07/05/08: El Bicentenario de la fundación del Cementerio más importante del Perú
Introducción
I. La Fundación del Cementerio General y sus primeros cien años
La crónica señala:
II. El Centenario del Cementerio General
III. El Bicentenario de la Fundación del Cementerio Presbítero Matías Maestro
Conclusiones: Un lugar histórico para nuestros muertos y para preservar nuestra memoria como comunidad
Fuentes y bibliografía consultados
Lima, Abril de 2008.
Mag. Carlota Casalino Sen
El lugar donde vivimos y el lugar donde yacemos cuando morimos pueden ser claros testimonios de una sociedad. Analizar estos espacios y conocer qué se construye, las dimensiones y distribución dada, los materiales utilizados, los elementos simbólicos que añadimos, el cuidado que les damos para mantenerlos, incluso los momentos en que esos lugares son abandonados, nos están comunicando importante información acerca de nosotros, de cómo somos, qué pensamos, cómo nos tratamos.
El Cementerio General –hoy Cementerio Presbítero Matías Maestro- fundado el 31 de mayo de 1808 marca un hito central en la historia de la muerte en la ciudad de Lima, ya que a partir de su inauguración cambió el lugar donde se debían enterrar a las personas. Así, a partir de esa fecha se prohibió que se continúe enterrando en las Iglesias y en las capillas de los hospitales. Es una de las obras más representativas de su época, donde se combinan las ideas ilustradas, el concepto de higiene pública y el estilo neoclásico.
El trabajo sobre el Cementerio Presbítero Matías Maestro es presentado a la luz de lo señalado en el párrafo anterior, con énfasis en los cambios, la complejidad, importancia y función que ha tenido y tiene. Para ello ha sido dividido en tres partes que siguen un orden cronológico: la Fundación, el Centenario y el Bicentenario.
El Cementerio General –hoy Cementerio Presbítero Matías Maestro- fundado el 31 de mayo de 1808 marca un hito central en la historia de la muerte en la ciudad de Lima, ya que a partir de su inauguración cambió el lugar donde se debían enterrar a las personas. Así, a partir de esa fecha se prohibió que se continúe enterrando en las Iglesias y en las capillas de los hospitales. Es una de las obras más representativas de su época, donde se combinan las ideas ilustradas, el concepto de higiene pública y el estilo neoclásico.
El trabajo sobre el Cementerio Presbítero Matías Maestro es presentado a la luz de lo señalado en el párrafo anterior, con énfasis en los cambios, la complejidad, importancia y función que ha tenido y tiene. Para ello ha sido dividido en tres partes que siguen un orden cronológico: la Fundación, el Centenario y el Bicentenario.
I. La Fundación del Cementerio General y sus primeros cien años
La ceremonia de fundación del Cementerio General fue muy importante para la sociedad de la época contó con la asistencia del Virrey Fernando de Abascal, el Arzobispo Bartolomé de las Heras, todos los funcionarios y la población. Se llevó a cabo el 31 de mayo de 1808 en una nueva construcción situada a las afueras de la Puerta de Maravillas y costó un poco más de noventa mil pesos. Era tan trascendente esta actividad que se desplegó un riguroso protocolo de tres horas e incluso se escribió una canción de exaltación al cementerio.
Uno de los actos más significativos de esa ceremonia consistió en el desentierro de la Catedral y reentierro en el Cementerio de los restos del Arzobispo doctor Juan Domingo González de la Reguera, quien había fallecido el 8 de marzo de 1805 y había sido uno de los promotores de la construcción de ese edificio. Este ritual tenía como objetivo persuadir a los limeños a favor del Cementerio, así como en transformarlo en un lugar sagrado.
Uno de los actos más significativos de esa ceremonia consistió en el desentierro de la Catedral y reentierro en el Cementerio de los restos del Arzobispo doctor Juan Domingo González de la Reguera, quien había fallecido el 8 de marzo de 1805 y había sido uno de los promotores de la construcción de ese edificio. Este ritual tenía como objetivo persuadir a los limeños a favor del Cementerio, así como en transformarlo en un lugar sagrado.
La crónica señala:
Para dicha ceremonia los restos fueron colocados en la capilla del Santo Cristo de las Maravillas y el citado 31 de mayo, después de la vigilia y misa, seis sacerdotes cargaron la caja, en la que sobre un rico cobertor iban las insignias arquiespiscopales y la Gran Cruz de Carlos III; y con acompañamiento del cabildo eclesiástico, clero y comunidades, fue conducido procesionalmente al panteón. Allí fue recibido el cadáver por el Virrey y por el Arzobispo doctor Las Heras.
(Relación de apertura y solemne bendición del nuevo campo santo de esta ciudad de Lima que se verificó el día 31 de mayo de 1808).
