Leí ayer la columna de Jorge Bruce en Perú21, con la que coincido plenamente.

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Bandera peruana
La verdad es que transitar por Lima en estos días es una experiencia terrible, la ciudad está hecha un caos aun mayor del que estamos habituados a tener diariamente. Y Bruce tiene razón en que el tratamiento de todo este asunto de la cumbre que se viene este fin de semana es simplemente vergonzoso y revela con total transparencia lo que los ciudadanos somos para las autoridades: nada ni nadie, un estorbo al que se puede sacar de la foto de cualquier modo para hacerles la vida más agradable a los que realmente importan: los que vienen de fuera.

Y lo que faltaba: parece que se pretende obligar a los vecinos a poner la bandera en sus casas para que "demuestren valores cívicos" mientras dure la cumbre. Leí una noticia en el mismo Perú21 que decía que la municipalidad de San Isidro ya lo había ordenado. Este tema de los valores cívicos a través del uso de los símbolos patrios lo he discutido varias veces y me espanta, pues tiene que ver con una concepción autoritaria y nefasta de lo que son "los valores", la que lamentablemente impregna el sentido común de la gente, incluyendo el de las autoridades y -esto es aún más preocupante- el de muchos agentes educativos. Esta idea descabellada de las banderitas en el techo de las casas es sólo otro botón de muestra de que como sociedad nos falta mucho para entender cabalmente la formación ética y ciudadana.

Actualización
La Reflexión Peruana 198 de Wilfredo Ardito trata del mismo tema. Aquí