22/04/06: Juan el oso, relato acerca de la endogamia y la exogamia
Extracto del libro Parentesco, reciprocidad y jerarquía en los andes. del antropólogo Juan Ossio.
Endogamia y exogamia
Aunque no podamos, por el momento, señalar reglas positivas más específicas, queda al menos claro que en la sociedad andina existe una orientación endogámica, bastante generalizada, que se contrapone a las normas que prohíben el incesto. Gracias a estas reglas se asegura la reproducción del orden social y se logra el mantenimiento de la integridad del grupo. Por consiguiente su éxito depende de mantenerse en equilibrio. Demasiada endogamia puede dar lugar al incesto y demasiada exogamia, a la disrupción de la sociedad.
A riesgo de parecer un tanto impresionistas, pensamos que la necesidad de mantener el equilibrio entre estas dos reglas también es percibida por los mismos nativos y que la expresan en la gran acogida que han brindado al cuento europeo sobre el Oso Raptor, uno de los más extendidos en los Andes, y en el tema del condenado que le han añadido. Es quizás en el departamento de Ayacucho donde encontramos las versiones más representativas, aunque el nombre del héroe tiende a variar: algunas veces es conocido como el Maqta Peludo (El Joven Peludo), Juan el Oso, Juan Vela, etc. A continuación resumiremos una de las versiones más típicas, recogida por Arguedas en Lucanamarca, y luego daremos nuestra interpretación.
El cuento empieza narrando la historia de un hombre y una mujer sin hijos que vivían en el campo. Se dice que en esos parajes las mujeres no podían andar solas porque había un oso que las raptaba. Un día el marido tuvo que ausentarse al pueblo. Deja bien aprovisionada a su mujer para que no tenga que salir y se marcha. En el pueblo se queda más tiempo del debido, pues tiene que atender los funerales de un hermano que fallece, que duran cinco días. La mujer, mientras tanto, se ve obligada a buscar alimentos en el campo y es raptada por el oso. Conviven por más de un año. Al principio el oso alimenta a la mujer con carne cruda de vacunos y ovinos y después sólo le trae burros y perros. Al año y dos meses la mujer quedó encinta y da a luz a un varoncito que tenía el cuerpo cubierto de vellos pero cuya cabeza y rostro eran humanos. En esta etapa la alimentación de la mujer consistía en culebras y sapos. Al llegar a los dos meses el niño ofrece librar a su madre valiéndose de un ardid. Sugiere a su madre solicitar permiso al oso para lavar los pañales en el río. El oso consiente, pero le amarra una soga para que no se escape. La mujer, a su vez, pide a una rana que se encargue de la soga y que conteste por ella cuando el oso la llame. Después de un rato el oso descubre el engaño y observa que su hijo, que crece mágicamente, lleva a su madre en sus brazos por el medio del río. Ya en la orilla opuesta el padre y el hijo pelean. Primero el hijo lo hace con una rama de árbol que se bifurcaba en dos y luego a puñetazos. Mata a su padre y luego, haciéndose pequeño nuevamente, alcanza a su madre.
Camino de regreso se encuentran con el marido de la mujer; deciden hacer bautizar al hijo del oso y el sacerdote, además de acceder al bautizo, acepta ser su padrino. El niño comienza a crecer rápidamente. De dos o tres años ya come muchísimo. Su apetito va en aumento con el correr del tiempo y se convierte en una amenaza para el pueblo y para su padrino. Además desarrolla una fuerza descomunal, que la descarga en diversas ocasiones: una vez cuando bañándose en el río sufre las burlas de sus compañeros de escuela por ser peludo, en otra ocasión cuando por orden de su padrino se le impide tocar las campanas, por las cuales había cobrado gran afición, y finalmente cuando nuevamente por orden de su padrino treinta hombres intentan hacerlo caer dentro de una sepultura en la iglesia. Al cumplir 25 años su padrino lo hace capear un toro bravo para deshacerse de él. También sale airoso y como último intento el cura lo manda a pelear con un Condenado que había devorado a muchas personas. En el camino es advertido de que se trata de un ser muy peligroso, que en vida había sido un hombre muy avaro y que por tal razón se había condenado. Acompañado de un perro rojo se enfrenta a este personaje por tres noches consecutivas. La primera vez usa hachas, la segunda picos y barretas y la tercera troncos de árboles. En cada ocasión el perro lo ayuda devorando los pedazos de carne del Condenado, que se desprenden de su cuerpo. En la tercera oportunidad lo logra vencer y el Condenado alcanza su salvación transformándose en una paloma blanca. Agradecido por haber sido salvado, este personaje recompensa al hijo del oso dándole a su hija en matrimonio y tres vasijas de oro y cinco de plata. El Maqta Peludo, a su vez, recobra la normalidad y vuelve a comer como cualquier ser humano (Arguedas, 196061, p. 185193).
