29/03: Contra la discriminación en La Ciudad Blanca
Una noticia importante ha pasado casi desapercibida estos días. Las Municipalidades de Cayma, Yanahuara y Cerro Colorado publicaron Ordenanzas contra la discriminación en locales abiertos al público. Si bien, lo publicado se refiere solo a locales donde la atención al público es lo central, es un primer gran avance para generar conciencia y luchar contra todo tipo de discriminación en la región.
Lo peculiar en las Ordenanzas de Cayma y Cerro Colorado, es que quienes tramiten la autorización de funcionamiento, tendrán que presentar como requisito una declaración jurada indicando que en su local no se producirán prácticas discriminatorias de ninguna índole. Interesante propuesta, si vemos que la mayoría de prácticas discriminatorias se hacen de manera “solapa”.
Por ello llama la atención que ordenanzas con ese contenido sea publicadas, porque ponen de manifiesto un tema que poco o nada se discute: el de la discriminación en general y el de la discriminación racial en particular, siendo este tipo de discriminación la que se practica con mayor cotidianidad, hasta el punto de convertirse en algo natural, a pesar de ser algo que genere dolor y resentimiento, tal como explica el psicoanalista Jorge Bruce en su libro “Nos Habíamos Choleado Tanto”.
Muchas veces, en la región se ha escuchado que Arequipa es “la ciudad blanca” no por los sillares, característica principal en sus construcciones, sino porque los “mistis” o los blancos eran una especie de verdaderos ciudadanos, y los indios –impedidos de ingresar al centro de la ciudad- vivían relegados a la periferia ciudad. Ignorados y condenados al ninguneo de la época. Condenados al exilio. En suma, ciudadanos de segunda clase, cuando con suerte eran considerados ciudadanos. El problema es que se cuenta esta historia inflando el pecho, sintiendo orgullo por ese pasado segregador, que genera y recrea conciencias de dominantes y de dominados.
Lamentablemente la discriminación hoy, en la ciudad blanca, se evidencia en las relaciones sociales, y se presenta, -como en todo el país- como una enfermedad de la que no estamos acostumbrados hablar y que poco o nada se hace por enfrentarla. Por ello estas Ordenanzas deberían ser aplaudidas y promovidas para que el resto de las municipalidades de Arequipa, y del país, transiten por ese camino.
Si bien, las Ordenanzas no nos harán cambiar de mentalidad de la noche a la mañana, ponen el dedo en una de las llagas nacionales, y promueven la lucha contra toda clase de discriminación y llaman la atención sobre que algo grave viene pasando y desde hace mucho tiempo.
Más ordenanzas
En Lima, en diciembre del 2006, se publicó la primera Ordenanza contra la discriminación en locales públicos en la Municipalidad de Magdalena del Mar y en el 2007 en San Miguel.
Asimismo, el mes pasado la Municipalidad de Abancay, departamento de Apurímac, aprobó una muy completa ordenanza contra la discriminación, que no solo se refiere a los locales abiertos al público, sino que aborda el tema en toda su dimensiòn.
Lo peculiar en las Ordenanzas de Cayma y Cerro Colorado, es que quienes tramiten la autorización de funcionamiento, tendrán que presentar como requisito una declaración jurada indicando que en su local no se producirán prácticas discriminatorias de ninguna índole. Interesante propuesta, si vemos que la mayoría de prácticas discriminatorias se hacen de manera “solapa”.
Por ello llama la atención que ordenanzas con ese contenido sea publicadas, porque ponen de manifiesto un tema que poco o nada se discute: el de la discriminación en general y el de la discriminación racial en particular, siendo este tipo de discriminación la que se practica con mayor cotidianidad, hasta el punto de convertirse en algo natural, a pesar de ser algo que genere dolor y resentimiento, tal como explica el psicoanalista Jorge Bruce en su libro “Nos Habíamos Choleado Tanto”.
Muchas veces, en la región se ha escuchado que Arequipa es “la ciudad blanca” no por los sillares, característica principal en sus construcciones, sino porque los “mistis” o los blancos eran una especie de verdaderos ciudadanos, y los indios –impedidos de ingresar al centro de la ciudad- vivían relegados a la periferia ciudad. Ignorados y condenados al ninguneo de la época. Condenados al exilio. En suma, ciudadanos de segunda clase, cuando con suerte eran considerados ciudadanos. El problema es que se cuenta esta historia inflando el pecho, sintiendo orgullo por ese pasado segregador, que genera y recrea conciencias de dominantes y de dominados.
Lamentablemente la discriminación hoy, en la ciudad blanca, se evidencia en las relaciones sociales, y se presenta, -como en todo el país- como una enfermedad de la que no estamos acostumbrados hablar y que poco o nada se hace por enfrentarla. Por ello estas Ordenanzas deberían ser aplaudidas y promovidas para que el resto de las municipalidades de Arequipa, y del país, transiten por ese camino.
Si bien, las Ordenanzas no nos harán cambiar de mentalidad de la noche a la mañana, ponen el dedo en una de las llagas nacionales, y promueven la lucha contra toda clase de discriminación y llaman la atención sobre que algo grave viene pasando y desde hace mucho tiempo.
Más ordenanzas
En Lima, en diciembre del 2006, se publicó la primera Ordenanza contra la discriminación en locales públicos en la Municipalidad de Magdalena del Mar y en el 2007 en San Miguel.
Asimismo, el mes pasado la Municipalidad de Abancay, departamento de Apurímac, aprobó una muy completa ordenanza contra la discriminación, que no solo se refiere a los locales abiertos al público, sino que aborda el tema en toda su dimensiòn.
Etiquetas : Racismo, Discriminación, Arequipa

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