Durante el mes de junio de 1808 fueron enterradas 345 personas, mayoritariamente niños (134), varones (125) y mujeres (86). De ellas nueve fueron “gente conocida” (6 religiosos, 1 médico –Francisco Tafur- y un teniente de asamblea y ayudante mayor del regimiento de pardos. La primera persona en ser enterrada en ese lugar -según el relato de Urteaga- fue la Madre Michaela Salazar, quien era una religiosa del monasterio del Carmen Alto, hecho que se produjo el 2 de junio de 1808 (El Comercio, 31-05-1908).
El diseño y su construcción estuvieron a cargo del Presbítero Matías Maestro, y reflejaba el estilo que predominaba en ese entonces que era neoclásico. Así, los cuarteles fueron diseñados con sobriedad y sencillez, para oponerse de manera radical a la pompa barroca. Los cuarteles y sepulturas estaban destinados para personas notables, ya sea de la burocracia virreinal, la nobleza, las órdenes religiosas y los grandes comerciantes, mineros y hacendados. Cada notable podía tener un lugar reservado:
… los del lado de la epístola dedicados a Santo Toribio, tienen a la izquierda una urna del mejor gusto en su perfil y a largo, que ha de contener las cenizas del excelentísimo e ilustrísimo señor la Reguera, último Arzobispo… y primer que debe honrar el Cementerio para que sigan la línea sus dignos sucesores. Al lado derecho se halla una división de 60 nichos en tres filas para las dignidades eclesiásticas y clero; sigue otra de 98 para religiosos, por clases y abre al frente por su medio a un quadro de 54 nichos, para las religiosas y beaticas; religiosos, legos, cofradías y hermandades, todo bien distribuido y adornado; de forma que los medios, y ángulos de todas las divisiones quedan cerradas de rejas con mucha armonía y uniformidad.
La puerta del lado del Evangelio, ó de Santa Rosa, dirige en el mismo orden a la división de personas distinguidas; a la mano derecha irán sepulcros de los señores virreyes, y a la izquierda están los tramos de nichos de Real Audiencia, Excmo. Cabildo y títulos de Castilla.
(Descripción del Cementerio General mandado erigir en la ciudad de Lima por el excmo. Señor don José Fernando de Abascal y Sousa, Virrey Capitán General del Perú).
El Cementerio tenía tres tipos de entierros: sepulturas, nichos y osario. Las sepulturas estaban destinadas a personas distinguidas, los nichos para la elite y el osario para los demás miembros de la sociedad. En el caso de los nichos, había unos construidos especialmente para los niños y se denominaban “angelorios”. Esta sección era la que mejores comentarios recibió de la crítica por su diseño armonioso. El osario tenía ocho varas de diámetro en el centro del cuadro y se descendía a él por dos rampas a cuyos lados había jardines medianos. Allí también había una portada toscana, del mismo estilo que las de la fachada principal. Esta sección seguía las mismas líneas de los nichos y terminaba en 14 rejas de ventilación.
En su conjunto la obra reproduce una ciudad, ya que tiene calles, edificios, departamentos, jardines. El ingreso al Cementerio era a través de una amplia calle de cipreses que iba hasta el atrio de la capilla. Esta era de estilo neoclásico con columnas jónicas de mármol blanco, la cúpula estaba revestida con cornisa y tenía ocho ventanas adornadas. A mediados del siglo XIX y producto del boom guanero, se pudo ampliar el Cementerio anexando nuevos terrenos, se encargaron rejas de Londres y estatuas de Italia (Memoria anual de la Beneficencia, 1855-1856). Las lápidas ya no eran sólo de madera, piedra granito o cobre sino que se impuso el mármol. Entre los mausoleos más destacados estaban el de Vicente Rocafuerte, Francisco Estevan de Ingunza, los generales La Mar, Gamarra y Necochea, entre otros.
Según la guía del Cementerio General de Lima de 1890 era un lugar para el uso de los vivos y sus rituales fúnebres, para ese año ya medía 57 metros de la puerta de entrada a la salida interior de la capilla, 76 metros de la capilla al mausoleo de Matías Maestro, 93 metros del mausoleo al monumento del Gran Mariscal Castilla; y 71 metros de este monumento a la puerta del fondo.
A lo largo del siglo XIX lo que más destacaba del Cementerio era el sumo cuidado que se brindaba al local y el dinamismo que presentaba su permanente ampliación, embellecimiento y construcción. La Beneficencia tenía mucho cuidado en que los cuarteles fueran blanqueados de manera regular, se renovaba la numeración, refaccionaban aquello que lo requería y se mantenían los jardines en los que destacaban el aroma de las flores y la belleza de los cipreses.