Para empezar podemos decir que este cuento sigue una secuencia que, al igual que los ámbitos espaciales a que se alude, se encuentra marcada por valores que pueden ser descritos como nosociales y sociales. Toda la primera parte se desarrolla en un ámbito alejado de lo urbano. La mujer vive con su marido en el campo y luego, al ser raptada por el oso, es llevada a un ámbito que se va tornando cada vez más salvaje. Primero se alimenta de carne cruda, que al principio es de vacunos y ovinos, pero que paulatinamente decae hasta ser de sapos y culebras. Este mundo nosocial se separa de aquel que es social por un río y es aquí donde se libra el combate entre el oso y su hijo, que permitirá el reingreso a la sociedad de este último y su madre. Sin embargo, la incorporación del Maqta Peludo a este medio no es inmediata. Se trata de un ser anómalo que trae la herencia del ámbito que lo originó. Además, es el producto de una relación excesivamente exogámica: la de un ser humano con un animal . De aquí que su padrino de bautismo sea un cura, (que, como hemos visto, por no casarse no es plenamente social) y que además se convierta en un peligro, pues amenaza con acabar con los alimentos y con destruir vidas ajenas por su enorme fuerza. Así transcurre su existencia hasta que llega a una edad adulta y su padrino lo manda a pelear con el Condenado. Como hemos visto anteriormente las causas que conducen a la condenación son el incesto y la avaricia. Ambas causales tienen en común el impedir la reproducción del orden social. Siguiendo a LéviStrauss podemos decir que en el primer caso se impide la circulación de mujeres y en el segundo la circulación de bienes. De todo esto se puede inferir que, en oposición al hijo del oso, el Condenado es el producto de una relación excesivamente endogámica que sólo puede tener lugar en un ámbito estrictamente social. Al igual que el hijo del oso, en este caso nuevamente estamos ante la presencia de un ser anómalo, pues el Condenado es un devorador de seres humanos. Llegados a este punto queda claro que la lucha entre el Maqta Peludo y el Condenado representa la oposición equilibrada de las reglas endogámicas y exogámicas a través de las cuales se sustenta el orden social andino. Reafirmándose la condición anómala y de oposición complementaria que une a los contrincantes, el desenlace del cuento también es equilibrado: nadie pierde. La lucha restablece el orden, pues el condenado, al ser "derrotado", se va a la Gloria, y el Maqta Peludo retorna a la normalidad y se casa con la hija de su rival. Este final sugiere, pues, que en la sociedad andina el orden florece a través de intercambios recíprocos entre individuos diferentes, pero que se equilibran mutuamente. Sin embargo, como en el concepto de yanantin (ver p. 220), dentro de esta tónica de igualdad también se esconde una pequeña asimetría: el restablecimiento del orden se logra sobre el "triunfo" del joven peludo. Es decir, en última instancia, sobre la "derrota" que el engendro de la excesiva exogamia infiere en el de la excesiva endogamia. Para nosotros lo que este detalle sugiere es que por su capacidad expansiva y dinámica la exogamia tiene un mayor valor social que la endogamia a la vez que pone de manifiesto la existencia de un gran potencial de apertura en la sociedad andina.
OSSIO, Juan. Parentesco, reciprocidad y jerarquía en los andes. Lima: PUCP, 1992, pp. 243 - 246.
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Endogamia y exogamia
Aunque no podamos, por el momento, señalar reglas positivas más específicas, queda al menos claro que en la sociedad andina existe una orientación endogámica, bastante generalizada, que se contrapone a las normas que prohíben el incesto. Gracias a estas reglas se asegura la reproducción del orden social y se logra el mantenimiento de la integridad del grupo. Por consiguiente su éxito depende de mantenerse en equilibrio. Demasiada endogamia puede dar lugar al incesto y demasiada exogamia, a la disrupción de la sociedad.
A riesgo de parecer un tanto impresionistas, pensamos que la necesidad de mantener el equilibrio entre estas dos reglas también es percibida por los mismos nativos y que la expresan en la gran acogida que han brindado al cuento europeo sobre el Oso Raptor, uno de los más extendidos en los Andes, y en el tema del condenado que le han añadido. Es quizás en el departamento de Ayacucho donde encontramos las versiones más representativas, aunque el nombre del héroe tiende a variar: algunas veces es conocido como el Maqta Peludo (El Joven Peludo), Juan el Oso, Juan Vela, etc. A continuación resumiremos una de las versiones más típicas, recogida por Arguedas en Lucanamarca, y luego daremos nuestra interpretación.

Camino de regreso se encuentran con el marido de la mujer; deciden hacer bautizar al hijo del oso y el sacerdote, además de acceder al bautizo, acepta ser su padrino. El niño comienza a crecer rápidamente. De dos o tres años ya come muchísimo. Su apetito va en aumento con el correr del tiempo y se convierte en una amenaza para el pueblo y para su padrino. Además desarrolla una fuerza descomunal, que la descarga en diversas ocasiones: una vez cuando bañándose en el río sufre las burlas de sus compañeros de escuela por ser peludo, en otra ocasión cuando por orden de su padrino se le impide tocar las campanas, por las cuales había cobrado gran afición, y finalmente cuando nuevamente por orden de su padrino treinta hombres intentan hacerlo caer dentro de una sepultura en la iglesia. Al cumplir 25 años su padrino lo hace capear un toro bravo para deshacerse de él. También sale airoso y como último intento el cura lo manda a pelear con un Condenado que había devorado a muchas personas. En el camino es advertido de que se trata de un ser muy peligroso, que en vida había sido un hombre muy avaro y que por tal razón se había condenado. Acompañado de un perro rojo se enfrenta a este personaje por tres noches consecutivas. La primera vez usa hachas, la segunda picos y barretas y la tercera troncos de árboles. En cada ocasión el perro lo ayuda devorando los pedazos de carne del Condenado, que se desprenden de su cuerpo. En la tercera oportunidad lo logra vencer y el Condenado alcanza su salvación transformándose en una paloma blanca. Agradecido por haber sido salvado, este personaje recompensa al hijo del oso dándole a su hija en matrimonio y tres vasijas de oro y cinco de plata. El Maqta Peludo, a su vez, recobra la normalidad y vuelve a comer como cualquier ser humano (Arguedas, 196061, p. 185193).
Para empezar podemos decir que este cuento sigue una secuencia que, al igual que los ámbitos espaciales a que se alude, se encuentra marcada por valores que pueden ser descritos como nosociales y sociales. Toda la primera parte se desarrolla en un ámbito alejado de lo urbano. La mujer vive con su marido en el campo y luego, al ser raptada por el oso, es llevada a un ámbito que se va tornando cada vez más salvaje. Primero se alimenta de carne cruda, que al principio es de vacunos y ovinos, pero que paulatinamente decae hasta ser de sapos y culebras. Este mundo nosocial se separa de aquel que es social por un río y es aquí donde se libra el combate entre el oso y su hijo, que permitirá el reingreso a la sociedad de este último y su madre. Sin embargo, la incorporación del Maqta Peludo a este medio no es inmediata. Se trata de un ser anómalo que trae la herencia del ámbito que lo originó. Además, es el producto de una relación excesivamente exogámica: la de un ser humano con un animal . De aquí que su padrino de bautismo sea un cura, (que, como hemos visto, por no casarse no es plenamente social) y que además se convierta en un peligro, pues amenaza con acabar con los alimentos y con destruir vidas ajenas por su enorme fuerza. Así transcurre su existencia hasta que llega a una edad adulta y su padrino lo manda a pelear con el Condenado. Como hemos visto anteriormente las causas que conducen a la condenación son el incesto y la avaricia. Ambas causales tienen en común el impedir la reproducción del orden social. Siguiendo a LéviStrauss podemos decir que en el primer caso se impide la circulación de mujeres y en el segundo la circulación de bienes. De todo esto se puede inferir que, en oposición al hijo del oso, el Condenado es el producto de una relación excesivamente endogámica que sólo puede tener lugar en un ámbito estrictamente social. Al igual que el hijo del oso, en este caso nuevamente estamos ante la presencia de un ser anómalo, pues el Condenado es un devorador de seres humanos. Llegados a este punto queda claro que la lucha entre el Maqta Peludo y el Condenado representa la oposición equilibrada de las reglas endogámicas y exogámicas a través de las cuales se sustenta el orden social andino. Reafirmándose la condición anómala y de oposición complementaria que une a los contrincantes, el desenlace del cuento también es equilibrado: nadie pierde. La lucha restablece el orden, pues el condenado, al ser "derrotado", se va a la Gloria, y el Maqta Peludo retorna a la normalidad y se casa con la hija de su rival. Este final sugiere, pues, que en la sociedad andina el orden florece a través de intercambios recíprocos entre individuos diferentes, pero que se equilibran mutuamente. Sin embargo, como en el concepto de yanantin (ver p. 220), dentro de esta tónica de igualdad también se esconde una pequeña asimetría: el restablecimiento del orden se logra sobre el "triunfo" del joven peludo. Es decir, en última instancia, sobre la "derrota" que el engendro de la excesiva exogamia infiere en el de la excesiva endogamia. Para nosotros lo que este detalle sugiere es que por su capacidad expansiva y dinámica la exogamia tiene un mayor valor social que la endogamia a la vez que pone de manifiesto la existencia de un gran potencial de apertura en la sociedad andina.
OSSIO, Juan. Parentesco, reciprocidad y jerarquía en los andes. Lima: PUCP, 1992, pp. 243 - 246.

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Ruth Lôpez Escudero escribió: