Dibujito
Aunque respeto sus aportes, no soy muy amiga de la investigación psicológica 100 % cuantitativa. Por los temas que me interesan me es mucho más útil y amable una aproximación mixta, que integre lo cualitativo en la lógica de investigación.

Barbara Rogoff y Cathy Angelillo, en un artículo que recomiendo mucho a los que deseen tener una visión crítica del abuso de metodología cuantitativa que a veces prima en la psicología, señalan como problemática la aproximación común que trata a la cultura (igualada usualmente a etnicidad) como una variable independiente e intenta controlar esta variable, mantenerla constante o aislarla. Para Rogoff, la idea que subyace a dicha aproximación es que la cultura es una “caja” de características fijas e inmutables (etnicidad, raza, estatus socioeconómico, etc.) que se relacionan entre sí, que los individuos poseen o no poseen y que son categorías “limpias” que reflejan la realidad (y cuando no, simplemente hay que añadir más “cajas” para solucionar el problema). Esto, argumentan Rogoff y Angelillo, atenta contra la investigación, especialmente la investigación cultural psicológica o antropológica, pues no permite capturar ni entender los dinamismos de las prácticas culturales.


Con mucha claridad se dice en el artículo que menciono que la metodología de investigación es un instrumento al servicio de la investigación (un medio, no un fin) y no debe ser una manera de “entender” la realidad o pensarse como un reflejo del modo en que se organiza el mundo. Separar las variables para estudiarlas puede ser eventualmente conveniente con fines metodológicos, pero siempre será una ficción.

Siendo honesta, debo decir que he visto mucha investigación de corte cuantitativo cuyo aparato estadístico sofisticado solo es una manera de camuflar la pobreza conceptual y de impresionar al que no sabe nada de estadística. Muchos estudios violan una serie de supuestos que están (o deberían estar) detrás de los análisis que aplican (como el de homogeneidad de varianza, el de distribución normal, y muchos otros más complejos) y nunca dicen nada sobre estos supuestos al presentar sus resultados, simplemente los asumen como ya dados. Cuando estos supuestos no se cumplen y se opera como si se cumplieran, los resultados son, por decir lo menos, sospechosos.

El caso más divertido -y terrible a la vez- lo ví mientras estudiaba mi doctorado en Fordham. Allí, tuve un profesor, especialista en psicología de la personalidad, que de verdad sabía encontrar aquello que quería en sus investigaciones simplemente manipulando la estadística a su gusto y conveniencia. Si sus hipótesis no se probaban, pues usaba otro estadístico, ajustaba por aquí, aflojaba por allá, eliminaba casos de su muestra... y así, hasta encontrar lo que deseaba. El mismo se reía de lo que hacía y medio en broma nos decía que lo que había que hacer para investigar era "torturar los datos hasta que confiesen" (torture the data until they confess!! decía riéndose). Bromas aparte, esto para mi ejemplifica mucho de lo que sucede cuando se abusa de la estadística y del enfoque cuantitativo en una disciplina cuya naturaleza demanda también de otros enfoques.

El artículo de Rogoff y Angelillo que menciono es este:

Rogoff, B. y Angelillo, C. (2002). Investigating the Coordinated Functioning of Multifaceted Cultural Practices in Human Development. Human Development, 45, 211-225

Y hay una versión en castellano en un libro que sacamos en el 2006:

Rogoff, B.; Angelillo, C., Mejía-Arauz, R. Rivera, H. y Frisancho, S. (2006). Investigar la diversidad cultural. Teoría, conceptos y métodos de investigación para la educación y el desarrollo. México: ITESO