
Desde pequeño he tenido esta fantasía de coger una estrella en mis manos. Es algo realmente imposible, pero era una imagen bastante bonita para mí. Y en ese camino, a tu lado, quise coger una. Me tomaste de la mano y empezamos a caminar por la arena. Mirábamos pero ninguna nos gustaba. No debe ser muy brillante ni muy grande. Debe caber en la palma de mi mano y no cegarme cuando la vea de cerca. Debe tener un color bonito, ni tan blanco ni tan azul. Es tan difícil tomar una decisión o escoger finalmente algo. Es por eso que tengo que tomarme mi tiempo. Felizmente, eres paciente y me quedas mirando con esa leve sonrisa. Ni tan brillante ni tan severa.
Me eché en la arena a tu lado. Parecíamos dos niños riéndonos de todo. Las formas que tomaban los grupos de estrellas eran graciosas. Algunas tristes, pero luego de algún rato de estar en silencio me hacías sonreír con algo que habías pensado. Poco a poco, tu voz se iba apagando y ya no te escuchaba. Había encontrado una estrella que me llamó la atención. Ni muy brillante ni muy grande, así como les comenté anteriormente. Poco a poco me iba dando cuenta que ésa era la estrella con la que yo tanto había soñado. No tenía ningún defecto. Me incorporé lentamente sin dejar de mirar a ese techo de estrellas. Estaban… se veían tan cerca que casi podía tocarlas. Me miraste en silencio.

El tiempo se detuvo. Y yo le hablé a esa estrella: “Eres perfecta. Toda mi vida te he buscado y parece aún un sueño que te haya encontrado. ¿Eres una estrella? Pareces una perfecta. Si yo tuviera un deseo, solo uno en mi vida, sería poder tocarte y sostenerte en la palma de mi mano. Pasaría el resto de mi vida admirándote una y otra vez, viéndote girar en mis manos. Tu luz, al no ser tan brillante, me dejaría contemplarte a plenitud, sin cegarme. Ya estoy ciego, desde antes de verte porque jamás he querido nada que no seas tú. Mi estrella… aquella que me guiará a lo largo de lo que me queda de vida. Aquella estrella que es sólo para mí… eres tú.”
Luego de que pude decir todo eso, el tiempo volvió a su normalidad. Las estrellas se habían acercado a nosotros dos y nos iluminaron el rostro. Sonreíamos y contemplábamos otra vez todas, pero yo no perdía de vista aquella de la cual yo me “enamoré”. Estaban tan cerca que casi podíamos tocarlas así que tomé fuerzas y salté lo más alto que pude, pero no llegaba. Sin embargo, estaban tan cerca. Saltábamos como dos niños que atrapan mariposas en primavera. Nos reíamos mucho y sonreíamos. De pronto vi tu sonrisa al viento, con tu cabello jugando de aquí para allá y me enamoré de ti. Dejé de saltar porque la situación me frustraba. Quería alcanzar algo que estaba ahí, tan cerca y tan lejos. Algo así… algo así como tú. Tan cerca, pero tan lejos.

Te dije: “si yo tuviera solo un deseo, sería tener ESA estrella” y la señalé con ojos tristes, muy tristes. Tú también te pusiste triste porque pudiste ver que realmente deseaba eso con todo mi corazón. Y tomaste en cuenta el hecho de que estaba tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Yo saltaba y saltaba y por poco la alcanzaba. Fue un gesto hermoso el que tú también saltaras conmigo para alcanzar esa estrella, de entre tantas. Saltábamos otra vez, pero ya no como dos niños, sino como dos personas que están en una búsqueda y que ya saben qué es lo que quieren. Nunca podríamos alcanzar aquella estrella que yo tanto había buscado y que ahora tú también querías. Dejamos de saltar por un momento más y nos echamos en la arena algo juntos.
Tomaste mi mano discretamente y dejé de mirar esa estrella. Me mirabas y tu cabello cubría parte de tu rostro. Solo podía ver tus ojos, pero sabía que sonreías. Me sonreías. Tuve una sensación extraña. Sentí como si hubiera intentado alcanzar algo que pensaba que estaba lejos, pero en realidad, estaba aún mas cerca. Me mirabas y sabías lo que estaba pensando y sonreías más. Había encontrado mi estrella en ti. ¿Sabes por qué? Porque encontré en ti absolutamente todo lo que buscaba en ella. Luz, color, movimiento, algo… alguien a quien contemplar. Así que estuve feliz, cerré mis ojos, me acerqué a ti y te besé con la sensación de que el sueño no terminaría ahí. Faltaba algo, aún no sabía qué. Pero no importaba porque te tenía a ti, la persona que yo tanto había buscado. Tú eres mi estrella perfecta…

Pero, como tu siempre deseas hacerme feliz, me miraste y me dijiste:
- “Si me parara sobre tus hombros podría alcanzar tu estrella, así que ¡cárgame en el acto!”
… sólo la persona para mí diría eso… Y sonreímos mientras nos incorporábamos para el último intento…









antes ke nada, espero ke hallas pasado una lemda navidad,,=)
y me re gusto este post,=)
sobre todo porke me encantan las estrellas,,
=)
besootn,