El uso de ‘verdad’ en la Fides et Ratio (2/4)
Una teoría semántica de ‘verdad’
El punto de partida de nuestro análisis es asumir la tesis de que el concepto de ‘verdad’, junto con los conceptos de ‘significado’ y ‘referencia’, es un concepto semántico, es decir, un concepto que no remite a alguna cosa o hecho del mundo, sino que remite a las funciones desempeñadas por las proposiciones y los términos contenidos en las proposiciones. Si esto es así, lo que en cierto modo estaríamos asumiendo, desde una óptica nominalista, es que estos conceptos semánticos no poseen ‘suposición personal’ (es decir, no están en las proposiciones en lugar de los entes), sino sólo poseen ‘suposición simple’ (es decir, están en las proposiciones en lugar de los significados).
Es probable que el lector no entrenado en el uso de estas jergas filosóficas requiera de ejemplos para que el análisis le resulte claro. Aquí van algunos que espero sean de utilidad.
La calificación de ‘semántico’ quiere decir que el concepto ‘verdad’ se comporta de una manera distinta que, por ejemplo, el concepto ‘conferencia’.
Sea A = ‘La verdad es que Juan no está interesado en esta conferencia’.
Mientras que ‘conferencia’ remite a un conjunto de hechos que están teniendo lugar en esta sala, ‘verdad’ no remite a nada más que a la condición subjetiva A1 = ‘Juan no está interesado en esta conferencia’.
Ahora bien, esto último se puede interpretar, a su vez, de dos maneras.
Sea A1(a) = ‘[El hecho referido por la proposición] que dice que Juan no está interesado en esta conferencia, es verdad.’
Donde se le otorga suposición personal a ‘verdad’, es decir, se asume que refiere de manera directa al hecho de que Juan no está interesado en esta conferencia; lo que nos llevaría a hablar de un ‘hecho verdadero’.
O se puede interpretar de otra manera.
Sea A1(b) = ‘[El significado de la proposición] que dice que Juan no está interesado en ese tema, es verdad.’
Donde se le otorga suposición simple a ‘verdad’, es decir, se asume que remite al significado de ‘no estar interesado en una conferencia’; lo que nos llevaría a hablar de una ‘declaración verdadera’.
La teoría de la que estamos partiendo para nuestro análisis del uso de ‘verdad’ en la Encíclica rechaza lo primero, es decir, la interpretación del desinterés de Juan como un hecho, y demanda más bien asumir lo segundo, es decir, la interpretación del desinterés de Juan como una declaración.
Esto es lo que significa asumir que ‘verdad’ es un concepto semántico y no referencial, a saber: Que no tiene mucho sentido hablar de ‘hechos verdaderos’, porque nos obliga a detrminar previamente qué califica como hecho y qué no; y, en cambio, que sí tiene pleno sentido hablar de ‘declaraciones verdaderas’, porque nadie ignora qué es una declaración.
Ahora bien, resuelta esa dificultad, nos enfrentamos en seguida con otra, que es aquella que, al no quedar claramente planteada, suele alarmar a quienes ven es este tipo de aproximaciones epistemológicas la amenaza del relativismo.
Es evidente que, si asumimos lo que exige esta teoría de la verdad, debemos conceder que ‘verdad’ sólo remite a un cierto significado dentro de un juego de lenguaje determinado.
Sea B = ‘La verdad es que esta conferencia es muy mala.’
Lo que estaríamos diciendo es que ‘verdad’, al no referir a un hecho sino a un significado, exige que este significado sea transparente para los oyentes competentes: Si nos contamos entre esos oyentes, sabremos sin duda qué califica como conferencia buena y qué califica como conferencia mala. En efecto, esto es algo que sólo se puede saber si se pertenece a un cierto círculo de personas que asisten a cierto tipo de conferencias y saben qué esperar de ellas.
De aquí surge el pánico al relativismo, y por ello las posiciones conservadoras insisten en dar un paso atrás y moverse en el terreno de los supuestos hechos incontrovertibles, que ni los científicos saben exactamente qué son. A mi me parece obvio que esa es la peor estrategia posible, puesto que no hay esperanzas de un entendimiento en ese campo, y sí la hay, en cambio, en el terreno donde se producen todos los días los entendimientos entre los seres racionales, que es el terreno del intercambio de significados. Esa es la cancha de la verdad.

Es probable que el lector no entrenado en el uso de estas jergas filosóficas requiera de ejemplos para que el análisis le resulte claro. Aquí van algunos que espero sean de utilidad.
La calificación de ‘semántico’ quiere decir que el concepto ‘verdad’ se comporta de una manera distinta que, por ejemplo, el concepto ‘conferencia’.
Sea A = ‘La verdad es que Juan no está interesado en esta conferencia’.
Mientras que ‘conferencia’ remite a un conjunto de hechos que están teniendo lugar en esta sala, ‘verdad’ no remite a nada más que a la condición subjetiva A1 = ‘Juan no está interesado en esta conferencia’.
Ahora bien, esto último se puede interpretar, a su vez, de dos maneras.
Sea A1(a) = ‘[El hecho referido por la proposición] que dice que Juan no está interesado en esta conferencia, es verdad.’
Donde se le otorga suposición personal a ‘verdad’, es decir, se asume que refiere de manera directa al hecho de que Juan no está interesado en esta conferencia; lo que nos llevaría a hablar de un ‘hecho verdadero’.
O se puede interpretar de otra manera.
Sea A1(b) = ‘[El significado de la proposición] que dice que Juan no está interesado en ese tema, es verdad.’
Donde se le otorga suposición simple a ‘verdad’, es decir, se asume que remite al significado de ‘no estar interesado en una conferencia’; lo que nos llevaría a hablar de una ‘declaración verdadera’.
La teoría de la que estamos partiendo para nuestro análisis del uso de ‘verdad’ en la Encíclica rechaza lo primero, es decir, la interpretación del desinterés de Juan como un hecho, y demanda más bien asumir lo segundo, es decir, la interpretación del desinterés de Juan como una declaración.
Esto es lo que significa asumir que ‘verdad’ es un concepto semántico y no referencial, a saber: Que no tiene mucho sentido hablar de ‘hechos verdaderos’, porque nos obliga a detrminar previamente qué califica como hecho y qué no; y, en cambio, que sí tiene pleno sentido hablar de ‘declaraciones verdaderas’, porque nadie ignora qué es una declaración.
Ahora bien, resuelta esa dificultad, nos enfrentamos en seguida con otra, que es aquella que, al no quedar claramente planteada, suele alarmar a quienes ven es este tipo de aproximaciones epistemológicas la amenaza del relativismo.
Es evidente que, si asumimos lo que exige esta teoría de la verdad, debemos conceder que ‘verdad’ sólo remite a un cierto significado dentro de un juego de lenguaje determinado.
Sea B = ‘La verdad es que esta conferencia es muy mala.’
Lo que estaríamos diciendo es que ‘verdad’, al no referir a un hecho sino a un significado, exige que este significado sea transparente para los oyentes competentes: Si nos contamos entre esos oyentes, sabremos sin duda qué califica como conferencia buena y qué califica como conferencia mala. En efecto, esto es algo que sólo se puede saber si se pertenece a un cierto círculo de personas que asisten a cierto tipo de conferencias y saben qué esperar de ellas.
De aquí surge el pánico al relativismo, y por ello las posiciones conservadoras insisten en dar un paso atrás y moverse en el terreno de los supuestos hechos incontrovertibles, que ni los científicos saben exactamente qué son. A mi me parece obvio que esa es la peor estrategia posible, puesto que no hay esperanzas de un entendimiento en ese campo, y sí la hay, en cambio, en el terreno donde se producen todos los días los entendimientos entre los seres racionales, que es el terreno del intercambio de significados. Esa es la cancha de la verdad.








Comentarios
Pienso que para el caso de una conferencia, para algunos podra ser verdadero que es buena, y para otros que es mala, en tanto a la expectativa que hayan tenido de acuerdo a los antecedentes de los asistentes que opinan.
Mi inquietud va al terreno del respeto por la vida, en donde unos están a favor y otros en contra (no hablemos de las motivaciones), ya sea aborto o eutanasia, y cada grupo está convencido de que su posición es la "verdad".
Te agradecería si pudieses analizarlo con un ejemplo así, pues para unos el aborto va a ser un homicidio de una persona (yo me identifico con esa postura), otros dicen que no, porque todavía será persona cuando se implante en el útero (es decir a los 7 días), otros dicen que no será persona sino hasta las 9 semanas en que su madurez neurológica le confiere ser persona, otros dices que no será persona sino hasta las 20 ó 22 semanas, otros dicen que recién lo será a las 38 semanas en que es viable, y finalmente están los que defienden el aborto por nacimiento parcial, que afirman que no se es persona sino hasta que sale el 100% del cuerpo del niño, desde el vientre materno.
Y todos creen tener la verdad, y que los demás manipulan esa verdad.
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