14/mar/2008: El voto voluntario (nuevamente) en debate
IMPORTANTE: Algunos alcances más actuales sobre este tema se realizan en el post: "El voto facultativo (nuevamente) a la congeladora. El culebrón de nunca acabar".
Como sabemos, en nuestro país el ejercicio del voto es obligatorio; sin embar- go, desde hace algún tiempo existen voces que abogan porque deje de serlo y se convierta en voluntario (o facultativo, como dicen algunos). En esa línea, de acuerdo a la agenda aprobada por la Comisión de Consti- tución y Reglamento del Congreso de la República, se ha previsto debatir en la presente legislatura (segunda del periodo legislativo 2007-2008) la reforma del artículo 31º de la Constitución, con el objeto de instaurar el voto voluntario.
No es la primera vez que en los predios parlamentarios se trata de instaurar el voto voluntario. Como lo informamos en un artículo anterior, entre los meses de marzo y abril de 2005 (durante el periodo parlamentario 2001-2006), se intentó realizar dicha reforma constitucional. La propuesta fue discutida y se aprobó a nivel de comisión por seis votos a favor, cuatro en contra y dos abstenciones, obteniéndose dictamen favorable; sin embargo, los promotores de la reforma no lograron el consenso suficiente para su aprobación, por lo cual ya no insistieron en que el dictamen se someta a votación del Pleno del Congreso.
En ese entonces, cuando ya se vislumbraba que la referida reforma constitucional no prosperaría, algunos parlamentarios partidarios del voto voluntario propusieron que se eliminen las multas a los ciudadanos omisos al sufragio. Adecuando dicha iniciativa legislativa, se aprobó un dictamen que proponía mantener las multas, pero establecía que ya no sería exigible que en el Documento Nacional de Identidad (DNI) figure la constancia de votación o de la dispensa respectiva para realizar actos civiles, comerciales, judiciales y administrativos; lo cual implicaba suprimir el único elemento coercitivo que asegura que los ciudadanos omisos al sufragio paguen la multa correspondiente.
Nosotros nos opusimos a dicha iniciativa ya que, aunque la misma mantenía formalmente la obligatoriedad del voto, en la práctica dejaba sin efecto la opción del constituyente por el voto obligatorio, al dejar sin sanción efectiva el incumplimiento del deber de votar. Es decir, implicaba una instauración de facto del voto voluntario. Asimismo, señalamos que, debido a su trascendencia para el sistema político, la eventual instauración del voto voluntario no debería hacerse cortando camino y evitando la reforma constitucional; y que, más bien, sus promotores deberían poner sus esfuerzos en convencer a la mayoría sobre las bondades del voto voluntario.
Aunque posteriormente se aprobó una ley que pretendía suprimir las restricciones derivadas del incumplimiento del deber electoral de emitir el voto que tienen los ciudadanos (Ley N.º 28859, publicada el 3 de agosto de 2006 bajo el título “Ley que suprime las restricciones civiles, comerciales, administrativas y judiciales; y reduce las multas en favor de los ciudadanos omisos al sufragio”); tal como lo demostramos en nuestro artículo “La subsistencia de la ‘muerte civil’ para los omisos al sufragio”, debido a un error en su formulación, dicha norma legal no alcanzó su objetivo pretendido, por lo cual a la fecha subsisten en nuestro país las sanciones derivadas del deber de votar y, por tanto, la plena eficacia del voto obligatorio.
A pesar que en el actual parlamento peruano (2006-2011) aparentemente no existirían muchas posibilidades de realizar reformas constitucionales (debido a la falta de acuerdo de las fuerzas políticas que permita conseguir la votación calificada exigida para dicho efecto: 81 votos, es decir más de dos tercios del número legal de congresistas, en doble votación, conforme a lo establecido por artículo 206º de nuestra Carta Política), consideramos adecuado que cualquier propuesta de instauración del voto voluntario se realice por los canales adecuados, esto es, intentándose la imprescindible reforma constitucional y no sacándole la vuelta a la Constitución como se pretendía —felizmente que infructuosamente— con la aprobación de la Ley N.º 28859.
