
En el año 1999 en reflexiones compartidas Maturana y su colaboradora Ximena Dávila se dan cuenta que el dolor y el sufrimiento en el vivir y convivir del ser humano tiene un origen cultural. Fue Ximena Dávila quien sugirió desde su experiencia de psicóloga que los problemas por los cuales la gente solicita ayuda son de naturaleza cultural. Afirma ella “ he hecho un descubrimiento, el dolor por el que se pide ayuda [...] en nuestro presente cultural , surge siempre de la negación, sistemática y recursiva a que nos somete la cultura patriarcal – matriarcal en que vivimos” (Porksen 2004: 6). A partir de este descubrimiento Maturina y Ximena Dávila entrelazan la biología del conocer y la biología del amar que lo expresan en el siguiente diagrama :

El diagrama representa la dinámica reflexiva de un observador a la que puede tener acceso desde la curiosidad o desde el dolor. En las distinciones, algo me asombra y me pregunto ¿porqué?, se ingresa a la reflexión desde la curiosidad o algo me duele y me pregunto ¿porqué? Se ingresa a la reflexión desde el dolor.
Este entrelazamiento permite a su vez visualizar los caminos de salida del dolor, al darnos cuenta que si es de origen cultural, depende de las conversaciones que se conservan, en consecuencia el cambio consciente de las conversaciones es la puerta de salida de dicho entrampamiento. A estas conversaciones Dávila las denomina Conversaciones liberadoras (2007).
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