
Era verano en ese lugar que no recuerdo dónde queda ni cómo se llama, pero en mi corazón hacía mucho frío. Unos 10 grados al menos. Me gusta viajar, aunque lo haya hecho muy poco. Pero también disfruto de los grises días de la ciudad. Me gusta la paz, pero sólo por fragmentos. Momentos pequeños y poco significativos que solo sirven para que mi mente se despeje de muchas cosas, para luego volver a mi rutina. Es triste, un poco. No es que me guste la rutina, sino que detesto los cambios bruscos y repentinos. Es un poco como que me gusta sentir que tengo el control de la situación. Sin embargo, me gusta que me sorprendan con cosas más pequeñas como un “te quiero”.
Existen dos cosas que no puedo soportar en la vida: la gula (soy un glotón aunque no parezca) y la soledad. La gula la sacio fácilmente con algo inusual para comer. No hay nada mejor que comida de carretilla (sana). La soledad la lleno con alguna ilusión. Pero en aquél lugar, con mi ilusión a miles de kilómetros lejos de mí, sin que ella lo sepa, lloré al mantenerme vacío. Cuando me echaba a dormir, pensaba y sentía el típico “quisiera que estuvieras aquí”. Luego cerraba mis ojos porque no tenía a dónde mirar. “Quisiera que estuvieras aquí, quisiera que estuvieras aquí, quisiera que estuvieras aquí”. No estás ni a la derecha ni a la izquierda. Cerraba mi mano esperando sentir la suya, tan cálida. Atrapaba nada más que un fragmento de soledad y la guardaba debajo de la almohada.

“Si estuviera a mi lado, ¿qué le diría?” pensaba mientras no podía dormir. Volteaba a mirar la otra almohada y empezaba a recitar mis palabras. No era poesía, detesto el verso plástico y la forma limitante de una rima. Eran mis sentimientos, nada más. Sin embellecerlos, sin plastificarlos, sin pensarlos dos veces. Nada más abría mis labios y salía lo que siento por ella, mirando fijamente a esa almohada vacía, imaginándola a mi lado, algo que nunca ha pasado hasta ahora. Le contaba con una sonrisa interesante que estaba totalmente solo en ese lugar horriblemente pacífico y que la extrañaba y extrañaba mirarla a los ojos y coquetearle amistosamente, sin dobles sentidos ni nada más que amistad pura. Pero en el fondo, había un fragmento de mi corazón que la amaba en silencio.
“Te extraño mucho y se que sería algo incómodo pero me encantaría que estuvieses a mi lado, recostados por primera vez y que me escuches contarte todo lo que hay en mi corazón. No haría nada extraño, solo tomaría tu mano y respetaría tu espacio. En mi corazón, no sólo hay un fragmento que te ama muchísimo secretamente, sino que hay muchos planes que quisiera cumplir o lugares donde quisiera correr, pero no solo. Quiero tener una mano que tomar cuando llegue y compartir contigo todos esos fragmentos de mi vida que sólo quiero compartir con la persona para mí. Miraba al techo y pensaba ‘¿ella me amará?’ y la respuesta era un ‘no lo se’. Aún cuando te ame en silencio, un fragmento de mi corazón quiere gritarlo mucho, para que seas la tercera persona en enterarte”.

Miraba la almohada vacía e imaginaba su rostro como cuando aparece en sus fotos, miles miles de fotos que he visto de ella y que no poseo ninguna. Sonreía y reía como diciéndome “me encontraste, ¡debes estar muy muy feliz!”. La imagen se desvanecía poco a poco mientras me empezaba a contar sus anhelos, sus amores, sus sueños y su mayor ilusión. Pensaba que tomaba su mano, cuando era, en realidad, el control del televisor que solo me regalaba estática. Detestaba estar en ese lugar, tan lejos de ella y tan lejos de mí. Pero, si estuviera más cerca de ella, ¿qué podría ofrecerle? ¿Tal vez un fragmento de mí? No, no, no… a ella… le ofrecería toda mi vida.










es muy lindo,
como muy profundo,
la primer parte me identifica, osea no identificar de identificar, sino que siento eso, como que soy asi, algo asi.
Besotoonn chée!!
=)