Algunas voceros de bancada, como Raúl Castro de Unidad Nacional, han anunciado que se opondrán a la reforma propuesta porque consideran que “una gran mayoría del país no está políticamente madura para un cambio de esta naturaleza”, y muchos congresistas están persuadidos que lo más probable es que no se conseguirán los 81 votos requeridos para aprobarla; sin embargo, los legisladores promotores del voto voluntario podrían intentar la otra alternativa considerada por el mismo artículo 206º de la Constitución: conseguir 61 votos (la mayoría absoluta del número legal de congresistas), luego de lo cual la propuesta tendría que ser sometida a referéndum.
Conseguir los 81 votos requeridos para reformar la Constitución si esta pretende hacerse únicamente en la instancia parlamentaria es, en efecto, muy poco probable; sin embargo, 61 votos sí podrían conseguirse, con lo cual se daría el primer paso de la reforma, dejándose a la voluntad del soberano, expresada en un referéndum, la decisión final. Esta misma ruta también podría intentarse en el caso de otras reformas constitucionales que se hacen cada vez más necesarias (como la tan mentada reforma de la administración de justicia), pero que por la referida imposibilidad de conseguir 81 votos no pueden ni podrían aprobarse de otro modo.
AMPLIACIÓN (19/mar/2008): Navegando por la red he encontrado algunos artículos que se manifiestan a favor o en contra del voto voluntario, los cuales pueden contribuir a este debate:
en esta esquina
EN CONTRA DEL VOTO VOLUNTARIO:
- Wilfredo Ardito, en su artículo "¿Y, precisamente ahora, quieren hacer el voto voluntario?", (Reflexiones Peruanas N.º 35, 04 de abril de 2005), analiza los problemas de gobernabilidad que podría generar la implementación del voto voluntario. Asimismo, destaca que "para muchas personas, el voto es el único acto en que se sienten ciudadanos" y que "en un país donde existen profundas brechas sociales y una fuerte concentración de poder, un sistema de voto facultativo es sumamente perjudicial."
- Fernando Tuesta, en sus artículos "El impacto del voto voluntario" y "Los dilemas sobre el voto facultativo" (publicados el año 2005, ahora disponibles en su blog "Polítika"), señala los problemas de ausentismo que podría generar el voto voluntario, así como las implicancias que ello tendría para la legitimidad del sistema político. Asimismo, en reciente entrevista al diario El Comercio, se opone a que el Congreso debata la eventual instauración del voto voluntario, ya que hay temas más importantes, y señala que "no existe ninguna evidencia que demuestre que el voto voluntario mejora la calidad del sufragio" en los países que lo adoptan.
- Luis Pásara, en su artículo "Voto facultativo, tiro de gracia" (Perú 21, 27 de febrero de 2005), considera que el voto facultativo "tiene sentido en países sólidamente constituidos..., con importantes niveles de integración y fuerte sentimiento de pertenencia [donde] votar o no votar es una decisión que no afecta el tejido de las relaciones existentes entre quienes comparten, mucho más que un territorio, un destino común." Sin embargo, en un país como el Perú, donde la ciudadanía aún está por construirse, la pretendida supresión del voto obligatorio podría acarrear efectos desastrosos; ya que el voto facultativo "contribuiría a un mayor debilitamiento del sistema de representación política" y "facilitaría el desenganche masivo del quehacer político. El ciudadano, que ya ahora se siente distante de la corroída escena oficial, quedaría habilitado para no sentir responsabilidad alguna por lo que en ella ocurra". En tal sentido, Pásara considera que el voto obligatorio es una coerción encaminada a la construcción de un espacio político compartido, al ser "un mecanismo equivalente, en su terreno, a la educación obligatoria", ya que, como ella "busca construir comunidad."
