03/06: Haciendas en Lima
Antes de que empezara la expansión urbana de nuestra capital, cuando aún estaban las murallas, en los “extramuros” de Lima había una infinidad de propiedades rurales entre haciendas, fundos, chacras, establos y huertas. Sin exagerar, unas 800 que, a “grosso modo”, representaban unas 8 mil hectáreas de cultivo entre los valles del Chillón, del Rímac y de Lurín. Esa era la verdadera “despensa” de Lima. Cuando la ciudad empieza su expansión, ya en el siglo XX, todas aquellas propiedades fueron desapareciendo, absorbidas por el cemento, símbolo de la “modernidad”, y Lima empezó a depender del abastecimiento de otras “despensas” como la sierra central, el "Sur chico" o el "Norte chico".
La mayoría de limeños no sabe que muchos de los distritos, barrios o zonas residenciales de la actual Lima conservan el nombre de algunos de aquellos fundos y haciendas. Así, hacia en Norte del “Cercado” teníamos Carabayllo, Bocanegra, Oquendo, Maranga, Pando, Orbea, Cueva, Chacra Colorada, Chacra Ríos; por el Sur, Santa Beatriz, Lince, Lobatón, Risso, Barboncito, San Isidro, Orrantia, San Borja, Limatambo, Surquillo, Higuereta, La Calera, San Juan de Villa; por el Este, Camacho, Chacarilla del Estanque, Monterrico Grande, Monterrico Chico, La Molina, Mayorazgo, etc.
Por ejemplo, la hacienda San Borja, en el siglo XVIII, pertenecía a la Compañía de Jesús; Chacarilla de Santa Cruz (fue de los dominicos y ya no queda casa-hacienda); Surquillo (de los mercedarios y no hay casa-hacienda); San Borja (de los jesuitas y luego de los condes de Casa Dávalos, amén de otras muchas manos en tiempos republicanos); Orrantia (de la familia del mismo nombre); Breña (de los Labiano y luego de los de Reyna y Arriz, los Nosiglia, etc.); Lobatón (de los Jiménez de Lobatón, hoy parte de Lince); Santa Beatriz (de los marqueses de Torre Tagle, luego de los Ortiz de Zevallos y luego de varios propietarios más); etc.
Actualmente, en el perímetro de Lima metropolitana, podemos observar muy pocas de las casas-hacienda de origen colonial o republicano. Prácticamente, son cinco: San Isidro, Orbea, Cueva, Monterrico Grande, Barboncito e Higuereta; todas, evidentemente, han sufrido transformaciones o, en todo caso, solo podemos observar fragmentos de las construcciones originales.
Antes de mencionar los ejemplos que vemos en Lima metropolitana, debemos decir que la casa hacienda no fue únicamente residencia de sus propietarios sino hasta tiempos recientes. En realidad, ella era una suerte de centro hacia el cual convergían todas lasa actividades de la finca –e, incluso, en ciertos casos, las de la comarca entera-, desde las propiamente económicas hasta las sociales, culturales y religiosas. Es por ello que tenía grandes dimensiones y los espacios que la componen son muy diversos. La casa hacienda, entonces, fue construida para controlar ese microcosmos sencillo en apariencia, pero complejo por los intereses, mentalidades y jerarquías que lo habitaban., y ese hecho se refleja en cada uno de sus aspectos.
Esto lo demuestra, por ejemplo, su ubicación. Debía ser en un lugar dominante, sea éste una colina, una huaca o la entrada al territorio de la hacienda. Naturalmente, la ubicación de la casa se determinaba por otros factores. Entre ellos, el más importante era el abastecimiento de agua. Esta podía venir de un manantial o de un pozo o llegar a través de una canalización.
Para el historiador José A. de la Puente Candamo, estas eran las características de la casa-hacienda limeña: Generalmente de dos plantas, de adobe y “quincha”, con techos altos, roble, cedro, caoba, luma, entre las maderas; patios en contorno; colca, establo, corrales, gallineros. Igualmente, vivienda para los trabajadores y “Oratorio” (citado de José A. de la Puente Candamo, Magdalena Vieja: recuerdos de una larga historia. Lima, 1986, p. 102).
