La única diferencia entre hombres y mujeres (además de los miembros prominentes) es que nosotras tenemos algo más: astucia para nuestra conveniencia.

Cuando estamos en la dulce infancia, lloramos y pataleamos a voz en cuello para que papi o mami nos compre la barbie que queremos, el vestido rosado de blondas o el osito de felpa más bonito. Una manipulación inocente diría yo.
Cuando ya estamos instaladas de momento en la niñez algunas que maduran demasiado rápido, que las otras niñas y niños, usan de sonsa a la más quedada del salón o a las que no le caen bien. Tienen que ser zonzas útiles para ellas, como por ejemplo una chica llamada Erika, quien solo porque su papá era abogado, se las daba de gran chic. Sorry niña, donde quiera que estés. Teníamos 11 años ya pues, mamita.
U otras donde la adolescencia ya les había llegado, como a Rebeca quien antes de cumplir trece años, había actuado de traicionera, comentando un secreto pues pensé ingenuamente que ella era confiable. Cosas de la vida.
Entonces antes o después de cumplir nuestras metas primerizas, ya estamos con el andante al costado (léase amor), para hacerlo bailar calato en la palma de nuestras manos si es un chico que le falta calle o ponernos a la defensiva si es un gran pendavis.
Peor somos con nuestro body: si estamos gordas queremos adelgazar, y si estamos flacas hay 2 opciones; o adelgazamos más o engordamos hasta reventar. Lo mismo en nuestro cutis, cabello, trapos (ropa), comidas, gustos, chismes y demás…

Pasemos a lo adulto: las mujeres nos enamoramos como las protagonistas mexicanas, como unas idiotas y nos fijamos en el primer patita en que lo proyectamos a 20 años. Luego en el embarazo como tenemos quien nos engría nos hacemos las sufridas.
Y nuestra personalidad cambia de hada a bruja…que feo!!!, Oh God, yo a mi mami la quiero, pero a veces se pasa de protectora, insistente y metiche (léase menopáusica). No es por ofender pero supongo que no pueden dejar de ser mamá gallina para sus hijos y la esposa hasta la muerte para los maridos. Si pues hemos alumbrado, criado a los chukies y dejarlos ir es tan duro, que nos ponen enfermas.
Solo una recomendación: Cuando lleguemos a viejas, seamos razonables, no niñas viejas con chispazos de conciencia, ni viejas renegonas que rompen con el mundo, sino nos considedarán una carga nada más.








