
Canturreando una canción, acaricié su cabello. Me encantaba ese momento. Ella miraba mi camisa y se reía de mí. Las nubes pasaban lentamente y el día también. Podría estar en ese lugar con ella durante toda mi vida. Su jardín no era grande, pero era espacioso. En el perímetro había muchas plantas altas, parecían bien cuidadas. En el área interior había cesped y era del verde más vivo que había visto hasta el día de… ese día. Cerca había mamparas a manera de puertas así que desde dentro también se podía apreciar.
Cuando nos sentamos tomé su mano rápidamente y la miré a los ojos. Ella me abrazó fuertemente y me dijo que me quería. “Yo también” se me escapó sin querer. Odio sonar a “yo también”. Pero a ella no le importó, me empujó y se reía mientras entraba a la casa. Me quedé así un momento más, echado en su césped. “Nuestro césped” pensaba ilusamente. Parecía que iba a llover y tuve que elegir entre algunas gotas de llovizna o estar cerca de ella. Detesto elegir, así que me quedé ahí sin decidir. No llovío al fin y al cabo y nunca entré para preguntarle “¿qué haces?”. Creo que me quedé dormido.

Cuando abrí mis ojos, empezaba a lloviznar. Al parecer, esperar o “esperar” valió la pena. Me incorporé y me quedé mirando el cielo gris y podía ver la llovizna caer. “Entra, tontito” me dijo ella apoyando su frágil cuerpo en el marco de la mampara, tenia una taza blanca llena del más perfecto café. Me ofreció su mano y la tomé sin dudar. Creo que no podía ni ponerme a elegir entre ella o la llovizna. Parecía entretenida con algo, o tal vez era solo que tenía ganas de jugar conmigo otra vez.
- ¿Me amas? – me preguntó y sabrá dios qué cara habré puesto que se echó a reír como nunca en su vida. No pude hacer otra cosa que reir nada más. Me acerqué a ella y colocó sus piernas sobre las mías. El sofá era cómodo y la mesita del medio nos servía para colocar los pies.
El que se apoye en mi hombro y abrace mi brazo derecho me dio tiempo para preparar mi pequeña dulce venganza.
- Sí, te amo – y cuando levantó la mirada para ver mis ojos le estampé un beso en los labios. No le quedó nada más que reirse cuando yo me reía a morir mirando a través de la mampara, mordiendo mi dedo y ladeando mi cabeza para enamorarla de mi imagen, como ella lo hacía al principio.
“Gracias, jardín” pensé y eso le dio tiempo a ella para que… planeara su dulce venganza.









haces que cada parrafo sea único y que me traslade al lugar de los hechos, sabes me trasporte al domingo pasado cuando una chovisna cai en lima y ... me hubiera gustado estar en su jardin, pero mas que todo me hubiera justado estar cerca de él, aunk él ya no quiera nada conmigo : ) jijiji
JEISY CHIJOY