Dedicado a Deathxcanxer, premio del 1er Concurso Takaezu

Se había enamorado luego de algún tiempo y eso que, al principio, la odiaba. Pero como dicen: “Del odio al amor hay solo un paso”. Se preguntaba qué tipo de chico le gustaría para ella mientras la veía secretamente haciendo alguno que otro ejercicio. Suspiraba para sí y pensaba que algún día se lo diría. Tenía tantas ganas de tomar esa mano que ahora escribía algo. Se le cruzaba por la mente, muy de vez en cuando, besar esos labios que murmuraban “elevo al cuadrado el binomio…”. Pasaba el tiempo y así, cuando dos personas están juntas, algo nace. Siempre.
Cuando tienes días en que piensas todo el día en una persona, todo se vuelve más rápido. Creo que alguna vez lo mencioné. Los días se pasan volando, pero las horas no avanzan nunca. Los minutos se hacen eternos y tú sólo deseas con todo tu corazón que no pase el siguiente segundo, ni el siguiente, ni el siguiente. Son épocas que ya solo me queda recordar a mí. Pero si yo hubiera tenido la oportunidad de aconsejarle algo a él, sería que no deje de decir cosas que luego de cien años se arrepentirá de no haberlas dicho (como yo). Existen muchos momentos en la vida en que el tiempo se detiene. Es la señal. Debes decir eso que sientes o el destino cambiará a un rumbo diferente, muchas veces, más triste del que nos esperaba.

“¿Quisieras tener enamorada?” le preguntó de repente ella a él. ¿Inesperado? Sí. ¿Paro cardiaco? Asegurado. ¿Tartamudeo? Ble ble ble. ¿Sudor? Luego del tartamudeo. A veces, suceden cosas que nos toman por sorpresa, pero ésta era más que inesperada…
- No lo se…
Miraba sus manos sin decir nada más. Ella tampoco dijo nada más. Los días siguientes fueron un poco difíciles para ambos. Él no sabía que significaba aquello que pasó, pero ella estaba distante y molesta. Así pasaron los días, y los meses… y el año. Eran pocas las palabras. Sin embargo, era de esperarse. Muchas veces no sabemos cómo reaccionar ante palabras inesperadas. Lo que pasa es que cuando pasan cosas como éstas, sobre todo en la época del colegio, todos se quedan mirando. Eres el centro de atención. No. Ambos son el centro de atención. Pero aún más inesperado era lo que pasaría a continuación.
Pasaban los días y se acercaba el fin de año y él estaba a punto de dar su examen de admisión para la universidad. Ahora estudiaba solo, pero por ahora no importaba, debido a que sentía que había cosas más importantes en ese momento. Se detuvo el lápiz. Por alguna razón no quería moverse. Sintió algo extraño. Al principio no le dio importancia. No podía mover el lápiz aún. Dejó todo porque entendió que, en realidad, había cosas más importantes en ese momento. Tomó la bicicleta y empezó a pedalear. Había practicado varias veces lo que diría, pero ahora no importaba. Simplemente, pedaleó hasta llegar a esa puerta.

Tocó el timbre y ella salió. Parecía una escena conocida, ¿verdad? Ella no lo quería ver ni en pintura por lo que había ocurrido hace algún tiempo así que cerró la puerta. Se quedó ahí, apoyando la mano en la cerradura. Tenía tantas ganas de abrir otra vez y decirle que le gustaba. Pero no lo hizo. “Orgullo de mujer” dicen que se llama. Yo pienso que es sólo una forma para crear historias como ésta. Tocaron otra vez. Y otra, y otra. Y otra.
Algunos de sus amigos me contaron que finalmente él le pudo decir lo que siente. Sin palabras memorizadas, sin leer papelitos. Se lo dijo todo. Ella escuchaba mientras sentía vacíos en el estómago y ya no estuvo molesta. Algunos de sus amigos me contaron que no le dijo nada, al final, pero un abrazo lo dijo todo. Algunos otros me dijeron que… no recordaban lo que pasó. Pero… hay cosas más importantes en este momento. Hay cosas más importantes que estar leyendo esta historia, acerca de él y de ella. No hay nada más importante en la vida que decir lo que sientes… antes de que pasen cien años y te arrepientas por no hacerlo.










Gracias Taka