- Hugo Neira, en su artículo "¿Preparando el desorden? Voto en contra" (La República, 16 de abril de 2005), considera que la propuesta de instaurar el voto voluntario contiene un potencial de destrucción radical extremo, ya que: "Escinde de raíz país real y formal. Nadie quiere obedecer, y sin embargo vamos a ahondar la anomia y la esquizofrenia. En efecto, si la característica más destacada de nuestra situación es el estado de inestabilidad, ¿cómo a algunos puede ocurrírseles pensar que lo mejor es eludir, esquivar, zafarse de la representatividad masiva? Qué error. Las gigantescas placas movedizas, esa tectónica de placas de los movimientos populares espontáneos, que de Ilave a Andahuaylas reemplazan las urnas por la llanta quemada y el paro indefinido, va a proseguir. ¿Qué autoridad le dejan, para negociar, a quienes provengan de urnas vacías y desoladas salas de sufragio? El disparate es colosal. El atractivo del no-voto no pertenece a la razón."
- Francisco Sagasti, en su artículo "¿Derecho o deber" (La República, 14 de febrero de 2005), considera que en el contexto actual de transición inconclusa hacia la democracia que vive el país, el voto debe seguir siendo obligatorio, al menos por varios períodos electorales, entre otras razones, por las siguientes: porque "cuando el voto es voluntario existen mayores posibilidades de manipulación que cuando el voto es obligatorio"; porque "la obligatoriedad del voto es un incentivo... para que el elector se informe acerca de los candidatos y programas (¡aunque sea en la cola para votar!)"; porque el voto voluntario podría generar un elevado ausentismo, que ocasionaría el cuestionamiento de la legitimidad de los elegidos y sería una receta para la inestabilidad política; y porque la democracia implica derechos y deberes, entonces, votar una vez cada cinco o tres años no es una condición excesivamente onerosa para que los ciudadanos ejerzan sus derechos democráticos. Sagasti concluye señalando que "mientras estemos en un proceso de transición hacia la democracia, el voto obligatorio es un valioso instrumento de pedagogía política y de construcción de ciudadanía."
- Carlos Basombrío, en su columna "¿Y las reformas políticas?" (Perú 21, 29 de abril de 2007), admite ser un converso a favor del voto voluntario, y señala que antes pensaba que "la obligatoriedad ayudaría a hacer más inclusiva la política en un país que no puede darse el lujo de tener una exclusión más. Eso no ha ocurrido. El voto obligatorio ha contribuido más bien a la volatilidad política y ha sido caldo de cultivo para outsiders autoritarios de derecha y de izquierda. Quizás el voto voluntario ayude a que los partidos tengan que existir más allá de los tres meses previos a las elecciones y los obligue a trabajar para conquistar un interés real de la gente hacia la política y las prácticas democráticas. Eso, si es que quieren votantes en las urnas."
- Javier Torres Seoane, en su artículo "Voto voluntario: una opinión a favor", retruca los argumentos de quienes se oponen al voto voluntario, y considera que su implementación "hará más entendible el mapa de la ciudadanía en el Perú" y que, a pesar de sus riesgos, "la revolución que el voto voluntario puede significar en términos del sistema de partidos políticos en el Perú es un paso que hay que saludar, defender y promover para acabar con la tan desarrollada idea de la ciudadanía tutelada y asistida que [marcó] y atravesó toda la historia del siglo XX."
- Carlos Hakansson Nieto, en su artículo "El voto facultativo", considera que el derecho a elegir debe complementarse con la opción a "no elegir", que "se manifiesta en el deseo de no querer ejercer el derecho de participación, de mantener su independencia política, de querer vivir a espaldas al sistema o probablemente no compartir los ideales democráticos." Asimismo, señala que el voto facultativo obligará a los gobernantes a tomar medidas para promover que los ciudadanos se involucren en las grandes decisiones, como es elegir a los gobernantes; permitirá tomar el pulso a la transición democrática; y demandará la consolidación de los partidos.