A partir de hoy, iniciaremos un recorrido por las casas-hacienda de Lima, cuyos restos aún podemos encontrar en el perímetro metropolitano; cada día hablaremos de una de ellas. Debo agradecer la gentil ayuda de Eduardo Martín Recoba, gran estudioso y apasionado del tema; asimismo, mucha de esta información fue prorcionada al programa "A la vuelta de la esquina" (Canal 6), del cual soy asesor histórico.
La mayoría de limeños no sabe que muchos de los distritos, barrios o zonas residenciales de la actual Lima conservan el nombre de algunos de aquellos fundos y haciendas. Así, hacia en Norte del “Cercado” teníamos Carabayllo, Bocanegra, Oquendo, Maranga, Pando, Orbea, Cueva, Chacra Colorada, Chacra Ríos; por el Sur, Santa Beatriz, Lince, Lobatón, Risso, Barboncito, San Isidro, Orrantia, San Borja, Limatambo, Surquillo, Higuereta, La Calera, San Juan de Villa; por el Este, Camacho, Chacarilla del Estanque, Monterrico Grande, Monterrico Chico, La Molina, Mayorazgo, etc.
Por ejemplo, la hacienda San Borja, en el siglo XVIII, pertenecía a la Compañía de Jesús; Chacarilla de Santa Cruz (fue de los dominicos y ya no queda casa-hacienda); Surquillo (de los mercedarios y no hay casa-hacienda); San Borja (de los jesuitas y luego de los condes de Casa Dávalos, amén de otras muchas manos en tiempos republicanos); Orrantia (de la familia del mismo nombre); Breña (de los Labiano y luego de los de Reyna y Arriz, los Nosiglia, etc.); Lobatón (de los Jiménez de Lobatón, hoy parte de Lince); Santa Beatriz (de los marqueses de Torre Tagle, luego de los Ortiz de Zevallos y luego de varios propietarios más); etc.
Actualmente, en el perímetro de Lima metropolitana, podemos observar muy pocas de las casas-hacienda de origen colonial o republicano. Prácticamente, son cinco: San Isidro, Orbea, Cueva, Monterrico Grande, Barboncito e Higuereta; todas, evidentemente, han sufrido transformaciones o, en todo caso, solo podemos observar fragmentos de las construcciones originales.
Antes de mencionar los ejemplos que vemos en Lima metropolitana, debemos decir que la casa hacienda no fue únicamente residencia de sus propietarios sino hasta tiempos recientes. En realidad, ella era una suerte de centro hacia el cual convergían todas lasa actividades de la finca –e, incluso, en ciertos casos, las de la comarca entera-, desde las propiamente económicas hasta las sociales, culturales y religiosas. Es por ello que tenía grandes dimensiones y los espacios que la componen son muy diversos. La casa hacienda, entonces, fue construida para controlar ese microcosmos sencillo en apariencia, pero complejo por los intereses, mentalidades y jerarquías que lo habitaban., y ese hecho se refleja en cada uno de sus aspectos.
Esto lo demuestra, por ejemplo, su ubicación. Debía ser en un lugar dominante, sea éste una colina, una huaca o la entrada al territorio de la hacienda. Naturalmente, la ubicación de la casa se determinaba por otros factores. Entre ellos, el más importante era el abastecimiento de agua. Esta podía venir de un manantial o de un pozo o llegar a través de una canalización.
Para el historiador José A. de la Puente Candamo, estas eran las características de la casa-hacienda limeña: Generalmente de dos plantas, de adobe y “quincha”, con techos altos, roble, cedro, caoba, luma, entre las maderas; patios en contorno; colca, establo, corrales, gallineros. Igualmente, vivienda para los trabajadores y “Oratorio” (citado de José A. de la Puente Candamo, Magdalena Vieja: recuerdos de una larga historia. Lima, 1986, p. 102).
A partir de hoy, iniciaremos un recorrido por las casas-hacienda de Lima, cuyos restos aún podemos encontrar en el perímetro metropolitano; cada día hablaremos de una de ellas. Debo agradecer la gentil ayuda de Eduardo Martín Recoba, gran estudioso y apasionado del tema; asimismo, mucha de esta información fue prorcionada al programa "A la vuelta de la esquina" (Canal 6), del cual soy asesor histórico.
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Rocío Díaz escribió: