Cuando recuento los dias, Ernesto se hace algo mas que un dulce recuerdo. ¿Donde está nuestro café? - le diría.

Quizás lo prepararía ágil, mientras el hambre hacía retorcerlo de ansiedad. Cogería un par de sillas y las llevaría a la mesa. Calentaría algo de pan en el horno, se lavaría las manos, y mientras el agua silbara fuerte su siiiip siiipp mientras hervía, él me haría señales como "servilleta" , "cuchillo", "platitos", etc. Cierto es que el invierno pasaba ya débil. Me guiñaría el ojo mientras se comía un pedacito de pan. Después de todo el que siempre moría de hambre era él...