Laura Jorquera Gómez, chilena, entró en la vida de AG cuando este cumplía 11 años y volvía del Callao a la ciudad de Arequipa.

Juan Carlos Soto y Guiliana Retamozo/ Arequipa. La República

Los psiquiatras señalan que la niñez es una etapa clave en la vida de las personas. Ahí se forma su personalidad. Ahí, tal vez, puede bucearse el oscuro mundo interno que llevó a Abimael Guzmán a crear una organización de terror y muerte, como fue Sendero Luminoso.

Nacido el 3 de diciembre de 1934, el cabecilla de SL creció en un escenario de conflicto y marginalidad. Hijo bastardo de la relación extramatrimonial de Abimael Guzmán Silva y Berenice Reinoso. Todas las fuentes afirman que la madre del pequeño Guzmán murió cuando este tenía diez años. Susana, la hermanastra del cabecilla terrorista, que escribió una historia novelada de la familia, sostiene lo contrario. La madre abandonó a Abimael porque decidió casarse y rehacer su vida afectiva, pero sin él. Según Susana, el niño tenía ocho y no diez cuando ocurrió el destete. Un tío materno que vivía en el Callao asumió la custodia del menor.

ELOGIO A LA MADRASTRA

En su nueva familia, el pequeño Abimael recibió maltratos. Le hacían lavar los platos, le dejaban cuidando la casa mientras ellos salían a pasear. Estas quejas, el pequeño las escribió en una carta dirigida al padre. La misiva cayó en poder de Laura Jorquera Gómez, en ese entonces esposa oficial de Guzmán Silva. La madrastra quedó consternada por la epístola. Y ordenó al esposo que trajera de vuelta al hijo a Mollendo. El pequeño llegó en la Navidad de 1945. La madrastra le regaló un telescopio y un abrazo.

Ya para ese entonces, recuerda Susana, Abimael era un tipo huidizo que camuflaba bien sus sentimientos: por ejemplo, nunca lloraba en público.

Abimael encontró en Laura el afecto que le negaron sus progenitores biológicos. Su padre tampoco tenía un trato directo con él, viajaba mucho. Según el libro de Santiago Roncagliolo, La cuarta espada, Guzmán siempre tuvo presente a la madrastra. En los tiempos en que Sendero ya había desatado una orgía de sangre en el país, no olvidaba el día de su cumpleaños. Timbraba el teléfono. Laura decía: ¡Aló!, y en la otra línea contestaba el silencio. Ella sabía que era su hijastro. No se identificaba porque la policía estaba tras sus pasos.

Amigos de infancia de Abimael en Mollendo (capital de la provincia de Islay) y hasta donde llegamos como parte de este informe recuerdan aún la casa de los Guzmán- Jorquera en la tercera cuadra de la calle Independencia, en el centro poblado llamado El Arenal. En la fachada del inmueble está congelado el tiempo. El diseño original luce intacto. En el interior, si se percibe una construcción moderna de 2 pisos, realizada por los actuales propietarios: los Cárdenas. Bajo ese techo, vivió Guzmán por lo menos dos años.

Edgardo Torres López fue uno de sus compinches de aventura. "Abimael no era malo acá, cuando se fue a Arequipa se perdió", nos dice el veterano. Torres López fue testigo del amor que le tenía la madrastra a su amigo. "Cada vez que le ganaba en el juego de canicas, él se quejaba y ella (Laura) salía a perseguirme para que se las devolviera", agrega.

Un familiar cercano a Laura Jorquera confirmó que la dama chilena sufrió al enterarse del arresto de Abimael, capturado en una vivienda de Surco el 12 de setiembre de 1992. Pero fue un dolor silencioso. Nunca lo exteriorizó.

DESACUERDOS




De Chile. Jorquera Gómez, foto de archivo proporcionada por su familia.




Del álbum. Familia Guzmán Jorquera, en los años 80, en Arequipa.

Laura jamás aceptó que el niño criado en su casa junto con sus hijos biológicos se hubiera convertido en uno de los seres más despiadados de la historia. "Ellos (Abimael padre y Laura) nunca estuvieron de acuerdo con la ideología que profesaba Abimael y menos se enteraron de su inserción en las filas subversivas", dice una allegada de los Guzmán.



Si algo caracterizó a la mujer responsable del retorno de Abimael a Arequipa, fue el amor que profesaba a sus hijos, aún aquellos que nacieron fuera del hogar conyugal. Después de su muerte en 1996, la tumba que guarda los restos de Laura Jorquera, en el cementerio La Apacheta, sigue igual. Es la única de la cuarta fila del pabellón San Benito C que no tiene flores. Apenas un florero vació es lo único que acompaña a la fría lápida sobre la que se distingue el nombre de Laura Jorquera de Guzmán.

EL PADRASTRO PERUANO DE LAURA

Según la crónica escrita por el diario La Tercera de Chile, Laura Jorquera también fue huérfana. Nacida en Talca en 1920 sus padres fueron el español Enrique Jorquera y la costurera chilena Luzmila Gómez.

Luzmila enviudó joven y contrajo nupcias con un minero peruano. La familia vivía en Tarapacá, un territorio rico en salitre que perdió Perú en la Guerra del Pacífico. Consumada la ocupación chilena, a los peruanos los expulsaron. Por su padrastro, Laura y su madre a pesar de ser chilenas corrieron la misma suerte. Llegaron a Arequipa a fines de la década del veinte.

En circunstancias poco claras, Laura conoció a los 16 años a Abimael Guzmán un próspero comerciante, responsable de la contabilidad de la hacienda de Benito Núñez, uno de los principales hacendados de Islay. Quedó prendada de él sin conocer su impulsiva promiscuidad. No hay información de las relaciones de Laura y su padre peruano de ocasión. Sin embargo, en algo debe haber influido para que esta mujer sea bondadosa con la descendencia procreada por su esposo fuera del matrimonio.

En el libro de Roncagliolo, un hermanastro contó: "Llegué a contar diez hermanos míos, pero de distintas madres". Se dice que no todos los vástagos legítimos del matrimonio estaban de acuerdo con el buen corazón de Laura. El mayor la recriminaba por haber recogido a tanto indio.

EL DATO

Mollendo. Según el historiador Enrique Chávez Jara, Abimael vivió dos años en Mollendo después de su regreso del Callao. Estudió en la Escuela Moderna. Partieron a Arequipa para seguir estudios de secundaria. Se instalaron en la calle Álvarez Thomas 307 que aún sigue en pie.