
Pareces poético. Sin embargo, dices cosas muy ciertas. No me gusta ser tan transparente como tú. Puedo salir lastimada mucho más fácilmente. A veces pienso que eres una persona vacía o superficial, pero si pienso de esa manera, la única que es esas cosas soy yo. Te agradezco y te odio por ser como eres. Puedes hacer que el mundo entero se dé cuenta de tu existencia y agradarles a todos sinceramente. ¿Cómo haces para evitar que te lastimen? Si yo fui así alguna vez, me hirieron mucho. Me escudo en mi indiferencia, en mi antipatía y me va bien. Si conservo a alguien a mi lado es porque sé que no me dañará. Si te conservo a ti es porque no me estás haciendo daño. Pero, si seguimos de esta manera, ambos terminaremos hiriéndonos. El día que eso pase, yo… ya no podré verte, ya no podré quererte.
Yo sé que es doloroso cuando te hieren pues a mí me han herido mucho también. No es que quiera siempre agradar a todos, sino que me muestro trasparente para que vean todos lo frágil que soy y si alguien me lastima me puedo destruir. Tengo tantas cicatrices en mi alma. Cuando le haces daño a alguien, es fácil decir “lo siento” y tratar de enmendarlo, pero una marca queda. Yo no pienso marcarte de esa manera con mi forma de ser pues eres la persona más importante. Es como si a veces pensara o incluso sintiera que no necesito a nadie más en el mundo. Pero, cómo podré vivir si no estoy seguro de que tú sientes lo mismo o, en todo caso, si aceptas que yo te considere así. No puedo estar cómodo si no eres sincera conmigo. Tienes que elegir si será un camino o serán dos paralelos.
En este punto, la situación es innecesaria pero, me imagino que por cómo somos, debemos expresarlo en palabras concretas. Yo, particularmente detesto “etiquetar” nuestros roles, pero es necesario en algún punto, al menos. Los humanos somos así: aunque ya sepamos de qué color es el mar, tenemos que afirmar “es azul”. Me imagino que eso no le quita lo hermoso. Pero si te das cuenta, este “azul” no es definitivo. Mañana puede ser verdeazul, o tal vez un azul más claro. Todo se vuelve más complicado cuando le asignas una etiqueta. Esto, ¿es amor? ¿Realmente quieres etiquetar esto con eso? O tal vez, es más que eso. Amor. Yo creo que es más que eso y que realmente no necesita una palabra. Si yo te digo “acepto ser tu persona especial y yo soy la tuya”, entonces, ¿cómo debemos comportarnos?

¿Qué soy yo? No he podido resolver esa pregunta por tanto tiempo, a pesar de que las cosas que he vivido me acercan a mi destino poco a poco. No me siento tan frustrado, porque durante toda mi vida he sido un ser vacío. No tengo ninguna aspiración para mi futuro. Si camino hacia delante es porque es la única dirección a donde apunta el camino que tomo. Si no me salgo de ese camino, la vida es más fácil. Sin embargo, no tengo una razón verdadera para tener una verdadera sonrisa. Lo único que hago es suspirar. Mi existencia se vuelve más deprimente cuando me pregunto: “¿Qué soy yo para ti?”. Alguna vez hice una pregunta parecida a alguien, obteniendo una risa de burla hacia mis sentimientos. Tú eres la segunda vez que he preguntado eso y obtuve un “ay, tontito…”. Me hiciste sonreír.
Es que eres un tontito, para mí. Eso eres. Demasiado dulce para ser un humano. Eres tan frágil y demasiado sincero. No tenía respuesta en ese entonces, por eso te suspiré mi expresión favorita. No necesitas que nadie te diga que “eres especial” para que lo sientas. Una persona que ha sido herida lo sabe muy bien. Igual que yo. Si yo me preguntara “¿qué soy yo?” en estos momentos, creo que colapsaría. Sin embargo, ya se “¿qué soy yo para ti?”. Eso, creo, es lo único que necesito saber para sentirme viva. Estamos al revés, ¿verdad? Tú te conoces perfectamente pero eres inseguro acerca de mis sentimientos, mientras que sucede lo contrario conmigo. Creo que nos complementamos lo suficientemente bien para preguntarnos más cosas de ese tipo. A veces, los humanos, preguntamos a otra persona acerca de nosotros mismos cuando realmente ya sabemos la respuesta.

En nuestras mentes algo parecía descubrirse, pero no nos miramos fijamente, como si hubiéramos recordado algo misterioso o como si hubiéramos llegado a una misma conclusión. Nada por el estilo. Ese día no hablamos más ni hicimos preguntas de ese tipo. Dejamos la terraza y fuimos a casa. Es bueno enfrentarnos a nosotros mismos de vez en cuando pero, para eso, es necesario encontrar un lugar y momento adecuados. Un diálogo en la terraza fortalece a dos corazones en constante búsqueda.







