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jue, 01 de mayo, 2008

No sólo habían hinchas cremas, blanquiazules o simpatizantes de algún equipo de fútbol nacional sino que también estaba mi mamá y yo quienes como algunas otras personas no tenemos ningún interés en el 'deporte rey'. Ayer (30 de abril) se jugó el clásico 318 entre Universitario de deportes y Alianza Lima. No, no estuve en el Estadio Nacional ni tengo mucha información sobre lo que sucedió en el partido, más bien, lo que viene a continuación está relacionado con lo que pasó después del encuentro que colocó a la 'U' como nuevo líder del torneo apertura.
10:15pm
Acabamos de cruzar la avenida Arequipa, la coaster de la línea 'W' donde estábamos tenía todos los asientos ocupados y unas cuatro personas agarradas de las barandas con cara de cansancio y aburrimiento. Sube una chica de unos 17 años que comentaba a su amigo -un muchacho que aparentaba la misma edad de la adolescente vestido de jeans y con un gorrito de joker bicolor (crema y rojo)- lo bueno que estuvo el partido.

-¿Fueron al partido? -preguntó un joven con peinado de 'tiburón' (cabellos parados en el medio) a la chica- ¿Qué tal, estuvo?
-Sí -afirmó la chica- bravazo, ganó la 'U' 2 a 1 a la Alianza.
-Metieron un gol a último minuto -agregó su amigo hincha crema.
-Cierren las ventanas están que bajan los barristas -dijo alzando la voz el chofer.

Mirando alrededor, hombres, hombres, unas cuantas chicas y más hombres pasaban con polo (o sin él) entre los buses, combis y autos. Tocando las ventanas (para saludarnos supongo) y meciendo la coaster.

La chica había salido del estadio junto a su amigo 10 minutos antes de que el partido concluyera pero se había enterado del resultado final mientras caminaba por la avenida 28 de julio escuchando los comentarios de los chóferes de las combis y autos entre alegrías y cólera sobre el gran triunfo de la 'U'.

10:25 pm
Las ventanas comenzaron a sudar, todo el CO2 que botábamos y volvíamos a respirar estaba dentro de la coaster. Tosiendo de vez en cuando decidí quitarme la chalina y pedirle a una joven que estaba a mi lado que abriera un poquito la ventana. Temerosa, decidió hacerme caso. Cuando mi madre le pidió al muchacho con peinado de tiburón que hiciera lo mismo que la joven de mi costado, él se negó diciendo que temía que le quitarán la mochila -que a propósito estaba pegada a su espalda puesto que estaba sentado con ella. El profesor de colegio que estaba al lado de mi madre le repitió la sugerencia, el chico volvió a negarse. Varios lo hicieron -salvo el amigo de éste que estaba hasta el momento callado- pero nada.

-¿Qué acaso eres mariquita?- dijo mi mamá provocando (para variar) al tiburón.
-Señora, no sabe que me pueden sacar la mochila? -señaló el joven.
-Pero la tienes en tu espalda o ponla abajo de tus piernas -agregó mi mamá.
-Venga usted aquí a ver -expresó el amigo del tiburón.
-No, es muy peligroso no voy a arriesgar mi seguridad por eso -afirmó el chico del peinado fashion.
-Párate y voy -enfatizó mi mamá.
- Ya, oye, abre un poco la ventana que no sale ni tu cabeza por una rajita (hablaba de la ventana abierta) enfatizó la chica que asistió al partido.
-Sí abre un poquito nada más -agregué.

El chico finalmente abrió un poco la ventana. Mientras, mi mamá hablaba con el profesor de colegio todo el rollo sobre los muchachos de hoy en día. Una mujer alzó la voz diciendo que por favor se callaran. Mi mamá ni el profesor le hicieron caso pero les dije que ya no sigan para evitar problemas. Dejaron de hablar sobre la masculinidad para hablar del fútbol.


10:35pm
Parado a mi derecha estaba un señor que seguro se reía en su mente (con una pícara sonrisa en su cara) al escuchar a mi madre decir que todos deberían ver fútbol desde su casa para evitar la violencia física y la que incluye hablar palabrotas del A a la Z, que no pasaría afuera sino dentro del bus.

Eso comenzó cuando todos queríamos linchar al cobrador y chofer porque tenían intención de recoger más pasajeros.

-No se pase, pues -gritamos varios.
-Por un sol no va a arriesgar la seguridad de todos los demás -siguió el tiburón.
-Si sube a alguien bajamos al cobrador -agregó riéndose mi mamá.
-Y al chofer -añadió la chica hincha de la 'U'.
-Siii -dijeron los demás.

Mientras convencíamos al cobrador y chofer con ajos y cebollas de que no se les ocurra abrir la puerta a los que la tocaban, las demás coaster, combis y otros autos comenzaron a avanzar.
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