27/05/08: El sindrome de Estocolmo
Artículo Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 6
Síndrome de Estocolmo por el Lic. Psicología Gustavo Cortez García
Fuente: Apadeshi
Pudiera parecer algo contradictorio que una persona que ha sido
secuestrada sienta sentimientos de comprensión y simpatía hacia sus
captores, para explicar este tipo de sentimientos según la
psicología tendríamos que remontarnos al año de 1973, cuando cuatro
empleados de un banco en Estocolmo, Suecia, fueron tomados como
rehenes, a punta de pistola por dos asaltantes. Encerrados junto a
sus captores en la bóveda del banco durante seis días, los cuatro
cautivos desarrollaron una afinidad tal con los dos criminales, que
se resistieron a los intentos de ser liberados, intercedieron por
ellos ante el primer ministro sueco Olaf Palme, además se negaron
rotundamente a testificar en el juicio e incluso ayudaron a costear
los honorarios del abogado de defensa, este incidente dio pié a los
psicólogos y psiquiatras a investigar ¿ el por que una persona que
ha sido privada de su libertad tiene un sentimiento de afinidad a
sus secuestradores?, después de varios estudios, llegaron a la
conclusión que el síndrome de Estocolmo es una respuesta emocional
que puede manifestar el secuestrado o plagiado a raíz de la
vulnerabilidad y extrema indefensión que produce el cautiverio,
además el síndrome se presenta cuando el secuestrado se identifica
inconscientemente con su agresor, ya sea asumiendo la
responsabilidad del ataque de que es objeto o imitando física o
moralmente la personalidad del captor. Debido a que se trata de un
proceso sobre el cual la víctima no tiene conciencia, siente y cree
que la actitud del secuestrador es razonable, lo cual de alguna
manera le ayuda a no sentir la amenaza de la situación que
experimenta ni que está en peligro su vida.
¿Cuándo ocurre?
Hay quienes temen que el síndrome de Estocolmo sea una enfermedad
que se manifiesta en la mayoría de las personas que atraviesan por
un secuestro, lo que irremediablemente genera gran preocupación en
las víctimas y familiares después de la liberación. Sin embargo, no
se trata de un padecimiento, sino sólo un desajuste y/o confusión
emocional, pues cuando el plagiado es amenazado de muerte por el
agresor y éste no ejecuta la acción, el secuestrado experimenta una
especie de gratitud, y al mismo tiempo, miedo, sentimientos que le
impiden guardar rencor hacia el delincuente.
Según los especialistas en salud mental, dicho síndrome se presenta
cuando el secuestrado se identifica inconscientemente con su
agresor, ya sea asumiendo la responsabilidad del ataque de que es
objeto o imitando física o moralmente la personalidad del captor.
Debido a que se trata de un proceso sobre el cual la víctima no
tiene conciencia, siente y cree que la actitud del secuestrador es
razonable, lo cual de alguna manera le ayuda a no sentir la amenaza
de la situación que experimenta ni que está en peligro su vida.
Para detectar y diagnosticar el síndrome de Estocolmo es necesario
que se conjuguen las siguientes condiciones:
1 Que la víctima haya asumido inconscientemente notable
identificacin en las actitudes, comportamientos o modos de pensar
de los captores, casi como si fueran suyos.
2 Que las manifestaciones iniciales de agradecimiento y aprecio se
prolonguen a lo largo del tiempo, aún cuando la persona ya se
encuentre integrada a su rutina habitual y haya comprendido que el
cautiverio ha finalizado.
No sólo por secuestro
Hay especialistas en salud mental que afirman que el síndrome de
Estocolmo no solamente lo sufren personas secuestradas, pues
establecen que hay quienes por alguna razón son incapaces de huir
del sometimiento psicológico por parte de un "captor", que bien
puede ser alguno de los padres, esposo o novio.
El ejemplo más típico y predominante de este tipo de problemática es
el de muchas mujeres maltratadas por su pareja, para quienes resulta
imposible terminar la relación. Algunas consideran no tener mejores
opciones ni dinero, pero sí demasiados hijos que mantener, lo cual
les impide romper el lazo conyugal. Lo más sorprendente es lo que
ocurre con las féminas que, pese a contar con independencia personal
y económica y tener acceso a recursos alternativos, continúan con
las relaciones donde sufren violencia.