(Relación de apertura y solemne bendición del nuevo campo santo de esta ciudad de Lima que se verificó el día 31 de mayo de 1808).
Durante el mes de junio de 1808 fueron enterradas 345 personas, mayoritariamente niños (134), varones (125) y mujeres (86). De ellas nueve fueron “gente conocida” (6 religiosos, 1 médico –Francisco Tafur- y un teniente de asamblea y ayudante mayor del regimiento de pardos. La primera persona en ser enterrada en ese lugar -según el relato de Urteaga- fue la Madre Michaela Salazar, quien era una religiosa del monasterio del Carmen Alto, hecho que se produjo el 2 de junio de 1808 (El Comercio, 31-05-1908).
El diseño y su construcción estuvieron a cargo del Presbítero Matías Maestro, y reflejaba el estilo que predominaba en ese entonces que era neoclásico. Así, los cuarteles fueron diseñados con sobriedad y sencillez, para oponerse de manera radical a la pompa barroca. Los cuarteles y sepulturas estaban destinados para personas notables, ya sea de la burocracia virreinal, la nobleza, las órdenes religiosas y los grandes comerciantes, mineros y hacendados. Cada notable podía tener un lugar reservado:
… los del lado de la epístola dedicados a Santo Toribio, tienen a la izquierda una urna del mejor gusto en su perfil y a largo, que ha de contener las cenizas del excelentísimo e ilustrísimo señor la Reguera, último Arzobispo… y primer que debe honrar el Cementerio para que sigan la línea sus dignos sucesores. Al lado derecho se halla una división de 60 nichos en tres filas para las dignidades eclesiásticas y clero; sigue otra de 98 para religiosos, por clases y abre al frente por su medio a un quadro de 54 nichos, para las religiosas y beaticas; religiosos, legos, cofradías y hermandades, todo bien distribuido y adornado; de forma que los medios, y ángulos de todas las divisiones quedan cerradas de rejas con mucha armonía y uniformidad.
La puerta del lado del Evangelio, ó de Santa Rosa, dirige en el mismo orden a la división de personas distinguidas; a la mano derecha irán sepulcros de los señores virreyes, y a la izquierda están los tramos de nichos de Real Audiencia, Excmo. Cabildo y títulos de Castilla.
(Descripción del Cementerio General mandado erigir en la ciudad de Lima por el excmo. Señor don José Fernando de Abascal y Sousa, Virrey Capitán General del Perú).
El Cementerio tenía tres tipos de entierros: sepulturas, nichos y osario. Las sepulturas estaban destinadas a personas distinguidas, los nichos para la elite y el osario para los demás miembros de la sociedad. En el caso de los nichos, había unos construidos especialmente para los niños y se denominaban “angelorios”. Esta sección era la que mejores comentarios recibió de la crítica por su diseño armonioso. El osario tenía ocho varas de diámetro en el centro del cuadro y se descendía a él por dos rampas a cuyos lados había jardines medianos. Allí también había una portada toscana, del mismo estilo que las de la fachada principal. Esta sección seguía las mismas líneas de los nichos y terminaba en 14 rejas de ventilación.
En su conjunto la obra reproduce una ciudad, ya que tiene calles, edificios, departamentos, jardines. El ingreso al Cementerio era a través de una amplia calle de cipreses que iba hasta el atrio de la capilla. Esta era de estilo neoclásico con columnas jónicas de mármol blanco, la cúpula estaba revestida con cornisa y tenía ocho ventanas adornadas. A mediados del siglo XIX y producto del boom guanero, se pudo ampliar el Cementerio anexando nuevos terrenos, se encargaron rejas de Londres y estatuas de Italia (Memoria anual de la Beneficencia, 1855-1856). Las lápidas ya no eran sólo de madera, piedra granito o cobre sino que se impuso el mármol. Entre los mausoleos más destacados estaban el de Vicente Rocafuerte, Francisco Estevan de Ingunza, los generales La Mar, Gamarra y Necochea, entre otros.
Según la guía del Cementerio General de Lima de 1890 era un lugar para el uso de los vivos y sus rituales fúnebres, para ese año ya medía 57 metros de la puerta de entrada a la salida interior de la capilla, 76 metros de la capilla al mausoleo de Matías Maestro, 93 metros del mausoleo al monumento del Gran Mariscal Castilla; y 71 metros de este monumento a la puerta del fondo.
A lo largo del siglo XIX lo que más destacaba del Cementerio era el sumo cuidado que se brindaba al local y el dinamismo que presentaba su permanente ampliación, embellecimiento y construcción. La Beneficencia tenía mucho cuidado en que los cuarteles fueran blanqueados de manera regular, se renovaba la numeración, refaccionaban aquello que lo requería y se mantenían los jardines en los que destacaban el aroma de las flores y la belleza de los cipreses.
