07/12/07: ¿Por qué el Apra le traza la cancha al presidente García? (editorial de El Comercio)
Por: Juan Paredes Castro | El Comercio
A mucha gente tiene que haber sorprendido el deslinde de la bancada aprista con la propuesta del presidente Alan García para superar el síndrome del perro del hortelano (no hacer nada ni dejar que otros lo hagan).
Ciertamente el perro del hortelano está en el Gobierno, en el Congreso, en el Poder Judicial, en las presidencias regionales, en los municipios provinciales y distritales, y, en fin, allí donde nadie puede intentar mover una tuerca o tornillo del Estado sin sentir la inutilidad de este.
Es comprensible que el Congreso tenga su propia agenda y la bancada aprista sus propias prioridades. Pero sin que este orden se afecte en lo mínimo, legisladores oficialistas como Mauricio Mulder, a sazón secretario general del partido de gobierno, y Mercedes Cabanillas, ex presidenta del Congreso, no son precisamente los más indicados para echar agua fría, como lo han hecho, sobre las propuestas presidenciales, ni menos dar la impresión de una acción parlamentaria concertada para bajarle la velocidad a aquello que Palacio de Gobierno ha puesto en la agenda pública con entusiasmo.
Lejos de mostrarse colaboradora, la bancada aprista parece haber emitido un sutil mensaje a García a través de sus más connotados líderes, en el sentido de por qué ella tendría que prestarle atención a los ahora urgentes proyectos del Ejecutivo si este tampoco le presta atención a las demandas del partido de gobierno, entre ellas las que tienen que ver con postergados cambios ministeriales y con la colocación de apristas en muchos importantes directorios del Estado.
Si no lo sabe la bancada aprista, el presidente García tiene la dirección del Estado y está en su función y responsabilidad proponer lo que ha propuesto (cómo acabar con el perro del hortelano).
Tampoco está pidiendo que el Congreso apruebe las leyes correspondientes tal como llegan del Ejecutivo. La tarea de volver eficiente el Estado depende en mucho cómo trabaje el Congreso la parte que le toca. Sería una locura que lo hiciera bajo presión.
Si hay un desentendimiento de fondo entre el presidente García y la bancada aprista, debería ser ventilado de la manera como ellos acostumbran hacerlo y no mezclando al perro del hortelano en un pleito de partido y de reparto de cargos públicos.
En todo caso será el presidente del Congreso, Luis Gonzales Posada, quien ponga en agenda las propuestas presidenciales sobre el tema y convoque a la comisión permanente para una mejor distribución de los estudios y discusiones, sin que nadie tenga que molestarse.
A mucha gente tiene que haber sorprendido el deslinde de la bancada aprista con la propuesta del presidente Alan García para superar el síndrome del perro del hortelano (no hacer nada ni dejar que otros lo hagan).
Ciertamente el perro del hortelano está en el Gobierno, en el Congreso, en el Poder Judicial, en las presidencias regionales, en los municipios provinciales y distritales, y, en fin, allí donde nadie puede intentar mover una tuerca o tornillo del Estado sin sentir la inutilidad de este.
Es comprensible que el Congreso tenga su propia agenda y la bancada aprista sus propias prioridades. Pero sin que este orden se afecte en lo mínimo, legisladores oficialistas como Mauricio Mulder, a sazón secretario general del partido de gobierno, y Mercedes Cabanillas, ex presidenta del Congreso, no son precisamente los más indicados para echar agua fría, como lo han hecho, sobre las propuestas presidenciales, ni menos dar la impresión de una acción parlamentaria concertada para bajarle la velocidad a aquello que Palacio de Gobierno ha puesto en la agenda pública con entusiasmo.
Lejos de mostrarse colaboradora, la bancada aprista parece haber emitido un sutil mensaje a García a través de sus más connotados líderes, en el sentido de por qué ella tendría que prestarle atención a los ahora urgentes proyectos del Ejecutivo si este tampoco le presta atención a las demandas del partido de gobierno, entre ellas las que tienen que ver con postergados cambios ministeriales y con la colocación de apristas en muchos importantes directorios del Estado.
Si no lo sabe la bancada aprista, el presidente García tiene la dirección del Estado y está en su función y responsabilidad proponer lo que ha propuesto (cómo acabar con el perro del hortelano).
Tampoco está pidiendo que el Congreso apruebe las leyes correspondientes tal como llegan del Ejecutivo. La tarea de volver eficiente el Estado depende en mucho cómo trabaje el Congreso la parte que le toca. Sería una locura que lo hiciera bajo presión.
Si hay un desentendimiento de fondo entre el presidente García y la bancada aprista, debería ser ventilado de la manera como ellos acostumbran hacerlo y no mezclando al perro del hortelano en un pleito de partido y de reparto de cargos públicos.
En todo caso será el presidente del Congreso, Luis Gonzales Posada, quien ponga en agenda las propuestas presidenciales sobre el tema y convoque a la comisión permanente para una mejor distribución de los estudios y discusiones, sin que nadie tenga que molestarse.
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