Por increíble que parezca estos dos grupos de mujeres comparten la
reacción paradójica de desarrollar fuerte vínculo de afecto hacia
sus agresores sin poder denunciarlos e, incluso, llegan a justificar
y hasta a defender las razones del maltrato al que son sometidas.
Este tipo de relación tiene su origen en el desequilibrio de poder y
la combinación de trato bueno y malo por parte de la pareja, ya que
tales variaciones pueden formar un lazo enfermizo; en este tipo de
situaciones es común que la víctima niegue la parte violenta del
agresor y sólo reconozca la que percibe como positiva.
El proceso para que una mujer se adapte psicológicamente al tipo de
relación descripta está determinado por diversos cambios y
desarrollo de adaptación, lo cual puede resumirse en cuatro estados:
Desencadenante. Primeros golpes y maltratos que rompen la seguridad.
Reorientación. Cuando ella trata de evitar conflictos y se culpa de
la situación.
Afrontamiento. La mujer asume el modelo mental de su esposo y busca
vías de protección para salvaguardar su integridad psicológica.
Adaptación. Aceptación de la nueva condición a través de
identificacin con la personalidad de quien la maltrata.
Como puede ver, tanto en los casos de secuestro como en los de
violencia doméstica, las víctimas del síndrome de Estocolmo deben
someterse a tratamiento psicológico para que puedan recuperar su
independencia mental y vivir tranquilamente, de esta manera evitarán
que el problema crezca como una bola de nieve de la que resulte casi
imposible escapar.
Bibliografía
El síndrome de Estocolmo
Conferencia por María de Lourdes Santiago*
Reportaje
Síndrome de Estocolmo, simpatía hacia el agresor*
Karina Galarza Vásquez
Manual de Enfermedades y Estadísticas : DSM-IV
Lic. Psicología Gustavo Cortez García
Guadalajara Lamar
Síndrome de Estocolmo por el Lic. Psicología Gustavo Cortez García
Fuente: Apadeshi
Pudiera parecer algo contradictorio que una persona que ha sido
secuestrada sienta sentimientos de comprensión y simpatía hacia sus
captores, para explicar este tipo de sentimientos según la
psicología tendríamos que remontarnos al año de 1973, cuando cuatro
empleados de un banco en Estocolmo, Suecia, fueron tomados como
rehenes, a punta de pistola por dos asaltantes. Encerrados junto a
sus captores en la bóveda del banco durante seis días, los cuatro
cautivos desarrollaron una afinidad tal con los dos criminales, que
se resistieron a los intentos de ser liberados, intercedieron por
ellos ante el primer ministro sueco Olaf Palme, además se negaron
rotundamente a testificar en el juicio e incluso ayudaron a costear
los honorarios del abogado de defensa, este incidente dio pié a los
psicólogos y psiquiatras a investigar ¿ el por que una persona que
ha sido privada de su libertad tiene un sentimiento de afinidad a
sus secuestradores?, después de varios estudios, llegaron a la
conclusión que el síndrome de Estocolmo es una respuesta emocional
que puede manifestar el secuestrado o plagiado a raíz de la
vulnerabilidad y extrema indefensión que produce el cautiverio,
además el síndrome se presenta cuando el secuestrado se identifica
inconscientemente con su agresor, ya sea asumiendo la
responsabilidad del ataque de que es objeto o imitando física o
moralmente la personalidad del captor. Debido a que se trata de un
proceso sobre el cual la víctima no tiene conciencia, siente y cree
que la actitud del secuestrador es razonable, lo cual de alguna
manera le ayuda a no sentir la amenaza de la situación que
experimenta ni que está en peligro su vida.
¿Cuándo ocurre?
Hay quienes temen que el síndrome de Estocolmo sea una enfermedad
que se manifiesta en la mayoría de las personas que atraviesan por
un secuestro, lo que irremediablemente genera gran preocupación en
las víctimas y familiares después de la liberación. Sin embargo, no
se trata de un padecimiento, sino sólo un desajuste y/o confusión
emocional, pues cuando el plagiado es amenazado de muerte por el
agresor y éste no ejecuta la acción, el secuestrado experimenta una
especie de gratitud, y al mismo tiempo, miedo, sentimientos que le
impiden guardar rencor hacia el delincuente.
Según los especialistas en salud mental, dicho síndrome se presenta
cuando el secuestrado se identifica inconscientemente con su
agresor, ya sea asumiendo la responsabilidad del ataque de que es
objeto o imitando física o moralmente la personalidad del captor.
Debido a que se trata de un proceso sobre el cual la víctima no
tiene conciencia, siente y cree que la actitud del secuestrador es
razonable, lo cual de alguna manera le ayuda a no sentir la amenaza
de la situación que experimenta ni que está en peligro su vida.
Para detectar y diagnosticar el síndrome de Estocolmo es necesario
que se conjuguen las siguientes condiciones:
1 Que la víctima haya asumido inconscientemente notable
identificacin en las actitudes, comportamientos o modos de pensar
de los captores, casi como si fueran suyos.
2 Que las manifestaciones iniciales de agradecimiento y aprecio se
prolonguen a lo largo del tiempo, aún cuando la persona ya se
encuentre integrada a su rutina habitual y haya comprendido que el
cautiverio ha finalizado.
No sólo por secuestro
Hay especialistas en salud mental que afirman que el síndrome de
Estocolmo no solamente lo sufren personas secuestradas, pues
establecen que hay quienes por alguna razón son incapaces de huir
del sometimiento psicológico por parte de un "captor", que bien
puede ser alguno de los padres, esposo o novio.
El ejemplo más típico y predominante de este tipo de problemática es
el de muchas mujeres maltratadas por su pareja, para quienes resulta
imposible terminar la relación. Algunas consideran no tener mejores
opciones ni dinero, pero sí demasiados hijos que mantener, lo cual
les impide romper el lazo conyugal. Lo más sorprendente es lo que
ocurre con las féminas que, pese a contar con independencia personal
y económica y tener acceso a recursos alternativos, continúan con
las relaciones donde sufren violencia.
Por increíble que parezca estos dos grupos de mujeres comparten la
reacción paradójica de desarrollar fuerte vínculo de afecto hacia
sus agresores sin poder denunciarlos e, incluso, llegan a justificar
y hasta a defender las razones del maltrato al que son sometidas.
Este tipo de relación tiene su origen en el desequilibrio de poder y
la combinación de trato bueno y malo por parte de la pareja, ya que
tales variaciones pueden formar un lazo enfermizo; en este tipo de
situaciones es común que la víctima niegue la parte violenta del
agresor y sólo reconozca la que percibe como positiva.
El proceso para que una mujer se adapte psicológicamente al tipo de
relación descripta está determinado por diversos cambios y
desarrollo de adaptación, lo cual puede resumirse en cuatro estados:
Desencadenante. Primeros golpes y maltratos que rompen la seguridad.
Reorientación. Cuando ella trata de evitar conflictos y se culpa de
la situación.
Afrontamiento. La mujer asume el modelo mental de su esposo y busca
vías de protección para salvaguardar su integridad psicológica.
Adaptación. Aceptación de la nueva condición a través de
identificacin con la personalidad de quien la maltrata.
Como puede ver, tanto en los casos de secuestro como en los de
violencia doméstica, las víctimas del síndrome de Estocolmo deben
someterse a tratamiento psicológico para que puedan recuperar su
independencia mental y vivir tranquilamente, de esta manera evitarán
que el problema crezca como una bola de nieve de la que resulte casi
imposible escapar.
Bibliografía
El síndrome de Estocolmo
Conferencia por María de Lourdes Santiago*
Reportaje
Síndrome de Estocolmo, simpatía hacia el agresor*
Karina Galarza Vásquez
Manual de Enfermedades y Estadísticas : DSM-IV
Lic. Psicología Gustavo Cortez García
Guadalajara Lamar
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juan escribió: