La cancillería ha confirmado lo que ya se intuía: casi dos millones de peruanos migraron al exterior entre 1990 y el 2007, producto de una serie de factores que corresponde al Estado Peruano evaluar minuciosamente. La pregunta es: ¿Por qué se marchan tantos peruanos, lo que nos priva como país de un capital humano valioso y dinámico?


Se trata de un fenómeno complejo y creciente que, según las estadísticas, se vincula principalmente con las limitaciones de nuestro aún precario mercado laboral, pero también por las expectativas y oportunidades que quienes ya radican fuera ofrecen a sus familiares acá.


En el caso peruano, hay que considerar que los que se van no son pobres extremos sino los profesionales y técnicos más capacitados, de sectores socioeconómicos medios y medios bajos y estudiantes. Y preocupa que la mayoría sean personas jóvenes, un capital humano valioso, que buscan formarse y labrarse un futuro en otros países y dejan acá un vacío en muchos sentidos.


Visto el tema desde solo desde una perspectiva economicista, se calcula que solo en los últimos 18 años las remesas de peruanos del exterior ascendieron a 14 mil millones de dólares, es decir, un monto que supera la inversión extranjera directa en el país.


Hay que mirar cómo otros países afrontan este fenómeno, sobre todo para atender con prioridad a sus connacionales en el exterior, con consulados y personal entrenado. También aplican políticas públicas orientadas a promover proyectos de reinversión de las remesas y financiar planes de vivienda. Es claro que las remesas de los migrantes no solucionarán los problemas de pobreza del Perú, pero pueden mejorar ostensiblemente las economías familiares y contribuir al desarrollo.


El Estado y el Gobierno tienen que prestar especial atención a este serio problema de la migración, que tiene muchas aristas, y esforzarse más por consolidar la estabilidad política y la viabilidad del Perú como un país acogedor y con futuro pleno. En tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores debe velar, con más oficinas, programas y personal, por los intereses de esos dos millones de compatriotas que radican mayoritariamente en Estados Unidos.

El Comercio