Como el pianista

Cuando escribo rápido, porque las musas no esperan ni un minuto para modelar su figura, estas teclas se vuelven duras y pintadas en blancos y negros. Pues cuando uno apura el paso de las yemas sobre este juego de letras y click, en ese apuro rápido y de creación despacio, es cuando exaltamos los movimientos y golpeamos el teclado como si fuese un piano silvestre que no se deja domesticar. Es cuando, además, uno se agita y se mueve como si quisiera escaparse de sí mismo. Que en las puntas de los dedos se encuentra el alma y la forma de expresarse que nuestro cuerpo se agita y sigue escribiendo y se agita y agita hasta que ya uno se cansa -terminada la batalla, muerto el combatiente-. Los dedos descanzan despacios y tranquilos con ganas de desnudarse y de morirse y de guardarse en un frasco de formol.
Y esta es el ultimo tecleo de un pianista en las teclas del computador.

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