Política arequipeña: de la altivez a la chatura

La advertencia del taxista que no podía llevarme al centro de la ciudad, me hizo saber que hoy Arequipa estaba de “Paro”. A través de los gritos, dizque, “locutores radiales”, me enteré que no se trataba de un paro, sino de una “Jornada de Lucha”.
Paro o Jornada, lo cierto es que el centro de la ciudad presentó el panorama de siempre: movilizaciones callejeras, embotellamiento, cierre de calles y avenidas, gritos destemplados, quema de llantas, etc.; es decir, nada nuevo en la forma cómo se llevan a cabo estas protestas que democráticamente son legítimas, pero que la pierden en la medida que están cargadas de violencia y perjudican a quienes nada tienen que ver con el pleito.
Paro o Jornada, lo cierto es que el centro de la ciudad presentó el panorama de siempre: movilizaciones callejeras, embotellamiento, cierre de calles y avenidas, gritos destemplados, quema de llantas, etc.; es decir, nada nuevo en la forma cómo se llevan a cabo estas protestas que democráticamente son legítimas, pero que la pierden en la medida que están cargadas de violencia y perjudican a quienes nada tienen que ver con el pleito.
Para muchos, esta es una razón más que degrada la política, especialmente la local. Justamente, sobre las otras razones que han achatado la política en nuestra región, he escrito para la edición especial del semanario “El Búho” que acaba de cumplir ocho años. Aquí el ensayo completo.
La política en Arequipa: de la altivez a la chatura
Gran parte de la identidad arequipeña está basada en su relación con el poder político. Pueblo levantisco y rebelde que ha protagonizado a lo largo de la historia repúblicana, varios movimientos que le hicieron ganar el titulo de León del Sur, cuyos rugidos marcaban las pautas por las que todo el país debía transitar. Así, varias presidencias o proyectos nacionales se hacían o deshacían en estas tierras.
Pero la Ciudad Blanca no sólo era rugido y protesta. Buena parte de la Arequipa repúblicana está colmada de varios juristas y pensadores políticos que le dieron lustre y sustento a la rebeldía.
Nombres como Francisco Mostajo, Lino Urquieta, José Luis Bustamante y Rivero, Víctor Andrés Balaúnde y un largo etcétera, ayudaron a que la ciudad levantara el pecho de orgullo porque sus protestas estaban llenas de propuestas políticas lúcidas y muchas veces vanguardistas que se plasmaron en la creación de organizaciones vitales para comprender la vida política nacional del siglo pasado: Democracia Cristiana, base del Partido Popular Cristiano, Acción Popular, etc.
Con esos antecedentes, resulta fácil comprender porqué Arequipa, en el plano político, se ganó la denominación de gran protagonista del Perú repúblicano, por lo menos hasta buena parte de la primera mitad del siglo XX. Hoy, ya no lo es y en el panorama no hay muestras que nos puedan hacer creer que la situación va a cambiar.
La política arequipeña, hoy.-
De cuna de ideas y organizaciones políticas del siglo pasado, hoy transitamos por su inexistencia o caricaturización. Nuestra ciudad ya no produce ideas políticas, mucho menos organizaciones políticas. No tenemos, lamentablemente, a los mostajos o bustamantes que irrumpan con propuestas innovadoras en la escena regional, mucho menos en la nacional (basta recordar quiénes son nuestros representantes al Congreso de los últimos años para deprimirnos).
Los protagonistas del escenario político local, se hacen llamar líderes; sin embargo, por su actuación, son elementales caudillos que actúan según la coyuntura, o en todo caso creando coyunturas para realimentarse de poder y luego negociar, no propuestas o ideas, sino simplemente más poder.
Esa es la lección que sacamos de los movimientos políticos que en nuestra ciudad se han dado en los últimos años. Desde el llamado arequipazo del 2002, hasta el más reciente, aquel que paralizó a la ciudad en julio del año pasado, que empezó por la suba del pan y terminó queriendo sacar a Alan García de Palacio. Muchos quisieron ver en esas protestas, el resurgimiento del León del Sur de antaño, pero las expectativas se diluyen pronto al descubrir que detrás de la protesta se esconde las negociaciones bajo la mesa, la repartija del poder, la candidatura, el puesto a la sobrina, mejor a la amiguita, etc.
Los investigadores hablan de crisis de liderazgo, pero también hay que hablar de crisis de la política, justamente por la forma de hacer política, aquí y allá; es decir, en nuestra ciudad y en el resto del país que han creado la imagen de la política como una de las peores creaciones humanas.
Y allí están los datos locales para confirmarlo: de una muestra de 400 jóvenes de Arequipa Metropolitana, el 87% es pesimista respecto al futuro, el 65% no quiere al Perú y al 95% simplemente no le interesa la política . ¿Dato novedoso? No, un par de años atrás una investigación similar ya nos alertaba de esa situación, pues a los jóvenes no sólo no les interesaba la política, sino que ni siquiera sabían conceptualizar términos como democracia .
Las tareas políticas, hoy.-
En ese escenario, con una población, especialmente la juvenil, frustrada, apática y desconocedora de la política, qué puede esperarse. Poco o nada, a menos que apliquemos, inmediatamente, los correctivos del caso que tienen que ser hechas, fundamentalmente, por las propias organizaciones políticas. Los partidos o movimientos regionales locales, si quieren demostrar que son tales, deben recuperar su esencia: educadores y formadores de valores sociales, aquellos ligados al interés y bien común. Luego, las actuales autoridades políticas y administrativas tendrán que dar muestra de sabiduría, transparencia y honestidad y, finalmente, otros agentes socializadores que actúan en el campo de la educación y comunicación tendrán que contribuir a darle un nuevo porte y rostro a la política, la de la altivez y bondad, no de la chatura y maldad en que la hoy está sumida.
Gran parte de la identidad arequipeña está basada en su relación con el poder político. Pueblo levantisco y rebelde que ha protagonizado a lo largo de la historia repúblicana, varios movimientos que le hicieron ganar el titulo de León del Sur, cuyos rugidos marcaban las pautas por las que todo el país debía transitar. Así, varias presidencias o proyectos nacionales se hacían o deshacían en estas tierras.
Pero la Ciudad Blanca no sólo era rugido y protesta. Buena parte de la Arequipa repúblicana está colmada de varios juristas y pensadores políticos que le dieron lustre y sustento a la rebeldía.

Con esos antecedentes, resulta fácil comprender porqué Arequipa, en el plano político, se ganó la denominación de gran protagonista del Perú repúblicano, por lo menos hasta buena parte de la primera mitad del siglo XX. Hoy, ya no lo es y en el panorama no hay muestras que nos puedan hacer creer que la situación va a cambiar.
La política arequipeña, hoy.-
De cuna de ideas y organizaciones políticas del siglo pasado, hoy transitamos por su inexistencia o caricaturización. Nuestra ciudad ya no produce ideas políticas, mucho menos organizaciones políticas. No tenemos, lamentablemente, a los mostajos o bustamantes que irrumpan con propuestas innovadoras en la escena regional, mucho menos en la nacional (basta recordar quiénes son nuestros representantes al Congreso de los últimos años para deprimirnos).
Los protagonistas del escenario político local, se hacen llamar líderes; sin embargo, por su actuación, son elementales caudillos que actúan según la coyuntura, o en todo caso creando coyunturas para realimentarse de poder y luego negociar, no propuestas o ideas, sino simplemente más poder.
Esa es la lección que sacamos de los movimientos políticos que en nuestra ciudad se han dado en los últimos años. Desde el llamado arequipazo del 2002, hasta el más reciente, aquel que paralizó a la ciudad en julio del año pasado, que empezó por la suba del pan y terminó queriendo sacar a Alan García de Palacio. Muchos quisieron ver en esas protestas, el resurgimiento del León del Sur de antaño, pero las expectativas se diluyen pronto al descubrir que detrás de la protesta se esconde las negociaciones bajo la mesa, la repartija del poder, la candidatura, el puesto a la sobrina, mejor a la amiguita, etc.
Los investigadores hablan de crisis de liderazgo, pero también hay que hablar de crisis de la política, justamente por la forma de hacer política, aquí y allá; es decir, en nuestra ciudad y en el resto del país que han creado la imagen de la política como una de las peores creaciones humanas.

Las tareas políticas, hoy.-
En ese escenario, con una población, especialmente la juvenil, frustrada, apática y desconocedora de la política, qué puede esperarse. Poco o nada, a menos que apliquemos, inmediatamente, los correctivos del caso que tienen que ser hechas, fundamentalmente, por las propias organizaciones políticas. Los partidos o movimientos regionales locales, si quieren demostrar que son tales, deben recuperar su esencia: educadores y formadores de valores sociales, aquellos ligados al interés y bien común. Luego, las actuales autoridades políticas y administrativas tendrán que dar muestra de sabiduría, transparencia y honestidad y, finalmente, otros agentes socializadores que actúan en el campo de la educación y comunicación tendrán que contribuir a darle un nuevo porte y rostro a la política, la de la altivez y bondad, no de la chatura y maldad en que la hoy está sumida.
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