A las 6:30 am ya está despierta, tiene que ir a clases muy temprano porque cuenta con un horario ajustado en las mañanas y en las noches. Vive a dos horas de su universidad, algo que no le permite regresar tantas veces como quisiera para disfrutar de la comida casera, una pequeña siesta, o para salvarla de algún asunto olvidado. Prácticamente llega para dormir.
Viaja en combi como otros limeños (49% según una encuesta del INEI). Pasa casi cuatro horas al día, 20 a la semana, 60 al mes y 720 al año. Lleva un poco más de tres meses viajando en un transporte público –tomando en cuenta que van tres años que hace esos viajes que considera interprovinciales de su casa a la universidad y de ésta a su casa, donde vive desde que nació-, es decir, le falta algo menos de cuatro años y dos meses aproximadamente de viaje.
Un domingo, leyendo El Comercio, descubrió que un ciudadano limeño pasa cuatro años y medio viajando en combi. La organización que realizó este cálculo se basó en “la cantidad estimada de viajes que realiza cada persona al día en Lima, el tiempo promedio por viaje en transporte público y la esperanza de vida del peruano (fijada en 71 años).”
Además, se pierde en transporte público casi 500 millones de dólares en horas de trabajo, según señala el informe del año pasado realizado por el Banco Mundial.
Pamela no había visto un estudio sobre esto antes, sin embargo, los resultados eran previsibles siendo testigo diario del terrible desorden vial de Lima y de la falta de una red de transporte eficiente. Asimismo, sabe que hay varias causas que producen este desperdicio de horas-hombres y que no hay un solo responsable.
La santa paciencia
Al parecer, los conductores de ómnibuses, coaster y las combis asesinas consideran cada 50 metros como un paradero. Es una forma de entender por qué paran donde quieren, por ejemplo, frente a un cartelote de la avenida Javier Prado que dice “paradero prohibido” y donde hay vallas que impiden el pase a la vereda, o en medio de la pista, entre buses y otros autos, donde hacen bajar a uno, salvo que el carro este repleto y cuando más deseamos que alguien diga “baja esquina” esto ocurre cada vez menos.
Pamela toma su carro en un paradero de San Juan de Miraflores para ir a San Miguel. Es una de cinco peruanos que tiene que soportar un recorrido de más de 120 minutos cuando hay cerca de cinco millones de limeños que usan el servicio público como medio de transporte.
Para los choferes un semáforo está constituido por tres colores: el amarillo es “¡apúrate que te pasan!”, el rojo es “ten piedad de la viejita que apenas camina” y el verde es “sigue esperando, total, todavía no termina de cruzar”.
En una competencia, los atletas participantes no se detienen apenas alcanzan la meta, sino que llegan más lejos. Los chóferes, en plena carrera, son atletas al volante cuando ven la luz ámbar (su punto de llegada), y tal como los corredores siguen de largo. Cuando no hay tombos (o tombas), no importa pasar encima de cualquier peatón que se cruce por su camino.
La luz verde les da la libertad de esperar a sus pasajeros. “Habla, ¿vas?”, repite el cobrador hasta que, agarrado de barandas oxidadas, se convierte en la nueva puerta humana de la coaster. De esta forma, avanza a una velocidad mínima que en el 2004 era en promedio 17km/h y según un estudio elaborado por la Agencia de Cooperación Japonesa, para el 2025 será de 7km/h.
Por ello, a veces es recomendable viajar en combi porque un frasco chico se llena más fácil, felizmente, Pamela tiene la talla promedio de una mujer en el Perú sino necesitaría de mucha paciencia. Sabe que en combi llena posiblemente llegue más rápido a su destino.
Obras de misericordia
Aunque, Pamela busque la manera de llegar más rápido, a veces tomando más de un carro, las obras viales en las que está invirtiendo la Municipalidad van a costar mucho, no sólo en soles sino también en dolores para muchos limeños.
Por la avenida Arequipa no pasa Pamela, sin embargo, es una de las que tiene el peor tráfico. Y aunque se han concluido varias obras que según el Plan Maestro de Transporte para Lima permitirían que un viaje dure 25 minutos como promedio, éste se puede extender a más de 45.
Lo mismo pasa en las avenidas Javier Prado, Marina, etcétera. Esto lo saben millones de peruanos que sufren con los cambios que se vienen realizando para dar ‘buena cara’ a cientos de extranjeros (importantes) que nos visitaran en mayo y noviembre de este año. Y aunque no se fijen tanto en las pistas no dejarán de sorprenderse de la increíble cantidad de tipos de vehículos que hay en Lima, porque tanto embotellamiento y problemas con el tránsito son producto de una cantidad excedente de transporte público y privado. El Concejo de Lima en varios de sus informes viales asegura que esta sobreoferta es de 36% ya que la ciudad sólo requiere 9, 400 vehículos de servicio público cuando tiene cerca de 26 mil unidades. Y hay un porcentaje mayor (casi 50%) en el caso de los taxis.
A parte de estas dificultades ‘externas’ al chofer, los pasajeros son sometidos al poder del chofer y cobrador que no sólo paran donde quieren sino que cobran lo que les da la regalada gana.
–Cóbrate medio –dice un joven que tomó una combi en la avenida Mariano Cornejo.
–¡¿Medio?! –exclama el cobrador- ¡medio huevón serás, acá no hay medio!
Sin olvidar a las combis-disco que tienen la música que usualmente no quieres escuchar y sobre los decibeles máximos que puede soportar tu tímpano para no romperse.
“Baja paradero prohibido, por favor”, dice descaradamente una robusta mujer mientras que un hombre se ríe escandalosamente. Pamela estaba por la Javier Prado y se dio cuenta que hay choferes y choferes pues el que conducía en ese momento hizo bajar a la mujer en el paradero siguiente (el oficial).
En el blog Combimanía, Pamela encontró un texto que hasta donde entendió fue inventado por el blogger pero que podría, hasta cierto punto, hacernos sentir orgullosos de las combis. La cita textual refería a un chileno que tenía un súper plan de apropiación de la combi como medio turístico y comercial que incluía la intención de patentar la frase “chapa tu combi”. Los comentarios variaban desde el rechazo al supuesto emisor que quería seguir casos como el del pisco, papa, chirimoya o suspiro limeño hasta gente que rogaba que se lleven las combis y a sus operarios lo más lejos posible y sin pérdida de tiempo.
Todos los días se aprende algo nuevo aunque usualmente sigamos una rutina como ir a estudiar o trabajar que muchas veces implica viajar en combi, micro, taxi o automóvil privado.
Según la última encuesta relacionada con las características de uso del transporte urbano del INEI*, el 54% (de cinco millones de peruanos) usan el transporte público diariamente. Una rutina que sigue también Pamela al igual que muchos tantos que van a trabajar (y en mucho mayor porcentaje son estos los que utilizan el servicio público de transporte), estudiar, pasear, etcétera.
Para variar, es mejor aguantar los incontables minutos sentado en el bus y aprovecharlos al máximo. Hacer algo productivo como dormir, estudiar –salvo que te de soroche, como cuando uno va a la sierra, algunos en la combi se marean y no pueden ver tipografía alguna-, pero no hay que incomodar a los demás escuchando cumbia, reggaetón o lo que sea al máximo volumen ni pelear o gritar por celular, y menos con un Nextel radio, todos deben recordar que los están escuchando y que nadie anda pendiente de los chismes más calientitos porque para eso está Magaly.
*INEI – ENAHO 1997 II Trimestre
Publicado por: spichihua Visto: 1517 veces -

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