- Los juristas Jorge Avendaño y Raúl Ferrero, según el diario Correo, también se pronuncian a favor del voto voluntario ya que "evitaría que salten a la palestra y ganen las elecciones generales candidatos 'improvisados', pues quienes acudirían a sufragar serían ciudadanos conscientes y preparados antes que electores que sólo cumplen con su deber ciudadano por temor a la imposición de una multa." Según la nota periodística, Avendaño señala que Alberto Fujimori y Ollanta Humala, con sus matices, son producto de esta improvisación.
- El mismo Raúl Ferrero, en su artículo "La democracia y sus modernas herramientas: El voto voluntario" (El Comercio, 08 de setiembre de 2007), aunque admite que existen algunos riesgos para pasar del voto obligatorio al voluntario (ya que el país carece de suficiente conciencia democrática y cívica y, además, se generaría ausentismo), considera que es un riesgo que hay que asumir, como lo han hecho países con mayores problemas (como Colombia, donde -según Ferrero- ha tenido buenos resultados). Asimismo considera que el voto obligatorio tiene de negativo que buena parte de los votantes, forzados a votar, termina decidiendo su voto en la misma cola, sin suficiente compromiso, sin la necesaria reflexión e improvisadamente.
- Finalmente, la joven ciudadana Laura Arroyo Gárate, en su artículo "El 'derecho' de votar", publicado en su blog Menos Canas, criticando a quienes consideran que en el Perú "aún no estamos preparados" para el voto voluntario, se pregunta ¿cuándo estaremos preparados? y se responde que, bajo esa perspectiva, en verdad nunca estaríamos preparados, por lo que propone que lo que hay que hacer es asumir el reto. Para ello no se requiere estar preparado, sino hay tener la intención de hacerlo. Laura concluye señalando, con optimismo, su creencia en que los peruanos ya estamos listos para asumir el reto del voto voluntario.
los contendores de esta esquina son los que dicen...
AMPLIACIÓN (12/abr/2008): Uno de los más entusiastas promotores del voto voluntario es Aldo Mariátegui, por lo que no haberlo incluido en la esquina de quienes están a favor de esa modalidad de ejercicio del sufragio, constituye una grave e injusta omisión, que a través de esta ampliación intentamos subsanar. Sorry Aldito.
De lo que no estamos muy seguros es si sus argumentos ayudan a su causa. Aldito, en su editorial del 4 de abril pasado ("¡Voto voluntario ya!"), considera que "el voto voluntario sería tan importante de implementar cuanto antes: para que no sufrague tanto burro desinformado y prime el voto pensado". Punto. En su editorial de ayer ("Por un mejor Congreso"), vuelve a la carga y, sustentando más extensamente su informada posición, señala que "(...) una persona informada e interesada en el tema va a sufragar mucho mejor que un ignorante que tan sólo acude a votar porque lo arrean con multas o aquellos (¡un 25% según las encuestas!) que deciden su voto en la cola. Un buen input garantiza un buen output. / Por supuesto que se corre el riesgo de corruptelas y que vaya gente pobre a votar en manada sólo por propinas. O que las clases acomodadas, supuestamente más educadas, prefieran quedarse en la playa que hacer una cola. Pero vale la pena arriesgarse. Aparentemente, no puede ser peor que lo de ahora."
¡Vaya concepto que tiene Aldito de la mayoría de ciudadanos pobres de nuestro Perú! Ignorantes, burros, desinformados, manada. Su abuelo, el Amauta José Carlos debe estar retorciéndose en su tumba. Muchos de los que honestamente consideran que el voto voluntario es una mejor alternativa, deben pensar, cuando leen sus editoriales, ¡NO NOS DEFIENDAS COMPADRE!
IMPORTANTE: Un análisis más exhaustivo sobre este tema, desde una perspectiva jurídica, se realiza en nuestro artículo: “El voto o sufragio activo como derecho-deber. A propósito de la polémica sobre el voto voluntario y el voto obligatorio”, Gaceta Constitucional, Tomo N.º 05, Lima, Gaceta Jurídica, mayo 2008, pp. 361-369.

No es la primera vez que en los predios parlamentarios se trata de instaurar el voto voluntario. Como lo informamos en un artículo anterior, entre los meses de marzo y abril de 2005 (durante el periodo parlamentario 2001-2006), se intentó realizar dicha reforma constitucional. La propuesta fue discutida y se aprobó a nivel de comisión por seis votos a favor, cuatro en contra y dos abstenciones, obteniéndose dictamen favorable; sin embargo, los promotores de la reforma no lograron el consenso suficiente para su aprobación, por lo cual ya no insistieron en que el dictamen se someta a votación del Pleno del Congreso.
En ese entonces, cuando ya se vislumbraba que la referida reforma constitucional no prosperaría, algunos parlamentarios partidarios del voto voluntario propusieron que se eliminen las multas a los ciudadanos omisos al sufragio. Adecuando dicha iniciativa legislativa, se aprobó un dictamen que proponía mantener las multas, pero establecía que ya no sería exigible que en el Documento Nacional de Identidad (DNI) figure la constancia de votación o de la dispensa respectiva para realizar actos civiles, comerciales, judiciales y administrativos; lo cual implicaba suprimir el único elemento coercitivo que asegura que los ciudadanos omisos al sufragio paguen la multa correspondiente.
Nosotros nos opusimos a dicha iniciativa ya que, aunque la misma mantenía formalmente la obligatoriedad del voto, en la práctica dejaba sin efecto la opción del constituyente por el voto obligatorio, al dejar sin sanción efectiva el incumplimiento del deber de votar. Es decir, implicaba una instauración de facto del voto voluntario. Asimismo, señalamos que, debido a su trascendencia para el sistema político, la eventual instauración del voto voluntario no debería hacerse cortando camino y evitando la reforma constitucional; y que, más bien, sus promotores deberían poner sus esfuerzos en convencer a la mayoría sobre las bondades del voto voluntario.
Aunque posteriormente se aprobó una ley que pretendía suprimir las restricciones derivadas del incumplimiento del deber electoral de emitir el voto que tienen los ciudadanos (Ley N.º 28859, publicada el 3 de agosto de 2006 bajo el título “Ley que suprime las restricciones civiles, comerciales, administrativas y judiciales; y reduce las multas en favor de los ciudadanos omisos al sufragio”); tal como lo demostramos en nuestro artículo “La subsistencia de la ‘muerte civil’ para los omisos al sufragio”, debido a un error en su formulación, dicha norma legal no alcanzó su objetivo pretendido, por lo cual a la fecha subsisten en nuestro país las sanciones derivadas del deber de votar y, por tanto, la plena eficacia del voto obligatorio.
A pesar que en el actual parlamento peruano (2006-2011) aparentemente no existirían muchas posibilidades de realizar reformas constitucionales (debido a la falta de acuerdo de las fuerzas políticas que permita conseguir la votación calificada exigida para dicho efecto: 81 votos, es decir más de dos tercios del número legal de congresistas, en doble votación, conforme a lo establecido por artículo 206º de nuestra Carta Política), consideramos adecuado que cualquier propuesta de instauración del voto voluntario se realice por los canales adecuados, esto es, intentándose la imprescindible reforma constitucional y no sacándole la vuelta a la Constitución como se pretendía —felizmente que infructuosamente— con la aprobación de la Ley N.º 28859.

Conseguir los 81 votos requeridos para reformar la Constitución si esta pretende hacerse únicamente en la instancia parlamentaria es, en efecto, muy poco probable; sin embargo, 61 votos sí podrían conseguirse, con lo cual se daría el primer paso de la reforma, dejándose a la voluntad del soberano, expresada en un referéndum, la decisión final. Esta misma ruta también podría intentarse en el caso de otras reformas constitucionales que se hacen cada vez más necesarias (como la tan mentada reforma de la administración de justicia), pero que por la referida imposibilidad de conseguir 81 votos no pueden ni podrían aprobarse de otro modo.
AMPLIACIÓN (19/mar/2008): Navegando por la red he encontrado algunos artículos que se manifiestan a favor o en contra del voto voluntario, los cuales pueden contribuir a este debate:
en esta esquina
EN CONTRA DEL VOTO VOLUNTARIO:
- Wilfredo Ardito, en su artículo "¿Y, precisamente ahora, quieren hacer el voto voluntario?", (Reflexiones Peruanas N.º 35, 04 de abril de 2005), analiza los problemas de gobernabilidad que podría generar la implementación del voto voluntario. Asimismo, destaca que "para muchas personas, el voto es el único acto en que se sienten ciudadanos" y que "en un país donde existen profundas brechas sociales y una fuerte concentración de poder, un sistema de voto facultativo es sumamente perjudicial."
- Fernando Tuesta, en sus artículos "El impacto del voto voluntario" y "Los dilemas sobre el voto facultativo" (publicados el año 2005, ahora disponibles en su blog "Polítika"), señala los problemas de ausentismo que podría generar el voto voluntario, así como las implicancias que ello tendría para la legitimidad del sistema político. Asimismo, en reciente entrevista al diario El Comercio, se opone a que el Congreso debata la eventual instauración del voto voluntario, ya que hay temas más importantes, y señala que "no existe ninguna evidencia que demuestre que el voto voluntario mejora la calidad del sufragio" en los países que lo adoptan.
- Luis Pásara, en su artículo "Voto facultativo, tiro de gracia" (Perú 21, 27 de febrero de 2005), considera que el voto facultativo "tiene sentido en países sólidamente constituidos..., con importantes niveles de integración y fuerte sentimiento de pertenencia [donde] votar o no votar es una decisión que no afecta el tejido de las relaciones existentes entre quienes comparten, mucho más que un territorio, un destino común." Sin embargo, en un país como el Perú, donde la ciudadanía aún está por construirse, la pretendida supresión del voto obligatorio podría acarrear efectos desastrosos; ya que el voto facultativo "contribuiría a un mayor debilitamiento del sistema de representación política" y "facilitaría el desenganche masivo del quehacer político. El ciudadano, que ya ahora se siente distante de la corroída escena oficial, quedaría habilitado para no sentir responsabilidad alguna por lo que en ella ocurra". En tal sentido, Pásara considera que el voto obligatorio es una coerción encaminada a la construcción de un espacio político compartido, al ser "un mecanismo equivalente, en su terreno, a la educación obligatoria", ya que, como ella "busca construir comunidad."
- Hugo Neira, en su artículo "¿Preparando el desorden? Voto en contra" (La República, 16 de abril de 2005), considera que la propuesta de instaurar el voto voluntario contiene un potencial de destrucción radical extremo, ya que: "Escinde de raíz país real y formal. Nadie quiere obedecer, y sin embargo vamos a ahondar la anomia y la esquizofrenia. En efecto, si la característica más destacada de nuestra situación es el estado de inestabilidad, ¿cómo a algunos puede ocurrírseles pensar que lo mejor es eludir, esquivar, zafarse de la representatividad masiva? Qué error. Las gigantescas placas movedizas, esa tectónica de placas de los movimientos populares espontáneos, que de Ilave a Andahuaylas reemplazan las urnas por la llanta quemada y el paro indefinido, va a proseguir. ¿Qué autoridad le dejan, para negociar, a quienes provengan de urnas vacías y desoladas salas de sufragio? El disparate es colosal. El atractivo del no-voto no pertenece a la razón."
- Francisco Sagasti, en su artículo "¿Derecho o deber" (La República, 14 de febrero de 2005), considera que en el contexto actual de transición inconclusa hacia la democracia que vive el país, el voto debe seguir siendo obligatorio, al menos por varios períodos electorales, entre otras razones, por las siguientes: porque "cuando el voto es voluntario existen mayores posibilidades de manipulación que cuando el voto es obligatorio"; porque "la obligatoriedad del voto es un incentivo... para que el elector se informe acerca de los candidatos y programas (¡aunque sea en la cola para votar!)"; porque el voto voluntario podría generar un elevado ausentismo, que ocasionaría el cuestionamiento de la legitimidad de los elegidos y sería una receta para la inestabilidad política; y porque la democracia implica derechos y deberes, entonces, votar una vez cada cinco o tres años no es una condición excesivamente onerosa para que los ciudadanos ejerzan sus derechos democráticos. Sagasti concluye señalando que "mientras estemos en un proceso de transición hacia la democracia, el voto obligatorio es un valioso instrumento de pedagogía política y de construcción de ciudadanía."
y en esta otra esquina
A FAVOR DEL VOTO VOLUNTARIO:
A FAVOR DEL VOTO VOLUNTARIO:
- Carlos Basombrío, en su columna "¿Y las reformas políticas?" (Perú 21, 29 de abril de 2007), admite ser un converso a favor del voto voluntario, y señala que antes pensaba que "la obligatoriedad ayudaría a hacer más inclusiva la política en un país que no puede darse el lujo de tener una exclusión más. Eso no ha ocurrido. El voto obligatorio ha contribuido más bien a la volatilidad política y ha sido caldo de cultivo para outsiders autoritarios de derecha y de izquierda. Quizás el voto voluntario ayude a que los partidos tengan que existir más allá de los tres meses previos a las elecciones y los obligue a trabajar para conquistar un interés real de la gente hacia la política y las prácticas democráticas. Eso, si es que quieren votantes en las urnas."
- Javier Torres Seoane, en su artículo "Voto voluntario: una opinión a favor", retruca los argumentos de quienes se oponen al voto voluntario, y considera que su implementación "hará más entendible el mapa de la ciudadanía en el Perú" y que, a pesar de sus riesgos, "la revolución que el voto voluntario puede significar en términos del sistema de partidos políticos en el Perú es un paso que hay que saludar, defender y promover para acabar con la tan desarrollada idea de la ciudadanía tutelada y asistida que [marcó] y atravesó toda la historia del siglo XX."
- Carlos Hakansson Nieto, en su artículo "El voto facultativo", considera que el derecho a elegir debe complementarse con la opción a "no elegir", que "se manifiesta en el deseo de no querer ejercer el derecho de participación, de mantener su independencia política, de querer vivir a espaldas al sistema o probablemente no compartir los ideales democráticos." Asimismo, señala que el voto facultativo obligará a los gobernantes a tomar medidas para promover que los ciudadanos se involucren en las grandes decisiones, como es elegir a los gobernantes; permitirá tomar el pulso a la transición democrática; y demandará la consolidación de los partidos.
- Los juristas Jorge Avendaño y Raúl Ferrero, según el diario Correo, también se pronuncian a favor del voto voluntario ya que "evitaría que salten a la palestra y ganen las elecciones generales candidatos 'improvisados', pues quienes acudirían a sufragar serían ciudadanos conscientes y preparados antes que electores que sólo cumplen con su deber ciudadano por temor a la imposición de una multa." Según la nota periodística, Avendaño señala que Alberto Fujimori y Ollanta Humala, con sus matices, son producto de esta improvisación.
- El mismo Raúl Ferrero, en su artículo "La democracia y sus modernas herramientas: El voto voluntario" (El Comercio, 08 de setiembre de 2007), aunque admite que existen algunos riesgos para pasar del voto obligatorio al voluntario (ya que el país carece de suficiente conciencia democrática y cívica y, además, se generaría ausentismo), considera que es un riesgo que hay que asumir, como lo han hecho países con mayores problemas (como Colombia, donde -según Ferrero- ha tenido buenos resultados). Asimismo considera que el voto obligatorio tiene de negativo que buena parte de los votantes, forzados a votar, termina decidiendo su voto en la misma cola, sin suficiente compromiso, sin la necesaria reflexión e improvisadamente.
- Finalmente, la joven ciudadana Laura Arroyo Gárate, en su artículo "El 'derecho' de votar", publicado en su blog Menos Canas, criticando a quienes consideran que en el Perú "aún no estamos preparados" para el voto voluntario, se pregunta ¿cuándo estaremos preparados? y se responde que, bajo esa perspectiva, en verdad nunca estaríamos preparados, por lo que propone que lo que hay que hacer es asumir el reto. Para ello no se requiere estar preparado, sino hay tener la intención de hacerlo. Laura concluye señalando, con optimismo, su creencia en que los peruanos ya estamos listos para asumir el reto del voto voluntario.
los contendores de esta esquina son los que dicen...
AMPLIACIÓN (12/abr/2008): Uno de los más entusiastas promotores del voto voluntario es Aldo Mariátegui, por lo que no haberlo incluido en la esquina de quienes están a favor de esa modalidad de ejercicio del sufragio, constituye una grave e injusta omisión, que a través de esta ampliación intentamos subsanar. Sorry Aldito.
De lo que no estamos muy seguros es si sus argumentos ayudan a su causa. Aldito, en su editorial del 4 de abril pasado ("¡Voto voluntario ya!"), considera que "el voto voluntario sería tan importante de implementar cuanto antes: para que no sufrague tanto burro desinformado y prime el voto pensado". Punto. En su editorial de ayer ("Por un mejor Congreso"), vuelve a la carga y, sustentando más extensamente su informada posición, señala que "(...) una persona informada e interesada en el tema va a sufragar mucho mejor que un ignorante que tan sólo acude a votar porque lo arrean con multas o aquellos (¡un 25% según las encuestas!) que deciden su voto en la cola. Un buen input garantiza un buen output. / Por supuesto que se corre el riesgo de corruptelas y que vaya gente pobre a votar en manada sólo por propinas. O que las clases acomodadas, supuestamente más educadas, prefieran quedarse en la playa que hacer una cola. Pero vale la pena arriesgarse. Aparentemente, no puede ser peor que lo de ahora."
¡Vaya concepto que tiene Aldito de la mayoría de ciudadanos pobres de nuestro Perú! Ignorantes, burros, desinformados, manada. Su abuelo, el Amauta José Carlos debe estar retorciéndose en su tumba. Muchos de los que honestamente consideran que el voto voluntario es una mejor alternativa, deben pensar, cuando leen sus editoriales, ¡NO NOS DEFIENDAS COMPADRE!
IMPORTANTE: Un análisis más exhaustivo sobre este tema, desde una perspectiva jurídica, se realiza en nuestro artículo: “El voto o sufragio activo como derecho-deber. A propósito de la polémica sobre el voto voluntario y el voto obligatorio”, Gaceta Constitucional, Tomo N.º 05, Lima, Gaceta Jurídica, mayo 2008, pp. 361-369.
Etiquetas : Jorge Avendaño, voto obligatorio, voto voluntario, reforma constitucional, referéndum, voto facultativo, Aldo Mariátegui, Tuesta, Wilfredo Ardito, Luis Pásara, Hugo Neira, Francisco Sagasti, Carlos Basombrío, Carlos Hakansson, Raúl Ferrero, Javier Torres

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CHRISTIAN GUZMAN escribió: