bastaría la posibilidad de la «acción personal inmediata, es decir, instantánea, un poder asegurado obtenido de una manera cualquiera sobre la cosa». Dice Ihering, refutando a Savigny, que no entiende como, de acuerdo a esa tesis, «no ha de tener también la posesión del tesoro que se encuentra en mi fundo». Esta posibilidad estaba vedada inexplicablemente por Savigny.
Nuevamente parece ser que los vacíos de la Teoría de Savigny se originaron en la pretensión de justificar todas las soluciones del derecho romano sobre la calificación de una situación posesoria, tratando de darle a esta una racionalidad única.
Sobre la noción del animus, Savigny decía que la actitud subjetiva del poseeedor, necesaria para ser considerado tal, es aquella que identifica a alguien que se comporta respecto del bien como un propietario. Esta es la característica del animus domini. Al igual que en su noción de corpus, Savigny llega a la conclusión sobre la necesidad de este elemento subjetivo, como consecuencia de tratar de justificar la imposibilidad legal existente en el derecho romano, de que una persona que no tuviera actitud de propietario pueda ser calificada como poseedora.
Para Ihering el animus no era nada especial en la estructura de la posesión, simplemente se trata de la voluntad inherente a toda conducta posesoria; es decir la voluntad de poseer. Criticando la noción de animus domini de Savigny, Ihering realizó una profunda investigación en el derecho romano para conocer el fundamento de lo que para él no tenía sentido. Al concluir su investigación expresa: «el derecho romano no conocía en realidad mas que una sola voluntad de poseer. La diferencia entre la posesión y la tenencia no es el resultado de una diferencia genérica en la voluntad de poseer, sino de una disposición jurídica que niega en ciertas circunstancias a las condiciones positivas legales de la posesión sus efectos ordinarios».
Que en ocasiones el derecho romano le halla negado condición posesoria a determinados supuestos, en razón de las calidad volutiva del sujeto no quiere decir que la noción de posesión se enmarque en esos límites necesariamente.
En conclusión, para Ihering la posesión no depende del poder físico que el titular tenga sobre la cosa; depende mas bien de la protección jurídica que el Derecho otorga a esa situación. Esa protección se encuentra sustentada en la defensa del derecho de propiedad, como medio de explotación económica de los bienes. El paralelismo entre posesión y propiedad no significa, sin embargo, que estos derechos se equiparen, simplemente justifica que la protección posesoria se extiende a todos aquellos que desarrollan una conducta respecto del bien similar a la que tendría razonablemente el propietario del mismo, o la de cualquier persona con derecho sobre el bien, aunque éste no sea el de propiedad. La idea es: si se protege la propiedad deben protegerse también los derechos que se desmembran de ella.
La razón por la que nos hemos referido con cierto detalle a la discusión doctrinaria entre Savigny e Ihering, es que de esta discusión nace el esquema de posesión por el que ha optado nuestro Código Civil vigente, compartiendo la opinión del legislador del Código de 1936, quien también recogió esta tesis.
El artículo 896 del Código Civil de 1984 establece que «La posesión es el ejercicio de hecho de uno o más poderes inherentes a la propiedad». Por su parte el artículo 923 del mismo código dice que los atributos del derecho de propiedad son: usar, disfrutar, disponer y reivindicar el bien. Si queremos comprender adecuadamente los alcances que entre nosotros tiene la posesión, debemos tener cuidado al interpretar las normas antes referidas.
Para calificar una situación como posesoria no basta verificar si en determinado caso el sujeto está ejerciendo alguno de los atributos de la propiedad, pues el ejercicio de éstos, entendidos con simpleza e ignorando el fundamento de la fórmula que ha recogido el Código, puede llevarnos a errores graves. Basta con resumir que nuestra norma quiere decir, al menos así se ha entendido razonablemente, que será poseedor aquel que se comporte respecto del bien como lo haría normalmente un propietario o una persona con derecho sobre el bien.
Condiciones y características en relación con la usucapión
Como menciona Berastain Quevedo , existe unanimidad en la doctrina respecto de que los elementos de la prescripción adquisitiva son: el tiempo y la posesión, siendo esta ultima “el contenido el contenido esencial de la usucapión” como ya hemos mencionado anteladamente y como también lo menciona Guillermo Cabanellas al referirse a la prescripción de dominio, como modo de adquisición de alguna cosa por la posesión durante un lapso legal.
Se distingue así, según nuestro ordenamiento, dos clases de prescripción; la ordinaria (corta) y la extraordinaria (larga); siendo que en ambas se necesita: primero; como presupuesto básico a la posesión, la misma que deberá de ser continua, pacifica, publica y a modo de propietario, y segundo; el tiempo, determinado de acuerdo al tipo de prescripción. La posesión ordinaria en su caso, necesitara como requisitos, el justo titulo y la buena fe; los que no son necesarios para la extraordinaria ya que por ilegitima que sea la posesión, vale para prescribir, siempre que se cumpla con los plazos establecidos. Así es preciso determinar el alcance de cada una de los requisitos y su tratamiento:
Posesión continua
Para que se cumpla este requisito no es necesario que el poseedor tenga un ejercicio permanente de posesión sobre el bien, basta que se comporte como cualquier propietario lo haría. Se establece igualmente, que se conserva la posesión aunque su ejercicio este impedido por hechos de naturaleza pasajera. Ahora bien, como menciona el mismo Gunther Gonzáles citando a Hernández Gil según el cual, la continuidad de la posesión no necesita ser mantenida por el mismo sujeto. Desde el derecho romano se conoce la llamada accesión de posesiones, es decir la unión de dos posesiones cuya finalidad es conceder al poseedor actual la facultad de aprovecharse de la posesión del anterior titular a efectos de facilitar el cumplimiento del término legal de la usucapión. En nuestra doctrina esta figura se conoce con el nombre de suma de plazos posesorios y esta reconocida por nuestro código civil. Así, la accesión de posesiones requiere una trasmisión valida del bien y la tradición entre el poseedor anterior y el poseedor actual. La transmisión valida alude a la existencia de un negocio jurídico transmisivo entre las partes, el cual debe ser un negocio estructuralmente perfecto, aunque sea ineficaz por faltarle al transmitente la titularidad del derecho. La importancia fundamental de esta figura se encuentra en facilitar el cumplimiento del término legal de la usucapión, y por ello, las posesiones que se unen deben de ser homogéneas.
La posesión debe ser continua, sin interrupciones de carácter natural o civil, por lo mismo se a establecido una presunción iuris tantum de continuidad, así que el poseedor deberá probar su posesión actual y haber poseído anteriormente, presumiéndose asi, que poseyó en el tiempo intermedio.
Posesión pacífica
La posesión debe ser exenta de violencia física y moral. Ser pacifica significa que el poder de hecho sobre la cosa no se mantenga por la fuerza. Por tanto, aun obtenida violentamente, pasa a haber posesión pacifica una vez que cesa la violencia que instauro el nuevo estado de cosas; la doctrina coincide en el sentido de que una vez que hayan terminado los actos de violencia, recién en ese momento se puede considerar que existe posesión pacifica que vale para prescribir.
A este respecto se refiere Moisés Arata cuando menciona que La posesión pacífica, como uno de los requisitos de la posesión útil para adquirir por prescripción la propiedad de un bien , es de aquéllos conceptos en los que existe un franco desacuerdo entre la doctrina y la jurisprudencia de nuestra Corte Suprema. Mientras la doctrina mayoritaria habla de la pacificidad como un concepto unívocamente correspondiente a la no violencia, la jurisprudencia nacional, desde hace un buen tiempo, viene hablando de simple no controvertibilidad, de forma tal que para calificar a la posesión como pacífica, no basta la ausencia de violencia inicial o posterior sino que, además, se requiere que hasta el momento en que se pide la prescripción no hayan existido procesos judiciales de los que se desprenda la controvertibilidad de la posesión del prescribiente. En consecuencia, para la línea jurisprudencial que anotamos, si bien toda posesión pacífica es no violenta no toda posesión no violenta es una posesión pacífica.

Posesión pública

Es decir, que exista una exteriorización de los actos posesorios, que actúe conforme lo hace el titular de un derecho. El usucapiente es un contradictor del propietario o del poseedor anterior. Por eso es necesario que la posesión sea ejercida de manera que pueda ser conocida por estos, para que puedan oponerse a ella si esa es su voluntad. si ellos pudieron conocer esa posesión durante todo el tiempo que duro, y no lo hicieron, la ley presume en ellos el abandono, y la posesión del usucapiente se consolida. Lo contrario a la posesión pública es la posesión clandestina, que carece de eficacia posesoria.

Como Propietario

Se entiende que el poseedor debe actuar con animus domini sobre el bien, pero no se trata de creerse propietario sino de comportarse como tal. Así, el poseedor pleno y el mediato si pueden prescribir un bien; mientras que no lo podrá hacer, el poseedor inmediato y el servidor de la posesión. No cabe usucapir por mucho que sea el tiempo que transcurra, si posee en concepto distinto del de dueño.

CONCLUSIONES

 En el universo que llamamos prescripción adquisitiva debemos diferenciar los tipos que en ella se manejan, siendo importante que para que opere la llamada prescripción adquisitiva de dominio o usucapión, no solamente debemos tener en cuenta el tiempo como operante de aquella prescripción, sino también y en primer orden, a la posesión, como acto directo sobre el bien.

 Que al entender que los requisitos o elementos a los que hacemos referencia en la ultima parte del trabajo operaran de manera concurrente y que el considerar que la pacificidad de la posesión, como requisito ineludible y principal para que opere la usucapión, hace referencia a la inexistencia de proceso judicial alguno que haga que esta calificada de pacifica quede de lado, no hace mas que dilatar y hacer inútiles algunos procesos que ante la existencia de algún proceso judicial relacionado con el, interrumpiría el plazo rescriptorio y como dice Berastain Quevedo, la existencia de procesos judiciales previos entre las partes o con terceros, no afecta la posesión pacifica; ya que los procesos son la forma mas pacifica de resolver los conflictos.