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mar, 05 de febrero, 2008

Luego de un largo pero valioso año, vuelvo a clases en la PUCP. Este verano estoy llevando el curso "Fe Cristiana y Mundo Contemporáneo" con la profesora Amparo Huaman, a quien admiro por sus prácticos y tan cercanos ejemplos en clase, sobre todo porque resultan graciosos, aunque esta no siempre sea su intención.

Hace tiempo no publico artículos, lo cual no implica que he dejado de escribir. Es realmente inevitable para mí dejar de escibir en mi mente, cada suceso merece una reflexión, ya sea productiva o inútil, graciosa o seria, confusa o nítida, pero una reflexión al fin y al cabo que nos hace más conscientes de lo que somos y hacemos.

En esta oportunidad -mismo floro de vendedor de caramelos en el micro-, ya que tengo demasiada pereza para escribir un artículo completo y adaptado a un público específico como ustedes -vagos adictos al hi5 y cuanto se presente en pantalla, me incluyo-, cito el ensayo que presente hoy para mi curso de teología. Espero que si no les parece muy serio y aburrido, lean con detenimiento la parte final, la cual trabajé en plena lucidez la madrugada anterior a la entrega del ensayo -menos mal que los profesores no leen esto, ¿o si?-. Ahí les va:

«Desde que el hombre tiene memoria, siempre ha estado acompañado por constantes incógnitas sobre su propia existencia y del mundo que lo rodea: ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Para que vivimos? Éstas se pueden resumir en una sola pregunta: ¿Qué sentido tiene nuestra existencia, nuestra vida? Esta ineludible pregunta por el sentido de la vida se presenta como actual, incómoda, englobante, y sobre todo, humana.

Es ineludible no sólo por el hecho de que todo ser humano la formula en algún momento de su vida, sino sobre todo si consideramos la siguiente actitud previa frente a la realidad: Es una entidad dinámica, no permanece inerte, sino que está en constante movimiento, si el ser humano forma parte de esta realidad procesual, es válido preguntarnos a dónde vamos; igualmente remite a lo distinto de sí -como lo expresa Ruiz de la Peña-, es decir, existe una finalidad para la móvil realidad, entonces es lógico interrogarnos para qué vivimos. En conclusión, la pregunta por el sentido nos incita a repensar el a dónde y para qué de nuestra existencia.

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Además, si partimos del punto en el cual se considera al individuo de nuestra especie, el hombre, como un ser naturalmente curioso, investigador, ansioso de conocer, descubrir, ser consiente de su realidad, actitud que ha demostrado a lo largo de la historia; entonces, sería ilógico pensar que tarde o temprano no se tome a si como objeto de su propio estudio. La existencia humana es un enigma no resuelto aún para el hombre mismo.

La pregunta también es actual porque, a pesar de que se ha expresado en toda la historia humana, es en la actualidad, en este mundo contemporáneo en el que vivimos donde tiene su mayor desafío. “Nunca hasta ahora ha resultado tan cuestionable el hallazgo de un sentido” (cito a Ruiz de la Peña, de nuevo). En un mundo donde el hombre siente incomunicación y soledad frente a un sistema que no logra más que alimentar un escepticismo colectivo en la sociedad actual, la pregunta por el sentido se erige como una respuesta frente a la creciente desesperanza del hombre contemporáneo, fruto del desencanto que la modernidad como reformadora social dejó en nuestros coetáneos.

Asimismo, la pregunta por el sentido es englobante, ya que su enunciación supone una respuesta totalizadora. Si el ser humano existe dentro de un determinado contexto histórico, el preguntarse el a dónde y el para qué de su existencia implica descifrar la misma pregunta hacia su hábitat, lo que lo envuelve y forma parte de su vida. Es así como la pregunta por el sentido nos recuerda que somos lo que vemos, tocamos, saboreamos, olfateamos, escuchamos; en fin, lo que sentimos.

Al mismo tiempo, la pregunta resulta ser notoriamente incómoda, ya que su entendimiento requiere de mucho tiempo y esfuerzo, y ante todo, humildad. El desarrollo de la pregunta no tiene un tiempo estimado de desenlace, al contrario, es un largo proceso el intentar encontrar respuesta a tan intrínseca incógnita humana. Su avance puede durar una vida entera, así como millones de ellas. Lo curioso es que existen personas que se pasan toda su existencia en esta ardua tarea: encontrar un sentido por el cual vale la pena vivir el aquí y el ahora; y al hacerlo, ya sea sin querer o a propósito, hallan una finalidad a su trabajo, un sentido a su propia vida.

La pregunta necesita de humildad desde el inicio de su desarrollo. Humildad para aceptar lo que mejor se adecua a la pregunta, y dejar a un lado lo otro, por más que haya sido tan reciamente trabajado. Se solicita humildad para estar dispuesto a repensar lo supuesto, para cuestionar lo establecido, y en caso corresponda, empezar de nuevo cuando la situación lo amerite. Este carácter revolucionario de la pregunta contrasta con la humildad que debe tener quien la formula; lo cual la hace, como reitero, incómoda.

¿Vale la pena formularla? ¿Habrá una respuesta coherente? ¿Será esta favorable para nosotros? Una vez formulada, nada asegura al hombre conseguir un final feliz a tan grande dolor de cabeza. Allí está la clave hacia la respuesta.

Si el ser humano sigue buscando este sentido a su vida, a su existencia, luego de haber pasado por tantos hechos y acontecimientos sobre todo trágicos y dolorosos a lo largo de su historia, ¿Cómo es posible que sigamos de pie? ¿Qué es lo que hace que aún estemos aquí y no hayamos desaparecido ya? ¿A qué recurrimos cuando ya todo parece perdido? A la esperanza.

Como dice Ruiz de la Peña, el ser humano guarda en lo más profundo de sí un sentimiento que, al igual que la pregunta por el sentido, lo ha acompañado a lo largo de la historia: la esperanza. Han pasado guerras, enfermedades, depresiones, crisis y hechos sociales que han dejado huella en la nuestra sociedad, y seguimos aquí porque alguna voz –en la que curiosamente creemos- dentro de todo humano dice que no es el final, que un futuro mejor nos espera -o nosotros a él-. La esperanza, entonces, se constituye como el cimiento de nuestra existencia, la base en la cual nos apoyamos para desarrollar el sentido de nuestra vida.

Mas la esperanza no es en sí la respuesta a la pregunta sobre el sentido, sino una innata herramienta que nos sirve como medio para encontrar la finalidad de vivir, de trascender. Hacer con mi vida algo que dure más que ella misma, que deje un legado a quien viene tras de mi, hacer nuestra existencia armoniosa, digna de ser vivida.

¿Dónde depositamos nuestra esperanza? ¿En un futuro mejor? La fe alberga nuestra esperanza. Ésta no sólo espera un futuro mejor, conforme a la voluntad de Dios, sino que actúa sobre el presente, pone manos a la obra en el aquí y el ahora para hacer realidad el plan de amor que Dios tiene para el ser humano.

Entonces, ¿cuál es el sentido de la vida para los cristianos? Nuestra fe puesta en la voluntad de Dios, quien tiene un plan de amor para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. La voluntad de Dios es como Él mismo: eterna y universal, y no hace falta demostrar su existencia: esta se evidencia en todo lo que nos rodea, inclusive nosotros mismos. Como la voluntad de Dios nunca falla, es el mejor pilar en torno al cual centrar nuestra vida. Cuando nos centramos en ella, los demás aspectos importantes –amigos, novio o novia, escuela y familia – ocupan el lugar que les corresponde. La voluntad de Dios nunca pasará de Moda. En ella podemos depositar nuestra esperanza.

¿Y qué sucede con los no cristianos? Es importante recordar que Dios se revela al ser humano a lo largo de la historia, y en su infinito amor hacia nosotros, se pone a sí mismo como una alternativa entre varias que el hombre puede escoger libremente. Dios no se nos impone, al contrario, nos otorga la libertad de elección. Nos hace “sujetos de nuestro propio destino”, y para eso nos brinda a todos los hombres y mujeres la conciencia: esa voz interior que al escucharla nos permite distinguir lo bueno y lo malo. Por tanto, no ser cristiano no implica que uno se encuentre en contra de la voluntad divina, sino que todo ser humano busca siempre el bien gracias a su consciencia, y las decisiones que toma cada uno son las que marcan la diferencia.

En conclusión, la pregunta sobre el sentido de la vida encuentra su respuesta para los cristianos en la voluntad de Dios, la cual los invita a actuar en el presente para hacer su plan de amor realidad; y para el resto de los hombres y mujeres del mundo, en la esperanza que depositan día a día en un lugar mejor para vivir, en un presente comprometido y, por tanto, un futuro prometedor.» Etiquetas :

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Comentarios

Muy buen tema, realmente nunca imaginé pasar por un blog PUCP pero siempre hay una primera vez, y asumo fue voluntad de Dios =). Realmente siempre me parecio injusto pensar en que un grupo selecto de creyentes en Jesucristo serían finalmente los únicos triunfadores en la batalla espiritual, pues nos prometen felicidad por la eternidad si nos portamos bien, ahora, (no sé si es sólo mi impresión) cada uno piensa estando en su propia posición que esta en lo correcto, Quién esta en lo correcto? No lo sé, soy universalista cristiana - católica y mientras todos vivamos felices y en armonía creo que la batalla la ganará quien mas abierto está, quien mas comprenda a todos y se de cuenta del valor real de cada una de las distintas versiones "ganadoras" en este caos espiritual.

Buen Post!

Publicado por lorena el día dom, 09 de marzo, 2008 a las 21:15:15

Lamento decir que creo haber nacido sin conciencia o tal vez sin oídos para escucharla.

Publicado por Adrian el día mar, 29 de abril, 2008 a las 21:17:50

la vida tiene sentido solo para aquellos que creen en realidad que si lo tiene.

Publicado por Miguel el día mié, 09 de julio, 2008 a las 22:14:30

A proposito de el exacto sentido de la vida o el sentido puntual de la vida
(el sentido exacto de la vida)

Hola!!!! Les comento que asi no mas nadie esta

en capacidad de responder la pregunta del sentido

de la vida. Ni siquiera un libro. Se debe investigar

mas acerca del tema pero d emanera profunda

Yo se de becas internacionales completas(sin

importar la edad) para hacer estudios superiores

sobre el sentido de la vida.A mi me gusta conectar

la gente a las soluciones de los temas que les

agobian como este. Son becas que se vencen

pronto y son faciles de obtener. Obviamente no

cuestan nada. Realmente en este tema mucha

gente especula ,inventa , opina pero del sentido

real de la vida no se puede hablar asi no mas.

Sabios orientales dicen que es un tema que hay

que dedicarle muchas investigaciones cientificas.

Hay mucha gente floja para pensar de maneras

diferente syd etrabajar duro academicamente por

este tema que requiere el esfuerzo de todos.

Como cuando la humanidad necesita saber una

vacuna para prevenir algo , se necesitaque mucha

gente se dedique a hacer investigaciones para
desde muchas areas(filosofia, antropologia , sociologia
y muchas mas) tratar de saber que hacemos en este

mundo.

Escribanme: suramerica-linda@OMITA-ESTA-LINEAhotmail.com

Publicado por Alberto el día vie, 17 de octubre, 2008 a las 18:33:50

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