II. El Centenario del Cementerio General
Cuando el Cementerio de Lima –así lo llamaban en ese entonces- cumplió cien años seguía siendo uno de las mejores edificaciones de la ciudad, se había convertido en un lugar elegante porque la elite de diversos períodos, pero especialmente la del período del guano, del azúcar y el algodón había colocado a sus difuntos en mausoleos mandados a construir a Europa. La mayoría de los líderes políticos y hombres públicos destacados tenían también mausoleos, algunos de ellos eran el resultado de colectas y de gran actividad realizada por sus seguidores o admiradores. El Cementerio destacaba por lo bien conservado que se encontraba. Era un edificio bien conocido por los limeños y todos los que frecuentaban Lima necesariamente iban a visitar ese lugar.
Es en este período que la fama del Cementerio trasciende las fronteras y es considerado el primero de América. Los cambios y ampliaciones fueron notorios pues abarcó una extensión de 158,831.24 m (586.04 m. de frente por 1,025 m. de fondo). El Cementerio estaba a su vez distribuido en cinco secciones a las que denominaban cementerio antiguo, el cementerio moderno, fosas, temporales y laico. Durante todo ese siglo se había enterrado más de trescientos cincuenta mil cuerpos, según los registros de la Beneficencia de ese entonces, aunque ya era conocido que los registros entre 1821-1837 se habían perdido. Entre los principales cambios que se aprecian es que ya registra al Cristo yacente que conecta al cementerio nuevo con el antiguo (El Comercio, 31-05-1908).
Durante las celebraciones del centenario se encontraba en plena construcción la Cripta de los Héroes de la Guerra del Pacífico, por el Centenario se rezaron misas cada media hora por el alma de los difuntos entre las 7 y las 11 de la mañana del 1º de junio (El Comercio, varios días-05-1908). La prensa periódica destacó la historia e importancia del edificio.
Se habían construido nuevos mausoleos, por ejemplo en el cementerio nuevo lucían los mausoleos de las familias Gildemeister, Figari, Oquendo, Magot, Checa, Arrieta, Pérez Rocca, Lostaunau, Ríos, Alarco, Thorndike, Cobián, Romero, López, Condey, Terré, Ojeda, Pomar, Benites, Mariluxi, Maspere, Berrios, Gandelfo y Chacaltan (El Comercio, 31-05-1908)a.
Entre los mausoleos que habían contribuido a que el Cementerio de Lima destaque por encima de los otros de la región podemos contar con los de algunas personas destacadas como: Presbítero Matías Maestro, Manuel Salazar y Baquíjano, José Gálvez, Manuel Villarán y Barrera, Ricardo M. Espiell, Vicente Rocafuerte, Hipólito Unanue, Manuel Pardo, Daniel A. Carrión, Pardo y Aliaga, Simeón Tejeda. En el caso de los mausoleos familiares eran visitados los de Osma, Loli, Novoa de Arredondo, Egúsquiza de Gálvez, Sotomayor, Lessepe, La Rosa y Taramona, Tierry, Larrañaga, Goyoneche, Rodrigo, Swayne, White, Segura, Domingo Elías, Alvarez Calderón, Derteano, Candamo, Carrillo de Albornoz y Zavala, Figari, Denegri, Chepote, Quimper, Prado y Ugarteche, Billingurst, Canaval. Habían dos bóvedas que concentraban las colonias de inmigrantes la de los italianos y la de los españoles. Entre los mausoleos de generales estaban: José María Plaza, Agustín Gamarra, Felipe Santiago Salaverry, Mariano Necochea, Mariscal José de la Mar, Manuel Vivanco, Clemente Althaus, Andrés Avelino Cáceres, Alejandro Deustua, Mariscal Ramón Castilla, Remigio Morales Bermúdez, José Balta, San Román, entre otros (El Comercio, 31-05-1908).
Es en este período que la fama del Cementerio trasciende las fronteras y es considerado el primero de América. Los cambios y ampliaciones fueron notorios pues abarcó una extensión de 158,831.24 m (586.04 m. de frente por 1,025 m. de fondo). El Cementerio estaba a su vez distribuido en cinco secciones a las que denominaban cementerio antiguo, el cementerio moderno, fosas, temporales y laico. Durante todo ese siglo se había enterrado más de trescientos cincuenta mil cuerpos, según los registros de la Beneficencia de ese entonces, aunque ya era conocido que los registros entre 1821-1837 se habían perdido. Entre los principales cambios que se aprecian es que ya registra al Cristo yacente que conecta al cementerio nuevo con el antiguo (El Comercio, 31-05-1908).
Durante las celebraciones del centenario se encontraba en plena construcción la Cripta de los Héroes de la Guerra del Pacífico, por el Centenario se rezaron misas cada media hora por el alma de los difuntos entre las 7 y las 11 de la mañana del 1º de junio (El Comercio, varios días-05-1908). La prensa periódica destacó la historia e importancia del edificio.
Se habían construido nuevos mausoleos, por ejemplo en el cementerio nuevo lucían los mausoleos de las familias Gildemeister, Figari, Oquendo, Magot, Checa, Arrieta, Pérez Rocca, Lostaunau, Ríos, Alarco, Thorndike, Cobián, Romero, López, Condey, Terré, Ojeda, Pomar, Benites, Mariluxi, Maspere, Berrios, Gandelfo y Chacaltan (El Comercio, 31-05-1908)a.
Entre los mausoleos que habían contribuido a que el Cementerio de Lima destaque por encima de los otros de la región podemos contar con los de algunas personas destacadas como: Presbítero Matías Maestro, Manuel Salazar y Baquíjano, José Gálvez, Manuel Villarán y Barrera, Ricardo M. Espiell, Vicente Rocafuerte, Hipólito Unanue, Manuel Pardo, Daniel A. Carrión, Pardo y Aliaga, Simeón Tejeda. En el caso de los mausoleos familiares eran visitados los de Osma, Loli, Novoa de Arredondo, Egúsquiza de Gálvez, Sotomayor, Lessepe, La Rosa y Taramona, Tierry, Larrañaga, Goyoneche, Rodrigo, Swayne, White, Segura, Domingo Elías, Alvarez Calderón, Derteano, Candamo, Carrillo de Albornoz y Zavala, Figari, Denegri, Chepote, Quimper, Prado y Ugarteche, Billingurst, Canaval. Habían dos bóvedas que concentraban las colonias de inmigrantes la de los italianos y la de los españoles. Entre los mausoleos de generales estaban: José María Plaza, Agustín Gamarra, Felipe Santiago Salaverry, Mariano Necochea, Mariscal José de la Mar, Manuel Vivanco, Clemente Althaus, Andrés Avelino Cáceres, Alejandro Deustua, Mariscal Ramón Castilla, Remigio Morales Bermúdez, José Balta, San Román, entre otros (El Comercio, 31-05-1908).
III. El Bicentenario de la Fundación del Cementerio Presbítero Matías Maestro
El 31 de mayo de 2008 el Cementerio General, hoy Cementerio Presbítero Matías Maestro, cumple doscientos años de fundación. Se trata de un acontecimiento que vale la pena recordar e incluso celebrar, ya que se trata de uno de los monumentos con una carga histórica densa, ya que no sólo es testigo del paso del tiempo y de las vicisitudes de la historia tardocolonial y la republicana, sino también porque contiene los restos de sus protagonistas. Un número relevante de peruanos yacen ahí.
Cuando el Cementerio cumplió ciento cincuenta años, ya tenía el nombre de su constructor, Presbítero Matías Maestro, y se encontraba en plena construcción otro cementerio. En ese entonces el Cementerio Presbítero Matías ya contenía los mausoleos de Antonio Miró Quesada, Francisco Graña Garland, Ricardo Palma, e incluso el de Sánchez Cerro.
Una crónica de ese tiempo señala lo siguiente:
Mientras la gran Lima recibe frescos racimos de nuevos pobladores diariamente, “Matías Maestro” en el cinturón de su Estigia urbana llena de adelfas, pinos, flores finísimas, mármoles y metales, perdidos en la malla de sus blancos cuarteles, aloja muy copiosos ramos fúnebres de toda edad, sexo y condición. (El Comercio, 31-05-1958, p. 5).
A lo largo de toda su historia, el Cementerio ha sido objeto de numerosos funerales, algunos de ellos fueron apoteósicos porque enterraban personajes públicos muy estimados por la población (por ejemplo los del Jorge Guise, Necochea, Castilla, entre otros), también se llevaron a cabo otras ceremonias, como por ejemplo romerías a las tumbas de algunos políticos (especialmente a José Carlos Mariátegui), actos de juramento de lealtad (como las que hacían los militantes urristas frente al mausoleo de Sánchez Cerro), visitas diversas (a poetas como Chocano, Valdelomar), pedidos de intermediación (como al mausoleo de niñito Espiell) y ceremonias de desentierro de héroes oficializados para trasladar sus restos en sendas ceremonias al Panteón de los Próceres de la Nación (Hipólito Unanue, Francisco Javier Mariátegui, José Guise, Guillermo Millar, José de la Torre Ugarte y Bernardo Alcedo, entre otros).
Cuando el Cementerio cumplió ciento cincuenta años, ya tenía el nombre de su constructor, Presbítero Matías Maestro, y se encontraba en plena construcción otro cementerio. En ese entonces el Cementerio Presbítero Matías ya contenía los mausoleos de Antonio Miró Quesada, Francisco Graña Garland, Ricardo Palma, e incluso el de Sánchez Cerro.
Una crónica de ese tiempo señala lo siguiente:
Mientras la gran Lima recibe frescos racimos de nuevos pobladores diariamente, “Matías Maestro” en el cinturón de su Estigia urbana llena de adelfas, pinos, flores finísimas, mármoles y metales, perdidos en la malla de sus blancos cuarteles, aloja muy copiosos ramos fúnebres de toda edad, sexo y condición. (El Comercio, 31-05-1958, p. 5).
A lo largo de toda su historia, el Cementerio ha sido objeto de numerosos funerales, algunos de ellos fueron apoteósicos porque enterraban personajes públicos muy estimados por la población (por ejemplo los del Jorge Guise, Necochea, Castilla, entre otros), también se llevaron a cabo otras ceremonias, como por ejemplo romerías a las tumbas de algunos políticos (especialmente a José Carlos Mariátegui), actos de juramento de lealtad (como las que hacían los militantes urristas frente al mausoleo de Sánchez Cerro), visitas diversas (a poetas como Chocano, Valdelomar), pedidos de intermediación (como al mausoleo de niñito Espiell) y ceremonias de desentierro de héroes oficializados para trasladar sus restos en sendas ceremonias al Panteón de los Próceres de la Nación (Hipólito Unanue, Francisco Javier Mariátegui, José Guise, Guillermo Millar, José de la Torre Ugarte y Bernardo Alcedo, entre otros).
Conclusiones: Un lugar histórico para nuestros muertos y para preservar nuestra memoria como comunidad
Ahí están enterrados muchos de nuestros muertos, aquellos que vivieron al final del período colonial, los que participaron en las Guerras de la Independencia, aquellos que fundaron la República, los que disputaron y fueron víctimas de la era de los caudillos, los que disfrutaron el boom del Guano, los que vivieron durante la Guerra del Pacífico y murieron en ella, aquellos que participaron en la República Aristocrática, en el Oncenio, y en las siguientes décadas de dictaduras e incursiones democráticas. En fin, es un típico lugar de la memoria, entendido éste como aquello donde se cristaliza y refugia la memoria colectiva y la memoria nacional. Los que visitaron el cementerio a lo largo de estos doscientos años, no sólo recordaron a sus difuntos enterrados ahí, sino que recordaron diversos episodios de nuestra historia.
Es el primer cementerio de Lima creado durante el período borbónico, lo que significa la representación material de aquellas ideas ilustradas propugnadas por diversos intelectuales y científicos peruanos. Es decir, es el resultado de las discusiones y argumentos expuestos por los miembros del Mercurio Peruano entre 1791 y 1792. Por ejemplo, ellos señalaron que todas las plagas y pestes que periódicamente asolaban a las poblaciones eran consecuencia del aire enrarecido provocado por la descomposición de los cuerpos enterrados en las Iglesias (Hesperiophilo, 1981). Uno de los principales argumentos correspondió a Hipólito Unanue, quien señaló que los hermosos templos de la ciudad de Lima habían quedado reducidos “a unos inmundos cementerios, mezclándose en aquellos el hedor de la podre con los inciensos” que se ofrecían al soberano Dios (Unanue, 1803). Ellos fueron quienes señalaron que lo mejor era construir un cementerio fuera de los muros de la ciudad, ubicado en un paraje distante y ventilado. Así, el Virrey Amat tomó la decisión de emprender la obra, y el encargado de diseñarlo fue el Presbítero Matías Maestro un claro representante de la escuela neoclásica en el Perú.
Durante los doscientos años que tiene ese cementerio se han ido incorporando diversas maneras de representación de la muerte, tanto desde el sentido estético, como de lo que los deudos deseaban dejar plasmado respecto a su difunto, sobre sus propios sentimientos, y sobre lo que querían mostrar a los otros visitantes del Cementerio. Así, tal como señala Castrillón, en el cementerio y los monumentos funerarios se puede apreciar un sistema de comunicación basado en símbolos (Castrillón, 2003). En ese sentido, el Cementerio contiene diversos estilos: realista, neogótico, romántico, hasta la estética fascista está plasmada en sendos monumentos. Pero los mausoleos no monopolizaron el detalle simbólico, también las lápidas son trabajadas de tal forma que reflejan y representan, ya sea en palabras, en imágenes o en símbolos, lo que se tenía de noción e imaginación respecto a la muerte, a la pérdida de un ser querido y sobre los afectos expresados al difunto. También, podemos apreciar en las lápidas lo que se era, lo que se quería mostrar, e incluso lo que se deseaba ser y tener. En efecto, hay descripciones de las principales cualidades del difunto, o las razones del fallecimiento, o los títulos, hazañas, cargos, que se tenía, hasta la representación del mausoleo en una lápida como símbolo más exquisito de querer estar a la moda de ese entonces.
En el Cementerio Presbítero Matías Maestro se refleja nuestra historia, entre los cuarteles, los entierros, los mausoleos, cada lugar contiene lo heterogéneo de nuestra sociedad. Peruanos y extranjeros que están enterrados en ese lugar, son de diversas edad, pertenecieron a distintos grupos sociales, distintas razas, variado grado de educación, se dedicaban a tareas y actividades diversas. Hay grandes personajes que han dejado historia, hay muchos más que sólo son recordados por sus parientes y descendientes.
Por todo ello, es necesario recordar la importancia del Cementerio y tomar medidas para mantenerlo, refaccionarlo, protegerlo y conservarlo. Ahí está parte relevante de nuestra historia, concentrada en cada lugar, en cada lápida y cuartel. Ahí yacen nuestros muertos.
Es el primer cementerio de Lima creado durante el período borbónico, lo que significa la representación material de aquellas ideas ilustradas propugnadas por diversos intelectuales y científicos peruanos. Es decir, es el resultado de las discusiones y argumentos expuestos por los miembros del Mercurio Peruano entre 1791 y 1792. Por ejemplo, ellos señalaron que todas las plagas y pestes que periódicamente asolaban a las poblaciones eran consecuencia del aire enrarecido provocado por la descomposición de los cuerpos enterrados en las Iglesias (Hesperiophilo, 1981). Uno de los principales argumentos correspondió a Hipólito Unanue, quien señaló que los hermosos templos de la ciudad de Lima habían quedado reducidos “a unos inmundos cementerios, mezclándose en aquellos el hedor de la podre con los inciensos” que se ofrecían al soberano Dios (Unanue, 1803). Ellos fueron quienes señalaron que lo mejor era construir un cementerio fuera de los muros de la ciudad, ubicado en un paraje distante y ventilado. Así, el Virrey Amat tomó la decisión de emprender la obra, y el encargado de diseñarlo fue el Presbítero Matías Maestro un claro representante de la escuela neoclásica en el Perú.
Durante los doscientos años que tiene ese cementerio se han ido incorporando diversas maneras de representación de la muerte, tanto desde el sentido estético, como de lo que los deudos deseaban dejar plasmado respecto a su difunto, sobre sus propios sentimientos, y sobre lo que querían mostrar a los otros visitantes del Cementerio. Así, tal como señala Castrillón, en el cementerio y los monumentos funerarios se puede apreciar un sistema de comunicación basado en símbolos (Castrillón, 2003). En ese sentido, el Cementerio contiene diversos estilos: realista, neogótico, romántico, hasta la estética fascista está plasmada en sendos monumentos. Pero los mausoleos no monopolizaron el detalle simbólico, también las lápidas son trabajadas de tal forma que reflejan y representan, ya sea en palabras, en imágenes o en símbolos, lo que se tenía de noción e imaginación respecto a la muerte, a la pérdida de un ser querido y sobre los afectos expresados al difunto. También, podemos apreciar en las lápidas lo que se era, lo que se quería mostrar, e incluso lo que se deseaba ser y tener. En efecto, hay descripciones de las principales cualidades del difunto, o las razones del fallecimiento, o los títulos, hazañas, cargos, que se tenía, hasta la representación del mausoleo en una lápida como símbolo más exquisito de querer estar a la moda de ese entonces.
En el Cementerio Presbítero Matías Maestro se refleja nuestra historia, entre los cuarteles, los entierros, los mausoleos, cada lugar contiene lo heterogéneo de nuestra sociedad. Peruanos y extranjeros que están enterrados en ese lugar, son de diversas edad, pertenecieron a distintos grupos sociales, distintas razas, variado grado de educación, se dedicaban a tareas y actividades diversas. Hay grandes personajes que han dejado historia, hay muchos más que sólo son recordados por sus parientes y descendientes.
Por todo ello, es necesario recordar la importancia del Cementerio y tomar medidas para mantenerlo, refaccionarlo, protegerlo y conservarlo. Ahí está parte relevante de nuestra historia, concentrada en cada lugar, en cada lápida y cuartel. Ahí yacen nuestros muertos.
Fuentes y bibliografía consultados
Beneficencia Pública de Lima.- Memoria anual leída a la Sociedad de Beneficencia por el Vice Director encargado de la Dirección Francisco Cavassa en la Junta General del 20 de diciembre en cumplimiento… Lima, 1855-1856.
Guía del Cementerio General de Lima de 1890.
Guía del Cementerio General de Lima de 1939.
Casalino Sen, Carlota.- “La muerte en Lima en el siglo XIX: una aproximación demográfica, política, social y cultural”. Tesis para optar el grado de Magíster en Historia, PUCP, Lima, 1999.
Castrillón Vizcarra, Alfonso.- “Escultura funeraria en Lima”, en Luis Repetto Málaga (Director).- Museo Presbítero Maestro, Cementerio de Lima, ICOM-LAC, ICOM-Perú, Lima, 2003, capítulo 7.
Descripción del Cementerio General mandado erigir en la ciudad de Lima por el Excmo. Señor don José Fernando de Abascal y Sousa, Virrey y Capitán General del Perú.
Discurso que dirige a su grey el Illmo. Señor doctor don B.M. de las Heras, dignísimo arzobispo de esta Metrópolis con motivo de la apertura y bendición solemne del Cementerio General erigido en esa Capital. Imprenta de la Casa Real de Niños Expósitos, Lima, 1808.
El Comercio diversas fechas (especialmente 31 de mayo de 1908 y 31 de mayo de 1958).
Hesperiophilo.- “Razones físicas que reprueban la costumbre de enterrar en las Iglesias”. En: Mercurio Peruano Nº 14 (17-02-1791). Edición facsimilar, Biblioteca Nacional de Perú, Lima, 1964-1966.
Guía necro-social de Lima, Callao y Balnearios. Pax Editores, Lima, 1956.
Reglamento provisional acordado por el excmo. Señor don José Fernando de Abascal y Sousa Virrey y Capitán del Virreinato del Perú, … Impreso en la Real Casa de Niños Expósitos, Lima, 1808.
Relación de apertura y solemne bendición del nuevo campo santo de esta ciudad de Lima que se verificó el día 31 de mayo de 1808. Impresa con las licencias necesarias en la Casa Real de Niños Expósitos, Lima, 1808.
Repetto, Luis Málaga (Director).- Museo Presbítero Maestro, Cementerio de Lima ICOM-LAC, ICOM-Perú, Lima, 2003.
Unanue, Hipólito.- “Discurso sobre el Panteón que está construyendo en el Convento grande de San Francisco de esta capital el R.P. Guardián Fray Antonio Díaz”. Real Imprenta de Niños Expósitos, Lima, 1803.
Guía del Cementerio General de Lima de 1890.
Guía del Cementerio General de Lima de 1939.
Casalino Sen, Carlota.- “La muerte en Lima en el siglo XIX: una aproximación demográfica, política, social y cultural”. Tesis para optar el grado de Magíster en Historia, PUCP, Lima, 1999.
Castrillón Vizcarra, Alfonso.- “Escultura funeraria en Lima”, en Luis Repetto Málaga (Director).- Museo Presbítero Maestro, Cementerio de Lima, ICOM-LAC, ICOM-Perú, Lima, 2003, capítulo 7.
Descripción del Cementerio General mandado erigir en la ciudad de Lima por el Excmo. Señor don José Fernando de Abascal y Sousa, Virrey y Capitán General del Perú.
Discurso que dirige a su grey el Illmo. Señor doctor don B.M. de las Heras, dignísimo arzobispo de esta Metrópolis con motivo de la apertura y bendición solemne del Cementerio General erigido en esa Capital. Imprenta de la Casa Real de Niños Expósitos, Lima, 1808.
El Comercio diversas fechas (especialmente 31 de mayo de 1908 y 31 de mayo de 1958).
Hesperiophilo.- “Razones físicas que reprueban la costumbre de enterrar en las Iglesias”. En: Mercurio Peruano Nº 14 (17-02-1791). Edición facsimilar, Biblioteca Nacional de Perú, Lima, 1964-1966.
Guía necro-social de Lima, Callao y Balnearios. Pax Editores, Lima, 1956.
Reglamento provisional acordado por el excmo. Señor don José Fernando de Abascal y Sousa Virrey y Capitán del Virreinato del Perú, … Impreso en la Real Casa de Niños Expósitos, Lima, 1808.
Relación de apertura y solemne bendición del nuevo campo santo de esta ciudad de Lima que se verificó el día 31 de mayo de 1808. Impresa con las licencias necesarias en la Casa Real de Niños Expósitos, Lima, 1808.
Repetto, Luis Málaga (Director).- Museo Presbítero Maestro, Cementerio de Lima ICOM-LAC, ICOM-Perú, Lima, 2003.
Unanue, Hipólito.- “Discurso sobre el Panteón que está construyendo en el Convento grande de San Francisco de esta capital el R.P. Guardián Fray Antonio Díaz”. Real Imprenta de Niños Expósitos, Lima, 1803.
Lima, Abril de 2008.
Mag. Carlota Casalino Sen
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Jesus Lopez Vasquez escribió:
Espero estar en contacto.
Atte.
Jesus Lopez Vasquez